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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-01-2018

Entrevista a Bernard Harcourt, acadmico, jurista y escritor
Hemos pasado de un mundo de vigilancia opresiva a uno en el que nos autoexponemos

Ignasi Gozalo-Salellas, lvaro Guzmn Bastida y Hctor Muniente
CTXT (Contexto y Accin)

"Como supimos gracias a las revelaciones de Snowden, la NSA puede acceder directamente a los servidores de Facebook, Paltalk, Microsoft, Apple, Yahoo!, etc., de modo que obtienen toda nuestra informacin y pueden vigilarnos."


Bernard Harcourt no se deja encasillar. Doctor en Ciencias Polticas formado en Harvard, ha pasado decenas de horas en los juzgados del Sur de los Estados Unidos, defendiendo sin cobrar por ello a condenados a muerte por la justicia criminal ms injusta y racista del mundo desarrollado. Jurista de prestigio, trabaj como financiero antes llegar a la Universidad de Columbia, donde actualmente dirige el Centro de Pensamiento Crtico Contemporneo. Francfono integrante arquetpico de la lite neoyorquina, fustiga implacablemente a las estructuras de poder del mismo sistema en el que ocupa un lugar de privilegio. Y su trabajo acadmico, como no podra ser de otra manera, navega entre las diversas y turbulentas aguas de la teora poltica (The Counterrevolution: How Our Government Went to War Against Its Own Citizens, en camino), la sociologa del castigo (The Illusion of Free Markets: Punishment and the Myth of Natural Order, 2011) o la vigilancia digital (Exposed: Desire and Disobedience in the Digital Age, 2015). Es precisamente en la convergencia entre las nuevas tecnologas de la comunicacin digital y el control poltico donde Harcourt pone el acento de sus anlisis del Estados Unidos que produjo a Trump. Para Harcourt, Trump es un maestro del impacto meditico en la era del tuit, pero tambin reflejo de problemas estructurales sobre cmo se conforma (y para beneficio de quin) nuestra interaccin social en la era digital. Llegados a este punto, indica, debemos desarrollar intervenciones que den respuesta a los problemas y paradojas de cmo funciona el deseo en esta nueva era.

Su ltimo libro, Expuestos, tiene como subttulo "Deseo y Vigilancia en la Era Digital". Qu sentido tiene situar el binomio deseo-vigilancia en el centro de la ecuacin? A qu tipo de respuestas sobre el mundo en que vivimos le lleva su anlisis?

Hay algo novedoso en las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologas digitales para vigilar a la gente. El elemento clave es que nos presentamos constantemente, dejando rastros digitales adondequiera que vamos: la ubicacin GPS, las compras online, etc., todo eso deja rastros digitales, y funciona aprovechndose de nuestro deseo y haciendo que nos auto expongamos.

En el libro, hace una suerte de cronologa de las tcnicas de vigilancia a lo largo de la historia en las sociedades occidentales: Orwell, Bentham, Foucault Ante qu paradigma nos encontramos ahora?

Antiguamente, la vigilancia utilizaba medios de coercin. Por eso siempre hemos pensado en la vigilancia como algo oscuro. Orwell hablaba de la telepantalla, que nos obligaban a instalar en casa y poda observarnos en todo momento. Para Foucault, la figura era el panptico dentro de una prisin circular, en la que haba una torre central que permita ver el interior de todas las celdas, situadas en torno a la torre. Pero hoy en da el sistema es completamente diferente. Hoy, todo gira en torno a los me gusta y la gente que te sigue en redes sociales, y la gente que comparte tus publicaciones, que a su vez gustan a otra gente, etc. De modo que hemos pasado de un mundo de vigilancia opresiva, basada en el odio y la imposicin, a uno en el que somos nosotros los que nos autoexponemos.

Podemos afirmar que el "estado de vigilancia" es algo del pasado, casi un oxmoron? Pareciera que debamos ms bien hacia nuevos sectores como las grandes empresas tecnolgicas de Silicon Valley, a las redes sociale o Wall Street para entender quin nos vigila hoy...

La idea del Estado de vigilancia pertenece al pasado, porque ya no es el Estado el que recaba toda la informacin. Simplemente la absorbe. Y las fronteras estn cada vez menos claras; cada vez son ms fluidas. Las entidades privadas como Facebook, Google, etc. son las que capturan inicialmente toda nuestra informacin, para luego venderla con el fin ltimo del beneficio econmico a travs de la publicidad. Esa el la economa poltica de esta era digital.

Y a partir de ah, el gobierno, la NSA y otras agencias de inteligencia pueden absorber toda esa informacin directamente de los servidores de las empresas privadas. Como supimos gracias a las revelaciones de Snowden, la NSA puede acceder directamente a los servidores de Facebook, Paltalk, Microsoft, Apple, Yahoo!, etc., de modo que obtienen toda nuestra informacin y pueden vigilarnos.

Usted afirma que "la sociedad expositiva explota, ms que reprime, nuestros deseos". Da la sensacin de que sita el peso de la culpa sobre los vigilados en lugar de los vigilantes. Nos est acusando a nosotros, como sujetos, de desear irresponsablemente, o de no controlar nuestras conductas ante el deseo?

Se me podra acusar de estar echando la culpa a las vctimas de todo esto, pero al fin y al cabo somos nosotros los que compartimos nuestros propios datos en ltimo trmino, y lo hacemos para satisfacer nuestros placeres. Es precisamente eso lo que est en el centro de la sociedad de la exposicin: el deseo.

As que debemos pensar de manera sofisticada en formas de resistencia, por un lado, y en las tecnologas digitales, y en cmo las unas se alimentan de las otras, como las formas de resistencia pueden utilizar las tecnologas digitales, pero tambin como las tecnologas digitales pueden afectar a las formas de resistencia. A menudo nos encontramos con formas de protesta o desobediencia que estn muy digitalizadas, y que en realidad dejan rastros peligrosos de quienes participan en la desobediencia.

Est tratando, tal vez, de articular una crtica de la construccin del yo, una especie de construccin del sujeto como marca basado en la exposicin virtual?

Cada vez ms, la polica recurre a seguir a la gente en Facebook o en Twitter, a observar su actividad en redes sociales y lograr as rastrearlos. Y eso tendr necesariamente un efecto de retroalimentacin en cmo se producen la resistencia y la desobediencia.

Los rastros que dejamos crean un sujeto diferente, nuestro doble de datos. Por un lado, creemos que podemos manipular nuestra propia representacin como sujetos. Por otro, estn todos estos datos que permiten rastrearnos, cada email, cada ubicacin, cada cosa en la que hemos hecho click, cada cosa que leemos. El GPS sabe donde dormimos y con quin lo hacemos. Podemos simular otra cosa, podemos decir que no tenemos una relacin sentimental. Pero si se cruzan los datos del GPS, queda claro que la tenemos. No solo nos exponemos constantemente, sino que adems nos dedicamos a observar a los dems. Como individuos, como sujetos, pensamos a la vez en la manera en la que nos presentamos, en producir un efecto viral en los dems.

En qu medida puede leerse a Trump como un caso paradigmtico de nuestro tiempo de la lgica del Doppelgnger, concepto al que hace referencia con frecuencia en su trabajo?

Donald Trump es un maestro de la era digital, porque ha logrado crear ese efecto del que estaba hablando. Ese golpe de efecto que logra que la gente le preste atencin. La manera en que circula el poder, lo que hace moverse a la sociedad de la exposicin, es que logremos que la gente nos haga click. Es la temporalidad del meme en cierta medida, con un subidn rpido y exponencial, al que sigue mucha atencin, y acto seguido se olvida y se pasa a lo que venga despus. Y tiene que haber siempre algo que viene despus.

Da la sensacin de que hemos cedido el control de aspectos fundamentales de nuestra vida, de nuestro propio ser social, a intereses privados. Le preocupa quin es dueo de las tecnologas que dominan el mundo, y nuestra vida cotidiana?

La propiedad de la tecnologa es clave. Y tambin lo es, desde un punto de vista poltico, no ya a quien le pertenecen las tecnologas, sino de quien son los datos. El hecho de que nuestra informacin personal no sea nuestra propiedad est, probablemente, en la raz de todos estas desviaciones y problemas tecnolgicos.

Podra decirse que incluso la actividad misma del control y el espionaje se ha privatizado...

Los actores econmicos estn empezando a desempear papeles que antes le estaban reservados al Estado. Apple decide qu aplicaciones se permiten y cules no, y en ese proceso resulta que siempre entran en juego consideraciones polticas.

Es algo que se entiende mejor cuando uno observa, por ejemplo, la relacin entre la NSA y la empresa de telecomunicaciones AT&T. Vemos como se da la orden a AT&T de que, esencialmente, se quede con los datos de sus clientes, en lugar de simplemente redirigirlos a la NSA. De modo que llegamos al sistema neoliberal perfecto: el Estado, mediante las leyes, autoriza esencialmente a las empresas de telecomunicaciones a guardar nuestros datos. Le pide que recolecte y almacene esos datos, e incluso le paga por hacerlo. As que vemos esta disolucin de las fronteras, en la que de pronto los actores econmicos hacen poltica. Y los actores polticos se dedican a la economa. Mientras, todo se convierte en una especie de gran banco de datos.

A menudo se observan estas dinmicas, incluso desde perspectivas crticas, como resultado de la desregulacin que domina la poltica desde hace dcadas. Usted, sin embargo, seala que debajo de esa fachada de liberalizacin hay un proyecto basado en el control y regulacin. A qu se refiere? Cmo encaja la figura de Trump en ese esquema?

Lo cierto es que esta gubernamentalidad neoliberal, aunque hable mucho de desregulacin, o no regulacin, esta en realidad enormemente regulada, y va de la mano de una potente estructura disciplinaria. Histricamente, si nos remontamos al siglo dieciocho, al nacimiento del liberalismo, si nos fijamos en los fisicratas del siglo dieciocho, haba, ligada a la idea de la libertad en el contexto econmico, otra idea de un estado policial. Aquello se llamaba Despotismo Legal del dieciocho. Esa teora del Despotismo Legal, gradualmente, devino en el concepto que hoy tenemos del mantenimiento del orden pblico por parte de la polica.

Es algo que hemos visto en gobiernos demcratas. Lo vimos con Bill Clinton. E incluso si analizamos el discurso del propio Obama, adopt mucha de esta retrica del libre mercado y la desregulacin. Es la paradoja que ya vimos emerger en el siglo dieciocho y a lo largo del diecinueve, y que de nuevo ha cuajado durante el periodo neoliberal, desde los setenta.

Es una versin perfeccionada, ahora mismo, en alguien como Trump. Es el ejemplo perfecto de ese fenmeno, alguien que dice estar en contra del estado y querer recortar sus funciones sociales, pero sin embargo confa profundamente en sus funciones de seguridad. Se quiere eliminar al estado, porque es incompetente, pero por otro lado se mantiene el presupuesto militar ms alto jams visto en la historia de Estados Unidos.

Fuente: http://ctxt.es/es/20180110/Politica/17243/Bernard-Harcourt--tecnologias-comunicacion-digital-eeuu-TRump.htm



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