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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2018

Por qu los nacionalismos ahora?

Jorge Majfud
Rebelin


Las actuales olas nacionalistas tienen, al menos, dos caractersticas: primero, no se trata de los nacionalismos que llevaron a la descolonizacin de frica o a la rebelin en el resto del tercer mundo durante los 50 y 60. En aquellos casos eran nacionalismos de izquierda, casi una contradiccin, por otras dos razones (porque estaban inspirados en pensamientos socialistas, internacionalistas, y porque se trataba de revindicar y levantar el espritu del oprimido, del sirviente deshumanizado). No es casualidad que algunos de los inspiradores de estas corrientes, nacionalistas como instrumento, no como objetivo, fuesen rebeldes como Frantz Fanon (psiquiatra y pensador latinoamericano radicado en Argelia, autor de Pieles negras, mscaras blancas, 1952) o Ernesto Che Guevara, ambos con ideas como el hombre nuevo, ese proyecto quijotesco de un ser descolonizado, descosificado y liberado de la ambicin que lleva a unos hombres a explotar a otros por dinero. Ambos, no por casualidad, acusados de violentos o inspiradores de la violencia. Por entonces las potencias europeas y estadounidense eran la versin de la madre Teresa militarizada, masacrando millones alrededor del mundo en nombre de la libertad y la democracia. La Unin Sovitica haca ms o menos lo mismo en nombre de la igualdad, aunque sus tentculos globales eran de menor alcance, histrico y geogrfico. Slo en ese sentido se entiende la firma habitual del Che, Patria o muerte, venceremos.

Obviamente, este tipo de patriotismo no se debe confundir con el patriotismo de las potencias coloniales: los colonizados saludaban la bandera del opresor como a un dios que les recordaba su propia inferioridad, razn por la cual ocupaban el lugar natural del servidor, del feo, del vicioso, del retardado. Incluso, an hoy el colonizado suele emocionarse al reconocer esta superioridad del colono haciendo hasta lo imposible por parecerse y asimilarse al poderoso, al vencedor. El colonizado, sea inmigrante o acomodado en su propia patria, se pondr discursos, camisas y pantalones con la bandera del poderoso y hasta dejar correr una lgrima cuando encuentre una buena razn para defender y justificar la arrogancia del vencedor, cual pattico sndrome de Estocolmo. Esa lgrima que se le escapa al desposedo cuando descubre la buena persona que es por defender al poderoso que, tarde o temprano, lo recompensar por el servicio moral.

Pero el nacionalismo del colonizado y el del colonizador son tan diferentes como el feminismo y el machismo. Parecen iguales, pero son lo opuesto en su dimensin tica y poltica.

En segundo lugar, los actuales nacionalismos, como los del siglo XX, son nacionalismos de derecha y se dan, fundamentalmente, en el mundo rico o desarrollado. Eventualmente se pueden expandir al resto del mundo, como todo lo que surge aqu. Tambin Europa y Estados Unidos fueron los primeros en difundir ideas como el Fin de la historia y el triunfo definitivo del neoliberalismo y las democracias liberales a partir de la disolucin final de la parodia sovitica. De ah parti la idea de globalizacin como la liberacin definitiva de los capitales. La idea de la disolucin de las fronteras slo se dio en Europa con la ampliacin de la Unin Europea y el establecimiento del Euro, y en Amrica del Norte, con tratados como el NAFTA. Era una globalizacin de los capitales, del poder, no de los trabajadores, que malinterpretaron las buenas intenciones convirtindose en inmigrantes ilegales.

Entonces, cmo es posible que sea justo en esa misma rea geomonetaria donde los discursos nacionalistas, proteccionistas y los cuestionamientos a las democracias liberales se estn dando con ms fuerza?

La respuesta la venimos repitiendo desde hace algunos aos: se trata de la percepcin, no declarada, del declive. No es que Europa y Estados Unidos se encuentren ya en la pobreza, sino todo lo contrario. Lo que ocurre es que sus habitantes ya perciben el declive relativo de sus privilegios hegemnicos. La prxima etapa es la rebelin de los de abajo en este mundo rico, desdesarrollado.

Este es un componente psicolgico, pero existe un modelo histrico anterior de base ideoeconmica. Se trata de la historia del proteccionismo contra la ideologa del libre mercado. A principios de la Revolucin industrial, Inglaterra era uno de los pases que ms brutalmente penalizaba el libre mercado de productos en desarrollo, como los manufacturados. Hasta que sus industrias fueron lo suficientemente fuertes como para competir con India, Amrica latina e, incluso con los subdesarrollados Estados Unidos del siglo XIX. Amrica Latina adopt fcilmente este cuento y abri sus fronteras (la destruccin del Paraguay durante la guerra de la Triple Alianza fue una de sus jugadas maestras). Por el mismo tiempo, Estados Unidos tena las cosas ms claras, como muchas otras veces en lo que se refiere a competencia y beneficios econmicos. Los presidentes Cleveland y McKinley lo pusieron ms o menos as: nosotros seremos los campeones del libre mercado cuando nuestras industrias sean lo suficientemente fuertes para competir con las britnicas. No ahora.

Cuando Estados Unidos desarroll sus industrias a un nivel que lo alejaba de cualquier competidor, de repente se cumpli la profeca: promovi el libre mercado, por las buenas y por las malas. Prctica, por supuesto, que nunca tuvo mucho de libertad debido a recurrencias como el dumping (aniquilacin de la competencia por venta a precios debajo del coste) y las frecuentes intervenciones del ejrcito y los diplomticos estadounidenses (algo as como los ad hocs del capitalismo para convertirlo en lo que realmente era: imperialismo revestido de nombres como libertad, justicia y democracia). Por no hablar de la inundacin de dlares sobre las dictaduras amigas y luego la manipulacin de las tasas de inters por parte de la FED que cre astronmicas deudas externas en el tercer mundo.

Por supuesto que, durante todo ese perodo, el nacionalismo slo era un cuento para alentar a los soldados, pero no a los capitalistas, que de nacionalistas no tenan un pelo. El nacionalismo ajeno era tan malo que casi no se promova el propio para no dar el mal ejemplo.

Ahora que Europa y Estados Unidos han perdido la abrumadora hegemona (econmica) de dcadas atrs, surgen las rabietas nacionalistas entre sus habitantes. Estados Unidos reacciona con discursos proteccionistas y egocntricos, aorando un pasado que fue varias veces ms pobre y racista que el presente, pero por entonces dictaba como un dios brutal, bondadoso y temible. Inglaterra, todava un centro importante de las finanzas, se sabe dbil y decadente. Provincias como Catalua reclaman su pasado y una riqueza que es relativamente mayor al resto de Espaa, la que a su vez responde con su propio nacionalismo en nombre de la unidad, llegando, no en pocos casos, a un revival del falangismo y a una xenofobia que va desde el disimulo a la exaltacin del racismo. Y as podamos seguir con el resto del hasta hace poco eufrico mundo rico que quera disolver las fronteras y globalizar los Derechos Humanos.

As vemos cmo el efecto de la percepcin de ya no ser los referentes econmicos y morales produce el renacimiento de sus propios monstruos y la prdida de sus mejores logros, como los valores humanistas, de la ilustracin y hasta de la confianza en las ciencias.

Claro que todo vuelve y todo termina. Lo importante es saber cunto se destruir hasta que el ms arrogante y ciego nacionalismo vuelva al stano donde se guardan las vergenzas de la historia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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