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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-01-2018

Juntar alegres rebeldas juveniles: aportes a una polmica (II)

Cristian Hurtado
Rebelin


La crisis de la poltica en Colombia obliga a pensar la naturaleza y la manera de proyectar una alternativa que democratice la democracia a nivel econmico, cultural, social, poltico. Nuestro punto de partida es que dicha manera ha emergido bajo la forma de movimientos y su proyeccin es la convergencia de los mismos. Ello ser efectivo si se acompaa de varios saltos: de movimientos destituyentes a movimiento constituyente; de la dispersin a la convergencia; traduccin de la fuerza de accin colectiva en capacidad electoral; combinacin permanente de acciones de movilizacin y manifestacin pblica y masiva movimientos y ocupacin de espacios representativos y lugares de incidencia, denuncia y visibilidad posiciones.

Un proceso de este tipo requiere de un sujeto que conserve superando mltiples sujetos que ya existen movimiento de movimientos-; el refinamiento de las banderas programticas de sus componentes el programa de la transformacin es la incorporacin de programas de los movimientos que lo componen -; la iniciativa permanente la adecuada combinacin de las agendas particulares y las agendas generales, perfilando la autonoma del movimiento ante cualquier subordinacin del inters comn que busca proyectar, ante el inters particular. Requiere, una actitud poltica que promueva su maduracin: construccin de liderazgos basados en su legitimidad (retomando las reflexiones de Jacobo Arenas al respecto [1] ); no preestablecer la forma, de decisin, articulacin y prctica; no predefinir sus formas de accin. En sntesis: inventar, errar, confiar.

Se ha afirmado que una de las dificultades del campo social y popular es su tendencia a la fragmentacin y compartimentacin. De all, que al perfilar una organizacin de x sujeto social, tambin y o z van a pedir su propia organizacin. Es una herencia del viejo y daino antagonismo entre luchas sociales o gremiales y polticas. El planteamiento peca de varias impresiciones:

Ser a-histrico al no detectar el grado de desarrollo del capitalismo en extensin y profundidad. Es decir, el grado de profundizacin espacial y vital del capitalismo hacia nuevas esferas de la vida social ms all de las econmicas y polticas extensin. Proceso que se acompaa por la intensificacin de relaciones asimtricas, de subordinacin y dominacin, en los mismos campos profundidad. Ello deriva en la emergencia de nuevas conflictividades sociales que adquieren personalidad histrica en nuevos sujetos de disputa. En un contexto de crisis de la poltica, con estados dbiles en tanto mecanismos de canalizacin social, pero fuertes en tanto instrumentos de disciplinamiento en palabras del Maestro Munera -, dichos nuevos sujetos no siempre encuentran en el sistema representativo del juego democrtico institucional un lugar, y actan al margen o contradiccin con el mismo. Negarles un lugar, no slo niega potencia a un proceso transformador; tambin niega una condicin de la sociedad actual que se pretende subvertir.

Dichas afirmaciones se hacen desde una posicin de desconfianza en la propia propuesta. Se asume que proyectar o promover expresiones organizativas en diversos campos de disputa dispersa la accin poltica bajo la autonoma de cada expresin. Es la concepcin de que las revoluciones se hacen y por tanto, su fuerza se dirige y controla. Presupuesto falso pues las revoluciones se organizan y su fuerza se motiva y desata. Todo proyecto poltico genuino y alternativo, presupone convertirse en inters comn sin por ello negar el inters particular de sus componentes. Por tanto, asumir que la promocin de las disputas sociales es un lmite para el desarrollo de una organizacin poltica no es otra cosa que la normalizacin de la accin poltica sin horizonte poltico.

Por ltimo, alude a una confusin entre expresin organizativa y movimiento. Un dejo de vanguardismo mal entendido al considerar cada expresin organizativa es sinnimo de movimiento, y por tanto, ah s, la capacidad de soportar tal dinmica de trabajo rebasa la de la organizacin. Ello es cierto, pero no lo es que una organizacin tenga la capacidad de contener un genuino movimiento. Por tanto, se habla de organizaciones, o espacios especializados que aportan en su campo a construir movimientos, que en ello, dotados de una visin estratgica, contribuyen a la maduracin y consolidacin de dicho movimiento mediante la organizacin en cuestin. No est dems reiterar, que dicho proceso implica la maduracin del sujeto constituyente, y su construccin mediante la convergencia de dichos sujetos particulares y fragmentados en un bloque popular.

La ltima justificacin de dicha necesidad de la especializacin organizativa y la vigencia de la militancia colectiva que por dems recoge la dinmica misma del campo social y popular en la ltima dcada tendr que ver con las condiciones de trabajo, en nuestro caso, del campo popular juvenil. Afirmamos hay 4 caractersticas que aplican a las formas de agrupamiento existentes.

La dispersin creativa: La crisis de la poltica excluye de su ejercicio, por repulsin o hermetismo del sistema, al conjunto de la sociedad. En ese contexto, y sumado a la centralidad que adquiere en la sociedad neoliberal la lgica sujeto experiencia consumo como operador identitario, deriva en la fragmentacin y erosin de dinmicas de vinculacin y autoafirmacin colectivas. Al margen de dicha centralidad, emergen expresiones de agrupamiento juvenil. En primer trmino, las dinmicas identitarias son definitorias del campo juvenil. Dichas dinmicas desprenden variadas formas de agrupamiento que no necesariamente organizaciones, o no implican per se activismo o militancia social o poltica -. Hablamos de procesos como la barra, el parche, la pandilla, las mal llamadas tribus urbanas, agrupaciones artsticas, eclesiales o de comunidades de fe. Gustos e intereses comunes que derivan en agrupamientos y solidaridades entre sus miembros. Las habrn marcadas por lgicas de consumo, y otras de un orden ms prospectivos abocadas a la intervencin.

El valor de estas dinmicas de agrupamiento radica en que pese a no escapar de la individualizacin, incluso son un mecanismo de la misma, contienen su contrario: la construccin de espacios colectivos, la extensin de solidaridades y la prolongacin de la accin individual mediante los mismos. Sern creativas por ser dinmicas, por impulsar iniciativas de diverso orden y naturaleza. Y arrojan una experiencia importante en mecanismos, instancias y dinmicas de construccin colectiva, toma de decisiones, ejecucin de acciones y msticas de identidad colectiva.

Marginales ante el universo juvenil, se ubican las dinmicas asociadas a alguna forma de activismo, militancia o intervencin social. Estas, tambin dispersas pero creativas y activas, se caracterizan por su aislamiento. La tendencia identitaria les implica mantener su carcter y por ello la dificultad de converger en unidades mayores de accin, decisin y construccin. Excepcin mayor con las organizaciones juveniles ms formalizadas, menores en nmero y capacidad de relacionamiento y encuentro con estas expresiones ms localizadas y especializadas. El reto ac se asocia a la capacidad que logr el movimiento juvenil de beber de la variada manifestacin de solidaridad y emplazamientos para constituir la convergencia; igualmente, de su capacidad de lograr construir un discurso, proyecto y propsito comn que despunte una convergencia en momentos especficos. Es decir, la capacidad de trazar una pauta que conecte y se potencie de esa creatividad permanente en estado de dispersin.

Absorcin institucional: Una caracterstica del tratamiento estatal hacia la juventud es la tendencia a intervenirlo, conducirlo, disciplinarlo. Uno de dichos mecanismos es el tema financiero. En la evaluacin de la poltica de juventud de la Bogot Humana una de las mejores experiencias a nivel nacional -, se reconoce como dificultad que el impulso a las dinmicas juveniles sigue limitado al apoyo econmico. El riesgo de ello radica en que el apoyo financiero se determina por objetivos definidos previamente por la institucin que aporta los recursos sea o no estatal. La incidencia de los procesos juveniles en la ejecucin de iniciativas se ve afectada por las determinaciones del financiador.

Se construye as una tendencia a hacer del proceso juvenil financiado un operador de programas de gobierno en los que no siempre incide al ser diseados. Lo cual margina iniciativas que no cabran en dichos objetivos institucionales, o en que los del proceso juvenil sea modificado para ajustare al mismo. Lo anterior no niega casos de ajuste pleno entre lo que un proceso proyecta y lo que la convocatoria busca apoyar, o de procesos que logran equilibrio entre las necesidades institucionales y su autonoma organizativa. Los casos ms extremos sern los de procesos que son arrastrados por la dinmica de las convocatorias al punto de convertirse en cazarecursos desdibujando sus objetivos iniciales. S, en el campo juvenil, muchos procesos viven de los recursos de convocatorias. Y ello tendr que ver con el lugar que ocupamos los jvenes en el proceso productivo que limitan fuertemente la capacidad de autogestin para el desarrollo de iniciativas.

Mencin aparte merecen las dinmicas electorales, en particular, vinculadas a partidos tradicionales de la vieja poltica. All el proceso juvenil, y los liderazgos juveniles son apreciados por el espectro electoral que pueden interpelar y vinculados a las redes de clientelismo. Igualmente ocurre con el modelo educativo, el cul en esencia busca formar la fuerza de trabajo necesaria para la reproduccin de la formacin social a nivel econmico, poltico, cultural. Son en todo caso, esquemas de disciplinamiento externos cuyo objetivo es interiorizar en la juventud los valores y prcticas institucionales que garantizan su reproduccin.

La protesta muda: La lgica cultural y sociolgica de la sociedad neoliberal promueve la frentica movilidad, la instantaneidad y el goce en el acto de consumir, y consumir. La relacin del sujeto, su arraigo, se asocia as con experiencias puntuales a ser consumidas en el sentido cultural del consumo, sin por ello negar su correlato econmico, sino ms bien hacindolo ms denso. Diluidos los arraigos territoriales, nacionales, culturales se diluye tambin el objeto de la rabia. Ello est asociado al adelgazamiento del estado, y la erosin de la soberana que niega a su vez el valor del territorio, la fluidez cada vez mayor de la comunicacin y acceso a informacin y la descentralizacin del aparato productivo va su desnacionalizacin, la deslaboralizacin del trabajo, y por tanto, la movilidad permanente de la lgica de consumo.

Emergen dos tipos de protestas mudas, entendidas como manifestaciones de contradicciones sociales que derivan en prcticas que no se acompaan de discurso. Emergen actores que reflejan un desplazamiento de sus lealtades, marginales y producidos por las asimetras sociales, son actores con poder real, pero sin discurso poltico. Hablamos del crimen organizado. En especial, de las llamadas pandillas juveniles; se trata de agrupaciones con cdigos y lealtades fuertes, que logran incluso crecer y reproducirse, construyendo una identidad y mecanismos de legitimacin. Asociadas al objetivo individual de riqueza y posesin desde el margen social al que han sido avocados por las asimetras sociales. En ese orden de ideas, sin entrar en consideraciones morales o penales, el robo se constituye en demanda individual, e individualmente satisfecha, de riqueza. Es el correlato de una cultura en la que la emergencia de factores de poder asociados a la captacin de rentas ilegales narcotrfico y corrupcin ha construido la nocin del dinero fcil como proyecto de vida. Es el reino de la informalidad, que por origen y emplazamiento, es absorbido como poder para-estatal, y en algunos casos se erige en anti-estatal.

El segundo tipo de protesta muda, refiere a la prctica contestataria. Espontnea, espordica y explosiva. Poco se ha reflexionado al respecto, pero su existencia notable se puede rastrear, por ejemplo, en las acciones colectivas ante el disfuncional modelo de transporte pblico, e incluso, se puede decir, fueron protagnicas en las movilizaciones del sur de Bogot durante el cenit de paro agrario de 2013. Lo es tambin el generalizado desprecio por la poltica, entendida a imagen y semejanza del Estado como la prctica electoral basada en el clientelismo y la gestin de poder individual a despecho de su sentido original como construccin y disputa de horizontes colectivos.

Baja permanencia: El papel que ocupa la juventud, en especial la juventud de las barriadas, veredas, cabildos y palenques del pas, en el aparato productivo determina la permanencia de los procesos juveniles. Los ms longevos sern aquellos que logran una perspectiva de mediano y largo plazo, sea a nivel poltico, econmico o cultural; se convierten en tradiciones, o arraigos estables. En general, sin embargo, la permanencia de los agrupamientos juveniles es baja, o cambia de naturaleza con el tiempo. Con ella, el sinsabor de la derrota, de la expectativa frustrada, o la apropiacin de preocupaciones ajenas inseguridad y vigilancia, castrochavismo, ideologa de gnero. O la absorcin por las propias inestabilidad econmica, individualizacin del ocio -.

Las anteriores caractersticas, an en un nivel descriptivo, coinciden en dos aspectos: el primero es la necesidad de una pauta que conecte y logre la convergencia, la motivacin a juntar rebeldas. Se trata de la posibilidad y necesidad de construir colectivamente un horizonte comn, un discurso que socialice y extienda las redes de cooperacin y solidaridad existentes. De poder consensuar el espacio que logre la prolongacin de la fuerza dispersa, fragmentada haciendo de ste una fuerza potente y vida de transformaciones, transgresiones y accin. Es decir, la necesidad de promover y encontrar una identidad de las y los jvenes marginados que proyecte a partir de sus experiencias y entornos un proyecto orientado al buen vivir, antes que el vivir mejor. Estamos ante expresiones que pese a sus dinmicas activas y creadoras, no han logrado una maduracin que les dote de un relato y un horizonte de sentido y participacin. Por tanto, la convergencia exige tal condicin que es a su vez, la autoafirmacin de la autonoma juvenil como constitutiva de un sujeto social y poltico; consciente de su fuerza, de su papel, a partir de sus necesidades y expectativas ahora convertidas como promesas de nuevo tiempo.

Las caractersticas indicadas aluden a formas disimiles, desiguales, de desarrollos de politizacin juvenil. Indican nuevas formas de hacer poltica por sus lugares, mecanismos, objetivos en tanto acumulan poder, y de un modo u otro, lo interpelan. Hablamos de politizacin en el sentido de la conciencia de un proyecto colectivo, general, comn, que contiene y conserva al mismo tiempo, los proyectos particulares y locales desde los que se emplaza el sujeto juvenil popular. Se trata de construir un centro horizontal de absorcin y resonancia de las expectativas juveniles, cuyo contenido refiere a un proyecto estratgico que le pauta su accionar y cimenta sus solidaridades; un recipiente que se nutre y forja identidades basadas en nuevos sentidos de lo social, que a su vez, son la emergencia de sentidos de lo juvenil. Se sobreentiende el papel que la autonoma juega en dicho centro, y se desprende, por tanto, su forma a un nivel general: un movimiento juvenil dotado de un proyecto de pas a la medida s, a la medida de la juventud del comn, entendida sta como la fuerza de trabajo social en que se sustentar el futuro entendido como la conservacin del presente, o su subversin. Ah, de nuevo, lo estratgico del asunto.

As, el movimiento, sin una forma, liderazgos, predefinidos es el espacio que permite dicha convergencia. No un movimiento para ser dirigido, es un movimiento que se autorregula sobre las expectativas que contiene; que se educa a s mismo y a sus pares en su desarrollo; que madura en su caminar, y que llega al encuentro con otros movimiento para disputar un nuevo sentido de la historia. Ello implica, entonces, dotar a partir de la construccin colectiva, de una idea de sociedad al campo juvenil; implica, en ltimas, juntar alegres rebeldas juveniles.

El artculo siguiente explora la nocin de juventud impulsada desde el Estado y desde el mercado. Se detendr de manera particular, en el problema de la adiccin al ser est la manifestacin ms madura de la interseccin de ambas visiones.


Notas

[1] Valdra la pena volver a textos como Don de Mando Fariano para hablar de la manera en que se entiende el liderazgo, y su construccin, en organizaciones como FARC EP.

Cristian Hurtado Juventud Rebelde Colombia

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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