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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2018

La fuerza de Fernando Martnez Heredia

Julio Csar Guanche
Rebelin


Alejo Carpentier escribi que toda la historia de Cuba est contenida en sus canciones polticas. Se pueden leer esas canciones, a la vez, como antropologa cultural de la nacin, como crnica poltica de eventos y como historia social de sus procesos. En ellas, aparece el pueblo cubano como centro espectacular de atencin, productor de discursos complejos, expresivos de infinitas prcticas contradictorias, capaz de politizar su choteo, su dolor y sus demandas; y de marcar, en grados variables, no solo la formacin genrica de la cultura nacional muchas veces presentada de modo despolitizado, como especie de alma alada de la nacin, sino, especficamente, el curso y los desenlaces polticos de los procesos reales en los cuales ese pueblo ha estado implicado. Sin embargo, en una gran masa de anlisis historiogrfico, que repite cronologas de hechos y biografas de lderes, el pueblo cubano permanece desconocido, sepultado una y otra vez por los discursos que lo invisibilizan, aun pretendiendo defenderlo o, incluso, hablar en su nombre.

No es el caso de Fernando Martnez Heredia (1939-2017). Formado en el auge y esplendor del marxismo de los 1960, ya saba que la historia exclusivamente poltica es un dolo a derrotar, conoci y emple los avances de esa hora de la historia social y desde abajo, y fue parte de la recuperacin latinoamericana del marxismo heterodoxo, en su caso sealadamente del aporte de Antonio Gramsci y su teora de la hegemona.

Ese marco lo situ en una posicin ventajosa para comprender las mltiples dimensiones sociales de la poltica, para visibilizar al pueblo, y para hacer algo tan importante como difcil de entender: identificar cmo gana y cmo pierde la gente comn dentro de un proceso determinado, y cmo sus demandas son incorporadas, sea en forma beligerante o mediatizada, en las posteridades de tales procesos, por ejemplo, en las formas institucionales que fija y en los cambios culturales duraderos que produce. Desde este cdigo de lectura, Martnez Heredia propin un golpe significativo a dcadas de discursos y anlisis sobre la pseudorrepblica cubana, cuando expres: la repblica burguesa cubana de 1901 fue un resultado posrevolucionario, no contrarrevolucionario(Martnez Heredia 2000), con lo que ello significa para el anlisis social.

Es preciso subrayarlo dada la seduccin naf ejercida por un juicio que escamotea a su obra su soporte terico: como Martnez Heredia era humilde y lo era de un modo en el que he conocido a muy pocas personas, y era muy revolucionario, su enfoque se desprendera de su carcter y de sus compromisos. Sin embargo, no basta con querer hacer algo, es necesario saber, poder y atreverse a hacerlo.

En ello, Martnez Heredia mantuvo una terquedad admirable a lo largo de su vida. Supo, pudo y se atrevi a hacer: public el marxismo occidental cuando era un problema ideolgico; estudi la revolucin de 1930 la ms desconocida de las revoluciones cubanas cuando era conflictivo acercarse con enfoques renovados a la tradicin nacionalista cubana, en momentos polticos en que, por otra parte, se deslegitimaba el pasado y se buscaba en lares tericos exticos las races del proceso revolucionario (como la alucinante descripcin de Blas Roca sobre las etapas feudal, capitalista y socialista que Cuba habra vivido hasta entonces); y escribi el mejor libro producido en Cuba sobre el pensamiento integral de Ernesto Che Guevara, tras dos dcadas de silencio analtico nacional sobre el guerrillero heroico.

No por casualidad, Martnez Heredia escogi a Julio Antonio Mella como tema de uno de sus primeros textos. Con Por qu Julio Antonio entendi el entronque de la tradicin nacionalista democrtica con el mejor marxismo crtico producido en la Isla. Mella recuper la tradicin patritica de las luchas independentistas y la fusion con el ideal de la liberacin social, en clave de la emancipacin de la dominacin clasista. A partir de aqu, su lectura sobre Mart fue tan original como antagonista: el proyecto no es sustituir al rico extranjero por el rico nacional, Cuba Libre, para los trabajadores! Esta es la nica manera de aplicar los principios del Partido Revolucionario [Cubano, de Jos Mart] de 1895 a 1928. Desde este enfoque mellistay contra una tesis extendida segn la cual la revista Pensamiento Crtico se ocupaba solo de pensamiento extranjero fueron elaborados nmeros de esa publicacin, asombrosos hasta hoy, como los dedicados a Jos Mart (No.49-50, 1971), y a la Revolucin de 1930-33 (No. 39, 1970). Con ellos, el equipo de la revista, con Martnez Heredia a la cabeza, propuso nuevos enfoques y construy nuevos archivos, documentales y de memoria, sobre la tradicin nacionalista y la teora marxista de las revoluciones.

Puede existir un nmero infinito de investigadores que compartan los rasgos personales y los compromisos polticos de Martnez Heredia. Tambin pueden producir, y de hecho lo hacen, resultados analticos por completo diferentes. El autor de La Revolucin cubana del 30 explic as las condiciones de posibilidad del enfoque terico que combati a travs de su obra: tanto la alabanza interesada de la repblica de 1902-1958 como el rechazo abstracto y en bloque de aquella poca histrica tienen en comn su falta de relacin con la vida y los problemas de la gente comn, y cierto hbito mental e ideolgico de clases medias, muy lejanas a la brega por la sobrevivencia y por un fatigoso y lento ascenso social a la que estn obligadas las mayoras.(Martnez Heredia 2002)

Su comprensin del pueblo parti de una matriz terica especfica que operacionaliz de este modo: a) el pueblo se refiere a una polarizacin, no a una estratificacin social; b) este grupo tiene ms identidad desde la identificacin del enemigo que desde la de s mismo, y de los dems como otros (mismidad y otredad); c) existe un dinamismo: el pueblo no est dado de una vez para siempre, ni es igual a s mismo; y pueden historiarse su composicin, sus rasgos y sus motivaciones. (Martnez Heredia 1999)

Martnez Heredia explic que su elaboracin perteneca a una corriente singular del marxismo pues reconoci siempre la existencia de varios marxismos, como de varios socialismos, en Cuba, tanto en la historia pre como post 1959. La suya es la tradicin de Gramsci, que describi al pueblo, en el marco de sentido de lo plebeyo, como el bloque social de los oprimidos, opuesto al bloque histrico en el poder, con sentido similar a Rosa Luxemburgo. En la tradicin poltica cubana, el concepto de pueblo ms afn al trabajado por Martnez Heredia es el de Fidel Castro en La historia me absolver: llamamos pueblo, si de lucha se trata. .

En esta perspectiva, la nica sede del poder poltico es la comunidad poltica llamada pueblo, constituida a s misma a travs de su propia experiencia poltica. Esta nocin no confunde al pueblo con la sociedad civil. El primero nace de reconocer diferencias sociales y plantearse la abolicin de las formas de dominacin nacidas de esas diferencias, que segregan ciudadanos de no ciudadanos, o ciudadanos de primera y segunda. En cambio, la sociedad civil no reconoce como punto de partida las asimetras sociales existentes, pues opera como si ya existiese una comunidad universal de ciudadanos iguales entre s. Martnez Heredia especific su comprensin de este modo: yo exploro las posibilidades de conocimiento a partir de considerar que las clases sociales solo se constituyen desde sus contraposiciones, percepciones y actitudes conflictuales, esto es, desde las luchas de clases. (Martnez Heredia 1999)

Sin embargo, no comparti la perspectiva exclusivamente clasista, que hace la metonimia tan clsica como reductora, entre la clase y lo social, y que produce historias del movimiento obrero en lugar de historia de los trabajadores. Sus numerosos y eruditos estudios sobre el papel de la raza y el antirracismo en la formacin del pueblo cubano, y en sus dinmicas sociales y polticas, as como sobre el cambio cultural y sus consecuencias para una revolucin, bastan para demostrarlo.

Entre sus estudios sobre estos temas recuerdo con especial afecto los dedicados a Ricardo Batrell y a Jos Isabel Herrera (Mangoch), por las largas disertaciones que le escuch sobre la marca cultural y social de las personas SOA, sin otro apellido, y sus recitaciones que a Carpentier le hubiese gustado escuchar de canciones populares de la independencia (como tambin lo haca con temas populares de la repblica, de la revolucin y de la guerra en Angola). Esa masa de composiciones populares formaba parte de sus anlisis y las citaba en sus textos, como hizo con La clave a Maceo, de Sindo Garay, que transcribi as: Si Maceo volviera a vivir/y a su noble Patria otra vez contemplara/de seguro la vergenza lo matara/y volvera a morir. (Martnez Heredia 2001, p. 302)

Con tales recursos, se alej de cualquier propensin hacia el nacionalismo de contenido tnico, que suele mantener relaciones horrsonas con la democracia poltica. Ese nacionalismo, como ha explicado Ramn Miz, se fundamenta en el cruce con la idea de nacin como tradicin, origen comn, historia y cultura compartidas, o sea, el amor ridculo a la tierra [o] a la yerba que pisan nuestras plantas, en palabras de Mart. La tradicin y la adhesin a esos valores orgnicos son ms determinantes en la formacin de la nacin que los valores polticos, esto es, el odio invencible a quien la oprime [] el rencor eterno a quien la ataca, otra vez en palabras de Mart. Ese discurso etnicista identifica un espritu nacional, que es invocado en nombre de un pueblo homogeneizado en el discurso, e instrumentalizado polticamente.

Martnez Heredia adscribi a otra corriente de comprensin sobre el nacionalismo, que identifica cmo la nacin y el nacionalismo llegaron a invocarse a travs de la justicia social y la justicia racial. Es la tradicin del cruce entre Fernando Ortiz, por un lado, y Rafael Soto Paz con Ral Cepero Bonilla, por otro. Con el primero, comprendi que asentar la cubanidad sobre una base estrictamente cultural, era purgarla de toda connotacin racial susceptible de ser usada en negativo; con los segundos, comprendi que el liberalismo oligrquico no defenda solo un concepto exclusivo y excluyente de la propiedad privada sobre bienes y recursos, sino defenda tambin la propiedad exclusiva y excluyente de la patria por parte de la nacin blanca.

La comprensin de Martnez Heredia, como en esos tres autores y tambin en Eric Hobsbawm, ms que en Benedict Anderson, discuta las teoras orgnicas y voluntaristas de la nacin para lograr una construccin abierta: se es cubano por nacer en Cuba y formar parte de su comunidad de cultura, pero tambin por la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser. As lo escribi el autor de El corrimiento hacia el rojo: Los cubanos no lo somos porque vengamos de la misma etnia, ni compartamos la misma religin, o nuestra historia sea milenaria y nuestra cocina autctona variadsima. El gentilicio se hizo realidad por unas representaciones y una conciencia poltica compartidas que llevaron a una gesta nacionalista y a un holocausto, por una masa de acciones populares colectivas que llamamos la Guerra del 95, ampliada y afirmada por la accin poltica del pueblo durante la ocupacin norteamericana. Ese logro ha sido decisivo para el destino de Cuba hasta hoy.(Martnez Heredia 2002)

Martnez Heredia combati siempre el purismo doctrinal del marxismo-leninismo, del cual se deriva, necesariamente, una poltica sectaria. Un enfoque terico abierto no es solo ms perceptivo hacia lo social, sino habilita polticas tambin ms abiertas hacia lo social. La historia del marxismo tiene captulos trgicos de esa correlacin entre teora y poltica sectarias. En lo global, recurdese el trato dado a la cuestin obrera y campesina durante la revolucin china,[1] o a escala nacional empeos como la faja negra de Oriente en los 1930, o la discriminacin y represin contra personas de diversa orientacin sexual y la clausura de espacios de pensamiento crtico en el proceso pos 1959, la que Martnez Heredia experiment en carne propia.

Sin embargo, nadie podr invocar, con legitimidad, al autor de En el horno de los noventa para justificar comprensiones sectarias de la historia de Cuba, ni polticas represivas de la diversidad ideolgica, cultural, racial, etc en el pas actual: Cuando solo denominamos neocolonial a la repblica, nos deslizamos hacia unas antinomias que falsean u oscurecen la comprensin de nuestro proceso histrico: patricios vs.esclavistas, cubanos vs. espaoles, cubanos vs. imperialistas. De esa manera simplista queda implcita la actuacin de bloques que, en la realidad, nunca existieron, al que perteneceran todos los cubanos exceptuados los malos cubanos o los traidores y desaparece de la escena la clase de los burgueses cubanos, histricamente expoliadora del trabajo, sometida, racista y, cada vez que ha sido necesario, antinacional. (Martnez Heredia 2002)

El radicalismo de Martnez Heredia tiene este componente, el mismo que explic tambin al analizar el contexto de los primeros aos 1960 y el triunfo del pueblo cubano en Playa Girn: El componente nacionalista radical de la Revolucin, y el entonces pujante orgullo de ser cubano, se imponan a los clasismos y los extremismos. (Martnez Heredia 2002) Si queremos hablar de su carcter personal, supo tambin vivir como lo que predic: tuvo legiones de seguidores que pertenecen a corrientes polticas distintas dentro de la poltica cubana actual. Entre ellos es muy probable que no se hablen ni se traten, pero tuvieron en Martnez Heredia un puente comn en lo poltico, un maestro en el campo intelectual y una admiracin compartida por su tica. En ella, su lealtad a los amigos/compaeros polticos fue proverbial: no se conoce de una palabra suya que deslegitimara sin base a un compaero, aun cuando no compartiese varias de sus ideas.

Con su enfoque terico, con su tica personal, con su poltica hacia lo pblico, con ese amor no hay que tenerle miedo a la palabra amor por Cuba y por los cubanos, se entiende lo que Martnez Heredia llam la fuerza del pueblo. Es tambin la propia, personal, fuerza, de su legado. La fuerza de Fernando Martnez Heredia es la de saber, poder y atreverse a admirar, respetar (y a hacer poltica con y hacia el pueblo de Cuba), como merece ese pueblo cantado en las cuartetas que tanto gustaba a Martnez Heredia recitar, con memoria de elefante, sonrisa guitarrona y, siempre, con un orgullo, muy contagioso, de ser cubano. Por todo esto, Fernando, diremos, contigo y con ico Saquito: si lo que quieren es tumba, tumba le vamos a dar.

Bibliografa

Fontana, Josep (2010): La historia de los hombres. El siglo XX. 1 ed., 2 reimp. Barcelona: Crtica (Biblioteca de Bolsillo, 81).

Martnez Heredia, Fernando (1999): La fuerza del pueblo. En Temas (no. 16-17, octubre de 1998- junio), pp. 8293.

Martnez Heredia, Fernando (2000): Nacionalizando la nacin. Reformulacin de la hegemona en la segunda repblica cubana. En Ana Vera Estrada (Ed.): Pensamiento y tradiciones populares. Estudios de identidad cultural cubana y latinoamericana. La Habana: Centro de Investigacin y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello.

Martnez Heredia, Fernando (2001): Ricardo Batrell empua la pluma. En Orlando Garca Martnez, Fernando Martnez Heredia, Rebecca Jarvis Scott (Eds.): Espacios, silencios y los sentidos de la libertad. Cuba entre 1878 y 1912. La Habana: Ediciones Unin (Coleccin Clo).

Martnez Heredia, Fernando (2002): El pueblo de Cuba y el 20 de mayo. En La Gaceta de Cuba (No. 4, UNEAC, La Habana, jul.-ago.).

Nota:

[1] Fontana lo ha explicado as: El tema tom una dimensin poltica inmediata con motivo de las discusiones respecto de la poltica que se deba seguir en China. Los que pensaban que la sociedad china estaba en una fase feudal propugnaban la alianza de los comunistas con la burguesa nacional para hacer la revolucin burguesa como etapa previa a la socialista; los que suponan, como Trotski, que ya estaba en pleno capitalismo, no vean otra salida que la hegemona del proletariado. Pensar, en cambio, que China se pudiera hallar en el trnsito del modo de produccin asitico al capitalismo dejaba a los tericos sin recetas para formular una lnea de actuacin. El resultado prctico de esta confusin fue el caos de la poltica china, que acab en un desastre a costa de muchas vidas humanas. Fontana 2010 imp, p. 63.

Julio Csar Guanche es un jurista y filósofo político cubano, miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso, muy representativo de una nueva y brillante generación de intelectuales cubanos partidarios de una visión republicano-democrática del socialismo.

Blog del autor: http://jcguanche.wordpress.com/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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