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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-01-2018

Argentina 2018
La hegemona en cuestin

Daniel Campione
Rebelin


A la hora de tratar el tema de la hegemona en este momento histrico de la sociedad argentina, no creo que sea adecuado exponerlo como la conformacin de una nueva hegemona, radicalmente distinta de la existente o bien destinada a cubrir un vaco donde no la haba. Si partimos en la concepcin de las construcciones hegemnicas de la idea de que no pueden partir de otro sitio que de la dominacin de una clase que ocupa un lugar fundamental en el progreso econmico, no debera haber dudas sobre ello.

La hegemona es entonces de una clase dominante (en el sentido de supremaca econmica y tambin de detentacin del poder coercitivo) que aspira a convertirse en dirigente, lo que equivale a presentar con xito sus propios intereses como los del conjunto de la sociedad, a extender sobre el plano cultural y poltico la supremaca que ya tiene en el econmico, a colocar a las clases subalternas en un rol subordinado, pero de consentimiento de lo fundamental del ordenamiento social.

Es claro que en la sociedad argentina no slo no ha cambiado la clase propietaria de los medios de produccin, la que desde all construye hegemona, sino que la llamada superestructura, y dentro de ella los denominados aparatos hegemnicos tienen continuidad con el perodo anterior. All estn los grandes diarios y los principales medios electrnicos, incluso los foros empresariales en que los dueos y gerentes del capital discuten, defienden y difunden sus rumbos tcticos y estratgicos, desde el coloquio de IDEA al acto inaugural de la exposicin de la Sociedad Rural Argentina; las usinas de pensamiento de universidades privadas, think thanks y consultoras ocupaban y ocupan su lugar antes y despus de diciembre de 2015.

Ms bien se trata de una reformulacin de la hegemona existente, articulada dentro de su ejercicio normal, el de la democracia parlamentaria, estabilizado hace ms de tres dcadas, que apunta a proveer nuevos bros a la supremaca intelectual y moral que el gran capital ya posea, si bien en un grado y modo que le impona (le impone) ciertas concesiones, una contribucin a darle bases materiales a esa hegemona; que hoy cree que puede dejar de sostener, a partir del establecimiento de una relacin ms directa, menos mediada, entre gran capital y Estado que le permita redefinir el vnculo de supeditacin a sus intereses de las clases explotadas y alienadas.

Y en ese punto estn, en la disposicin a encarar una amplia reforma que abarque las relaciones de poder en el mundo del trabajo, el sistema educativo, el nivel y las formas de organizacin permitidas a las clases subalternas. Esos aspectos tienden a mantener, reproducir y legitimar un proceso de acumulacin y un nivel de ganancias mayor al del perodo anterior, y en lo posible al de toda la historia reciente. Para ello, otro componente necesario, la reforma del Estado, entendida como un proceso que abarca aspectos tan materiales como la redefinicin del sistema de gastos e ingresos, con otros de carcter simblico, dirigidos a que las clases subalternas disminuyan sus expectativas sobre los bienes y derechos que el aparato estatal pueda ofrecer, y en funcin de ello reorientar sus demandas con rumbo a que los organismos pblicos se centren en proporcionarle oportunidades para el progreso individual y las oportunidades econmicas, que les garantice bienes privados sin aspirar a que proporcione bienes pblicos. Esa reformulacin de los roles estatales es compatible con polticas sociales focalizadas, particularizadas, que acojan a los que no pueden ganar su sustento en el mercado. Para todo el resto, las relaciones de mercado deben ser el espacio social que los sostenga, que les proporcione un empleo y un lugar social.

Si se aproxima la visin a la reforma laboral hoy planteada, se percibe que, junto con la finalidad econmica de reduccin del costo del trabajo, se encuentran objetivos polticos y culturales, tendientes a producir un cambio de vasto alcance en el nivel de seguridad y de percepcin de derechos de los trabajadores. Obreros con menos proteccin contra el despido, menor imperio de los convenios colectivos, facilidades e incentivos disminuidos para integrarse en la organizacin sindical; seran tambin trabajadores ms proclives a desarrollar conductas individualistas, teidas de cierta deferencia hacia los patrones, que estaran all por inteligentes, audaces, laboriosos, astutos, no por amasar riquezas a costa de la explotacin y sometimiento de sus empleados.

Disminuir el nivel de afiliacin sindical, minimizar la organizacin en el interior de fbricas y lugares de trabajo, reducir la presencia o al menos la eficacia de cuerpos de delegados y otras formas de representacin de base, forma parte de una suerte de programa histrico de los grandes capitalistas argentinos. stos han coexistido durante ms de medio siglo con la organizacin sindical en la empresa, siempre estn atentos a la posibilidad de debilitarla o, como objetivo de mxima, hacerla desaparecer.

Lo que se conoce de la reforma laboral y otros cambios conexos es claro en su sentido de clase: Crtica a los millares de sindicatos y a los convenios colectivos obsoletos, disminucin de cargas, aportes e indemnizaciones a cargo de los patrones, amplia amnista para los que tengan empleados en negro, flexibilizacin de la jornada de ocho horas, posibilidad de renunciar a nivel de empresa a derechos establecidos por convenio.

Un frente de creacin de consenso para el gobierno es el de presentarse como realizador, como ejemplifica su consigna haciendo lo que hay que hacer. Recoge un discurso de reparacin de graves carencias materiales, de existencia objetiva. La pobreza y su correlato de necesidades bsicas insatisfechas (falta de cloacas, de gas por redes, de caminos transitables, etc.), son tomadas como baldones a superar por la sociedad argentina, y al gobierno de Cambiemos como el llamado a solucionar esas carencias. El ideologismo populista del perodo 2003-2012, sera superado por una accin contra la pobreza, que no declama identificaciones sino que subsana problemas reales. El gobierno se coloca as en una preocupacin de equidad e incluso de justicia social, que reemplazara palabras con hechos e ideologa con acciones. En lugar de hablar en nombre del pueblo y sus necesidades, hacer obras para solventarlas.

Ms en profundidad, el Pro busca un cambio de la subjetividad, una primaca de la visin del individuo que ya no piense en trminos de accin colectiva, de membreca de una organizacin a la que lo unen vnculos de clase o al menos cierta solidaridad corporativa. Se busca que se vea ms bien como un empresario unipersonal, el potencial emprendedor que se juega su suerte desde una posicin de independencia, de riesgo de proactividad que, an trabajador y pobre, lo acerca al paradigma del empresario.  Que no se piense a s mismo como trabajador, ni como ciudadanoen ningn sentido activo del trmino. Es ms bien un vecino, un miembro de la clase media que juega su suerte como individuo, sin confiar en la organizacin y la accin colectivas, y esperando del estado fundamentalmente un marco de orden y seguridad, que lo preserve de amenazas provenientes de otros sectores sociales sin generarle cargas ni obligaciones excesivas.

Todas estas tareas histricas tendran hoy, a jucio de la coalicin de gobierno y sus estrechos asociados del gran capital, una valiosa oportunidad de realizarse, asociada a que se encuentra en el poder poltico un gobierno que tiene una identificacin ms o menos completa con la gran empresa y otros factores de poder, que por tanto no parte en su relacin con el gran capital de un arreglo coyuntural ni de una opcin tctica, sino de una comunidad de intereses, ideas y sensibilidad. La oportunidad histrica se refuerza ahora, que el gobierno ha logrado corroborar su capacidad de lograr consenso popular expresado en el voto mediante las elecciones de octubre de 2017. Y esa perspectiva implica para el gran capital y sus aliados la oportunidad de convertir de una vez a Argentina en un pas normal, libre de amenazas de izquierda y populistas, exenta de actores que se atrevan a disputar el dominio pleno del gran capital. Y con una clase trabajadora ms disciplinada, con derechos ms acotados y un nivel de sindicalizacin ms bajo.

Hay entablado un combate por la construccin de un sentido comn que a su vez es parte de la batalla por redistribuir equilibrios en el campo de la hegemona, en un intento por producir una suerte de bisagra histrica, que termine con una tradicin que algunos denominan como plebeya e igualitarista, pero que para sus crticos recientes queda subsumida en un populismo, tan amplio y vago como para convertirse en una etiqueta destinada a pegarla a todo lo que no agrada. Tendra como rasgos caractersticos su modalidda engaosa e inmoral, su tendencia a interpelar como beneficiario de sus polticas a un pueblo que termina siempre siendo su vctima.

A partir de diciembre de 2015 el nuevo gobierno ha articulado el designio de disputar la supremaca intelectual y moral en la sociedad argentina. Para seguir con terminologa de raigambre gramsciana, habra que agregar que una clase que nunca dej de ser dominante en la historia de la Argentina moderna, se propone consolidar y ampliar su papel de clase dirigente, por cierto sin gran disposicin a hacer los sacrificios importantes que Gramsci asimila a las construcciones hegemnicas ms eficaces, pero al menos con clara aceptacin del requisito de acceder al gobierno y mantenerse en l por medio de elecciones, y con un instrumento poltico, como la alianza Cambiemos, que construya consenso sin guarecerse bajo el ropaje del peronismo.

Durante buena parte de 2017 y con frecuencia y virulencia creciente en los ltimos meses, el gobierno ha puesto en claro que los instrumentos represivos actuarn contra todos aquellos que no acaten de modo pasivo el nuevo paradigma planteado. Lo que era amenaza, en forma de protocolo para actuar frente a las movilizaciones populares, pas a los hechos progresivamente, hasta culminar en las acciones brutales, acompaadas por numerosas detenciones, que se instrumentaron frente a las masivas movilizaciones que jalonaron el mes de diciembre. El gobierno hizo incluso ostentacin de su capacidad de represin, poniendo en juego, al mismo tiempo o de modo alternado, a todas las fuerzas de seguridad disponibles, desde la gendarmera a la polica de la ciudad de Buenos Aires. Esa deriva autoritaria va acompaada por una labor ideolgica y propagandstica para la construccin de un enemigo interno. De los rasgos difusos y casi fantasmagricos de Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) e indefinidos grupos anarquistas, el gobierno pas a la definicin de adversarios mucho ms amplios y concretos. Con motivo de las acciones contra la reforma previsional, ampliaron su condena tanto a la izquierda como al kirchnerismo, presentados como violentos y enemigos de la democracia a ser aislados y combatidos. Y se procur dejar bien en claro que no se ira slo contra los militantes de base sino contra los dirigentes, sin excluir a los representantes parlamentarios. En el nuevo modelo de pas que plantea la alianza Cambiemos parece no haber lugar para quines, con mayor o menor claridad, se permitan cuestionar el dominio pleno del gran capital, local e internacional.

En el futuro inmediato se jugar el nivel de xito del gobierno y sus aliados en la construccin del consenso de orientacin regresiva que tratan de construir. Las manifestaciones masivas de diciembre mostraron que hay importantes sectores de nuestra sociedad dispuestos a ganar las calles, a construir una oposicin activa a las polticas contrarias a los intereses populares, a ofrecer tenaz resistencia a que se construya y consolide el pas normal al que aspiran las clases dominantes.

Esa voluntad colectiva se despliega pese a la acostumbrada claudicacin de los sectores ms burocratizados del sindicalismo, y podra ser la base de una vasta articulacin social, poltica y cultural, susceptible incluso de dar masivamente el gran paso que va del cuestionamiento a las polticas neoliberales a la impugnacin en bloque del orden social capitalista. Buena parte de los sectores y organizaciones que han tomado parte en las grandes movilizaciones del ltimo ao, desde el Ni una menos a la contraria al 2x1, de las relacionadas con Santiago Maldonado a las ya mencionadas contra la reforma previsional, presentan aristas susceptibles de convertirse en identificacin con una transformacin profunda de nuestra sociedad. La batalla por desarrollar los ncleos de buen sentido y contra los pujos conservadores inscriptos en el sentido comn, est en marcha. En el futuro cercano se jugar si esas perspectivas se concretan, de la consolidacin del pensamiento y la accin colectivas depende.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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