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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-01-2018

Ni opino ni planteo

Julio Antonio Fernndez Estrada
OnCuba


Todos hemos odo alguna vez que la opinin del pueblo ha motivado la preocupacin del gobierno en un asunto cualquiera. Hemos escuchado que segn la opinin del pueblo la gente quiere tal cosa o tal otra. Se habla de esta opinin tanto como la voz colectiva y masificada del pueblo sin contornos, como de la institucin que convierte en datos lo que ha recogido como opinin de los comunes.

Poco se sabe de los mtodos de recoleccin de opiniones, de la calidad y cantidad de la muestra utilizada para estudiar nuestra voz y nuestras peticiones.

En estos momentos no s si la opinin del pueblo interesa a alguien pero s s que he participado en pocas encuestas pblicas donde se haya declarado de antemano que se recoge de esta forma nuestra popular opinin.

La opinin del pueblo es un misterio. No sabemos cmo se usa, cundo se usa, por quin se usa, para qu se usa.

Sabemos, eso s, que el pueblo opina todo el tiempo, que saber su querer y su padecer no es difcil, porque ahora el pueblo habla sin tapujos en la guagua, en el almendrn, en la cola de la bodega, en el muro diario de las lamentaciones de las amas de casa, en los balcones descascarados de todos los rincones de Cuba, en los surcos ardientes de la sabana y en la ribera fresca de los estrechos ros.

Sin embargo, no me parece que la opinin del pueblo sea la referencia ms dominante en las polticas pblicas de los rganos de la administracin central del Estado, ni que lo que decimos por telfono o cuando esperamos al mdico de la familia, sea usado como razn constante de gobierno.

Para opinar hace falta saber qu opinan los dems. La poltica no se verifica cuando se escucha o se espa la conversacin de los sujetos populares mientras estos viven sus vidas, sino cuando estos opinan de forma abierta en un ejercicio libre de participacin responsable y no misterioso.

Mi opinin comn y corriente sobre cmo mejorar el transporte, el comercio interior o la recogida de basura en La Habana, no es la que doy cuando hablo con un sufrido transente tan embarcado como yo en la parada del mnibus, sino cuando el funcionario me convoca porque quiere escucharme, con respeto. Porque mi saber y mi experiencia vital valen.

Se opina en la plaza, en la asamblea, en la reunin, en la fbrica, en el aula, no porque haya un lugar idneo para opinar, sino porque cuando el pueblo habla se le debe or porque se trata del soberano, que no solo opina, sino que sobre todo manda; o debera mandar.

Tampoco plantea el pueblo, como tanto le gusta repetir a las administraciones locales y a las asambleas de municipios y provincias. Los planteamientos suelen ser respondidos, pero la mayor parte de las veces el problema que se denuncia no se resuelve. Lo que cuentan las administraciones es la cantidad de planteamientos que han recibido alguna respuesta, para que no queden cabos sueltos ni gente indispuesta.

Cuando por vez dos mil en nuestra vida decimos a un delegado ojeroso de tantos problemas que carga en sus espejuelos, que el pan sigue flaco y cido, no es para que se anote como un planteamiento, sino para que el pan no se venda ms tan malo. El pueblo no plantea que la calle est rota, sino que manda a que se arregle, el pueblo no plantea que faltan medicinas, lo que hace es mandar a que aparezcan.

El pueblo al que pertenezco no est en el poder porque no decide nada de lo que le es primordial y definitorio. No fuimos nosotros los que decidimos subir el precio de la leche en polvo ni de la gasolina, ni fuimos los que consideramos que con una sola licencia de trabajo por cuenta propia bastaba, ni fuimos los que acordamos que existira la propiedad de las empresas mixtas, ni los que quitamos la validez de las cartas por las que algunos compraban carros de segunda mano.

No fuimos los que mandamos a conversar con los estadounidenses, ni los que subimos los impuestos, ni los que quitamos la libreta de productos normados industriales, tampoco hemos decidido al revs lo que no queremos, ni nos han preguntado qu nos gusta de la Revolucin todava y qu no, qu nos gusta del socialismo todava y qu no.

Cuando el pueblo habla no opina para que un personaje escondido como el mago de Oz nos hable algn da de nuestros sueos inalcanzables, sino que manda a que se borren las pesadillas de nuestros hijos y a que se le deje hacer por Cuba lo que los burcratas no han podido o no han querido.

Somos el pueblo soberano. Cuando decimos y gritamos que algo nos hiere y nos desespera, no damos nuestra humilde opinin ni planteamos nuestra angustia retenida, no opinamos ni planteamos, exigimos el fin de lo que pesa y apena.

Fuente: http://oncubamagazine.com/columnas/ni-opino-ni-planteo/



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