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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2018

[Tnez] Entrevista a Blig Nabli, director de investigacin en el IRIS (Instituto de Relaciones Internacionales y Estratgicas)
"La protesta actual es un recordatorio de los compromisos que se tomaron durante la revolucin"

Camille Bordenet
Le Monde


No es la primera vez que una ola de protesta sacude Tnez desde la revolucin de 2011. Estas olas de tensin regulares son sntomas de una crisis profunda?

Bligh Nabli: Desde el levantamiento popular de diciembre de 2010, la cada de Ben Al y la transicin democrtica que sigui, en realidad Tnez no ha conocido nunca un estado de gracia. Aunque la situacin securitaria haya mejorado globalmente -el estado de urgencia est en vigor desde noviembre de 2015 y el ltimo ataque de gran amplitud se remonta a marzo de 2016-, Tnez vive bajo una tensin poltica y social continua, aunque latente y difusa.

Hasta ahora asistamos a crisis ligadas a realidades locales, que daban lugar a manifestaciones o a movilizaciones y huelgas espordicas. Se puede citar la crisis social de finales de 2016, que dio lugar a manifestaciones contra la lacra del paro que golpea a la juventud -incluso la diplomada- desocupada, y que llev a las autoridades a decretar un toque de queda nocturno en todo el pas.

La sucesin y la multiplicacin de estas manifestaciones traduce un mal ms profundo, ms global, que hace eco al sentimiento que ya se haba expresado cuando la revolucin. El llamamiento a la dignidad sigue estando al orden del da.

El movimiento actual se diferencia de los precedentes?

Asistimos a un movimiento de una amplitud y de una intensidad ms importantes. La tensin y la protesta social parecen haber alcanzado un nivel paroxstico, un punto de ruptura. Este movimiento se ha cristalizado alrededor de la adopcin de la ley de presupuestos para 2018 que prev el aumento del IVA y por tanto del coste de la vida, pero tambin la creacin de nuevos impuestos. El gobierno ampla su poltica de austeridad cuando el pas est sufriendo una inflacin galopante que a finales de 2017 ha superado el 6 %.

Ahora bien, el gobierno est como atrapado. De un lado, la situacin de las finanzas pblicas ha colocado al pas en una posicin dependiente respecto al Fondo Monetario Internacional, que ha condicionado su ltima lnea de crdito de 2400 millones de euros en cuatro aos a la lucha contra el dficit pblico. Del otro, los llamamientos oficiales a la paciencia y a las restricciones ya no son audibles.

Las capas populares y la clase media no solo se ven confrontadas a un coste de la vida que degrada su condicin -cuando la revolucin deba mejorarla- sino que tienen la impresin de sufrir una presin fiscal en aumento de un Estado ineficaz.

A diferencia de las crisis precedentes, ancladas localmente, esta vez el movimiento es de una amplitud nacional y afecta al conjunto del territorio, desde las ciudades desfavorecidas del interior del pas a ciertas ciudades del litoral, incluso a las barriadas populares de la capital, Tnez.

Reviste el movimiento un carcter poltico?

Si el movimiento ha cristalizado alrededor de la ley de presupuestos defendida por el gobierno actual, es el conjunto de la clase poltica la que est cuestionada. Al menos por dos razones: la impotencia de los polticos en general, y la de los sucesivos gobiernos en particular, que no han asumido el desafo de la lucha contra la corrupcin y a favor de la justicia social y territorial.

Adems, la clase poltica da la impresin de ignorar la gravedad de la situacin, el grado de degradacin de las condiciones de vida de la poblacin. Una ignorancia o una indiferencia que contrasta con la atencin concedida por esos mismos actores a los juegos de aparatos y dems clculos electorales. Esta distancia alimenta el profundo sentimiento de desencanto democrtico y de desconfianza poltica que siente la aplastante mayora de la poblacin tunecina.

Hay una desilusin en relacin a las reivindicaciones defendidas durante la revolucin?

Los acontecimientos actuales prueban que las reivindicaciones de progreso social expresadas con fuerza en 2010-2011 siguen sin haberse concretado. Siete aos ms tarde, siguen de actualidad,. La juventud sigue desocupada, -incluso quienes tienen diplomas de enseanza superior- con una tasa de paro de alrededor del 30%.

Peor an, el sentimiento general consiste en ver la revolucin como el punto de partida, si no como el origen, de una degradacin de la economa del pas, as como de la situacin personal. Sin embargo, la crisis actual no est animada por un movimiento reaccionario, que llama a una vuelta del antiguo rgimen y de su figura tutelar, Ben Al. La desilusin se dirige sobre todo a la ausencia de toda ecuacin entre avances democrticos y progreso social.

Se trata por tanto de un recordatorio a los polticos en cuanto a los compromisos tomados durante la revolucin. Y no es casualidad si el mes de enero, en torno al aniversario de la cada de Ben Al, es tradicionalmente un perodo de movilizacin social: esto traduce claramente una decepcin en relacin a las expectativas que suscit la revolucin.

Puede este movimiento poner en cuestin el proceso de transicin democrtica?

El proceso de democratizacin sigue siendo largo y difcil y la cuestin social pesa como una espada de Damocles sobre la transicin. Hasta hace poco, la prioridad de la agenda poltica era de naturaleza securitaria, lo que ha conducido al poder a subestimar los temas sociales. Ahora paga el precio por ello. El estado de urgencia ya no es tanto securitario como social. El poder debe redefinir su propia agenda y sus prioridades estratgicas.

Sin embargo, nadie tiene inters en que la situacin se degrade. De todas formas, el movimiento de protesta no tiene ningn lder carismtico, ni estructura partidaria que pueda orientarle o controlarle... La principal central sindical del pas, la UGTT, permanece prudente, precisamente porque tiene miedo de que el movimiento tome una deriva anrquica incontrolable.

La situacin podra envenenarse si el poder poltico y las fuerzas de seguridad cedieran al viejo reflejo de la represin masiva y ciega, o si el gobierno persistiera en su ausencia de dilogo: la poblacin tunecina est exasperada por el discurso de la austeridad. Un gesto poltico podra consistir en proponer una ley de finanzas complementaria que corrigiera el nivel del aumento del IVA o incluso suprimiera algunos impuestos recin creados. En esto, esta crisis social representa tambin un test muy importante sobre el saber hacer poltico del poder actual.

Bligh Nabli es director de investigacin en el IRIS (Instituto de Relaciones Internacionales y Estratgicas), confundador de la pgina web Chronik y especialista en Tnez.

Le Monde, 12/01/2018

Traduccin: Faustino Eguberri para viento sur



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