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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2018

Se vaca el nido

Laidi Fernndez de Juan
La Jiribilla


Por Hache y por Be. Por esta vida y por la otra. Por varias causas, entre las cuales no puede faltar el gran flujo migratorio de nuestros jvenes, muchos nidos se vacan. Los hijos no solo crecen, sino que se van. El hecho afortunado de que se conviertan en hombres y mujeres, a los padres nos produce una mezcla de sentimientos contradictorios, difciles de definir: orgullo, angustia; satisfaccin, miedo. Pero si adems, se alejan de veras, todo se multiplica, el remolino de emociones se agiganta.

Muchas teoras intentan explicar el fenmeno natural del nido vaco; algunas de esas tesis son acertadas, otras no tanto. La ms disparatada de todas, a mi juicio, es una que dice que la melancola que caracteriza a las madres durante este perodo de vaciado, se debe a la concientizacin de la prdida de los hasta entonces visibles atributos fsicos en ellas. O sea, en otras palabras: las mujeres nos ponemos tristes debido a que dejamos de ser hermosas.

Cuando le esa explicacin, en una revista cubana, por cierto, me enfurec. Pareca escrita por alguien de siglos anteriores. Porque hay que ser excesivamente reduccionista para opinar as, a la ligera, con tantas batallas que se han librado y se libran ahora mismo a favor de la mujer, en aras de que nos otorguen digno reconocimiento. Es hora de aclarar que el canon de belleza, variable segn cada cultura, ha sido intencionalmente sobrevalorado y explotado, de manera que es insultante atribuir, por ejemplo la disminucin del brillo del cabello en las mujeres, a la tristeza que nos embarga cuando los hijos deciden aposentarse lejos de nosotras.

Ms bien, en lugar de detenerse en lo fsico, se deben analizar las causas del poco compromiso que muchos jvenes sienten hacia sus orgenes, su familia, sus tradiciones. He sido defensora de la juvenilia siempre, y mantengo que los muchachos nacidos en la terrible dcada de los 90, llegaron al mundo en medio del caos absoluto, cuando nuestra pirmide social se puso la pusieron a dar vueltas, y an permanece de cabeza. Un joven a quien admiro mucho, dijo que no deba hablarse de la generacin del Perodo Especial, sino ms bien de la generacin especial de un perodo muy jodido. Efectivamente, las consecuencias de aquellos momentos, en trminos de desarraigo, y de incertidumbres, llegan hasta nuestros das. Yo misma he de rectificarme: No padecen estos jvenes actuales de total descompromiso hacia la tierra que los vio nacer: es desprejuicio, es falta de confianza, cuya responsabilidad cae sobre nuestros hombros, como un fardo excesivamente pesado. La lgica indica que, a falta de remuneraciones y de puestos laborales acordes con aspiraciones, estudios, sueos y proyectos, se busquen opciones fuera de nuestras fronteras.

Una de nuestras tragedias consiste, precisamente, en la contradiccin entre brindar alto nivel cientfico y artstico en las universidades, y luego no poder garantizar masivamente puestos laborales en esa misma lnea de rigor, de atractivo, de perpetuidad. Tambin esta circunstancia tiene varias causas, y permanecer bloqueados perjudica todo intento de proyecto a cualquier plazo.

Estas condiciones s son motivo de honda angustia entre quienes contemplamos el vaciado de nidos que construimos, y no un manojo de canas, ni la flacidez de las carnes. Nos martillamos con preguntas tales como realmente no pudimos hacer ms?; fuimos lo suficientemente apasionadas en las discusiones intergeneracionales?; somos ejemplos para nuestros hijos, o meras cuidadoras responsables?; la responsabilidad llega hasta la inculcacin de valores patriticos?; qu hacer para detener la sangra de los jvenes?, pueden ser transferibles las emociones, las deudas, las esperanzas y la fe?

Esta constante inquisitoria provoca depresiones, desalientos y, claro est, melancola. Y s, las madres cubanas cuyos hijos son veinteaeros (los trajimos al mundo en los dainos 90), sufrimos de desrdenes afectivos. Pero no se debe el deterioro de las uas, ni de los pelos, ni de la decadencia de brillos ni de sensualidades corporales, sino de dolor en el alma. Hablando en plata, es difcil pasarnos gato por liebre a nosotras, que seguimos de este lado de la luna, empecinadas y batalladoras. El colmo sera admitir que la languidez emocional que a ratos nos embarga, se debe a dos arrugas alrededor de los ojos A otra con ese cuento!

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/articulo/se-vacia-el-nido



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