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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2018

Marculinidad & Violencia
Masculinidad hegemnica, otra cara de la violencia de gnero

Semiac

Crnica del taller "la problemtica silenciada del hombre, qu oculta? qu muestra?" organizado por Centro Marie Langer e impartido por el experto psiclogo Alfredo Waisblat en las Jornada contra la Violencia hacia las mujeres y las nias llevadas a cabo por el CENESEX (Centro Nacional de Educacin Sexual de Cuba)


Construir la igualdad y superar la violencia de gnero requiere visibilizar tambin la problemtica del hombre, opinan especialistas en Cuba. Ello implica, necesariamente, poner sobre la mesa una construccin de gnero y de roles hegemnicos sobre qu es lo masculino y lo femenino, anclada en una cuestin estructural socio-histrica y sin cuya comprensin es muy difcil avanzar hacia una sociedad sin violencia y con equidad de gnero.

Estas premisas fueron ampliamente debatidas por activistas, acadmicos e investigadores en el Taller "La Problemtica silenciada del hombre, qu se oculta? qu se muestra?", espacio que sirvi de antesala al IV Taller sobre Violencia, Derechos humanos y Sexuales, organizado por el Centro Nacional de Educacin Sexual (CENESEX) y que form parte de la Jornada contra la Violencia hacia las mujeres y las nias.

El evento apost por visibilizar qu pasa con los hombres, en medio de un contexto donde los datos actuales referentes a la poblacin masculina reflejan una situacin preocupante: problemticas de salud, asuncin del riesgo como prueba de hombra, accidentalidad, violencia hacia las mujeres y entre hombres, suicidios, adicciones "En el discurso cientfico, como en el terreno de la prctica social, la problemtica masculina sigue estando seriamente invisibilizada", sostuvo en el encuentro el profesor espaol, psiclogo y especialista en esta temtica, Alfredo Waisblat.

Entender las diferentes desigualdades instaladas desde la propia concepcin de los supuestos falsos -trascendi en el taller- pasa por comprender tambin esa lgica atributiva, binaria y jerrquica que expropia y asigna roles a la mujer y al hombre. A ella, desde la inferioridad y la exclusin de todo el mundo "exterior", recluida en ese rol donde la "m" de mujer se sustituye por la de madre, con un perfecto papel de cuidadora, reproductora, dada a los otros y armada para pensar en la necesidad de los dems: atrapada en su cuerpo.

El hombre, en cambio, concebido desde un papel superior, para que la relacin con su cuerpo no mida el esfuerzo, convertido en "engranaje, gra o mquina", recluido en el mundo "exterior" y al que le ha sido expropiado el espacio domstico y la relacin con los otros, para que no sienta, condenado a no quedar por debajo de las expectativas: atrapado en la "fbrica" en un papel de trabajador y proveedor eficaz. Ambos, hombre y mujer, construidos para cumplir con su papel de "tuerca" dentro de una unidad econmica, asentado en la subjetividad que crea el imaginario social.

"Pareciera que hay dos mundos, el de la produccin y el de la reproduccin y que son ajenos, cuando en realidad son las caras de una misma moneda. Pero el hombre no puede entrar al de la mujer porque no le corresponde, y viceversa, porque no estn pensados para ello. Hay un territorio hostil que debe sostener l en lo pblico y un territorio domstico que debe sostener ella, aislada, considerando cada uno que al otro no le toca. Los costos de asumir estos mundos los rompen y hieren, y paradjicamente los convierte en un buen hombre o una buena mujer", sostuvo Waisblat.

Para el experto, cada uno espera del otro una recompensa, que no llegar porque estamos frente a un rea de desencuentro de esos dos mundos fruto de esa construccin social.Los dos esperan como si al otro no le pasara nada, y es un fenmeno que no puede evitarse desde el sostenimiento de los roles asignados con estos guiones de gnero, pues hay una serie de elementos que facilitan que el hombre para reequilibrarse a s mismo recurra a los privilegios patriarcales, dijo.

Se trata, seal el profesor, de una cuestin estructural que se ejecuta con violencia, que surge de una divisin sexual del trabajo que muestra y construye, por una parte, un trabajo asalariado, y por tanto visible; y un trabajo de cuidado, no remunerado y en consecuencia oculto.

"De ah que construir la igualdad entre hombres y mujeres pasa por visibilizar la problemtica estructural del trabajo, que silencia tanto lo que sucede con los hombres como con la violencia de gnero", precis Waisblat.

Qu consideraciones debera estar en la agenda de una lucha masculina? A juicio de los participantes en el taller, ocupan un lugar esencial el sacar a la luz esta problemtica y las distintas expresiones que tiene hoy, as como el papel de los hombres en la violencia, desde la responsabilidad.

"No vale seguir diciendo que la violencia de gnero es un problema de las mujeres, cuando los agentes de esta violencia somos los hombres. Unirse a las luchas feministas, recuperar la paternidad presente, no solo proveedora, y el espacio domstico, sentirse parte, es un buen comienzo, no para victimizarlo sino para poner al hombre en movimiento", concluy el experto.



La problemtica masculina sigue seriamente invisibilizada,
sostiene el profesor espaol Alfredo Waisblat.


Fuente: http://www.redsemlac-cuba.net/violencia/masculinidad-hegem%C3%B3nica,-otra-cara-de-la-violencia-de-g%C3%A9nero.html


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