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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2018

Desglobalizacin?

Boaventura de Sousa Santos
Pblico.es


En crculos acadmicos y en artculos de opinin en los grandes medios de comunicacin se ha mencionado con frecuencia que estamos entrando en un perodo de reversin de los procesos de globalizacin que han dominado la economa, la poltica, la cultura y las relaciones internacionales en los ltimos cincuenta aos. Se entiende por globalizacin la intensificacin de las interacciones transnacionales ms all de lo que siempre fueron las relaciones entre Estados nacionales, las relaciones internacionales, o las relaciones en el interior de los imperios, tanto antiguos como modernos. Son interacciones que no estn, en general, protagonizadas por los Estados, sino por agentes econmicos y sociales en los mbitos ms diversos. Cuando estn protagonizadas por los Estados, pretenden cercenar la soberana del Estado en la regulacin social, sean los tratados de libre comercio, la integracin regional, de la que la Unin Europea es un buen ejemplo, o la creacin de agencias financieras multilaterales, como el Banco Mundial y el FMI.

Escribiendo hace ms de veinte aos[1], dediqu al tema muchas pginas y llam la atencin sobre la complejidad e incluso el carcter contradictorio de la realidad que se aglomeraba bajo el trmino globalizacin. En primer lugar, mucho de lo que se consideraba global haba sido originalmente local o nacional, desde la hamburguesa tipo McDonalds, que haba nacido en una pequea localidad del oeste de Estados Unidos, al estrellato cinematogrfico, activamente producido al principio por Hollywood para rivalizar con las concepciones del cine francs e italiano que antes dominaban, o incluso la democracia como rgimen poltico globalmente legtimo, ya que el tipo de democracia globalizada fue la democracia liberal de matriz europea y norteamericana en su versin neoliberal, ms norteamericana que europea.

En segundo lugar, la globalizacin, al contrario de lo que el nombre sugera, no eliminaba las desigualdades sociales y las jerarquas entre los diferentes pases o regiones del mundo. Por el contrario, tenda a fortalecerlas.

En tercer lugar, la globalizacin produca vctimas (normalmente ausentes en los discursos de los promotores de la globalizacin) que tendran ahora menor proteccin del Estado, ya fueran trabajadores industriales, campesinos, culturas nacionales o locales, etc.

En cuarto lugar, a causa de la dinmica de la globalizacin, las vctimas quedaban ms sujetas a sus localidades y en la mayora de casos solo salan de ellas forzadas (refugiados, desplazados internos y transfronterizos) o falsamente ipor voluntad propia (emigrantes). Llam a estos procesos contradictorios globalismos localizados y localismos globalizados.

En quinto lugar, la resistencia de las vctimas se beneficiaba a veces de las nuevas condiciones tecnolgicas ofrecidas por la globalizacin hegemnica (transportes ms baratos, facilidades de circulacin, internet, repertorios de narrativas potencialmente emancipadoras, como, por ejemplo, los derechos humanos) y se organizaba en movimientos y organizaciones sociales transnacionales. Llam a estos procesos globalizacin contrahegemnica y en ella distingu el cosmopolitismo subalterno y el patrimonio comn de la humanidad o ius humanitatis. La manifestacin ms visible de este tipo de globalizacin fue el Foro Social Mundial, que se reuni por primera vez en 2001 en Porto Alegre (Brasil) y del que fui un participante muy activo desde el inicio.

Qu hay de nuevo y por qu se diagnostica como desglobalizacin? Las manifestaciones referidas son dinmicas nacionales y subnacionales. En cuanto a las primeras, se subraya el Brexit, por el que el Reino Unido (?) decidi abandonar la UE, y las polticas proteccionistas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, as como su defensa del principio de soberana, oponindose a los tratados internacionales (sobre el libre comercio o el cambio climtico), mandando erigir muros para proteger las fronteras, involucrndose en guerras comerciales, entre otras, con Canad, China y Mxico.

En lo que se refiere a las dinmicas subnacionales, estamos, en general, ante el cuestionamiento de las fronteras nacionales que resultaron en tiempos y circunstancias histricas muy distintas: las guerras europeas, desde la Guerra de los Treinta Aos y el consecuente Tratado de Westfalia (1648) hasta las del siglo XX que, debido al colonialismo, se transformaron en mundiales (1914-18 y 1939-45); el primer (quiz segundo?) reparto de frica en la Conferencia de Berln (1884-85); las guerras de fronteras en los nuevos Estados independientes de Amrica Latina a partir de principios del siglo XIX. Se asiste a la emergencia o reactivacin de la afirmacin de identidades nacionales o religiosas en lucha por la secesin o el autogobierno en el interior de Estados, de hecho, plurinacionales. Entre muchos ejemplos: las luchas de Cachemira, de Irlanda del Norte, de varias nacionalidades en el interior del Estado espaol, de Senegal, de Nigeria, de Somalia, de Eritrea, Etiopa y de los movimientos indgenas de Amrica Latina. Est tambin el caso trgico del Estado ocupado de Palestina. Algunos de estos procesos parecen (provisionalmente?) terminados, por ejemplo, la fragmentacin de los Balcanes o la divisin de Sudn. Otros se mantienen latentes o fuera de los medios de comunicacin (Quebec, Escocia, Cachemira) y otros han explotado de forma dramtica en las ltimas semanas, sobre todo los referndums en Catalua, el Kurdistn iraqu y Camern.

Bajo mi criterio, estos fenmenos, lejos de configurar procesos de desglobalizacin, constituyen manifestaciones, como siempre contradictorias, de una nueva fase de la globalizacin ms dramtica, ms excluyente y ms peligrosa para la convivencia democrtica, si es que no implican su fin. Algunos de ellos, contrariamente a las apariencias, son afirmaciones de la lgica hegemnica de la nueva fase, mientras otros constituyen una intensificacin de la resistencia a esa lgica. Antes de referirme a unos y otros, es importante contextualizarlos a la luz de las caractersticas subyacentes a la nueva fase de globalizacin. Si analizamos los datos de la globalizacin de la economa, concluiremos que la liberalizacin y la privatizacin de la economa continan intensificndose con la orga de tratados de libre comercio actualmente en curso. La Unin Europea acaba de acordar con Canad un vasto tratado de libre comercio, el cual, entre otras cosas, expondr la alimentacin de los europeos a productos txicos prohibidos en Europa pero permitidos en Canad, un tratado cuyo principal objetivo es presionar a Estados Unidos para que forme parte. Fue ya aprobada la Alianza Transpacfica, liderada por Estados Unidos, para enfrentar a su principal rival: China. Y toda una nueva generacin de tratados de libre comercio est en curso, negociados fuera de la Organizacin Mundial del Comercio, sobre la liberalizacin y la privatizacin de servicios que en muchos pases hoy son pblicos, como la salud y la educacin. Si analizamos el sistema financiero, verificaremos que estamos ante el sector ms globalizado del capital y ms inmune a las regulaciones nacionales.[2]

Los datos que son de conocimiento pblico son alarmantes: 28 empresas del sector financiero controlan 50 trillones de dlares, esto es, tres cuartas partes de la riqueza mundial contabilizada (el PIB mundial es de 80 trillones y adems habr otros 20 trillones en parasos fiscales). La gran mayora de esas instituciones est registrada en Amrica del Norte y en Europa. Su poder tiene tambin otra fuente: la rentabilidad de la inversin productiva (industrial) a nivel mundial es, como mximo, del 2,5 %, en tanto que la de la inversin financiera puede llegar al 7 %. Se trata de un sistema para el cual la soberana de 200 potenciales reguladores nacionales es irrelevante.

Ante esto, no me parece que estemos en un momento de desglobalizacin. Estamos ms bien delante de nuevas manifestaciones de la globalizacin, algunas de ellas muy peligrosas y patolgicas. La apelacin al principio de soberana por parte del presidente de Estados Unidos es solo la huella de las desigualdades entre pases que la globalizacin neoliberal ha venido a acentuar. Al mismo tiempo que defiende el principio de soberana, Trump se reserva el derecho de invadir Irn y Corea del Norte. Tras haber destruido la relativa coherencia de la economa mexicana con el NAFTA y provocado la emigracin, Estados Unidos manda construir un muro para frenarla y pide a los mexicanos que paguen su construccin. Ello, adems de ordenar deportaciones en masa. En ninguno de estos casos es pensable una poltica igual, pero de sentido inverso. El principio de la soberana dominante surgi antes en la Unin Europea con el modo como Alemania puso sus intereses soberanos (esto es, del Deutsche Bank) por encima de los intereses de los pases del sur de Europa y de la UE. La soberana dominante, combinada con la autorregulacin global del capital financiero, da lugar a fenmenos tan diversos como el subfinanciamiento de los sistemas pblicos de salud y educacin, la precarizacin de las relaciones labores, la llamada crisis de los refugiados, los Estados fallidos, el descontrol del calentamiento global, los nacionalismos conservadores. Las resistencias tienen seales polticas diferentes, pero a veces asumen formas semejantes, lo que est en el origen de la llamada crisis de la distincin entre izquierda y derecha. De hecho, esta crisis es el resultado de que alguna izquierda haya aceptado la ortodoxia neoliberal dominada por el capital financiero y hasta se haya autoflagelado con la idea de que la defensa de los servicios pblicos era populismo. El populismo es una poltica de derecha, particularmente cuando la derecha puede atribuirla con xito a la izquierda. Residen aqu muchos de los problemas que enfrentan los Estados nacionales. Incapaces de garantizar la proteccin y el mnimo bienestar de los ciudadanos, responden con represin a la legtima resistencia de los ciudadanos.

Ocurre que la mayora de esos Estados son, de hecho, plurinacionales. Incluyen pueblos de diferentes nacionalidades etnoculturales y lingsticas. Fueron declarados nacionales por la imposicin de una nacionalidad sobre las otras, a veces de modo muy violento. Las primeras vctimas de ese nacionalismo interno arrogante, que casi siempre se tradujo en colonialismo interno, fueron el pueblo andaluz despus de la llamada Reconquista de Al-ndalus, los pueblos indgenas de las Amricas y los pueblos africanos despus del reparto de frica. Fueron tambin ellos los primeros en resistir. Hoy, la resistencia junta a las races histricas el aumento de la represin y la corrupcin endmica de los Estados dominados por fuerzas conservadoras al servicio del neoliberalismo global. A ello se aade el hecho de que la paranoia de la vigilancia y la seguridad interna ha contribuido, bajo pretexto de la lucha contra el terrorismo, al debilitamiento de la globalizacin contrahegemnica de los movimientos sociales, dificultando sus movimientos transfronterizos. Por todo esto, la globalizacin hegemnica se profundiza usando, entre muchas otras mscaras, la de la soberana dominante, que acadmicos desprevenidos y medios de comunicacin cmplices toman por desglobalizacin.

Notas:

[1] Toward a New Common Sense, Nueva York: Routledge, 1995, con traduccin espaola: Sociologa jurdica crtica. Para un nuevo sentido comn en el derecho, Madrid, Trotta, 2009, pgs. 290-453.

[2] Puede consultarse uno de los textos ms recientes y ms incisivos sobre el capital de autora del economista brasileo Ladislau Dowbor, antiguo colega en la Facultad de Economa de la Universidad de Combra: La era del capital improductivo. La nueva arquitectura del poder: dominacin financiera, secuestro de la democracia y destruccin del planeta, So Paulo: Outras Palavras & Autonomia Literria, 2017.

(Traduccin de Antoni Aguil y Jos Luis Exeni Rodrguez)

Fuente: http://blogs.publico.es/espejos-extranos/2017/11/10/desglobalizacion/



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