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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2018

Cline mal fusilado

David Torres
Pblico


Visto cmo anda el patio de la libertad de expresin, la editorial Gallimard se ha echado atrs en su proyecto de volver a publicar Bagatelas para una masacre, el vitrilico panfleto antisemita que el escritor francs Louis-Ferdinand Cline dio a la imprenta all por 1937. El libro no slo esparce su veneno a chorros contra los judos, sino tambin contra los masones, contra los comunistas y prcticamente contra cualquiera que se pusiera a tiro. La decisin de plegar velas por parte de la editorial se entiende no slo desde la sensibilidad puritana actual, que se ofende por cualquier cosa y que se quedara catatnica de leer los espumarajos rabiosos de Cline. Sino tambin desde varias advertencias serias del mismo gobierno, presionado por la comunidad juda en Francia, un gobierno que no en vano, mucho tiempo atrs, ya haba censurado las entrevistas pblicas al escritor y echado tierra sobre la celebracin de un homenaje pblico.

El problema con Cline, claro, es que no se lo puede despachar a la categora de una rareza, un descerebrado o un Luis del Val cualquiera: se trata de uno de los grandes novelistas del siglo XX, un escritor de la talla de Ezra Pound, quien por cierto tambin demostr simpatas nazis, lanz arengas a favor del fascismo en Radio Roma y pag por ello con una buena temporada en un sanatorio psiquitrico. El problema es que el hombre que escribi esas barbaridades abominables contra los judos era el mismo que escribi Viaje al fin de la noche, una de las novelas fundamentales del pasado siglo. De modo que hay que convivir con esa dualidad que parece intolerable a tantos moralistas y que pone de los nervios a los puritanos de cualquier gnero: el hecho incontrovertible de que alguien pueda ser a la vez un genio y un botarate.

Con los buenos sentimientos slo se hace mala literatura, dijo una vez Andr Gide, que gastaba bastante mala leche. No he ledo de ellos ms que frases sueltas, pero dudo mucho de que los panfletos antisemitas de Cline estn a la altura de sus novelas (confesar que tampoco soy muy fan de sus novelas, de ese estilo exaltado, entrecortado, trufado de exclamaciones y puntos suspensivos). Ahora bien, resulta curioso que el anuncio de la publicacin (ahora frustrada) de las Bagatelas de Cline en Francia coincidera con el del Mein Kampf en Alemania. El ao pasado le algunos captulos sueltos del Mein Kampf, ms que nada para documentarme sobre mi ltimo libro, y tal vez lo ms escandaloso que encontr all es que Hitler felicitaba a los juristas del otro lado del charco por haber puesto los cimientos para construir en los Estados Unidos un perfecto estado racista. Es la tesis de un estudio editado el pasado ao, Hitlers American Model: The United States and the Making of Nazi Race Law, del profesor James Q. Whitman, un libro lo bastante incmodo para no provocar el menor escndalo.

En la escena ms perversa de Farenheit 451, la soberbia adaptacin que hizo Truffaut de la novela de Bradbury, el jefe de los bomberos que queman libros improvisa un exaltado discurso acerca de su labor, advirtiendo que hay que destruir esos volmenes nefastos que ponen en peligro la vida y la civilizacin. Lo dice con un libro en la mano, la cmara se acerca y vemos el ttulo: es el Mein Kampf. No obstante, los desvaros antisemitas de Cline eran tan brutales que algunos de ellos se prohibieron tambin en la Alemania nazi, ante el temor de que resultaran contraproducentes. De hecho, muchos pensaban que los haba escrito en broma y se vendieron como libros humorsticos. Pero lo verdaderamente imperdonable de su conducta lleg durante la guerra, cuando colabor activamente con el gobierno de Vichy delatando a docenas de compatriotas. Al final de la contienda fue apresado y encarcelado en Dinamarca, y se libr por los pelos de que lo extraditaran a Francia para fusilarlo por traidor. Segn cuenta l mismo, le hicieron varias veces un tratamiento a lo Dostoievski, levantndolo de madrugada para ponerlo ante el paredn, vendarle los ojos y luego llevarlo de vuelta a la celda.

Ni aun as se arrepinti y, ya anciano, Cline sigui lanzando escandalosas proclamas contra los judos, sin importarle un pimiento los seis millones de vctimas del Holocausto. Cuando su hermana se lo encontr, demacrado, hecho polvo, trabajando otra vez de mdico para los pobres, le pregunt: "Pero, no te haban fusilado?" Pudo haberle respondido lo mismo que Gila en sus memorias: "Me fusilaron mal".

Fuente: http://blogs.publico.es/davidtorres/2018/01/12/celine-mal-fusilado/

 



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