Portada :: Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-01-2018

La va federal se abre camino en Europa, aunque sigue sin cautivar en Espaa

Diego Herranz
Pblico


Esta opcin es, quizs, la que mejor encaje tiene en Espaa con su frmula de delimitacin de competencias entre distintos poderes territoriales y, en Europa, con las futuras reformas del euro.

Desde Europa, se escucha una ntida verborrea a favor de una salida federal a la crisis catalana. La misma cantinela que se pregona desde no pocas capitales como solucin para Europa. Quizs una de las voces ms autorizadas -y ms precisas- que se han escuchado en el panorama de la UE haya sido la de Guy Verhofstadt, ex primer ministro belga, territorio de especial sentimiento secesionista y dirigente de su mitad flamenca. Verhofstadt cree que el futuro de las ms de 70 naciones europeas, el de Catalua, el de mi propia comunidad flamenca, no pasa por una brutal separacin, sino por una constante cooperacin dentro de unas estructurales federales en el seno de una Europa federal. A su juicio, esta eleccin requerira retoques constitucionales que aadiran raciocinio y eficiencia al objetivo de estabilizar un Estado plurinacional que opera con un sistema, el de las autonomas que, paradjicamente, brilla por su ausencia en los compendios de Derecho Internacional Pblico donde slo se reconocen tres tipos de estructuras territoriales: pases centralizados, federales y confederaciones.

Otros, como Manuel Valls, ex primer ministro francs, acuden a otro mantra, a un misterio sin resolver: qu es ser espaol?; es decir, cul es la definicin precisa y patriota del concepto Espaa? La Carta Maga del 78 no parece haber resuelto estos interrogantes. Los sentimientos a esta cuestin estn demasiado enfrentados y difieren desde la hermtica concepcin de un Estado centralista que asuma una soberana plena y, por consiguiente, la prctica totalidad de competencias y funciones de las autonomas y entes locales, hasta la defensa difusa de una nacin de naciones.

Sin embargo, pese a este persistente retardo en poner en marcha el reloj de la modernizacin de Espaa, los vientos podran haberse tornado a favor de los cambios. Porque Europa tambin debe lidiar con esta tarea. La agenda reformista de Enmanuel Macron y Angela Merkel coincide, como casi nunca en la historia reciente de la UE, en que el club comunitario debera consolidar su armazn poltico bajo una nica premisa, su conversin hacia una Europa federal. No pocos analistas comparten este diagnstico con el que -dicen- Europa tendra ms instrumentos para superar las brechas socio-econmicas que han dejado las polticas de austeridad en la post-crisis y para evitar la crudeza de una nueva embestida financiera.

El debate federal salta tambin a Europa

Zsolt Darvas, investigador de Bruegel, instituto de anlisis paneuropeo, dice que la gran leccin que deja a Europa la gestin de la crisis de EEUU es su concepcin federalista, que le ha servido para lidiar con los duros efectos colaterales de este tsunami con ms rapidez y dinamismo que la zona del euro, porque su armazn poltico contiene un pegamento federal que se aleja de los planteamientos de suma de votos nacionales por la filosofa intergubernamental de Europa. Una estructura que se solidific an ms tras la cumbre de Niza, con el reparto de poderes nacionales en el Consejo Europeo tras las adhesiones del Este. A pesar de que su situacin fiscal de EEUU era substancialmente peor que la de Europa, la armonizacin laboral, fiscal y presupuestaria en la mayor economa del planeta ayud, de forma ms efectiva y rpida, a la toma de decisiones econmicas, financieras y monetarias para combatir la toxicidad de activos en los mercados.

Merkel y Macron se han citado con urgencia para poner en marcha reformas del euro con claras nfulas federales, como la creacin de un presupuesto y un ministro de la zona monetaria o un Fondo Monetario Europeo

Tambin ensayistas como el italiano Claudio Magris o el filsofo polaco Zygmunt Bauman, antes de su defuncin, incidan en los primeros aos de la post-crisis que el dficit poltico de la UE y, en especial, de la zona del euro, era una de las causas esenciales de la disconformidad social, la inseguridad laboral y el estallido de revueltas cvicas por la prdida de poder adquisitivo de las clases ms desfavorecidas, la inestabilidad de las pensiones o la prdida de servicios pblicos asistenciales como la Sanidad o la Educacin. El federalismo genera cohesin y la cesin de los espacios de soberana a un poder descentralizado con un armazn supranacional con funciones y competencia claras y aceptadas, reduce el autoritarismo de un modelo gubernamental central o supeditado al veto o apoyo de mayoras nacionales, apunta Magris. Para Darvas, el club del euro necesita perfeccionar su ambigua poltica comn, fortalecer sus reglas y mecanismos de actuacin, sus instrumentos de prevencin de futuras crisis, con mayores cotas de federalismo en reas como la mutualizacin de la deuda de los socios monetarios; es decir, la creacin de un eurobono, opcin que enterr () Margaret Thatcher en 1991!, en Maastricht, por la oposicin britnica a que los defensores de la recin engendrada Unin Econmica y Monetaria (UEM) se encaminaran a constituir un Tesoro europeo.

La Dama de Hierro, fiel enemiga del federalismo en cualquiera de sus frmulas, empezaba a tejer el cheque britnico, la cuota de excepcionalidad de Londres en la rbita comunitaria que, con el paso del tiempo, ha engendrado el Brexit. Y lo que es peor. Ya fue capaz de eludir el debate federalista en Europa, desde dentro de la UE. Ejemplo de que la tctica griega del Caballo de Troya sigue siendo efectiva.

Ms Europa, ms federal

Aun as -explican otro autores- la causa federalista en Europa no est lapidada. Pareciera, pero no. El fantasma de la crisis de la deuda y el riesgo total de quiebra de la economa griega que ha sobrevolado el Viejo Continente durante un largo lustro, hizo temer a los defensores de una UE federal no slo que su sueo era una utopa irrealizable, sino que los tiempos del club tocaban a su fin. Cinco tortuosos aos de austeridad, rescates bancarios, destruccin de empleo y de conquistas sociales o la irrupcin de los nacionalismos populistas no invitaban al optimismo. Sin embargo, las nfulas integradoras del nuevo eje franco-alemn surgido de las elecciones del ao pasado, seala, de forma inequvoca, a una salida federalista, en varios frentes.

Varios asesores de Macron y Merkel -incluso del SPD alemn que, presumiblemente, seguirn siendo socios de la gran coalicin de Berln en los prximos cuatro aos- acaban de firmar un documento en el que constatan que esa ser la senda por la que transitarn las reformas del euro. Ninguno de sus autores (Jean Pisani-Ferry, vinculado a la carrera poltica de Macron; Jeromin Zettelmeyer, a la del dirigente socialdemcrata alemn Sigmar Gabriel; Philippe Martin, del consejo econmico del presidente galo, o Isabel Schnabel, vinculada al consejo de sabios germano que asesora a la cancillera) se atreven a anticipar hasta dnde llegarn los cambios, porque el euro volver a ser protagonista en la campaa electoral italiana, o porque nunca se debe apostar por la rigurosidad germana a la hora de dictar y exigir el cumplimiento de las reglas de funcionamiento para Europa -a pesar de ser un Estado federal, el llamado exceso federalista germano dentro de la jerga de la UE-, ni la imprevisibilidad (y efectividad) para tejer consensos de un pas centralista por antonomasia como Francia.

Pero de lo que pocos dudan es de que iniciativas que estn sobre la mesa de las instituciones y de los lderes europeos como la conversin del Mecanismo de Rescate Europeo (MEDE) en un Fondo Monetario Europeo, la creacin de un presupuesto y un ministro de Finanzas del euro, la simplificacin y paulatina homogenizacin de las normas fiscales, los avances en regulacin y en supervisin financiera o la poltica monetaria de estmulos (compra de deuda) del BCE o su frrea defensa de los tipos de inters prximos a cero, frente a las tesis ms ortodoxas de Berln, son claros ejemplos (y pasos) hacia el federalismo.

En Espaa, la propuesta federalista del PSOE no levanta entusiasmo; los tres padres vivos de la Constitucin del 78 admiten la necesidad de cambios, pero huyen de cualquier derrotero que lleve a una nacin federal

La doble velocidad europea -socios que desean avances frente a quienes quieren perpetuar el sistema intergubernamental- no parece que vaya a permitir en el futuro interferencias como las que se han manifestado durante la crisis, durante la que las autoridades econmicas de la UE han desbaratado planes presupuestarios nacionales, advertido de incumplimientos fiscales o exigido contrapartidas legales a las ayudas por rescates.

El principio de subsidiariedad, el elenco de competencias y funciones supranacionales, estatales y regionales, los cambios en los mecanismos de supervisin o las correcciones a las anomalas de los ordenamientos jurdicos desde los tribunales de la UE -en asuntos como las clusulas suelo a Espaa- o por no trasponer correctamente el espritu de directivas como en la Ley de Contratos -por citar otro tirn de orejas reciente al Gobierno espaol- son elocuentes botones de muestra de que las medidas federalistas son y han sido determinantes en la construccin de la UE.

El dilema espaol: superar el inmovilismo del 78

No obstante, esta agenda reformista europea parece haberse topado de bruces con la marcada indiferencia poltica en Espaa, reacia -al menos en su actual mayora parlamentaria-, a cambiar el status quo. Como acaba de ocurrir en la puesta en escena de la Comisin de Evaluacin del Estado Autonmico, la iniciativa auspiciada desde el PSOE para avanzar hacia alguna modalidad de federalismo en Espaa. En ella, los tres patriarcas vivos de la Constitucin del 78 -del rgimen, dicen sus detractores, despectivamente-, [] realizaron una defensa numantina de su texto a los 78 aos? Las opiniones de Herrero de Min, Prez Llorca y Roca i Junyent -todos nacidos en 1940- dejaron un reguero de nostalgia. No quisieron ni or hablar de acabar con su criatura o de abrir el meln de los cambios en la Constitucin para someterla a una incisin notable, aunque no substancial, que transforme su articulado y su fisonoma en un ordenamiento federal. Algo que sera un camino de no retorno, alertaron.

Quizs lo ms sorprendente de las intervenciones de los padres de la Carta Magna del 78 es que revelan una carencia casi total -o, al menos, una tara doctrinal de calibre-, del espritu europesta que leg otro arquitecto de normas fundacionales, Jean Monnet, cuya identidad ha pasado a la historia, junto a la de polticos como Robert Schuman o Konrad Adenauer -esencialmente-, como artfice de la gestacin de la UE. En su primer alegato tras asumir la custodia compartida de la UE, Monnet ya enfatiz que el sueo utpico que, a su juicio, deberan alcanzar los dirigentes futuros del Viejo Continente sera configurar unos Estados Unidos de Europa. Epitafio que se puede interpretar de muchas formas. Pero que slo responde a una idea: el edificio institucional europeo debe tener una estructura federal.

Entonces, por qu un sistema federado levanta tanta conflictividad social?, () acaso no son federaciones de estados EEUU o Alemania, por poner dos ejemplos de potencias geoestratgicas y econmico-financieras alejadas de la despectiva consideracin de repblicas bananeras?, () cul es el temor que subyace detrs de sus detractores?

Mientras en Alemania, uno de los estandartes del sistema federalista, las capitales de los lnders han encontrado su frmula econmica de xito, en Espaa an persisten las diferencias financieras y de delimitacin de competencias

Herrero de Min, Roca y Prez Llorca parecen fieles seguidores de El Gatopardo, la obra magna Giuseppe Tomasi di Lampedusa que esconde una irnica e hipcrita moraleja: cambiarlo todo para que nada cambie. De no ser as, no se entienden con nitidez las palabras de Herrero de Min a favor de proceder a la mutacin de la Carta Magna, con cambios muy estudiados y pactados, modificando el sentido del texto, si fuera necesario, como ha ocurrido en la mayor parte de textos constitucionales vigentes o en pactos autonmicos, en Espaa, como el de 1981 y 1992, pero desmarcndose tajantemente de que la va federal sea la alternativa vlida. Pese a que existen asimetras -expres- en la configuracin territorial de Espaa que habra que enmendar; incluso, en el polmico Ttulo VIII, el dedicado a la organizacin del Estado. O su tesis de que el Senado tendra que albergar la Confederacin de Presidentes Autonmicos para trasladar una imagen cuasi federal. Como tampoco se comprende la admisin de Roca de que el modelo territorial de Espaa est agotado, entre otras razones, porque la Cmara Alta no fue definida, en 1978, a imagen del Bundesrat, como hemiciclo de representacin autonmica. Fue nuestro mayor error, asever. Sin embargo, tal reconocimiento no lo hizo acompaar de peticin personal o expresa de urgente transformacin hacia esta va federal. Ni el razonamiento de ms autogobierno central que reclam Prez Llorca para evitar duplicidades en el actual maremgnum de delimitaciones competenciales, dej explicacin alguna sobre qu frmulas de conciliacin entre los poderes del estatal, regional y municipal resultaran ser las ms adecuadas.

Viejos males polticos y econmicos de Espaa

Bien es cierto que sus diagnsticos sobre la salud de la Constitucin espaola y la conveniencia de su supervivencia cuatro dcadas despus, diferira, a buen seguro, de la de otros fundadores, como Gregorio Peces Barba o Jordi Sol Tura, ya fallecidos. Pero no es menos realista pensar que, como juristas que son los tres, deberan poner en valor algunos de los efectos colaterales con los que la poltica y la economa espaolas han tenido que convivir en los ltimos 40 aos de constitucionalismo democrtico. Anomalas como la falta de unidad de mercado, con leyes, regulaciones, impuestos o prcticas productivas que difieren, a veces substancialmente, de una comunidad autnoma a otra o que producen sentencias judiciales de sus altos tribunales con un alto grado de contradiccin entre s y que enrarecen el clima para hacer negocios. O la duplicidad de funciones, cargos y costes entre las tres administraciones del Estado, que burocratizan y, para ms inri, encarecen la factura de los contribuyentes. Por no hablar de la cuanta de los servicios impropios, trmino con el que se identifica la deuda contrada por los gobiernos municipales, por un montante que sobrepasa los 100.000 millones de euros -similar al rescate bancario- por prestacin de compromisos sociales a los ciudadanos, que tendran que haberse cargado a los presupuestos autonmicos, y que nunca les fueron reembolsados.

Tambin en el orden poltico, las repercusiones han sido nefastas. El artculo 155, que ha sido activado para impedir la independencia unilateral de Catalua, gustar ms o menos. Pero es un precepto incorporado de constituciones federales. Por cierto, nada convincente para diputados del PP de la poca que, en 1978, llegaron a renegar de l, aunque ahora se hayan erigido en sus autnticos valedores.

Igual que planteamientos constitucionalistas federales que tienen que ver con la limitacin de funciones estatales, regionales y locales y que ha llevado a pases como Alemania a desarrollar capitalidades en torno a ciudades tan variopintas como la financiera (Frncfort); la audiovisual, (Bonn); la industrial, (Stutgart), la econmica, (Mnich), la administrativa, (Berln), que tambin ha asumido el rol de enclave tecnolgico e incubadora de startups, o la ecolgica (Hamburgo). Diversificacin productiva bajo una estructura federal, frente a las crticas contra un sistema financiero, el espaol, que no contenta a nadie y que no ha sido capaz de aportar una atmsfera favorable para la promocin de modelos productivos en las autonomas hispanas -como en Alemania-, ni a potenciar estrategias estatales para, por ejemplo, impulsar la I+D+i y cerrar la brecha tecnolgica con los pases de nuestro entorno, o crear una poltica industrial que genere multinacionales para abordar los mercados digitales, normas que combatan el cambio climtico en uno de los pases ms amenazados o, sencillamente, un marco tributario eficaz, aceptado y solidario en los tres escalafones del Estado.

Quizs fuera bueno ahondar en las discrepancias que, el modelo federal, despierta entre lderes del mismo signo poltico. Sera un primer paso entre los aclitos del inmovilismo. Como el que protagonizaron Thatcher, contraria a cualquier vestigio federal en Europa y, por supuesto, en el Reino Unido, su nacin, a la que siempre vio como suma de cuatro nacionalidades, con Inglaterra como poder supremo, con Ronald Reagan, que siempre defendi los principios federales de los granjeros recogidos en la constitucin americana. Frente a las tesis confederales sureas, que podran asemejarse, salvando la distancia temporal y geogrfica, con la postura del lehendakari nacionalista, igo Urkullu, de ser el estandarte de una Espaa semejante a la unin de cantones helvtica (Suiza) para garantizar el futuro del cupo vasco. La misma receta tributaria que le fue negada a Artur Mas desde Moncloa y que, segn el ex president, precipit el procs, en 2012 y que, en los prolegmenos del 11-O, fue ofrecido, desde las pginas del Financial Times, por el ministro Luis de Guindos, como solucin de urgencia para evitar la celebracin del referndum ilegal en Catalua.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter