Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2018

De Rato a Salgado pasando por Solbes

Juan Francisco Martn Seco
Contrapunto


Creo bastante poco en las comisiones parlamentarias de investigacin. Las conclusiones que se aprueban no suelen obedecer tanto a los datos aportados a lo largo de las sesiones, como a la correlacin de fuerzas y al juego de mayora y minoras. Hay ocasiones, sin embargo, en las que pueden ser interesantes porque nos recuerden hechos sustanciales del pasado, hechos que tendemos a olvidar, aun cuando sus efectos continan actuando en el presente e incluso se harn notar en el futuro. A este grupo pertenece la que actualmente est teniendo lugar acerca de la pasada crisis financiera.

Desde Rodrigo Rato hasta Elena Salgado, pasando por Pedro Solbes, la semana pasada han ido compareciendo en la Comisin los principales, aunque no los nicos, responsables del desaguisado; cada uno a contar su milonga, y sin que los miembros de la Comisin hayan estado demasiado hbiles para forzar que afloren sus contradicciones. Los tres han salido prcticamente vivos de sus comparecencias, puesto que se les ha permitido centrarse en aquellos asuntos en los que se sentan ms cmodos. La comparecencia de Rato gir acerca de su etapa de presidente de Bankia y de la privatizacin de esta entidad. Aun cuando en torno a este hecho se agrupan algunos de sus problemas penales, su responsabilidad mayor en la crisis se encuentra ms bien en sus aos de vicepresidente econmico, periodo en el que, junto con la primera legislatura de Zapatero, se incub la crisis espaola.

Casi todos los medios de comunicacin han sealado el carcter arrogante, casi desafiante, de la declaracin de Rato. Se dice que ha constituido un ajuste de cuentas con su partido. En expresin un tanto castiza, ha puesto el ventilador. Independientemente de sus intenciones y de la culpabilidad que a l le haya podido corresponder, que puede ser mucha, lo cierto es que su intervencin ha esparcido dudas -que, por otra parte, ya existan- acerca de todo lo que hace referencia a Bankia y en general al rescate bancario.

No resulta creble que l fuese el nico responsable de la salida a bolsa de la entidad, y que la Comisin del Mercado de Valores, el Banco de Espaa y el propio Gobierno estuviesen al margen, tal como nos quiere hacer creer Elena Salgado. Y las sombras revolotean tambin acerca de cmo se decidi la intervencin de Bankia y de la extraa reunin que tuvo lugar con el ministro de Economa y los presidentes de los dos principales bancos competidores. En el asunto de Bankia es posible que Rato no haya sido el mximo culpable, tan solo un instrumento (tonto til, cabra afirmar), pero paradjicamente su responsabilidad s fue mxima en la gnesis de la crisis, durante su periodo como vicepresidente econmico. Y en esta etapa, los sutiles y perspicaces diputados de la Comisin apenas entraron.

Aparentemente, la intervencin de Solbes fue muy diferente, sin el tono prepotente empleado por Rato, asumiendo cierta autocrtica, lo que ha sido muy encomiado por algunos comentaristas. Pero quizs todo ello sea tan solo apariencia, porque sus reproches estn lejos de la autocensura y se dirigen ms bien a los otros. l ya lo dijo, pero no le hicieron casol no es un poltico, sino un tcnicosegn dice. Por tcnico lleg a ministro de Agricultura, despus a ministro de Economa y Hacienda, ms tarde tambin por tcnico a diputado del PSOE, posteriormente a comisario europeo y, por ltimo, de nuevo a ministro de Economa y Hacienda. Y todo por ser tcnico; bueno y, en esta ltima ocasin, adems por el dedo de Emilio Botn, quien con unos y con otros ha mandado siempre en Espaa.

En el fondo, la intervencin de Solbes no fue tan distinta de la de Rato. Sorte el periodo en que como vicepresidente econmico desempe un papel sumamente activo en la incubacin de la crisis y se centr en la etapa en que esta haba hecho ya su aparicin, para criticar al Gobierno al que perteneca y afirmar que l no haba sido que se lo impusieron, y que por eso se fue. En definitiva, viene a repetir lo afirmado en su libro de "recuerdos". Bien es verdad que no han faltado periodistas y comentaristas que ven en este doble juego la mxima culpabilidad, ya que, conociendo la gravedad de la situacin (eso dice ahora), minti a la ciudadana y neg la existencia de la crisis.

No estoy yo, sin embargo, tan seguro de que, tal como confiesa en la actualidad, fuese consciente del trance econmico. Solemos engaarnos. Suponemos que se llega a ocupar ciertos puestos por ser experto, cuando la verdad a menudo es la contraria, a las personas se las tiene por expertos simplemente por el hecho de haber ocupado determinados cargos, siendo sus conocimientos bastante menores de lo que creemos. Solbes debera haberse dado cuenta desde el inicio de su mandato, en 2004, de las arenas movedizas sobre las que estaba asentada la economa espaola. No fue as.

En mi libro La trastienda de la crisis reproduzco el artculo que publiqu en El Mundo el 23 de abril de 2004 titulado "La encrucijada econmica del nuevo Gobierno", en el que en sentido figurado pretenda avisar al Ejecutivo recin formado (y en el que figuraba Solbes como responsable de Economa) de que su falta de crtica hacia la poltica econmica de los gobiernos del PP podra dejarles indefensos ante la crisis que se avecinaba, atribuyndoles a ellos toda la responsabilidad, como en realidad as ocurri. Solbes estuvo presto a aceptar el "Espaa va bien" de Aznar y que el PP les dejaba una buena herencia en materia econmica, sin poner encima de la mesa los desequilibrios que se haban producido en esos ltimos ocho aos y ms concretamente desde la entrada en vigor del euro.

La poltica de los primeros aos del Gobierno Zapatero (y por lo tanto de Solbes) no fue sustancialmente distinta a la de los gobiernos de Aznar. Incluso participaron del mismo triunfalismo. Si Aznar hizo famosa la frase "Espaa va bien", Zapatero no le fue a la zaga a la hora de vanagloriarse de la buena marcha de la economa. En los dos casos el optimismo surga de los mismos parmetros, elevadas tasas de crecimiento del PIB y la consiguiente creacin de empleo. El modelo de crecimiento espaol, sin embargo, se fundamentaba principalmente en la construccin y en el consumo privado, asentados no tanto en incrementos salariales como en el endeudamiento de las familias. A mediados de 2007 la OCDE, en su publicacin "Las perspectivas econmicas del empleo", ofreca el dato de que el salario real en los ltimos diez aos haba descendido en Espaa el 4%. A su vez, la deuda de las familias, que en 1997 representaba el 34,8% del PIB, ascenda en 2004 al 64,4 % y en 2007 al 83,4%. Se puede afirmar que crecamos a crdito y, como todo crdito, antes o despus habra que pagarlo.

Los diferentes gobiernos deberan haber tenido en cuenta que las deudas de hoy terminan reduciendo el consumo de maana y por tanto el crecimiento. No es solo que, como parece evidente, esas elevadas tasas de consumo no se podan mantener indefinidamente, es que el stock de deuda acumulado reducira en el futuro la capacidad de consumir. El desahorro del pasado se transformara en ahorro forzoso del futuro.

Es curioso que quienes sentan una enorme preocupacin por el dficit pblico se desentendiesen prcticamente del endeudamiento privado, cuando la gravedad de ambos es similar. Radica en cmo incide sobre el dficit de la balanza de pagos y el endeudamiento con el exterior. Durante todos estos aos los gobiernos se mostraban muy orgullosos del equilibrio en que se mantenan las finanzas pblicas, pero se olvidaban por completo del desequilibrio del sector exterior. Incluso el otro da en su comparecencia, Solbes continu refirindose permanentemente a los gastos pblicos acometidos por su Gobierno, responsabilizndolos de todo el problema, y sin referencia alguna al endeudamiento privado. Segn ha contado Miguel Sebastin, aos despus de haber estallado la crisis, Zapatero se quejaba amargamente de que nadie le haba hablado del endeudamiento privado. A Solbes tampoco le debi hablar nadie del endeudamiento privado y l, en consecuencia, tampoco debi de comentrselo a Zapatero.

El dficit por cuenta corriente, que en 2004 se haba situado ya en el 6%, alcanz en 2007 un gigantesco 10%. Para tomar conciencia de la importancia de estas cifras, conviene recordar que en 1993, cuando estbamos en el Sistema Monetario Europeo, esta variable ascenda al 3,7%, nivel que fue imposible de mantener y que nos oblig a cuatro devaluaciones, algo que Solbes deba haber tenido muy presente en este segundo mandato, pues aunque las tres primeras se debieron a la terquedad de Solchaga, empecinado en mantener un tipo de cambio sobrevalorado para la peseta, Solbes estaba en el Gobierno como ministro de Agricultura y a la cuarta tuvo que enfrentarse l directamente en su primera etapa como ministro de Economa.

Detrs del dficit exterior y del endeudamiento privado se encontraba como factor principal el sector de la construccin, y ms concretamente el de la vivienda. Varios son los factores que pueden explicar la burbuja. En primer lugar, la especulacin que se centraba no solo en la vivienda en sentido estricto, sino tambin en el suelo, y que promotores y constructores acumulaban sin utilizar, en la creencia de su revalorizacin futura. La liberalizacin del suelo adoptada por el Gobierno Aznar y no corregida por Zapatero, lejos de solucionar el problema lo empeor, dejando en manos de los ayuntamientos una decisin tan fundamental y con tantos intereses econmicos en juego. La corrupcin y la especulacin se aduearon de la mayora de los municipios.

En segundo lugar, el comportamiento de los bancos, tanto de los nacionales que, arrastrados por una ambicin desmedida y cerrando los ojos a la realidad pretendieron dar ms crdito del que era razonable, como de los extranjeros, que prestaron a los nacionales confiados en la moneda comn, creyendo que haban eliminado todo el riesgo. Todo iba bien para la banca y aparentemente el negocio era redondo, mientras los precios continuasen incrementndose y bajo la presuncin de que el endeudamiento con el exterior no iba a tener lmite. El Gobierno, el supervisor y las entidades financieras cerraban los ojos al hecho de que en cualquier momento los mercados internacionales podan cerrar el grifo de la financiacin, como as finalmente ocurri.

Si la economa espaola en 2004 tena graves problemas, en 2007 estaba al borde del abismo. Se necesitaba solo un factor que sirviese de catalizador para que la reaccin en cadena se produjera. El detonante fue el escndalo de las hipotecas subprime, que origin una crisis internacional. La opacidad gener desconfianza. Las entidades financieras no se fiaban entre s, desapareciendo casi por completo el mercado interbancario y con l la liquidez internacional. La situacin se hizo gravsima para los bancos espaoles, que tenan que salir a los mercados exteriores a financiar la deuda acumulada por los cuantiosos dficits de la balanza de pagos. Las dificultades se trasladaron a las empresas y al pblico en general. Limitaciones crediticias, empresas en crisis, impagados, despidos, paro. La recesin estaba servida.

En nuestro pas, al igual que durante mucho tiempo se estuvo negando la existencia de la crisis y se hablaba exclusivamente de desaceleracin, existi una pertinaz resistencia a aceptar que nuestros bancos tuviesen problemas de solvencia. Se ponderaba su buena salud y la muy eficaz labor del controlador, el Banco de Espaa. Ciertamente nuestra banca no se haba contaminado de la basura financiera que provena de EE.UU. Razn: que acuda a los mercados financieros no a comprar activos, sino a endeudarse. Pero posea sus propias hipotecas subprime, ese endeudamiento exterior corresponda a una contrapartida interior, crditos a las empresas y a las familias, concedidos en muchas ocasiones con demasiada alegra y en la mayora de los casos sobre supuestos falsos, la creencia de que la euforia econmica iba a durar siempre y que la revaloracin continua de los activos se iba a mantener.

El entonces vicepresidente Solbes asegur que la banca sufra tan solo un problema de liquidez y que no iba a costar un euro al contribuyente. Permitieron durante mucho tiempo la existencia de entidades zombis, con infinidad de activos txicos en los balances. Retrasando sine die el saneamiento del sistema financiero, se hizo mucho ms gravosa la solucin cuando no qued ms remedio que adoptarla. La autocrtica que se esperaba de Solbes era la de reconocer que no se haba enterado de nada en sus cinco aos de ministro. Lo de los 400 euros, el cheque beb o el plan E, fue lo de menos, cosas de Elena Salgado, otra experta y tcnica, merecedora por lo tanto de ser premiada por el sector privado con las puertas giratorias, esas puertas giratorias que Solbes tanto defiende.

La intervencin en el Congreso de Salgado no constituy ninguna sorpresa, muy acorde con su conducta de siempre, se limit a repetir el discurso de Zapatero; en esta ocasin, insistir en la excusa a la que el ex presidente del Gobierno se refiere una y otra vez en su libro "El dilema". Todos los atropellos cometidos tenan una justificacin, evitar el rescate. La culpa fue de Grecia, afirma Salgado. Ciertamente, por eso resulta increble lo que sucedi aquella noche fatdica del 10 de mayo de 2010, cuando sin ninguna razn aparente (lo que se dilucidaba era el rescate a Grecia, y nuestra prima de riesgo apenas alcanzaba el 150%,) Espaa sali de la cumbre europea como perdedora absoluta y obligada a someterse a fuertes ajustes, casi como si hubiese sido ella la rescatada. Pagamos el precio de un rescate que no existi, y del que nunca recibimos ningn dinero. La culpa no fue de Grecia, sino de la incompetencia tcnica y de la ineptitud absoluta para cualquier negociacin en Bruselas de un presidente de Gobierno y de su vicepresidenta econmica.

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2018/01/18/rato-salgado-pasando-solbes/ 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter