Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-01-2018

Falsos principios del neoliberalismo

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


Reflexionamos hoy sobre algunas de las ideas fundamentales que el neoliberalismo nos ha imbuido en estas ltimas dcadas, hasta casi hacernos creer que no hay alternativa posible al mismo.

Una primera de stas es aquella que establece la existencia de una lnea recta, sin desvos posibles, desde la privatizacin de los sectores econmicos estratgicos de un pas hasta los avances consiguientes, y sin lmite, del modelo de desarrollo. Se nos repite machaconamente ese axioma, hasta considerarlo casi como ley natural e inmutable. Y en medio de esos dos extremos de la recta de evolucin social y econmica que supone este camino hay, por supuesto, algunas otras estaciones que nos llevan obligadamente de una a la siguiente. As, el principio neoliberal completo podramos resumirlo en una secuencia parecida a la siguiente, con pocos matices ya hablemos de Europa, de frica, Asia o de Amrica. La privatizacin de los sectores econmicos estratgicos y de la vida de un pas, provocar automticamente la atraccin de la inversin extranjera, con la consiguiente generacin de puestos de trabajo, creando todo ello un aumento de la riqueza, que se traduce en una mejora de las condiciones de vida y de la lucha contra la pobreza y la disminucin paulatina de sta, provocando as un desarrollo ilimitado del pas en cuestin.

El problema de este principio es que por mucho que se nos repita, ste no es ms que eso, un postulado ideolgico que la realidad se encarga permanentemente de desmentir. Con claridad absoluta si miramos a los pases del llamado Sur; con claridad difusa, pero cada vez ms ntida, si miramos a la mayora de los pases del llamado Norte. As, el complementario principio del neoliberalismo, segn el cual mediante esa regla la generacin de riqueza en la cspide de la pirmide social debe de alcanzar, digamos que por desborde (imaginemos una pirmide de copas de champan), a los niveles ms bajos es una mentira absoluta y hoy evidente. La riqueza no fluye hacia la totalidad de la sociedad, sino que se acumula ms y ms en sus estratos ya enriquecidos, a costa de los dems, traducindose en un ensanchamiento de la brecha de la desigualdad que hoy ya ni las propias escuelas del neoliberalismo se atreven a negar. Por lo tanto, de la negacin que pretendemos establecer del primer axioma neoliberal, habra que reconocer que el mismo si tiene una estacin de ese camino como verdadera: la privatizacin de los sectores estratgicos y de la vida generan un aumento de la riqueza, pero sta se queda en manos de la minora, sin redistribucin posible hacia las grandes mayoras y, sin producir por lo tanto ni disminucin de la pobreza generada por ese mismo sistema, ni el pretendido desarrollo ilimitado.

Pasemos ahora a un segundo principio fundamental de este sistema dominante, que se ubicara en el mbito poltico. As, aunque la proclama neoliberal sigue dicindonos que la democracia es el sistema poltico ideal para la vida en sociedad, al igual que con los derechos humanos, comprobamos da a da que sta es cada vez ms discurso y menos ejercicio verdadero. De esta forma y a pesar de ser negado en todos los mbitos, podemos afirmar como una realidad que va imponindose que el neoliberalismo, como modelo de ordenamiento y relacionamiento poltico y de la vida, hoy se asienta claramente en una deriva autoritaria.

Un rpido recorrido por algunos territorios del planeta nos permite ver que los golpes de estado llamados blandos han proliferado en los ltimos tiempos en, por ejemplo, Amrica Latina; todo ello para reencauzar y asentar firmemente las polticas neoliberales. Brasil, Honduras, Paraguay son evidencias de cmo el golpe de estado vuelve a ser el modelo para retomar el poder los sectores ms extremos de la derecha neoliberal y, acto seguido, volver a la aplicacin de este tipo de medidas que se traducen en reprivatizaciones de sectores estratgicos, recortes de derechos de todo tipo y empobrecimiento de las grandes mayoras. Pero esa deriva autoritaria se percibe claramente tambin en gobiernos aparentemente democrticos como los de Argentina, Chile o Colombia, donde las medidas de mayor control social o de recortes en derechos polticos y laborales son una constante para, por ejemplo, facilitar la entrada y explotacin de recursos naturales (bienes comunes) por parte de las transnacionales y precarizar la vida de la poblacin (despidos masivos, desaparicin de subsidios, recortes de pensiones).

Pero no nos equivoquemos. Esta situacin no es una constante solo en Amrica Latina y, por el contrario, de una u otra forma y con matices acordes a realidades diferenciadas, la deriva autoritaria se repite en muchos otros puntos del planeta. Estados Unidos abandera este proceso desde la aprobacin de la conocida como Acta Patritica a raz de los atentados en 2001 que, entre otras, aumenta la discrecionalidad y poder de los cuerpos policiales y militares; deriva que hoy se agrava con las medidas que va implantando D. Trump contra la poblacin emigrante de forma especial pero contra la prctica totalidad de sectores sociales. As, cada da ms y ms sectores poblacionales en EE.UU. pierden su condicin de titulares de derechos (poblacin negra, latinoamericana, nativa, musulmana.), eliminando obstculos posibles al dominio absoluto de las lites econmicas y polticas.

Y si atravesamos el ocano hacia esta otra orilla, los recortes civiles y polticos impuestos con la excusa de la crisis econmica o de la seguridad antiterrorista en Europa hace que queden cada da ms lejos los tiempos del estado del bienestar y, sobre todo, aquellos en los que este continente se presentaba como el campen en la defensa de los derechos humanos. Evidentemente muchas se nos presentan (se nos venden) como medidas contra el terrorismo, pero poco tienen que ver con eso y mucho ms con esa deriva autoritaria que sealamos. Ejemplos de esta tendencia seran la conocida como Ley Mordaza en el estado espaol o todo lo que hoy propicia el aumento de los postulados de la ultraderecha (Polonia, Hungra, Austria). As, a pesar de esa presentacin de medidas para la proteccin de la poblacin, los recortes en libertades suelen tener su verdadera, aunque oculta, razn de ser en evitar la respuesta social y poltica al libertinaje de las empresas y gobiernos ante todo el proceso de disminucin de derechos que el sistema neoliberal va imponiendo. Imposiciones de las lites econmicas que hoy son quienes realmente dictan la vida de nuestras sociedades, con el consentimiento subordinado de las lites polticas tradicionales en los distintos gobiernos, ya hablemos de Gasteiz, Madrid, Pars, Berln o Bruselas.

Otro caso paradigmticos de la deriva autoritaria, y posiblemente el ms evidente fue el sojuzgamiento hasta el ahogo del gobierno y pueblo griego no respetando de ninguna forma aquello que ste ltimo decida en las urnas ante las medidas de ajustes y recortes de todo tipo que impona la troika comunitaria.

Pero, ms sibilina es la imposicin que se hace desde determinadas esferas europeas de las polticas de ajuste estructural que hoy construyen una salida de esa crisis antes aludida en precario y con recortes brutales en derechos civiles, laborales y polticos. Por no hablar de lo poco democrtico que para este sistema dominante, neoliberal y machista, resultan los ndices de mujeres asesinadas o agredidas diariamente. Tampoco los datos de poblacin emigrante ahogada en el mediterrneo o al otro lado de las vallas en las fronteras de esa Europa que un da se consider la cuna de los derechos humanos y que hoy se encierra en una pretendida fortaleza inexpugnable.

En fin, como sealbamos al principio algunos principios neoliberales (desarrollo y democracia) son realmente difciles de sustentar a poco que decidamos mirar a nuestro alrededor.

 

Jesus Gonzlez Pazos, Miembro de Mugarik Gabe.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter