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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-01-2018

Entrevista a Christian Laval y Pierre Dardot
De la autonoma a lo comn

Amador Fernndez-Savater
Lobo suelto!


El filsofo greco-francs Cornelius Castoriadis (1922-1997) desarroll su reflexin poltica a la luz de dos claves: la burocracia y la autonoma. Por un lado, el fenmeno burocrtico -en esencia, la divisin entre dirigentes y ejectutantes- entendido y descrito como una forma de organizacin social extendida a todos los niveles (escuela, universidad, trabajo, partido) y a todos los lugares (al este y al oeste, tanto en EEUU como en la URSS). Por otro lado, el anhelo de autonoma la capacidad individual y colectiva de darse las propias normas de existencia- como principal motor de las luchas de los aos 50-60-70: en los movimientos de trabajadores, de colonizados, de mujeres, de jvenes, etc.

Muchas cosas han pasado entre los anlisis de Castoriadis y nuestro presente. Las luchas y los movimientos citados desbarataron de alguna manera el dispositivo burocrtico y el capitalismo respondi con deslocalizaciones, cierre de fbricas, privatizaciones, precariedad, etc. Es la metamorfosis ofensiva que conocemos hoy como neoliberalismo. Nuevos movimientos surgen a su vez en respuesta, encontrando en el trmino de lo comn un nuevo principio de accin, explicacin y orientacin.

Repensar el capitalismo a la luz del pasaje entre burocracia y neoliberalismo. Repensar la autonoma a la luz de lo comn. Son dos de las lneas de fuerza que podemos encontrar en los ltimos trabajos de Christian Laval y Pierre Dardot, tales como La nueva razn del mundo o Comn (ambos en la editorial Gedisa). El neoliberalismo es descrito ah, no slo como una doctrina o una poltica econmica, sino como una norma general de los comportamientos (tanto de los Estados como de las empresas y de los propios individuos) que hace de la competencia el elemento y el motor principal. Por su lado, lo comn es pensado como un principio poltico (en primer lugar prctico, no slo terico) que conjuga la democracia radical (ms all de la representacin) y el derecho de uso (ms all de la propiedad).

Christian Laval y Pierre Dardot forman una extraa pareja en el panorama intelectual contemporneo. Socilogo y filsofo respectivamente, desarrollan juntos un poderoso trabajo de investigacin y escritura, lo que ya es una verdadera anomala entre las formas de hacer individualizadas de la produccin intelectual. En octubre de 2015, una serie de amigos (con el apoyo de la editorial Gedisa) invitamos a Laval y Dardot a Madrid, no slo a presentar su trabajo, sino a discutirlo con personas y grupos que estn pensando-haciendo lo comn en la ciudad. Es decir, les propusimos salir un poco de las formas tradicionales de la charla-conferencia y ponerse en dilogo con realidades, experiencias y prcticas de lo comn. Nos encontramos con dos personas humildes y accesibles, muy capaces de escuchar y aportar, a la vez de discutir tericamente al mximo nivel y de aportar nociones e imgenes tiles para los problemas concretos de la construccin cotidiana de lo comn. Es decir, descubrimos a dos personas capaces de relacionarse con otros en igualdad, deshaciendo con cierta manera de estar en comn las relaciones de poder y desigualdad tantas veces ligadas a lo terico.

Uno de los autores ms citados en Comn es el propio Castoriadis. Ms all del simple comentario o la interpretacin, hay un dilogo vivo con el pensamiento filosfico-poltico de Castoriadis, en especial en torno al problema de la institucin. Cmo pensar las instituciones de lo comn, esas instituciones radicalmente democrticas mediante las que nos hacemos cargo de los asuntos colectivos de la vida? Con esta entrevista, hemos querido conocer (y dar a conocer) ms sobre la lectura que hacen Laval y Dardot de Castoriadis. Un lectura que, a nuestro juicio, actualiza y vivifica ( intensifica ) la obra de Castoriadis al ponerla en con los desafos presentes de la transformacin social. En esa tensin histrica entre la burocracia y el neoliberalismo, la autonoma y lo comn.

1- Quiz, para empezar, les preguntara qu lugar ocupa hoy Castoriadis en la escena intelectual francesa y cmo fue su encuentro con l.

Castoriadis se encuentra en una posicin extraa, difcil de precisar. No est en el centro de las discusiones intelectuales y polticas en Francia, no es un maestro reconocido en ninguna disciplina particular, ni siquiera, y sobre todo, en el dominio del psicoanlisis. Permanece como lo que fue durante su vida: un marginal importante, un outsider si se quiere, que viene a chocar ortogonalmente contra una serie de campos tericos y de posiciones polticas.

Pero es importante decir que su obra est cada vez ms activa a medida que nos alejamos de su desaparicin en 1997. El reconocimiento de su obra progresa a medida que las grandes ortodoxias marxistas o lacanianas, y las teoras crticas dominantes, son menos pregnantes, menos arrogantes, menos dominadoras. O ms exactamente an, es la transformacin de la escena intelectual y poltica francesa, menos dividida entre escuelas y corrientes estancas, lo que permite a la obra de Castoriadis trabajar transversalmente como consecuencia de la mayor hibridacin de las teoras. Particularmente, son testimonio de este impulso los coloquios y las obras colectivas a los que dan lugar jvenes investigadores, como Autonoma y barbarie , bajo la direccin de Manuel Cervera-Marzal y Eric Fabri, que est centrado sobre el concepto de democracia radical.

Por nuestra parte, nos encontramos con el trabajo de Castoriadis siendo muy jvenes, cuando todava estbamos en la Liga Comunista Revolucionaria. Primero lo lemos como un autor antiestalinista radical, ms radical que el trotskismo ortodoxo de la organizacin poltica a la cual pertenecamos, lo cual no nos disgustaba. ramos ms que escpticos sobre la caracterizacin hecha por Trotsky de la URSS como Estado obrero degenerado, pero todava tenamos dudas sobre la caracterizacin del rgimen estalinista como dictadura de una nueva clase. Lo que contaba para nosotros era sobre todo la toma en consideracin de la realidad de la burocracia. Su aporte en realidad la aportacin colectiva del grupo Socialismo o Barbarie (SoB) fue hacer del poder burocrtico un hecho histrico fundamental que no haba sido tomado en cuenta como tal por la teora marxista, no evidentemente por la corriente estalinista dominante pero ni siquiera por las diferentes variantes del trotskismo. La burocracia no era un accidente de la historia, sino un fenmeno nuevo que implicaba reelaborar la doctrina revolucionaria a la luz del totalitarismo burocrtico.

Socialismo o Barbarie, marxismo, URSS

  1. Todava puede servirnos de algo la crtica de Castoriadis al comunismo burocrtico?

Por un lado, vemos cmo la han utilizado durante aos algunos pensadores liberales, conservadores o neoconservadores, purificada de su otra cara, la crtica al capitalismo occidental (el capitalismo fragmentado o la oligarqua liberal en palabras de Castoriadis). Estos pensadores resitan esa crtica en la alternativa democracia representativa/totalitarismo que Castoriadis mismo rechaz con firmeza.

Por otro lado, una vez cado el bloque sovitico, vemos a algunos pensadores radicales coquetear provocadoramente o afirmar como positivos algunos elementos del comunismo burocrtico contra el consenso neoliberal (pienso ahora en iek o Badiou). En qu sentido entonces ese trabajo terico crtico uno de los ejes centrales en la vida de Castoriadis puede tener hoy alguna fuerza, actualidad, inters, una vez desaparecida la URSS? Ustedes lo retoman por ejemplo en la primera parte del libro Comn (Gedisa, 2015).

La crtica radical del comunismo burocrtico es ms pertinente que nunca. Castoriadis percibi mejor que otros la amplitud de una de las tragedias ms grandes del siglo XX: la transformacin en su contrario del proyecto socialista revolucionario que, desde el siglo XIX, buscaba extender la democracia a todas las esferas de la actividad social. El trabajo realizado sobre el comunismo de Estado en la URSS o en China, a pesar de un cierto nmero de errores como la sobrestimacin del podero sovitico, le permiti comprender que esta regresin iba a favorecer los xitos del neoliberalismo en el mundo entero y de ah la tonalidad tan sombra de sus ltimos textos. En virtud de la matriz marxista revolucionaria de la que haba salido, y a la que permaneci fiel, Castoriadis no cay en el neoconservadurismo como un cierto nmero de antiguos izquierdistas ms o menos mundanos convertidos en intelectuales mediticos de una gran mediocridad de pensamiento. Castoriadis sigui siendo un intelectual revolucionario. Es lo que hace a su grandeza. Hizo suya la aspiracin socialista fundamental a la autonoma, la cual implicaba una doble crtica: la de la burocracia sovitica y la del capitalismo moderno. En su espritu, las dos crticas son indisociables. En este sentido, su relectura permite poner en su sitio todas las tentativas contemporneas de rehabilitacin disimulada del estalinismo a las cuales asistimos hoy (con el motivo de que Stalin meta miedo a la burguesa y que es ese su principal mrito). Al escribir el captulo 2 de nuestro libro Comn , nos sentimos particularmente tocados por la justeza de su crtica de la racionalidad productivista presente en Lenin y Trotsky: el comunismo de Estado sacrific todo al culto de esta racionalidad y, en ese sentido, dio la espalda a una autntica revolucin.

  1. Pienso que la crtica de Castoriadis al marxismo le reprocha fundamentalmente una ceguera con respecto al hacer humano y, en particular, al hacer poltico. Por un lado, su carcter determinista (sucesin lineal y necesaria de los modos de produccin motorizada por la evolucin tecnolgica) anula la capacidad humana de creacin (de hacer surgir lo nuevo). Por otro lado, la teora de Marx en El capital considera objetos a los seres humanos y es incapaz de ver cmo slo la lucha obrera cotidiana da contenido a la nocin misma de ley del valor y le fija un sentido concreto (determinando el reparto del producto social). La lucha de clases est ausente de El capital , llega a decir Castoriadis ( Capitalismo moderno y revolucin , con el seudnimo de Paul Cardan, en Ruedo Ibrico, 1970).

Por todo ello, segn Castoriadis, el marxismo sera incapaz de acompaar las luchas prcticas (en su hacer concreto, en su creacin especfica) al asignarles a priori un sentido y una finalidad. Cmo leen, al da de hoy, la crtica de Castoriadis al marxismo? Qu podemos recuperar y qu conviene descartar?

En efecto, Castoriadis identific en el pensamiento de Marx una contradiccin entre una pretensin cientificista que consiste en explicar todo por el juego de las leyes del autodesarrollo del capital y un llamado a la accin revolucionaria que apunta al derribo del capitalismo. En nuestra obra, Marx, nombre de pila: Karl [ Marx, prnom: Karl ] (Gallimard, 2012), nosotros mismos indicamos que una tensin irreductible atraviesa toda la obra de Marx: por una parte, la lgica supuestamente orgnica del sistema que tenda a reproducirse a s mismo indefinidamente, ampliando siempre ms sus propias bases; por otra parte, la lgica estratgica del enfrentamiento entre las clases que produca sus propios sujetos sin que esta produccin estuviera determinada por adelantado a causa de las condiciones materiales. A pesar de todos sus esfuerzos, Marx nunca lleg a soldar las dos lgicas, por ejemplo deduciendo la lgica de la lucha de clases de la lgica del sistema. Segn nosotros, este fracaso terico es justamente lo que lo vuelve actual: nos ayuda a pensar nuestro presente renunciando de entrada a la esperanza de tal deduccin pretendidamente cientfica. Pero fuimos cuidadosos al indicar que esta tensin entre las dos lgicas trabajaba todos los grandes textos de Marx: no es pertinente, pues, distribuir los dos aspectos del pensamiento de Marx entre dos grupos de escritos, de los cuales unos seran cientficos y los otros polticos.

Desde este punto de vista, la afirmacin de Castoriadis segn la cual la lucha de clases est ausente de El capital , una frase que apunta muy directamente a la interpretacin althusseriana de El capital , es tpica de una forma demasiado simple de arremeter contra Marx. Esta crtica, sobre todo, no acierta su objetivo. En realidad, la lucha de clases est presente en El capital . Pero est presente de una manera extraa. Aparece como un motor del capitalismo, contribuye a transformarlo, a reformarlo, a hacer que la explotacin se haga ms sutil e inteligente, a que el proceso de trabajo est mejor organizado, a que la productividad aumente con el maquinismo y la incorporacin de la ciencia en la produccin. De este modo, la lucha de clases conduce a diario a una mayor integracin en los engranajes del gran autmata al punto que se tiene el derecho de preguntar cmo una prdida de autonoma tan radical en el trabajo podra ser compatible con la tesis marxista del carcter revolucionario de la clase obrera. Un proletariado ms numeroso pero cada vez ms integrado y sometido al capital no permite entender salvo por un salto imaginario o por la creencia en el colapso final del capitalismo cmo va a realizarse la expropiacin de los expropiadores en los pases ms avanzados. Y de hecho, como es sabido, ella nunca tuvo lugar.

En retrospectiva se puede decir, entonces, que Castoriadis haba visto perfectamente que el marxismo contena un necesitarismo de tipo cientificista que funcion como un objeto de creencia y como un medio de poder de las organizaciones marxistas-leninistas en el seno del movimiento obrero. Y es tambin por esta comprensin que pudo anticipar antes que muchos otros que la crisis del bloque sovitico iba a desembocar en una crisis muy profunda del marxismo.

  1. Relacionado con lo anterior: pienso que el trabajo terico de SoB (una organizacin que se pretenda revolucionaria, no un grupo puramente intelectual) es muy potente en el sentido de que inventaron modos prcticos de ponerse en contacto y escuchar (en lugar de presuponer o precomprender) las luchas efectivas del movimiento obrero de la poca. Por ejemplo, la rbrica la palabra a los trabajadores de la revista (un germen de la prctica de la encuesta obrera) o la importancia en el grupo de trabajadores como Daniel Moth o Henri Simon junto a los intelectuales como Lefort, Lyotard o el propio Castoriadis. No les parece que esto es una dimensin que se ha perdido en el trabajo intelectual en la actualidad (tambin en el radical)? Me refiero a esa invencin de dispositivos concretos de escucha y contacto con la lucha y la experiencia de la gente comn, de modos de teorizacin a partir y en base a las prcticas. Esos modos y dispositivos concretos, les parecen necesarios? Se reinventan hoy de algn modo?

La escisin intelectuales / trabajadores manuales es una de las ms difciles de superar. Esta antigua cuestin no est completamente olvidada, pero hoy es difcilmente audible en tanto y en cuanto el trabajo acadmico clsico de los especialistas, universitarios por lo general, ocupa el espacio y monopoliza el discurso. Despus de las grandes huelgas de 1995 en Francia, Bourdieu lanz un llamamiento para asociar a los investigadores y los trabajadores. Pero no logr encontrar la forma institucional que permitiera este trabajo comn. Universitarios y sindicalistas se fueron cada uno por su lado. Hay algunas excepciones en Francia. Entre algunos de nuestros amigos socilogos especialmente Stphane Beaud y Michel Pialoux existen experiencias de investigacin sobre la condicin obrera que van en esta direccin asociando obreros o viejos obreros.

Sin embargo, observamos que este acercamiento tuvo lugar progresivamente en Francia pero en sentido inverso, y esto en ocasin de las grandes movilizaciones contra las polticas neoliberales (1995, 2003, 2010). No son los investigadores los que se ponen a la escucha de los trabajadores, sino organizaciones sindicales (Solidaires, FSU esencialmente) o asociaciones de educacin popular (ATTAC) las que hacen intervenir a investigadores en dispositivos de formacin o de investigacin.

SoB realiz una experimentacin a muy pequea escala que siempre puede servirnos de referencia, pero que no debe ser sobrevalorada. La gran pregunta planteada por la experiencia de SoB o de otros sigue siendo en todo caso muy actual: cmo se puede evitar el doble escollo del populismo demaggico y de la dominacin de los expertos detentores exclusivos del saber? Por un lado, el populismo demaggico se resume en la frmula: el pueblo no necesita de sabios porque ya sabe lo suficiente por su propia condicin; por otro lado, la relacin de dominacin expertocrtica es expresada por la frmula: el sabio siempre sabe ms que el pueblo, lo que lo habilita a ensear al pueblo. Inventar, en ocasin de las movilizaciones sociales, lugares y mtodos de co-construccin de los saberes crticos, apoyndose sobre las experiencias previas o an en vigor, determinar ampliamente el porvenir del movimiento social. Por lo tanto, para llevar esta tarea a buen puerto hay que romper con la idea de saberes prefabricados que estaran dados de entrada en un lugar social determinado.

  1. El enfoque de Comn me ha recordado por momentos al largo trabajo de Castoriadis en El contenido del socialismo ( SoB , 1955). Castoriadis explica la originalidad del enfoque de ese trabajo diciendo que, en lugar de partir de la denuncia del estado de cosas, empezar planteando el modelo positivo de la autogestin (no especulativamente, sino a partir de las experiencias cotidianas y de las luchas obreras ms avanzadas, como Hungra en el 56). Y al trasluz de lo positivo (la autonoma) se desvelar lo negativo (la dominacin). Tiene algn parecido o resonancia con su trabajo en Comn ?

La tarea a llevar a cabo es del mismo orden pero se inscribe en un perodo muy diferente. Lo negativo no puede ser identificado ms que a la luz de lo positivo. Una buena parte de la izquierda crtica se encerr durante mucho tiempo en una denuncia estril de los estragos del sistema sin tomarse el trabajo de abrir la va a una alternativa positiva a partir de los movimientos en curso. Segn nosotros, es esencial partir de las experimentaciones para imaginar a una escala ms vasta lo que podra ser otro sistema social y poltico.

Sin querer disminuir la importancia de su texto sobre el contenido del socialismo, no obstante hay que precisar que Castoriadis no hizo ms que recuperar una tradicin mucho ms antigua en el movimiento obrero que consista en instituir un nuevo derecho, nuevas formas de actividad, nuevas relaciones sociales. Nosotros damos un lugar importante al derecho proletario en nuestra obra Comn , siguiendo la misma lnea de una obra importante de Maxime Leroy ( La coutume ouvrire [ La costumbre obrera ]). No hay que ser proudhoniano para recordar que la capacidad poltica de los trabajadores y de los ciudadanos puede y debe comenzar a ejercerse desde hoy, sin esperar la hora hipottica de la revolucin social.

Se trata de partir de prcticas alternativas, de mostrar sus aportes, pero tambin sus dificultades y sus lmites. No se trata de dar un modo de empleo generalizable de los comunes a instituir. Contrariamente a lo que dicen ciertos autores, no basta con aplicar recetas o reglas para que poco a poco toda la sociedad se transforme por la sola virtud contagiosa del ejemplo. En realidad, lo importante en la experimentacin es la puesta en marcha de una va alternativa posible que no pueda ser extendida, incluso generalizada, sin pasar por un enfrentamiento con las estructuras de poder.

No haremos la economa de la cuestin del poder incluso si esta ya no se plantea en los trminos de la conquista del poder, sino ms bien en los de la construccin de nuevos poderes capaces de una coordinacin democrtica. En todo caso, la experimentacin de prcticas nuevas es importante sobre todo porque el socialismo ha sido profundamente desacreditado como solucin general a los problemas de la economa y de la sociedad, debido al desastre del comunismo de Estado en los pases del Este. Conviene, entonces, volver a empezar sobre nuevas bases, en nuevos sectores, con nuevos conceptos. A eso intentamos contribuir con la elaboracin de lo que llamamos el principio de lo comn.

Castoriadis y la institucin

  1. Para ustedes, la poltica de emancipacin ha de replantearse (en la teora y en la prctica) el problema de la institucin, por fuera de la alternativa entre burocracia o espontaneidad. En ese sentido encuentran un aliado fundamental en Castoriadis. En las concepciones ms clsicas de la institucin, lo que est (lo instituido) subordina o aliena lo que est en camino o deviene (lo instituyente). La institucin se piensa (y practica) entonces de modo conservador como un canal, un estabilizador, un acumulador. Ustedes mismos recuerdan el significado de statuere : poner de pie, establecer, con su carga de inercia. El proyecto de democracia radical requiere otra idea y otra prctica de lo institucional. Cul sera? Qu han aprendido de Castoriadis en este replanteamiento de lo institucional? Qu le debe su concepto de praxis instituyente a Castoriadis? En qu puntos difieren de l en este tema? Es Castoriadis un pensador de lo comn avant la lettre ?

Es un hecho que Castoriadis tom la direccin contraria a la que haba seguido toda una tradicin de pensamiento que consiste en privilegiar lo instituido a expensas de lo instituyente, muy a menudo reducido a un efecto de la transformacin de lo instituido. En este sentido hemos aprendido mucho de su concepto de institucin. En el Captulo 10 de Comn explicamos lo que le debemos y lo que nos separa de l.

Instituir ( in-statuere ) es sin lugar a dudas hacer existir de nuevo, pero nunca es una creacin ex nihilo , o sea una creacin a partir de nada, contrariamente a lo que dice Castoriadis. La actividad instituyente siempre se lleva a cabo a partir de condiciones que ya estn dadas y que competen en gran parte a lo instituido mismo. Nosotros procuramos mantener juntos estos dos aspectos. No pretendemos corregir a Castoriadis a travs de Marx, pero somos sensibles al argumento de Marx segn el cual toda praxis debe ejercerse en condiciones que son encontradas ya ah por los actores de la historia. La creacin de lo absolutamente nuevo no excluye, sino que, por el contrario, presupone la preexistencia de estas condiciones y de su carcter condicionante. Basta con que estas condiciones, siendo condicionantes, no sean causalmente suficientes, ya que admitirlo nos conducira a negar la irrupcin de la novedad haciendo de esta otra vez una simple modificacin de lo viejo.

Dicho esto, hacer de Castoriadis un pensador de lo comn sera muy exagerado, ya que lo comn emerge precisamente en un perodo que ya no es el de Castoriadis. Lo comn, la manera en la que es formulado, pensado, puesto en prctica hoy, constituye una respuesta prctica y terica al neoliberalismo en su plena madurez. Castoriadis es un pensador de la autonoma. Es el concepto en torno al cual giran su reflexin poltica, su ontologa y su metapsicologa. Pero entre lo comn y la autonoma hay relaciones evidentes. Esta relacin es la tradicin de la democracia radical, o como nosotros preferimos decirlo, del auto-gobierno en todos los sectores de la sociedad.

Castoriadis nos aport mucho al oponerse a la visin estrecha que no quiere concebir la praxis ms que en el dominio poltico stricto sensu . Hay otro aspecto muy interesante en Castoriadis que articula democracia radical y ecologa poltica y que no es llevado hasta sus ltimas consecuencias en sus artculos. Esta articulacin est precisamente en el corazn de la problemtica de lo comn.

Cultura y poltica

  1. En el pensamiento de Castoriadis, el proyecto poltico de autonoma est estrechamente vinculado a la cuestin cultural. Castoriadis privilegia un sentido antropolgico del trmino cultura: es el hecho social mismo . Las significaciones imaginarias sociales (siempre instituidas) establecen en cada caso, en cada sociedad, lo que vale y lo que no, lo que cuenta y lo que no, lo que importa y lo que no. La misma definicin de la realidad. Los movimientos polticos que ms interesan a Castoriadis tienen un pie en la creacin cultural (de nuevas significaciones) y otro en la poltica (entendida aqu como autonoma): el movimiento obrero, el movimiento de mujeres, etc. Poltica y mutacin antropolgica van de la mano. Qu piensan ustedes al respecto? En Comn plantean la dificultad de intervencin poltica (consciente) en un nivel que va por debajo o ms all de la conciencia (lo cultural en el sentido antropolgico amplio que usa Castoriadis). Cmo articular entonces esos dos planos, la creacin de nuevas significaciones y valores, y la poltica como autoactividad consciente y explcita de autonoma?

Tiene toda la razn en subrayar hasta qu punto Castoriadis busca articular el proyecto poltico de la autonoma y la creacin de nuevas significaciones sociales imaginarias. Quizs el trmino cultura es demasiado general o demasiado impreciso para expresar esta dimensin de creacin de lo social-histrico. La dificultad es que esta creacin, para Castoriadis, es la obra del colectivo annimo e impersonal que es la sociedad. En este sentido, escapa al control de la conciencia y de la voluntad, depende del hecho social y no de una intencionalidad cualquiera. Castoriadis insiste sobre este punto para destituir de su primaca al poder explcito (del tipo poder constituyente o legislativo) y afirmar la primaca del poder instituyente o poder implcito. Pero, por otra parte, da una definicin de praxis muy positiva: es una actividad consciente organizada en torno al objetivo de la autonoma.

Castoriadis retoma de Freud la idea de los tres oficios imposibles (gobernar, educar, analizar) y ejemplifica el concepto de praxis con las tres actividades de la poltica, de la pedagoga y del psicoanlisis. Del psicoanlisis dice que es creacin, ms exactamente auto-alteracin creadora del analista y del analizado. Hay, pues, dos formas de creacin: la creacin propia del imaginario instituyente y la creacin propia de la praxis. Hay una cierta equivocidad en la nocin de creacin que es tanto creacin inconsciente de significaciones imaginarias, como aparicin de un nuevo ser por auto-alteracin de lo viejo, lo que supone una actividad consciente incluso si el fin de esta actividad no puede ser definida por adelantado. Se puede hablar en este ltimo caso de una creacin absoluta, es decir que se hara ex nihilo ? No parece, ya que la auto-alteracin es una auto-transformacin y no se lleva a cabo a partir de nada. De ah este problema que identificamos en Comn : cmo la institucin que en su fondo es inconsciente puede convertirse en una praxis, es decir en una actividad consciente organizada en torno al objetivo de la emancipacin? Cmo pensar lo que Castoriadis llama una auto-institucin consciente (la fundacin de la polis griega) a partir de la transmisin inconsciente de los usos y costumbres?

Por nuestra parte, pensamos que la creacin de las significaciones imaginarias debe poder ser comprendida como un proceso de cristalizacin que opera a partir de la difusin y de la extensin de prcticas conscientes, de lo contrario hay que renunciar a influir sobre esta creacin. El trmino medio est constituido por la co-determinacin de las reglas de uso comn: esta co-determinacin es necesariamente consciente, y es gracias a ella que podemos no decidir nuevas significaciones imaginarias pero al menos contribuir a su emergencia.

  1. Castoriadis dice que una de las entrevistas recogida e n Una sociedad a la deriva (Katz, 2006) : No pienso que los seres humanos se movilizarn jams para transformar la sociedad, sobre todo en las condiciones del capitalismo moderno, y para establecer una sociedad autnoma, nicamente con el objetivo de tener una sociedad autnoma. Querrn verdadera y efectivamente la autonoma en tanto que es portadora, condicin, acompaamiento casi, aunque indispensable, de algo sustantivo que querrn verdaderamente realizar, que tendr para ellos valor y no pueden hacer en el mundo actual. Esto significa que es preciso que nuevos valores emerjan en la vida histrico social. Quera preguntarles si creen que lo mismo se aplica a lo comn. Queremos lo comn por s mismo (es lo comn ese nuevo valor sustantivo al que se refiere Castoriadis)? O lo queremos tambin para hacer cosas, y cules?

En cierta forma, esta pregunta nos reenva a la respuesta anterior. Lo comn no es algo que se podra desear por s mismo, no es un fin que se bastara a s mismo, una suerte de equivalente de lo que era el bien soberano para los filsofos de la Antigedad griega. Adquiere sentido nicamente en la medida en que emerge de los movimientos actuales, en la medida en que es su principio, y no un ideal abstracto e intemporal. Es, pues, un nuevo valor que est emergiendo de las experimentaciones y de las prcticas colectivas.

Todava no es una significacin social imaginaria que predomine sobre aquellas de las que se alimenta el capitalismo, pero puede llegar a serlo bajo ciertas condiciones. No queremos lo comn por lo comn, sino que queremos emanciparnos de las condiciones que nos son impuestas por el capitalismo neoliberal. Lo comn no debe ser entendido como un medio de la emancipacin que sera el fin ltimo y dominante, tampoco es un principio formal de deliberacin y de decisin que estara por s mismo desprovisto de todo contenido. Es la forma especfica que hoy toma el deseo de emancipacin. Es ms bien la relacin de medio a fin lo que otra vez debe ponerse en cuestin aqu.

Castoriadis y el presente

  1. Un eje esencial del trabajo terico de Castoriadis (y SoB ) fue el anlisis crtico de la burocracia, del devenir burocrtico del capitalismo y el mundo. El capitalismo despus de la segunda Guerra Mundial, pensaban SoB y Castoriadis, ya no estaba definido tanto por la oposicin entre propietarios de capital y trabajadores desposedos, como por la jerarqua entre dirigentes y ejecutantes. Y ya no slo en la produccin, sino en toda la vida social: hombres/mujeres, padres/hijos, maestros/alumnos, etc. La contradiccin fundamental del capitalismo es para Castoriadis la siguiente: el capitalismo necesita la participacin y la implicacin de los seres humanos (de los trabajadores en el trabajo, etc.), pero a la vez la niega, reifica a los seres humanos, los pasiviza y excluye. Castoriadis, sorprendentemente, nunca movi ni una coma de este anlisis del devenir del capitalismo, pero creo que el capitalismo sin embargo ha mutado enormemente.

Ustedes han escrito La nueva razn del mundo (Gedisa, 2013), una reconstruccin de la historia y el presente del neoliberalismo. Cmo sitan los anlisis de Castoriadis en esa historia? Cul es su vigencia y actualidad? No es precisamente el neoliberalismo una respuesta a las luchas contra la burocratizacin de las mujeres, los jvenes y los trabajadores en los 60 y 70? No trata de desburocratizar y flexibilizar el neoliberalismo las formas de funcionamiento del capitalismo, deslocalizando la produccin, desmontando las pirmides jerrquicas y tomando la forma de una red? No trata de superar esa contradiccin fundamental que seala Castoriadis, absorbiendo la autonoma a travs del neomanagment y de la presin constante a volverse empresario de uno mismo? No es hoy de nuevo la precariedad una de las mayores fuentes de malestar y ya no tanto la alienacin (la sumisin pasiva a formas rgidas de dominacin) de los aos 60 en Europa?

En ciertos aspectos, la crtica de Castoriadis parece inscribirse en un perodo pre-neoliberal del capitalismo y de su crtica: el perodo del taylorismo triunfante, de la burocratizacin, de la alienacin generalizada en el trabajo, etc. Castoriadis, como todos, pertenece a su tiempo. Por ejemplo, interpret las luchas obreras de los OS (los obreros especializados [ ouvriers spcialiss ] de la cadena taylorista) y la revuelta del 68 como una expresin de la contradiccin entre el trabajo vivo y las prescripciones jerrquicas de la organizacin burocrtica. Castoriadis interviene, pues, en un momento en que la sociologa del trabajo y de las organizaciones se apoya tanto en Marx como en Weber para pensar el capitalismo moderno o el neocapitalismo, como se deca entonces.

El neoliberalismo, asumiendo el cuestionamiento de las formas ms jerrquicas y burocrticas de poder, busc dos cosas: atacar las formas organizadas de los asalariados (los sindicatos, el derecho del trabajo, la proteccin social, etc.) mediante la individualizacin de la relacin con el trabajo y la precarizacin del estatus del empleo, e implantar lgicas de mercado, es decir, de competencia, en el corazn de las organizaciones productivas. Ya no tenemos que vrnosla para nada con el capitalismo organizado del perodo fordista en que la organizacin de la gran empresa pareca pura y simplemente reemplazar la competencia en los mercados, sino con una nueva configuracin ms compleja. La organizacin burocrtica y el poder de la gran empresa no han desaparecido en absoluto, por el contrario. Y las formas del trabajo neotaylorista tampoco. La idea segn la cual el capitalismo en su totalidad se habra convertido en cognitivo, inmaterial, digital o reticular es una idea falsa y estratgicamente peligrosa. Hubo, sin embargo, cambios importantes. De qu naturaleza?

La empresa desarroll en su seno formas de trabajo, modos de compromiso subjetivo, relaciones entre personas que reduplican a un nivel micro la propia forma empresa y el tipo de relaciones existentes entre empresas en los mercados competitivos. Es lo que Foucault vio con claridad en 1979 en su curso sobre el neoliberalismo cuando anticipaba la extensin de la cultura de la empresa, del modelo del emprendedor de s mismo y, cada vez ms, de la lgica del capital humano (FCE, 2008).

Es por eso que el anlisis que se puede hacer del neoliberalismo ya no puede reutilizar completamente los mismos esquemas explicativos que en los aos 50 o 60. Ms exactamente, porque nos la tenemos que ver con un capitalismo que combina lo viejo y lo nuevo, es decir, el viejo taylorismo y las nuevas formas de trabajo ms flexibles, las categoras clsicas de la opresin, de la privacin y de la alienacin con las que se pensaba la relacin capital-trabajo deben ser completadas por categoras susceptibles de dar cuenta de las nuevas formas de dominacin y explotacin. Es necesario comprender que los dispositivos neoliberales estn modificando las subjetividades llevndolas a identificarse como capitales que no tienen otra razn de ser y de funcionar que la acumulacin de valor. Y esto no solamente entre los asalariados de arriba sino tambin entre los infra-asalariados, entre los precarios.

La contradiccin fundamental tiende a desplazarse desde el momento en que los sujetos en el trabajo se viven como capitales valorizables. Son sus inversiones las que no encuentran el retorno esperado, y ya no una parte del valor creado en el trabajo que no recibe el salario justo. Y sobre todo, el sufrimiento no viene de que no se les deje iniciativa o campos de accin, sino de que se los evale y se los responsabilice individualmente por cada una de sus decisiones. El concepto de privatizacin del individuo, tal como lo entiende Castoriadis, si se lo aplica al dominio del trabajo, no est muy alejado de nuestro anlisis, incluso si es demasiado general.

  1. Otro de los puntos en los que creo que coinciden con Castoriadis (al menos en Comn ) es la insistencia en plantear la cuestin de la institucin global de la sociedad (ya no slo las contraconductas, etc.). Pero, cmo hacerlo de modo que esa perspectiva globalizante no acabe pesando sobre las luchas concretas? Pienso por ejemplo que Castoriadis tendi a considerar esta cuestin casi como una especie de deber-ser y a condenar desde ah a los movimientos (por ejemplo, ecologistas, pacifistas o antimilitaristas) que a su juicio se desentendan del problema global de la institucin de la sociedad (cegndose as a sus aportaciones desde una crtica exterior y trascendente). Entonces, cmo ir ms all de las luchas especficas sin recaer en los enfoques que consideran que, fuera de las estrategias totalizantes y abstractas, slo hay fragmentacin y dispersin?

Es una cuestin de estrategia. En ciertos aspectos, incluso si rpidamente se desmarc de la idea leninista del partido, Castoriadis permaneci marcado por una concepcin vanguardista de la poltica que nosotros mismos compartimos cuando ramos jvenes militantes trotskistas. De ah la tentacin de adoptar una forma de crtica exterior respecto de todos los movimientos que no inscriban explcitamente sus combates en la perspectiva de la auto-institucin de la sociedad.

Nos parece que hoy tenemos necesidad de una crtica muy detallada de la forma del partido en cuanto tal. Esta forma naci en condiciones histricas muy particulares, aquellas de la constitucin del Estado Nacin en siglo XIX. La competencia electoral entre los partidos para el ejercicio del poder no adquiere sentido ms que al interior de este cuadro. Los partidos son, pues, desde este punto de vista, instituciones oligrquicas y un instrumento muy eficaz de la profesionalizacin de la poltica. Por tanto, no se puede esperar de ellos que ayuden a la coordinacin de movimientos de inspiracin a menudo muy diferente.

El problema es que hay que remediar la fragmentacin y la dispersin sin centralizar, sin subordinar la diversidad de las experiencias a un nico punto de vista de estado mayor que supuestamente las unificara a partir de un saber pretendidamente superior. Nos hace falta, entonces, reflexionar sobre las coaliciones democrticas capaces de combinar la accin poltica a diferentes escalas y la institucin de los comunes, bases concretas de la alternativa, dndole al trmino coalicin el sentido que poda tener en el siglo XIX. Tales coaliciones podran juntar en su seno fuerzas polticas, pero tambin sindicatos, asociaciones ecologistas, cientficas y culturales comprometidos en una misma lucha sobre una plataforma comn, tanto a escala local como nacional o internacional.

  1. Por ltimo, otro punto de coincidencia sobre el que me gustara pedirles opinin es la insistencia de Castoriadis en mantener una perspectiva revolucionaria. Quiz era el nico intelectual pblico en Francia en los aos 80 y 90 que se afirmaba como revolucionario. Para ustedes, segn explican en la ltima parte de Comn , hoy es fundamental reabrir la cuestin revolucionaria. Volver a hablar de revolucin. Pero, cmo? En qu trminos? Qu le debe esa reflexin suya a las consideraciones sobre la perspectiva y el hecho revolucionario de Cornelius Castoriadis?

La cuestin de la revolucin es central. S, Castoriadis fue uno de los pocos intelectuales en no ceder sobre este punto. Y nosotros le rendimos homenaje por eso mismo. Pero entendmonos bien. l tiene derecho a mantenerse firme sobre este punto porque no tiene ningn pesar, ningn remordimiento, ningn arrepentimiento. l no tuvo ninguna indulgencia con el comunismo de Estado. La revolucin, para l, es inseparable del proyecto democrtico moderno. Renunciar a la revolucin es renunciar a la democracia como dinmica histrica. Es aceptar todos los retrocesos inflingidos por el capitalismo, los fundamentalismos religiosos, las diversas formas de autoritarismo y de neofascismo. He aqu sin duda el mensaje poltico ms importante de Castoriadis.

Queda por saber qu se entiende por revolucin y qu lecciones sacar de los regmenes degenerados y corruptos en los cuales desemboc. La revolucin de la que habla Castoriadis es la reinstitucin de la sociedad por s misma. Es, pues, el acto democrtico por excelencia. La revolucin es traicionada desde el momento en que un partido, los expertos o los poderes econmicos sustituyen la capacidad poltica de la sociedad, la praxis instituyente de sus miembros. Por lo tanto, la cuestin de la revolucin consiste en saber qu instituciones debe y puede darse la sociedad para mantener en su ms alto nivel esta capacidad poltica y esta praxis instituyente. Y la respuesta no puede ser dada ms que por el propio movimiento histrico. Mantener abierta la pregunta por la revolucin no quiere decir que un da la humanidad encontrar la respuesta. Nadie puede saberlo por adelantado.

Traduccin: Daniel Alvaro

Amador Fernndez-Savater, editor, investigador independiente y activista de los movimientos sociales madrileos, ha ledo, editado y escrito sobre Cornelius Castoriadis y el grupo Socialismo o Barbarie, siendo ambas referencias claves en la formacin de su imaginacin, pensamiento, sensibilidad y prctica poltica. La presente entrevista fue publicada por primera vez en la revista argentina Diferencia(s).

Fuente: http://lobosuelto.com/?p=18423

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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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