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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-01-2018

Karl Marx (1818-1883). En el bicentenario de su nacimiento (III)
Por dnde podemos empezar?

Salvador Lpez Arnal (editor)
Rebelin


Nota de edicin. En mi opinin, por algunos textos de Marx y por dos o tres biografas (comento el asunto de las antologas en la prxima entrega).

Los textos de Marx: el Manifiesto Comunista, un texto de 1847 (l tiene 29 aos, Engels es ms joven an), la Crtica al programa de Gotha (uno de sus ltimos textos) y por una seleccin de su correspondencia. Tambin podran incluirse algunos captulos del primer libro de El capital o algunos de sus prlogos. Por supuesto: hay otros caminos, hay otras alternativas.

Las biografas: 1. Una muy breve, apenas 30 pginas, que Sacristn que escribi para la Enciclopedia Universitas de Salvat en 1973 (se edit en los fascculos 131 y 132 de 11 y 18 de abril de 1974; puede verse ahora en el primer volumen de sus "Panfletos y materiales": Sobre Marx y marxismo, Barcelona, Icaria, 1983, pp. 277-308). 2. Una biografa relativamente reciente de Francis Wheen, Karl Marx. Madrid, Editorial Debate, 2000 (traduccin de Rafael Fontes) y 3. Con ms tiempo (una buena lectura para este prximo verano, se lee mejor que una novela interesante): Mary Gabriel, Amor y Capital. Karl y Jenny Marx y el nacimiento de una revolucin, Vilassar de Mar (Barcelona), El Viejo Topo, 2014, traduccin de Josep Sarret.

No me olvido, por supuesto que no, del Karl Marx de Karl Korsch (un texto de 1938, que Sacristn tradujo para Ariel en 1975) ni, desde luego, el Karl Marx. Su vida y sus ideas de David Mc Lellan (lo public Crtica en 1977, con traduccin de Jos Luis Garca Molina). Los colaboradores y amigos de Materiales y mientras tanto siempre hablaron muy bien de este ensayo. Yo lo descubr por ellos.

Tambin Nstor Kohan ha publicado libros de introduccin a la obra de Marx. Claros, para principiantes (todos los somos en ltima instancia) y de inters.

 

En enero de 2001, Francisco Fernndez Buey escribi una resea de la biografa que he citado de Francis Wheen. Corri en la red. Sealaba en ella lo siguiente el autor de Contribucin a la crtica del marxismo cientificista:

Tal vez no sea sta la mejor de las biografas de Karl Marx, pero es, desde luego, una biografa oportuna. A Francis Wheen, agudo periodista britnico, no le turban en absoluto ni las dcadas de historia de marxologa, ni las largusimas contiendas entre marxistas en las que "tu Marx tira de la barba a mi Marx" (Erich Fried). En un par de pginas introductorias, Wheen liquida con contundencia un montn de tpicos difundidos por detractores y discpulos.

Esa actitud tiene un peligro: despreciar, ignorar o pasar por alto unas cuantas cosas anteriores, de inters para la interpretacin de la obra de Karl Marx. Precisar. El Karl Marx de Francis Wheen no tiene pretensin acadmica; es un libro dirigido al gran pblico. Y, en ese sentido, sera puntilloso objetarle que haya prescindido de referencias detalladas a otras biografas anteriores, que no haya en l aparato crtico o que ignore olmpicamente el paciente trabajo de aos de los investigadores rusos y alemanes que editaron la mayora de sus obras. Slo que, sin ser puntilloso, el lector culto e interesado en la obra de Marx seguramente considerar excesivo el que en un libro as, y a estas alturas, no se haga ni mencin de aquellas lecturas que en su momento contribuyeron al mejor conocimiento histrico-crtico de los escritos de Marx. Pienso, por ejemplo, en Korsch y en Rubel, en Lifschitz y en Lukcs, en Kgi y en Rossi, en Rosdolsky y en Mandel, en Krader y en Shanin, en Cohen y en Sacristn.

La referencia a estos autores probablemente le habra servido a Wheen para matizar su propia lectura de las principales obras de Marx y para profundizar en varios asuntos problemticos que de ellas resultan. Pero, dicho eso -y aqu viene la cosa realmente notable- hay que aadir en seguida que la decisin de leer a Marx con ojos limpios, entrecruzando el relato biogrfico con la reflexin sobre las contradicciones entre vida y obra escrita, le ha dado a Wheen un resultado excelente. Aunque su libro est un tanto descompensado por el nfasis que ha puesto en el "Marx londinense", es una biografa muy completa y atenta, que cumple la funcin que se ha propuesto: aproximar el hombre Marx al lector de este fin de siglo.

No hay en esta biografa ningn dato nuevo sobre la vida y la obra de Marx que no conociera ya el lector informado. De hecho, el nico documento nuevo que aporta Wheen es una partida de ajedrez jugada (y ganada) por Marx; todo lo dems, en lo esencial, estaba ya dicho, investigado, anotado y discutido. Incluso los aspectos ms secretos de su vida familiar, desvelados en los aos sesenta de este siglo. Aun as, el lector hispano agradecer una particularidad de esta biografa: el relato se basa mayormente en la correspondencia entre Marx y Engels y de stos con terceras personas, lo que es muy de apreciar si se tiene en cuenta que esta correspondencia, tan abundante como reveladora, nunca ha llegado a traducirse en Espaa.

Pero hay ms. Incluso el conocedor de las anteriores biografas de Marx ha de reconocer que, en la mayora de los asuntos controvertidos de la vida de Marx, Wheen acierta con el tono y con la forma. Pondr algunos ejemplos. Acierta cuando aborda el supuesto antijudasmo de Marx y contesta negativamente a la pregunta de si aquel hombre era un judo que renegaba de serlo. Acierta cuando corrige la versin vulgar de la crtica de Marx a la religin ("el opio del pueblo"), aclarando que su concepcin era mucho ms sutil y comprensiva, aunque en esto, como en otras cosas, le perda su aficin a la paradoja y al retrucano. Acierta en la forma de tratar la relacin de Marx con Helene Demuth y el nacimiento de su hijo, Henry Frederik Demuth. Acierta en la interpretacin de una de las relaciones intelectuales ms controvertidas y poco conocidas de Marx, la que tuvo con David Urquhart, un excntrico aristcrata escocs, reaccionario romntico, que comparti con l una rusofobia exasperada en la dcada de los cincuenta. Dice, finalmente, cosas muy sensatas acerca de la relacin de Marx con Lassalle y de la relacin de Marx con Bakunin.Y, adems, aclara, con mucha sobriedad en este caso, otro de los puntos oscuros para la marxologa: la verdadera relacin intelectual de Marx con Darwin.

Hay, por ltimo, en el libro Wheen un punto que me parece particularmente apreciable: su manera original, casi inslita, de introducir la lectura de El capital. Wheen empieza polemizando con las opiniones de Harold Wilson (el que fuera primer ministro britnico), con Karl Popper, con Paul Samuelson o con Laszek Kolakowski, para sugerir a continuacin que El capital no se tiene que ver como el resultado de una hiptesis cientfica, ni siquiera, hablando con propiedad, como un tratado de economa, sino que conviene leerlo como una obra de imaginacin, como si fuera un melodrama victoriano o una inmensa novela gtica cuyos hroes estn esclavizados y consumidos por el monstruo que han creado. Apoyndose en el crtico literario Edmund Wilson, quien un da alab el talante satrico de Marx, Wheen va ms all. Compara El capital con lo mejor de Swift y lo relaciona, acto seguido, con una de las lecturas ms apreciadas por el propio Marx: Tristram Shandy. He aqu su explicacin: "Para hacer justicia a la desquiciada lgica del capitalismo, el texto de Marx est saturado, y a veces incluso anegado, de irona; una irona que se les ha escapado a casi todos los lectores durante ms de un siglo". Wheen exagera en esto, sin duda. Pero hay exageraciones sugestivas que incitan a leer a los clsicos de otra manera. He aqu un caso.

 

Complemento con unas breves reflexiones de Manuel Sacristn, extradas de los diferentes artculos, prlogos y notas que escribi a lo largo de su larga dedicacin (en serio, sin pegotes, con estudio real, con lectura y cabeza propia y con praxis poltica anexa) a la obra del clsico socialista revolucionario. Pueden ayudar (ayudan: somos como "pequeos deslumbramientos") y son muestra de la diversidad de temas y perspectivas:

1. Marx y los campos de concentracin (1983).

La verdad es que no hay que negar que hay un Marx de todos, o de casi todos: de los liberales y de los demcratas, de los socialdemcratas, de los stalinistas, de los trotskistas y de los eurocomunistas...Y, desde luego, el Marx de los acadmicos, el Marx tema-de-oposiciones. Ni siquiera el narcisismo herido, autoherido, de todos los collettis o antiguos apologistas de Marx que ahora le imputan los campos de concentracin siberianos (aunque conservan suficiente buen sentido para no imputar a Cristo el estadio de Santiago de Chile, seguramente porque no sostuvieron antes que Cristo era un cientfico puro sin relacin con el antiguo testamento) renuncia a completar su racin anual de publicaciones con algn paper sobre el santn derribado.

2. El camino racional de interpretacin de la obra de Marx (1983)

A m me parece que uno encuentra el camino racional de interpretacin de la obra de Marx, en primer lugar, si abandona el prurito apologtico y estudia a Marx en su poca, lo cual se puede hacer sabiendo, por otra parte, que hay un aspecto de la obra de Marx tan incaducable como el Nuevo Testamento o la poesa de Garcilaso, que es su obra de filsofo del socialismo, de formulador y clarificador de valores socialistas. Y, en segundo lugar, si uno se desprende de los restos de lo que podramos llamar zdhanovismo o lysenkismo, y deja de confundir la cuestin de la gnesis de un producto cultural (en este caso, la filosofa de la ciencia contempornea) con la cuestin de su validez... No se trata de tomar en bloque la filosofa de la ciencia como una doctrina verdadera o falsa, sino como un campo de investigacin nada superfluo y que hay que cultivar, porque es un prejuicio oscurantista sostener que porque se ha originado en esta fase de la cultura capitalista no ha de tener validez alguna.

Si se superan estos dos prejuicios, el apologtico y el referente al anlisis de las teoras y de la experiencia, no queda uno preso en el dilema entre la glorificacin de una letra supuestamente cientfica pura de Marx y el rechazo apasionado de su obra, cuando se descubre que no toda ella cumple, ni mucho menos, los requisitos formales de lo que hoy es ciencia.

3. El "mtodo" (1959).

Marx se mueve en efecto inicialmente en cada anlisis en un terreno sobreestructural, generalmente el poltico y no lo abandona hasta tropezar, como sin buscarla, con la intervencin ya palmaria de las "condiciones naturales" sociales. El mtodo puesto en obra de Marx en estos artculos podra pues, cifrarse en la siguiente regla: proceder en la explicacin de un fenmeno poltico de tal modo que el anlisis agote todas las instancias sobreestructurales antes de apelar a las instancias econmico-sociales fundamentales. As se evita que stas se conviertan en Dei ex machina desprovistos de adecuada funcin heurstica. Esa regla supone un principio epistemolgico que podra formularse as: el orden del anlisis en la investigacin es inverso del orden de fundamentacin real admitido por el mtodo.

4. El proyecto intelectual (1983)

Pero la herencia especulativa de Marx que ha nacido intelectualmente como filsofo romntico y ha tardado unos veinte aos en abrirse camino hasta una nocin clara de lo que es trabajo cientfico en el sentido moderno del trmino y que, adems, se ha puesto a practicar ese trabajo sin abandonar la especulacin no es la nica causa de que su obra no sea teora pura, aun contando con un ncleo que s lo es. Hay otra causa, y ms interesante, que es el proyecto intelectual de Marx, su ideal de conocimiento, por as decirlo, la idea que se hace de su obra. El conocimiento que busca Marx ha de ser muy abarcante, contener lo que en nuestra academia llamamos economa, sociologa, poltica e historia (la historia es para Marx el conocimiento ms digno de ese nombre). Pero, adems, el ideal de conocimiento marxiano incluye una proyeccin no solamente tecnolgica, sino globalmente social, hacia la prctica. Un proyecto intelectual con esos dos rasgos no puede ser teora cientfica positiva en sentido estricto, sino que ha de parecerse bastante al conocimiento comn, e incluso al artstico, e integrarse en un discurso tico, ms precisamente poltico. Es principalmente saber poltico...

5. Un clsico

A. Balance (1983)

Por un lado, est claro que Marx es un clsico, un autor que no se puede borrar. Por otra parte, es un pensador que tiene su fecha: no se puede ser un clsico sin

que los aos hayan decantado esta condicin. Luego, tambin me parece claro que la obra de Marx es compleja, muy rica y que en ella el aspecto cientfico slo representa una parte porque, adems, hay elementos de filosofa, tica y poltica.

(...) Adems, su enfoque totalizador, lo que con lxico hegeliano se llamara dialctico, ha hecho poca en las ciencias sociales y est tan vivo como el primer da. Por ltimo, la visin general de la evolucin de la sociedad que haca Marx est siendo suficientemente corroborada, en mi opinin, por lo que estamos viviendo: aunque ahora aparecen datos nuevos que Marx no poda ni imaginar, particularmente por lo que hace al crecimiento de ciertas fuerza productivas y destructivas

B. Filsofo de la sociedad (1983)

A m me parece que cuando nos ponemos frente a la obra de Marx hoy, hay unas cuantas cosas claras. La primera es que en el plano cientfico Marx es un clsico de las ciencias sociales, lo que quiere decir un autor por un lado irrenunciable y, por otro, no actual en todos sus detalles. Y otra cosa clara es que Marx es mucho ms que eso: es un clsico tambin en la secular o milenaria aspiracin de la humanidad a emanciparse de las servidumbres que ella misma se ha impuesto. Esto que dicho as suena demasiado hegeliano, en la versin de Marx se concreta suficientemente por medio de los anlisis sociales de clase. En los dos campos: como cientfico y como filsofo de la sociedad Marx es un gran clsico que, en mi opinin, no caducar nunca.

6. El proyecto comunista (1974)

En efecto, Karl Marx piensa que hasta uno de los logros ms elogiados de esta sociedad moderna o burguesa, la proclamacin de los derechos del hombre y del ciudadano, es la consagracin completa de la vida alienada de s misma: el "ciudadano" tiene en la sociedad burguesa derechos y deberes elevados, hasta sublimes a veces; pero al mismo tiempo se reduce -y precisamente bajo el rtulo de "hombre"- al solo derecho de poseer, reduce sus sentidos al "sentido de tener" como dir Marx despectivamente. Esta escisin moderna entre el "ciudadano universal" y el "hombre" reducido a propietario es, dice Marx, la "sofstica del estado burgus", el derecho civil y poltico de la alienacin. La vida de Karl Marx ha sido desde entonces (1843-1844) el esfuerzo y la lucha intelectuales y prcticos por una sociedad superadora de la alienacin; una sociedad de la armona entre cada cual y los dems, entre cada individualidad y su proyeccin social (entre el hombre y el ciudadano), entre cada cual y su trabajo, entre cada cual, los dems y la naturaleza; sta es la significacin ms elemental del trmino "comunismo" cuando lo usa Karl Marx, desde sus veinticinco aos hasta su muerte, a los sesenta y cinco, en 1883.

(...) O con la palabra "comunismo" que significa para el recin llegado a Pars lo mismo que libertad concreta. No slo la libertad formal o negativa, la ausencia de constriccin poltica o externa, sino tambin la libertad positiva, el establecimiento de unas relaciones sociales que no hagan "de la necesidad inteligencia, del amor odio, del odio amor". La sociedad comunista es, con el lxico de Marx de 1843-44, aquella en la cual los objetos y las relaciones vuelven a ser ellos mismos, dejan de estar alienados, desnaturalizados; la sociedad en la que "no puedes cambiar amor ms que por amor, confianza por confianza". Esa confianza no supone nociones inimaginables hoy, ni la aparicin de una nueva especie de hombre o superhombre. S supone, ciertamente, la de un "hombre nuevo" en el sentido de una nueva cultura, un nuevo modo de vivir, una nueva red de relaciones sociales.

7. Revisionismo.

A. El lugar de la obra de Marx (1983)

Cuando se lee a Marx sin seguir creyendo en ms de una "necesidad histrica" de la que se desprendan previsiones de cumplimiento dudoso, cuando no claramente contradichas por los hechos, qu valor se aprecia principalmente en sus escritos? Ante todo, el de ser lugares clsicos de la tradicin revolucionaria. La obra de Marx se coloca en la sucesin de los que, en nombre de Dios o de la razn, han estado en contra de la aceptacin "realista" de la triste noria que es la historia de la especie humana, vuelta tras vuelta de sufrimientos no puramente naturales y de injusticias producidas socialmente. Dentro de esa tradicin, Marx se caracteriza por haber realizado un trabajo cientfico fuera de lo comn. Pero, precisamente, no hay trabajo cientfico cuyos frutos estn destinados a durar para siempre como no sea en las ciencias que no hablan directamente del mundo.

Cuando, a finales de los aos setenta del siglo pasado, Marx relativizaba los resultados de su investigacin, admita que eran posibles desarrollos comunistas que no pasaran por "el modo de produccin capitalista" que fueran, por as decirlo, para-capitalistas; la indeterminacin en que estamos hoy respecto de un camino comunista es propia, en cambio, de una situacin que se podra llamar post-capitalista, si por capitalismo se entiende lo que conoci Marx; no porque estemos ms all del capitalismo, sino porque nos encontramos ya ante la urgente necesidad de resolver problemas de los que Marx haba pensado que no seran abordables sino despus del capitalismo. El ms importante de esos problemas previstos por Marx es el ecolgico, desde sus aspectos relacionados con la agricultura hasta el motivado por las megalpolis. A Marx la solucin de esos problemas le pareca cosa del futuro socialista. Difcilmente habra podido imaginar que el crecimiento de las fuerzas productivo-destructivas iba a plantear esos problemas, y con urgencia, antes de que vislumbrara un cambio revolucionario de la vida cotidiana, ni siquiera de la mera poltica.

Aunque el principal, se nos es el nico terreno de revisin necesaria de las previsiones de Marx, de sus certezas o de sus confianzas. Hay muchos otros, empezando por la misma expresin verbal de las ideas ms elementales del pensamiento comunista. La nica explicacin del mantenimiento de una jerga metafsica de finales del siglo XVIII y principios del XIX para hablar de comunismo es la eficacia emocional de las frmulas rituales (por lo que hace al pueblo fiel) y la utilidad de su dominio para escalar en la carrera acadmica o poltica (por lo que hace a los clrigos).

B. 1. Contra el desarrollismo (1983)

Pues bien, no menos sorprendente para la vulgata marxista son ciertas consideraciones y reflexiones del viejo Marx a las que yo estoy dispuesto a dar cierta importancia; por ejemplo, consideraciones melanclicas de rechazo a la penetracin del ferrocarril por los valles de los afluentes del Rin. Se dir que estas son declaraciones en cartas, que no se pueden comparar con El Capital. Claro que no se pueden comparar con el Capital pero tienen tambin una significacin. Hay un abismo entre el Marx que quiere que los USA invadan de una vez Mxico para incorporarlo al capitalismo mundial y el Marx que preferira que el ferrocarril se detuviera en las grandes ciudades renanas y no siguiera penetrando en el pas campesino (Qu habra pensado de las autopistas nazis?). Hay una distancia que no es terica -esto es, que no se refiere a la explicacin de lo real- sino poltica, referente a la construccin de la nueva realidad. Reconozco que reflexiones anlogas del viejo Marx -la carta a Vera Sassulich o la carta a Engels sobre los ferrocarriles- me han abierto el camino para pensar que no hay contradiccin entre mantener el modelo marxiano referente a la accin del desarrollo de las fuerzas productivas-destructivas y su choque con las relaciones de produccin y una concepcin poltica socialista que no confe ciega e indiscriminadamente en el desarrollo de las fuerzas productivas-destructivas, sino que conciba la funcin de una gestin socialista -y no digamos ya de la comuna- como administracin de esas fuerzas, no como simple levantamiento de las trabas que las opongan las actuales relaciones de produccin.

B. 2. Contra el objetivismo del modelo (1983)

Pero cuando se plantea la cuestin de continuar hoy elaborando la clave de la inspiracin marxiana (que consiste en asentar el movimiento emancipatorio en una base cientfica) se plantean problemas realmente serios. El principal de ellos, en mi opinin, se refiere a la importancia del desarrollo de las fuerzas productivas para la accin revolucionaria... las fuerzas productivas y destructivas desencadenadas en la segunda mitad del siglo XX han desbordado con amplitud lo que Marx poda imaginar. Eso pone en tela de juicio el objetivismo del modelo -de origen hegeliano- en el que el desarrollo de las fuerzas productivas juega un papel enrgicamente revolucionario, por aquello de que todo lo real es racional. A m me parece que este es hoy el punto problemtico fundamental del marxismo.

C. Sensibilidad cultural (1983)

Los elementos filosficos y polticos del pensamiento de Marx estn en el reino de los valores (en el plano mental) y de la lucha de clases (en el plano real). Contenidos de ese tipo no caducan en sentido lgico, no son "refutables" ni "demostrables".

En el campo propiamente cientfico, es posible hacer un repaso de proposiciones marxianas que se presten ms o menos a la duda o al rechazo, ya sea por la crtica de su consistencia interna, ya por insuficiente base emprica. Y tambin es posible encontrar proposiciones marxianas que sean ya poco pertinentes para el anlisis del mundo contemporneo, sin que por eso se puedan considerar falsas; seran ms bien como condicionales contrafcticos. Todas esas son formas de caducidad naturales en contextos cientfico no-formales, esto es, en toda ciencia real.

Pero a m me parece que los elementos del pensamiento de Marx que son hoy menos fecundos para la concepcin son los que tienen que ver con la sensibilidad cultural de un hombre de la segunda mitad del siglo XIX que en muchos aspectos no rebas los patrones culturales de su poca. Pienso en varias cosas, desde aspectos de su concepcin de la conducta individual hasta elementos de sus expectativas polticas, pasando por su percepcin de hechos histrico-sociales. En el plano personal, por ejemplo, el hecho de que el que fue muy probablemente hijo natural suyo -y, para acabarlo de arreglar, con Helene Demuth, la criada familiar- recibiera el nombre de Frederick para hacer creer que era hijo de Engels. El incidente revela una sensibilidad respecto de la vida familiar que tiene muy poco que ver con una deseable sensibilidad socialista contempornea. En el plano poltico, pienso en el optimismo con que Marx, en los sesenta y setenta... ha desodo las sugerencias ms pesimistas acerca de las cuestiones del poder propuestas por los anarquistas. Y en el plano histrico-social el ejemplo que ms me interesa es la estimacin prctica del desarrollo de las fuerzas productivo-destructivas

8. Reglas de vida

A. La transformacin del mundo (1974)

Karl Marx no estudiar por competir en la carrera acadmica. Sus numerosos cuadernos de extractos y apuntes muestran lo genuina que fue su pasin de estudioso. Pero, sobre todo, los temas de su estudio y su relacin con las actividades de Marx evidencian que para l fue una regla de vida, y no slo una observacin de lector crtico, lo que escribi, al comienzo de su exilio entre sus Tesis sobre Feuerbach: "Los filsofos han interpretado meramente el mundo de modos diversos. Lo que importa es transformarlo".

B. Libertad antidogmtica (1974)

Desde su punto de vista, el brutal esfuerzo haba valido la pena: el joven filsofo haba desarrollado en varias versiones una reflexin filosfica que le daba confianza. Slo que quedaba muy alterada su situacin respecto del antiptico gigante cuya refutacin haba intentado en tantas noches de filosofar de urgencia. Como dice Karl Marx en una carta a su padre, la ltima frase de la versin definitiva de su manuscrito filosfico era "la primera proposicin del sistema hegeliano". Una buena libertad antidogmtica, capaz de llegar a conclusiones negadores de los prejuicios y las hiptesis de partida. En su madurez llegara a expresarse con mucha violencia a este respecto: "Llamo "canalla" al hombre que intenta acomodar la ciencia a un punto de vista dependiente de un inters externo a la ciencia, ajeno a la ciencia, en vez de por s misma, aunque sea errnea"

9. Ideal de conocimiento

A. 1983

El perodo en que Marx se ha considerado y ha sido menos hegeliano se sita entre 1845 y 1855, es decir, en el umbral de su madurez de autor que empieza con la recuperacin de Hegel. Esa es precisamente la circunstancia que hace tan complicada y oscura la cuestin del elemento cientfico de la obra de Marx: por un lado, la inspiracin hegeliana ignora la naturaleza de la ciencia moderna, pese a la magnitud de las lecturas cientficas de Hegel (y pese a los entusiastas esfuerzos de los hegelianos por convencer y convencerse de lo contrario, con la misma tenacidad con que el Vaticano mantuvo hasta bien entrado el pontificado de Po XII la pretensin de cientificidad del geocentrismo, hoy, en forma de premio a quien lo justificara); por otro lado la inspiracin hegeliana ha permitido a Marx reconciliarse con la idea de teora (a travs de la de sistema) y rebasar su anterior programa intelectual de mera crtica de la teora.

B. 1978

Tambin Joan Robinson. sta, por cierto, piensa que Marx ha aprendido de Ricardo el ideal cientfico del sistema, de la teora en sentido fuerte. Me es imposible convencerme de ello, a pesar de la devota admiracin con que leo a la seora Robinson. Por dos razones: primera y principal, porque Marx aun produciendo en una parte de su obra ciencia terica en sentido estricto, y aun con mayor sistematismo que Ricardo, sin embargo a diferencia de ste, se ve constantemente obligado a desdibujar los lmites del artefacto terico implcitamente formal, al insertarlo en un horizonte social completo, inevitablemente ms nebuloso. Das Ganze es ms dilatado que el sistema terico en sentido formal; das Ganze de Marx es ms hegeliano que ricardiano. Por eso no cabe satisfactoriamente en el marco de la teora en sentido formal, y admite mucho mejor la categora histrico-doctrinal para la que Schumpeter introdujo el trmino "visin", menos comprometido con estructuras y formalidades, o tambin la categora kuhniana de "paradigma"...; y la segunda razn es que Marx estuvo convencido de que Ricardo era un mal sistemtico que, por falta de sistematicidad suficiente, haba dado pie a la "economa vulgar". El programa terico ampliamente sistematizador le viene a Marx del ideal de conocimiento hegeliano, enriquecido (y muy dificultado) por la vocacin emprica del cientfico "normal" que (...) ha sido una de las dos principales ganancias de Marx en su abandono de la filosofa especulativa (la otra es la vocacin revolucionaria). La influencia epistemolgica de Ricardo y, en general, de los economistas ingleses ha obrado probablemente ms en la llegada de Marx a la ciencia normal de su poca, al justo aprecio de la empiria, a la adquisicin de hbitos analticos, etc. (Aunque tambin en los anlisis cualitativos de la seccin primera del libro I del Capital est visible la Lgica de Hegel).

C. 1978

La nocin marxiana de sistema o teora contiene, desde luego, la aspiracin aun ncleo terico en sentido cientfico-positivo, formalizado o formalizable (lo cual justifica, en mi opinin, empresas como la de Morishima y opiniones como la de Godelier sobre la economa de Marx y la matemtica), pero tambin le es esencial una visin histrica y prctica cuya unin con el ncleo terico en sentido estricto origina un producto intelectual que no es completamente ciencia positiva aunque, al mismo tiempo, intenta no ser especulacin. Se trata de una nocin de sistema cientfico que procede de la epistemologa hegeliana de la globalidad y la corrige -intentando despojarla de especulacin- mediante la recepcin del principio positivo de la "ciencia normal" de la poca y la del principio prctico del movimiento obrero coetneo.

10. Marx y la ciencia

A. Como socilogo de la ciencia (1983)

La continuidad cultural entre los textos de Marx de inters para la sociologa de la ciencia y lo que hoy se cultiva bajo ese rtulo indica que en los dos casos se comparten los mismos supuestos elementales, no coincidentes del todo, en cambio, con los de otras pocas de la historia del saber de los cultos. Marx aceptara sin duda los cuatro valores que definen la actividad del cientfico de Merton: universalidad, comunidad de los conocimientos, escepticismo organizado y desinters. Prescindiendo de los dos primeros, que son de aceptacin obvia en principio (aunque la militarizacin de la ciencia, con su natural consecuencia de secreto, est reduciendo al segundo criterio a mera hipocresa), se recordar que el escepticismo organizado -en la forma radical de la exhortacin baconiana De omnibus dubitandum [Hay que dudar de todo]- era el lema favorito de Marx y la que el "inters desinteresado" era en su opinin el valor definitorio de la ciencia, la adhesin al cual le llev a escribir: "a un hombre que intenta acomodar la ciencia a un punto de vista que no provenga de ella misma (por errada que pueda estar la ciencia), sino de fuera, un punto de vista ajeno a ella, tomado de intereses ajenos a ella, a ese hombre la llamo canalla (gemein)".

B. Nocin de ciencia (1978)

Ahora bien (por decir breve y claramente mi opinin), los conceptos de ciencia que presiden el trabajo intelectual de Marx, las inspiraciones de su tarea cientfica son no dos, sino tres: la nocin de ciencia que he propuesto llamar normal, la science; la nocin hegeliana, la Wissenschaft, que ahora percibe Colletti, y que hace quince aos trat Kgi; y una inspiracin joven-hegeliana, recibida de los ambientes que en los aos treinta del siglo pasado, a raz de la muerte de Hegel, cultivaban crticamente su herencia, ambientes en los cuales vivi Marx; en ellos floreci la idea de ciencia como crtica. Science, Kritik y Wissenschaft son los nombres de las tres tradiciones que alimentan la filosofa de la ciencia implcita en el trabajo cientfico de Marx, as como este trabajo mismo.

11. Libertad como desarrollo de capacidades (1958)

Desde los primeros aos de la postguerra se encendi una polmica en el que se reproch al marxismo ser infiel a su explcita afirmacin de humanismo. Los varios argumentos esgrimidos (por pensadores muy diversos, como Croce, Popper, Sartre, Jaspers, Von Mises, Merleau-Ponty, los padres Bigo, Chambre, Wetter, Bochenski, etc) pueden acaso resumirse as: 1, el marxismo no puede ser un humanismo porque determina econmicamente al hombre. 2, el marxismo no se comporta como un humanismo porque admite la violencia. Los argumentos marxistas contra esas crticas podran quiz compendiarse como sigue. 1, el marxismo no postula la determinacin de la humanidad por factores econmicos sino que la descubre y aspira a terminar con ella; 2, el marxismo no propugna la introduccin de la violencia en la sociedad sino que comprueba su existencia en ella en forma de instituciones coactivas de conservacin de la estructura social dada, as como en formas espirituales, como la inculcacin a los nios de ideales morales, etc, representativas del orden social establecido. La polmica tiene en su fondo una oposicin entre los conceptos de libertad tradicional y marxista: mientras que el concepto tradicional de libertad se define negativamente -"libre arbitrio de indiferencia" o "nulidad" de la angustia existencial-en la teora marxista, libertad equivale a "desarrollo real de las capacidades del hombre".

12. Siglo XXI (1983)

En el siglo XXI se seguir leyendo a Marx. Para entonces estar claro que el desprecio por Marx de los aos setenta y ochenta, nacido del hipermarxismo de 1968, fue slo, como ste, otro despiste de la misma labilidad pequeoburguesa. Estar claro, como lo est hoy, que Marx es un clsico. Se seguir leyendo, si es que algo se lee: si no se produce antes la catstrofe cuyo presentimiento anda reprimiendo tanta gente, con la ayuda del angelical Tofler o con la del siniestro obeso Kahn. De todos modos, ni la catstrofe arrinconara definitivamente a Marx, sin que algn marxlogo extraterrestre que asistiera al espectculo podra sostener que el desenlace estaba previsto en la "ruina comn de las clases en lucha" del Manifiesto Comunista.

Un regalo de despedida: la presentacin de Sacristn de un clsico: La estructura lgica de El capital, de Jindrich Zeleny. Sobre la palabra y la accin:

El meticuloso y amplio ensayo de Zeleny sobre la estructura lgica del Capital de Marx es probablemente la elaboracin ms seria del punto de vista de reaccin al entusiasmo por los escritos del joven Marx que fue parejo de la crisis del dogmatismo stalinista. No en vano la poca de preparacin del libro de Zeleny coincide con la de las otras dos cristalizaciones principales de un marxismo neo-cientificista en la tradicin de la II Internacional: los estudios del grupo Richta y los del grupo Althusser.

Pero la empresa intelectual de Zeleny se diferencia con apreciable ventaja de esas otras dos lneas emparentadas con la suya: est libre del vago progresismo del Richta filsofo, y tambin de la ignorante retrica que caracteriza a gran parte de la produccin del grupo de Althusser. Zeleny no es un "marxlogo", sino un escritor de pensamiento inequvocamente socialista. Y ha ledo de verdad a Marx, en vez de limitarse a aconsejar su lectura.

El tema de este estudio de Zeleny es el problema epistemolgico de en qu medida la formacin del marxismo significa (si la significa, claro est) una revolucin de la nocin de ciencia. El autor no pretende plantear as una cuestin apocalptica, como si la presumible revolucin epistemolgica no tuviera historia. Zeleny sabe muy bien -y lo dice- que, en todo caso, su tema contina, por innovadoramente que sea, la problemtica presente en el pensamiento y en la sociedad moderna desde el momento de claro ascenso de la burguesa europea, desde Bacon hasta Hegel, pasando por Descartes, Locke, Leibniz y Kant (por citar sus principales puntos de referencia en el campo de las ideas).

El hilo conductor de la investigacin es el anlisis de la estructura lgica del Capital. La concepcin de Zeleny al respecto se podra resumir as: la principal obra de Marx sigue ante todo, en su estructura lgica, el movimiento de la sociedad burguesa. El sujeto del proceso que estudia El Capital no son los hombres. La causa de ello es que tampoco en el movimiento histrico real de la sociedad burguesa no son los seres humanos el sujeto soberano (Hasta aqu el resultado -no los anlisis, incomparablemente ms exactos en la obra de Zeleny- coincide con la posicin ideolgica del grupo Althusser). Pero si los hombres no son el sujeto del movimiento estudiado en El Capital, o no son el sujeto soberano de ese movimiento, es porque en la realidad burguesa el sujeto soberano es el capital. El sujeto del movimiento estudiado por El Capital es el capital.

Se puede diferir de esa interpretacin. Pero, en todo caso, es obligado reconocer que se trata de la versin ms slida del punto de vista que consiste en situar El Capital en el centro de la obra de Marx (la economa, pues, en el centro del pensamiento socialista) y no poner en primer trmino lo que fue ttulo inicial de la empresa y se conserva como subttulo de su parcial cumplimiento: Crtica de la economa poltica. Su solidez, la calidad cientfica, de la investigacin de Zeleny, le evita presentar, en el plano epistemolgico, hinchadas vaciedades como contenido de la revolucin del concepto de ciencia por el marxismo. En las pginas de Zeleny Marx no aparece descubriendo continentes ms conocidos que el Mediterrneo -como en la retrica francesa-, sino intentando con un xito importante algo que estuvo desde antiguo presente en la intencin intelectual de todos los pensadores revolucionarios: articular racionalmente el conocer con el hacer, lo que se sabe del mundo social con la voluntad de revolucionarlo. Zeleny, situado en el acadmico ambiente del marxismo centroeuropeo, dice eso con los tecnicismos tradicionales y, a la vez, de moda en la primera mitad de los aos sesenta: la formacin del marxismo significa segn l la superacin de la contraposicin tradicional entre gnoseologa y ontologa en un mtodo filosfico de investigacin lgica de fundamentos que es nuevo en sus principios y se podra llamar, desde el punto de vista de su contenido, mtodo "onto-praxeolgico".

Este importante ensayo de Zeleny podra contribuir a poner, por fin, en un marco exacto, limpio de retrica e imprecisin parisiense, la lucha entre los que creen que en el principio de la dialctica revolucionaria est la palabra y los que creen que est la accin.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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