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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-01-2018

Los avatares del reformismo en Cuba

Haroldo Dilla Alfonso
Nueva Sociedad


El campo reformista es en la presente coyuntura la variable ms interesante del sistema poltico cubano. Si el Estado no puede convivir con l no es porque plataformas como Cuba Posible sean sediciosas, sino porque la elite poltica solo admite el alineamiento sin fisuras.

Hasta los aos 90, el discurrir post-revolucionario de Cuba era lento y pastoso. Era excesivamente oficialista para ser interesante, excepto cuando, desde el propio oficialismo se produca alguna purga poltica que llenaba a la isla de rumores y a la elite de temores. La poltica era representada desde una ptica binaria, como la lucha prometeica de dos campos irreconciliables. Por un lado, estaba el bando bueno revolucionario y socialista compuesto por patriotas virtuosos y alineado sin fisuras con el Estado, el Partido Comunista y lo que se daba en llamar el liderazgo histrico. Del otro lado estaba el bando malo contrarrevolucionario y pecaminoso alineado con el gobierno de Estados Unidos el enemigo histrico y la mafia de Miami. Para los primeros se destinaba el privilegio de participar en un proyecto histrico estratgicamente irrefutable, aunque tcticamente perfectible. Para los segundos, solo haba dos destinos posibles: la crcel o el exilio.

Esto comenz a cambiar cuando la cada del Muro de Berln se llev con ella no solo la base econmica del modelo cubano una afluencia sin precedentes de subsidios soviticos sino tambin los referentes ideolgicos de un mundo mejor. Buscando la superacin de una espantosa crisis que eufemsticamente se denomin Perodo Especial, el gobierno se vio obligado a limitar sus controles en el campo de la economa y a permitir la entrada al casino de tres jugadores incmodos: el mercado como asignador de recursos, internet como anaquel informativo y comunicacional, y los emigrados como sostenedores de las economas familiares y del siempre maltrecho sector externo. Luego, avanzado el siglo XXI, la biologa sac del escenario poltico a quien haba sido durante medio siglo su actor ms importante. Fidel Castro. Finalmente, en 2015, un presidente liberal norteamericano, Barak Obama, decidi que la confrontacin era estril e inici un acercamiento diplomtico de dos aos que mostr a la sociedad cubana la otra cara de una relacin y coloc a la elite en una posicin particularmente incmoda.

Obviamente, este proceso ha implicado una redistribucin de cuotas de poder. Y, en consecuencia, la sociedad ha comenzado a incubar un proceso de diversificacin ideolgica y cultural con la emergencia de nuevos campos y tendencias polticas. El acotado espacio pblico cubano es ahora transitado por numerosas identidades existenciales que abogan por constituirse como identidades polticas (tnico-culturales, de gnero, locales, etc.), al mismo tiempo que se tuercen los campos preexistentes para dar lugar manifestaciones de la topografa clsica de izquierdas y derechas.

Pero estos campos polticos larvados se desenvuelven en medio de un sistema totalitario en desbandada que cada vez pide menos el corazn de los sbditos y ms la obediencia y son rehenes de la mezquindad binaria lealtad/deslealtad poltica respecto del gobierno. En consecuencia, estos campos polticos tienden a manifestarse de manera errtica, sin capacidades para articular discursos estructurantes de la propia realidad que quieren modificar. Las ideologas no se distinguen por la sistematicidad de sus ideas acumuladas sino por su capacidad de interpelar a la sociedad y de conformar subjetividades. Si esta ltima capacidad no existe, las ideologas permanecen larvadas y sujetas a evoluciones narcisistas. Y ello les impide madurar como interpelaciones ideolgicas acerca de lo existente, lo bueno y lo posible que informen a la sociedad cubana y le permitan escoger democrticamente las pautas para su futuro.

Los nuevos actores

Podemos decir que el signo ms interesante de la sociologa poltica cubana actual es el surgimiento de nuevos campos y actores polticos ms complejos y sofisticados. Estos actores pueden ser aprehendidos de muchas maneras, por ejemplo por sus posicionamientos ideolgicos sistmicos (derecha, izquierda) o sectoriales (feministas, etnicistas, ambientalistas) pero es indudable que lo que los ordena a todos no podra ser diferente en un sistema de fuerte vocacin totalitaria es el grado de alineamiento con el Partido/Estado. Siguiendo esta lgica, y de manera muy esquemtica, se pueden identificar tres grandes campos definidos por sus posicionamientos frente al gobierno: el oficialismo, la oposicin y el reformismo.

El campo oficialista, por ejemplo, ha experimentado un notable desangramiento y en su interior son distinguibles posiciones diferentes que de alguna manera recuerdan su reestructuracin en 2009, cuando militares, tecncratas y burcratas partidistas cerraron filas para conservar la unidad de la elite en una convivencia llena de sobresaltos. En un sistema poltico cerrado como el cubano, estas discrepancias no afloran en pblico, pero se manifiestan en los continuos zigzagueos de la poltica bajo el comando de Ral Castro, cuyo lema sin prisas, pero sin pausas revela el acuerdo de la elite en tpicos generales as como las dificultades crecientes para lograr conciertos en aquellos detalles que animan las polticas en curso.

El campo opositor tambin ha experimentado una diversificacin en varios sentidos. Por ejemplo, en el plano ideolgico, dando albergue a grupos socialdemcratas progresistas tanto como a franjas derechistas que asumen el trumpismo como virtud poltica. Pero tambin en sus mtodos, de manera que si en los aos 90 estos grupos adoptaban formas organizativas partidistas, en la actualidad renen activistas culturales, blogueros, conatos de partidos, redes asociativas identitarias, etc.

Pero probablemente el dato ms novedoso del escenario poltico insular es la emergencia de un campo reformista que en otros lugares he denominado crtico consentido para explicar dos caractersticas. La primera, que a diferencia de la oposicin radical, estos son grupos que no cuestionan la legitimidad del orden establecido y tratan siempre de encontrar espacios para mostrar su coincidencia con el oficialismo en todos los temas en que sea posible. Pero a diferencia de este ltimo, el reformismo es crtico respecto de la realidad sistmica en aspectos diversos, en ocasiones con una lucidez intelectual que no alcanza ningn otro campo. Esta ambigedad lo coloca en un dilema tico permanente, al mismo tiempo que le crea un dilema operativo al gobierno en cuanto a cmo controlar el diapasn crtico sin recurrir a actos represivos polticamente costosos.

Este tipo de espacio poltico/intelectual ha sido comn desde los aos 90. Cuando entre 1990 y 1996 el pas vivi un perodo de tolerancia por omisin, emergieron numerosos grupos y organizaciones de esta naturaleza, la ms relevante de las cuales fue el Centro de Estudios sobre Amrica, vctima de la represin del Partido Comunista en 1996. Pero lo que distingue a estas organizaciones de las actuales es que, en los 90, la inmensa mayora de ellas emergi como instancias estatales o partidistas descontroladas. Por el contrario, las presentes son plataformas autnomas, acotadas por la represin simblica (que sus dirigentes asumen) pero sin filiaciones institucionales. Dado que tampoco hay espacios civiles para ellas, operan en un limbo legal.

En la actualidad, el espacio crtico consentido ms relevante es la plataforma Cuba Posible. Esta tuvo como antecedente a Espacio Laical, una revista crtica emergente de la Iglesia catlica, en una coyuntura en la que esta ensayaba un nuevo arreglo de convivencia con el gobierno cubano. Tras la ruptura con la jerarqua eclesistica, Cuba Posible comenz a articular una suerte de red que atrajo a algunas de las figuras intelectuales ms prominentes del pas, en unos casos veteranos reciclados de los lejanos tiempos de la revista Pensamiento Crtico y del Centro de Estudios sobre Amrica, en otros, jvenes que an crean en los Reyes Magos cuando los primeros discutan la necesidad de renovar al socialismo.

Cuba Posible resume la tragedia mayor de la poltica cubana. Aunque esta plataforma nunca ha sido reprimida directamente como ocurre con los opositores siempre vive bajo la sombra de la represin simblica. La clase poltica hace lo posible por mantenerla distante y callada, aun cuando nada en ella indique un afn subversivo. En muchas cuestiones, sus integrantes coinciden con el Estado, y cuando lo hacen, tratan por todos los medios de resaltar esas coincidencias. Entre ellos hay intelectuales de calibre a los que vale la pena escuchar, que no aspiran a un cambio poltico radical, sino al aggiornamento sistmico. No gritan, solo susurran. Asumirlos y abrirles un espacio de comunicacin sera una ventaja desde muchos puntos de vista para el propio gobierno, incluyendo el toque de esttica poltica que sin duda necesita. Pero el sistema es duro, aunque a la vez muy frgil, y tiene tanto horror a la crtica como desprecio por sus intelectuales.

Un ejemplo de esta represin simblica ha sido la reciente andanada poltica desde un grupo de appartchiks devenidos escribas oficiosos en el espacio bloguero. Ellos han confeccionado una argumentacin acusatoria contra Cuba Posible, a la que acusan de centrista, un recurso metonmico remanente que le permite al gobierno identificarse con la izquierda y lee toda posicin crtica como un corrimiento hacia la derecha. Han confeccionado un folleto denominado Centrismo en Cuba: otra vuelta de tuerca hacia el capitalismo y que constituye una de las piezas polticas ms procaces en una isla donde la poltica no se caracteriza por su elegancia. Permtanme citar por elocuente un prrafo de la blogosfera oficial. All se define al centrismo en Cuba como una autntica contrarrevolucin organizada con recursos materiales y humanos, (que) tiene fortalezas, dinmicas fluidas y funcionamiento articulado, as como amplias conexiones diplomticas. Sus integrantes se repiten y retratan entre los invitados de importantes visitantes a Cuba siempre provenientes de pases aliados a Estados Unidos o el mismo Washington. Se diferencia de la contrarrevolucin tradicional, porque segn la poltica obamista necesita que sus empleados interacten con la institucionalidad revolucionaria, sus medios de comunicacin y sistemas acadmicos. Para eso se declaran 'de izquierda' y nacionalistas, pero siempre apartados y en contra del Estado Cubano, el Partido Comunista y su tradicin antiimperialista.

Sin lugar a dudas, este campo reformista consentido es en la presente coyuntura la variable ms interesante del sistema poltico cubano. Si el Estado cubano no puede convivir con ella no es porque Cuba Posible sea sediciosa, sino porque la elite cubana solo admite el asentimiento y del alineamiento sin fisuras. Esta requiere la paz social imprescindible para reproducir su proyecto de poder autoritario y su propia metamorfosis burguesa. Enfrentada a una sociedad que busca su lugar bajo el sol, esta elite se revuelca en una crisis orgnica que parece nunca terminar. Un terreno recordando una frase de Gramsci donde se verifican los fenmenos morbosos ms diversos.

Fuente: http://nuso.org/articulo/cuba-los-avatares-del-reformismo/


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