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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2018

Palabras que matan y legitiman el crimen
Los de faldas!

Renn Vega Cantor
Rebelin


El 16 de diciembre de 2017 el Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, afirm sin inmutarse que los asesinatos de dirigentes sociales, lderes comunitarios y ex guerrilleros no estaba relacionado con sus actividades, sino que, en su inmensa mayora, son fruto de un tema de linderos, de un tema de faldas, de peleas por rentas ilcitas.

Esta afirmacin, aparte de ser completamente irresponsable, se convierte en una legitimacin de los cientos de asesinatos polticos que siguen sucediendo en Colombia. Declaraciones de este tipo forman parte de la muralla desinformativa que se ha erigido en este pas, y la cual no se quiere derribar por parte de los voceros del Estado ni de los grandes medios de incomunicacin.

Este tipo de lenguaje denota que la lgica terrorista del Estado no se ha atenuado ni una pizca, a pesar de que se genere una retrica paralela de paz y de concordia, que no logra ocultar las dimensiones del lenguaje contra-insurgente y de enemigo interior que se ha creado en este pas durante el siglo XX, y que se niega a desaparecer, como lo muestran las infames declaraciones del Ministro de Ofensa (perdn, de Defensa).

Al respecto, vale la pena recordar en forma rpida algunos de los peores ejemplos del uso de un lenguaje que justifica el crimen de los que son considerados como adversarios y enemigos, y cuyas vidas no tendran ningn valor en esa lgica criminal de tipo contra-insurgente. El asunto se remite a lo sucedido desde 1918, con las primeras manifestaciones y protestas obreras y artesanales, las cuales fueron catalogadas como sucedi con las huelgas en la costa atlntica y la masacre de artesanos en Bogot en marzo de 1919 como producto de la accin del bolchevismo. Utilizar ese mote justificaba la muerte de obreros y trabajadores humildes, a los que se les indilgaban propsitos desestabilizadores que estaban muy lejos de su sentir.

El hecho ms lamentable en esta misma direccin fue el de la Masacre de las Bananeras, cuando cientos de trabajadores fueron asesinados en diciembre de 1928 por el Ejrcito colombiano con el pretexto de que los huelguistas se haban convertido en una cuadrilla de malhechores que pona en peligro la estabilidad del pas, como producto de la accin de comunistas y anarquistas.

De ah en adelante, hasta el da de hoy, esa lgica anticomunista y contrainsurgente se ha mantenido, siendo una de sus manifestaciones esenciales el uso de cierto tipo de lenguaje, descalificador, peyorativo y sealador, para legitimar la muerte o la desaparicin de aquellos que deberan ser eliminados fsica y espiritualmente, porque as lo consideran los colombianos de bien.

Lo cierto es que ese lenguaje ha sido reiteradamente usado por presidentes de la Repblica, Ministros, parlamentarios, sacerdotes de las altas jerarquas, militares, empresarios., siempre con las mismas consecuencias. Los ejemplos abundan.

Cuando en junio de 1954 fueron masacrados varios jvenes en el centro de Bogot, los voceros del rgimen militar se inventaron la versin de que los militares se defendieron de una agresin realizada por miembros del comunismo internacional y por eso dispararon contra inermes estudiantes.

En agosto de 1959, durante una pacfica marcha de trabajadores de la caa de azcar que se diriga a Cali, fueron asesinados dos corteros en forma aleve por tropas del Ejrcito. Inmediatamente, el presidente Alberto Lleras Camargo adujo que los dirigentes del paro son responsables de la tragedia y el desorden.

En febrero de 1963, luego de que fueron masacrados doce personas en el municipio de Santa Brbara (Antioquia), entre ellas una pequea nia, cuando huelguistas intentaban impedir la circulacin de camiones con cemento, la prensa, y los voceros del gobierno de Guillermo Len Valencia sealaron que el Ejrcito se haba visto obligado a disparar porque haba sido atacado por trabajadores revoltosos, agitadores comunistas y subversivos.

En septiembre de 1977, el paro cvico nacional fue reprimido sangrientamente y en la ciudad de Bogot dejo un saldo de una veintena de muertos, los que fueron calificados por los voceros del gobierno de Alfonso Lpez Michelsen como personeros de la subversin y traficantes de la inconformidad popular.

El 22 de marzo de 1990 fue asesinado el candidato presidencial de la Unin Patritica Bernardo Jaramillo. Dos das antes, Carlos Lemos Simonds, Ministro de Gobierno, seal: el pas ya est cansado y una prueba de ese cansancio es que en estas elecciones vot contra la violencia y derrot al brazo poltico de las Farc que es la Unin Patritica. En este caso, el lenguaje oficial se convirti en una orden para matar a un candidato de la izquierda.

Ms recientemente, cuando fueron asesinados varios dirigentes sindicales en Arauca el 5 de agosto de 2004, el vicepresidente de la Repblica, Francisco Santos, los catalogo como terroristas que haban muerto en combate con el Ejrcito.

La joya de la corona, por sus dimensiones, cinismo e impunidad, se la lleva lvaro Uribe Vlez cuando hablando del asesinato de varios miles de colombianos, en lo que de manera eufemstica se denomin falsos positivos, justific ese crimen diciendo que los muertos no deberan estar recogiendo caf.

La lista podra extenderse hasta llenar cientos de pginas. Solo se trataba de recordar algunos ejemplos del empleo de un lenguaje agresivo que se usa como un arma de guerra, para destruir fsica y/o moralmente a los adversarios. Con la utilizacin de dicho lenguaje ya se siembra duda y cizaa sobre una persona determinada, antes o despus de matarla.

Por esa razn, declaraciones como las del Ministro de Defensa simplemente proyectan un comportamiento de larga duracin, sustentando en la impunidad que genera cinismo y desfachatez, que recurre a un lenguaje deshumanizante y que bestializa a los adversarios. Si dicho lenguaje no tuviera las consecuencias criminales que conocemos y padecemos en este pas, el asunto no pasara de ser meramente anecdtico, pero por desgracia no es as. Y en tal sentido es una manifestacin de una lgica contrainsurgente que impregna el comportamiento de las clases dominantes de este pas, reafirmada con las influencias de una lgica traqueta, para la cual la vida de los luchadores sociales y polticos no vale nada. Para ellos, adems, se agrega el estigma que tiene efectos aprobatorios entre la poblacin, de sealar que si a alguien lo matan por algo ser, algo habr hecho. En el caso que comentamos, simplemente decir que a los lderes sociales los aniquilan por los de falda, quiere decir que son crmenes pasionales aislados, y no una prctica genocida y sistemtica, en la que tiene una responsabilidad central el Estado, las fuerzas armadas y sus socios paramilitares.


Publicado en papel en Periferia (Medelln), enero de 2018.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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