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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2018

Antonio Gramsci: la cultura y los intelectuales

Arnaldo Crdova
La Jornada


En este joven solitario, sin afectos, sin alegras, debe darse una gran tortura interior, una disidencia terrible que lo ha conducido a hacerse, interiormente, casi de modo inconsciente, apstol y asceta. Su tortura ha comenzado con sus condiciones fsicas: es jorobado y est consumido por enfermedades nerviosas. sta su vida constantemente pura y seria ha hecho, desde luego, que en Turn, aunque no sea renombrado pblicamente tenga, empero, una influencia grandsima en todos los ambientes socialistas y la seccin turinesa siga sus directivas. Por l todos los jvenes socialistas tienen una admiracin y una fe entusiastas. Intransigente, hombre de partido, a veces casi feroz, ejercita su crtica tambin en contra de sus compaeros, no por polmica personal o cultural, sino por una necesidad insaciable de sinceridad. En el partido cumple una funcin de verdadera moralidad. (Piero Gobetti, carta a Giuseppe Prezzolini del 25/VI/1920, Carteggio. 1918-1922).


Graffiti en Gramsci Monument, Forest Houses, New York

I

Antonio Gramsci (Ales, provincia de Cagliari, en Cerdea, 1891-Roma, 1939) es el ms grande pensador marxista que se haya dedicado al estudio del papel de la cultura y de sus creadores, los intelectuales, en la vida social, econmica y poltica. Sus estudios, l mismo lo anticipaba, no pretendan ser de carcter sociolgico, sino, precisamente, culturales e histricos (Quaderni del carcere, Einaudi, Torino, 1975, p. 1515). Ningn otro estudioso, de hecho, de ninguna tendencia ideolgica o filosfica, ha aportado lo que Gramsci a la comprensin del rol que la cultura y la creacin espiritual y, sobre todo, los intelectuales, desempean en la vida social en todos sus aspectos en el mundo moderno. l es nico entre los marxistas, porque ninguno se haba ocupado de esta crucial temtica. Y resulta nico entre todos los que han estudiado los fenmenos culturales y espirituales de la sociedad, porque ninguno lleg a los hallazgos que l logr.

Gramsci jams crey en fatalismos materialistas o determinismos econmicos. Para l, el mundo es el escenario de la vida social, en el que los hombres, con todas sus capacidades espirituales y todas sus energas naturales, actan y crean su vida en sociedad. Los hombres, al actuar en el mundo, crean la cultura, que es la obra humana en la realidad natural. Pueden destruirlo todo, es posible; pero incluso eso es obra suya y no hay fuerzas ocultas en la naturaleza que lo obliguen a hacer lo que no quiere o l mismo no decide. Las llamadas fuerzas productivas de la sociedad, que los marxistas convirtieron en un fetiche con poderes demirgicos, no son slo cosas, fuerzas ciegas de la naturaleza, sino y sobre todo, inteligencia aplicada, pensamiento organizado y voluntad de crear y de cambiar en la realidad.

Para Gramsci no es que existan, dualsticamente, por un lado, la realidad ciega y, por el otro, la inteligencia y el pensamiento organizado. Mientras el hombre exista, el pensamiento ser siempre parte indisoluble de la realidad. Donde el hombre existe, ste forma parte de la realidad primaria y siempre ser la fuerza motriz y dinmica de la realidad material. El pensamiento en abstracto, existente por s mismo, es una necedad; la empiria que opera ciegamente es un sinsentido.

Estas ideas, por supuesto, las produjo Gramsci en su contacto con Marx y son fruto de su personal interpretacin de las doctrinas del mismo Marx. Gramsci lleg a l gracias a Benedetto Croce y, tambin, a los escritos de Antonio Labriola, reputado introductor del marxismo en Italia. Croce, a su vez, lleg a Marx debido al hasto que el mismo liberalismo en el que haba nacido intelectualmente le produca y porque, lo que l crea que era su fruto directo, la democracia, simplemente no lograba digerirla. Croce vea a Marx inextricablemente ligado a Hegel.

Pero lo que ms repudiaba Gramsci, sobre todo el joven Gramsci, era el materialismo mecanicista y el positivismo del que, pensaba, el marxismo haba sido una vctima propiciatoria. Para el pensador sardo, lo que Marx predica no es el materialismo, sino la accin de los hombres en la realidad y los hombres son, ante todo, seres espirituales, espritu en accin. Todava joven, lleg a escribir: El comunismo crtico no tiene nada en comn con el positivismo filosfico, metafsico y mstico de la Evolucin de la Naturaleza. El marxismo se funda sobre el idealismo filosfico, el cual, empero, no tiene nada en comn con lo que ordinariamente se expresa con la palabra idealismo, o sea, el abandonarse a los sueos y a las quimeras caras al sentimiento, el tener siempre la cabeza entre las nubes, sin preocuparse de las necesidades y de las urgencias de la vida prctica. El idealismo filosfico es una doctrina del ser y del conocimiento, segn la cual estos dos conceptos se identifican y la realidad es lo que se conoce tericamente, nuestro mismo yo. El joven Gramsci no reconoce en Marx a un filsofo: Marx escriba en efecto no era un filsofo de profesin y, a veces, dormitaba l tambin (Scritti giovanili. 1914-1918, Einaudi, Torino.)

Ese punto de vista cambi un poco con el tiempo. El pensador de Ales muy pronto reconoci que la obra de Marx y, en particular su concepcin del materialismo histrico, era no slo una filosofa con un rol que desempear en la cultura moderna, sino que era, adems, la superacin de todas las filosofas; la parte esencial del marxismo apuntaba est en la superacin de las viejas filosofas y tambin en el modo de concebir la filosofa, lo que se necesita demostrar y desarrollar sistemticamente. Desde el punto de vista terico, el marxismo no se confunde y no se reduce a ninguna otra filosofa; l no slo es original en cuanto supera las filosofas precedentes, sino original, especficamente, en cuanto abre un camino completamente nuevo, vale decir, renueva de la cima al fondo el modo de concebir la filosofa (Quaderni) Ello no obstante, para Gramsci sigue siendo esencial en el marxismo su aporte cultural: la accin del hombre en la historia y su obra transformadora.

Se parte de la realidad, porque vivimos en ella, es cierto, pero eso es slo un dato factual, necesario. Es cierto que formamos parte de esa realidad, pero es slo el principio y no es lo ms importante. Lo importante es que, estando en la realidad, actuamos sobre ella y la transformamos de acuerdo con nuestro pensamiento, con nuestras ideas. Estamos en (inmanencia), pero somos en. Desde el punto de vista de la investigacin histrica dice Gramsci en el mismo lugar se debe tomar en cuenta desde qu elementos Marx ha partido en su filosofar, cules elementos ha incorporado, volvindolos homogneos, etctera; entonces se deber reconocer que de estos elementos originarios el hegelismo es el ms importante relativamente, en especial por su propsito de superar las concepciones tradicionales de idealismo y de materialismo. Cuando se dice que Marx adopta la expresin inmanencia en sentido metafrico, no se dice nada: en realidad, Marx da al trmino inmanencia un significado propio, lo que quiere decir que l no es un pantesta en el sentido metafsico tradicional, sino un marxista o un materialista histrico. De esta expresin materialismo histrico se ha dado el mayor peso al primer miembro, mientras que debera ser dado al segundo: Marx, esencialmente, es un historicista.

Gramsci era claramente acrtico del concepto del historicismo. Para l no se identificaba con el finalismo hegeliano ni de cualquier otro tipo. No era el fin al que la historia se encamina para su total culminacin. Esta idea no tena sentido para l. Hay aqu una reivindicacin de un nuevo concepto de la historia: sta no es ms que el registro de la accin de los hombres sobre su realidad material en el tiempo. Es la obra humana en el mundo. Es el mundo de los hombres, el cual se significa por ser, ante todo, espritu. Se puede decir escriba Gramsci que la naturaleza del hombre es la historia (y en este sentido, dado que la historia es igual a espritu, que la naturaleza del hombre es el espritu), si, justamente, se da a la historia el significado de devenir, en una concordia discors que no parte de la unidad, sino que tiene en s las razones de una unidad posible: por ello la naturaleza humana no puede hallarse en ningn hombre particular, sino en toda la historia del gnero humano mientras que en cada individuo se encuentran caracteres puestos de relieve por la contradiccin con los de otros (Quaderni...)

Si el hombre en el mundo es, ante todo, espritu, fcil es colegir que la verdadera ley de la historia es la libertad. Ya el joven Gramsci haba enunciado que la libertad es la fuerza inmanente de la historia, que hace explotar todo esquema preestablecido, de manera que el desarrollo est gobernado por el ritmo de la libertad (Scritti giovanili). El Gramsci maduro profundiza en el concepto y lo radicaliza hasta hacer del hombre el agente transformador de la historia. Posibilidad escriba quiere decir libertad. La medida de la libertad entra en el concepto del hombre En este sentido, el hombre es voluntad concreta, o sea, aplicacin efectiva del querer abstracto o impulso vital a los medios concretos que realizan tal voluntad. Se crea la propia personalidad: 1) dando una direccin determinada y concreta (racional) al propio impulso vital o voluntad; 2) identificando los medios que vuelven esa voluntad concreta y determinada y no arbitraria; 3) contribuyendo a modificar el conjunto de las condiciones concretas que realizan esta voluntad en la medida de los propios lmites de potencia y en la forma ms fructfera (Quaderni)

II

Qu es lo que el hombre produce en su paso por la vida en esa infinita realidad que lo circunda y en la que existe y vive? Es la cultura. Gramsci tiene muchos conceptos de cultura. Para l, por ejemplo, es todo lo que el hombre crea en su devenir en la historia; puede ser, tambin, un conjunto de reglas del comportamiento; adems, un modo de ser de toda una sociedad, que incluye puntos de vista sobre la vida, apreciaciones de los valores que le son propios; tambin todo el catlogo de los hechos histricos que se signifiquen por la creacin de obras de arte, ideas, creencias, religiones o todo tipo de expresin. Muy a menudo, el pensador de Ales se refiere en esos trminos a la cultura. Pero l tiene un concepto mucho ms dinmico y creativo de lo que es la cultura. En un escrito de juventud afirmaba: la cultura es organizacin, disciplina del propio yo interior, es toma de conciencia de la propia personalidad, es conquista de conciencia superior, por la cual se logra comprender el propio valor histrico (Scritti giovanili).

Poco despus, escriba: Yo tengo de la cultura un concepto socrtico; creo que es pensar bien, cualquier cosa que se piense y, por tanto, un optar bien, cualquier cosa que se haga. Y como s que la cultura es ella tambin concepto basilar del socialismo, porque integra y concreta el concepto vago de libertad de pensamiento, del mismo modo quisiera que fuese vivificado desde lo alto, desde el concepto de organizacin.En otra ocasin expona: Yo doy a la cultura este significado: ejercicio del pensamiento, adquisicin de ideas generales, hbitos que deben conectar causas y efectos. Para m todos son ya cultos, porque todos piensan, todos conectan causas y efectos. Pero lo son empricamente, primordialmente, no orgnicamente. Por lo tanto, se tambalean, se abandonan, se ablandan o se vuelen violentos, intolerantes, rijosos, segn los casos y las contingencias. Ms tarde, ya desde la crcel, Gramsci reivindica de nuevo la cultura como la potencia fundamental de pensar y de saberse dirigir en la vida (Quaderni)

La cultura es la historia o, mejor dicho, es la historia realizada, el fruto de la vida de los hombres y es, al mismo tiempo, el modo de ser de los hombres en la realidad histrica. No se puede existir sin cultura, sin ser cultos, sin crear culturalmente. Todos los hombres, a su modo, son cultos, pero todos en diverso grado. El hecho es que todos crean culturalmente. Pero no todos crean para siempre, fr ewig, como dira Goethe (Lettere dal carcere.) No todos pueden hacerlo. La sociedad en su infinita diversificacin se ocupa de crear y formar a quienes encarga de la funcin. Esos son los intelectuales.

Si bien los intelectuales forman una categora social perfectamente distinguible por sus caractersticas particulares, ellos no forman una clase social por s solos. Siempre se crean en el seno de otras clases y se desarrollan dentro de ellas. No es que necesariamente nazcan en la misma clase; los intelectuales son continuos migrantes de clases y pueden identificarse con cualquiera de ellas. Gramsci lo dice as: Cada grupo social, naciendo en el terreno originario de una funcin esencial en el mundo de la produccin econmica, se crea al mismo tiempo, orgnicamente, uno o ms rangos de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de su propia funcin no slo en el campo econmico, sino tambin en el social y el poltico (Quaderni) Se trata de un proceso interno de divisin del trabajo: los intelectuales se vuelven orgnicos al ocuparse del desarrollo de ciertos aspectos de la vida intelectual del grupo o clase. Se puede observar nos dice que los intelectuales orgnicos que una nueva clase crea consigo misma y elabora en su desarrollo progresivo, son en su mayor parte especializaciones de aspectos parciales de la actividad primitiva del tipo social nuevo que la nueva clase ha alumbrado.

Todos los aspectos de la vida social tienen su lado intelectual. La vida en sociedad es, en gran parte, vida intelectual. Por eso, Gramsci llega a escribir: Todos los hombres son intelectuales; pero no todos los hombres tienen en la sociedad la funcin de intelectuales. Se trata de una especializacin en las diversas funciones del trabajo intelectual. Esas funciones son de una gran diversidad y la especializacin de los individuos muestra el grado de profesionalizacin del trabajo intelectual. Nos dice Gramsci al respecto: La actividad intelectual debe ser distinguida en grados incluso desde el punto de vista intrnseco, grados que en los momentos de extremada oposicin dan una real y verdadera diferencia cualitativa: en el ms alto escaln debern ubicarse los creadores de las diversas ciencias, de la filosofa, del arte, etctera; en el ms bajo los ms humildes administradores y divulgadores de la riqueza intelectual ya existente, tradicional, acumulada.

Para Gramsci es de la mxima importancia subrayar que una parte de la vida social, quiz la ms importante, es, precisamente, la vida intelectual. Todos los hombres, en diferente grado, son intelectuales. Cuando se distingue nos dice entre intelectuales y no-intelectuales, en realidad se hace referencia slo a la inmediata funcin social de la categora profesional de los intelectuales, vale decir, se tiene en cuenta la direccin en que gravita el peso mayor de la actividad especfica profesional, si en la elaboracin intelectual o en el esfuerzo muscular-nervioso. Eso significa que si se puede hablar de intelectuales, no se puede hablar de no-intelectuales, porque no-intelectuales no existen. sa es, acaso, la razn de la enorme importancia, una importancia vital, que los intelectuales tienen para la sociedad: si la actividad de ellos fuese totalmente abstracta, es decir, completamente aislada de la vida social y si sta no tuviera como parte inherente un enorme componente intelectual, los intelectuales no tendran razn de existir. Pero sucede que la sociedad los necesita, por una parte, para que cultiven su lado intelectual y lo engrandezcan y, por otra, para que la ayuden a organizar esa parte importante de su ser.

Los intelectuales son, as, creadores de cultura y organizadores de la vida social que tiene que ver con su actividad. En un escrito de la poca en la que Gramsci fue encarcelado y que se significa porque es el ms profundo anlisis de la funcin de los intelectuales realizado hasta entonces (Gramsci fue detenido en 1926), Alcuni temi della quistione meridionale, el pensador sardo nos descubre esa caracterstica particular de los intelectuales: casi siempre sin que se den cuenta, son grandes organizadores de la cultura. Y para ello no necesitan tener puestos burocrticos o alguna forma de poder. Lo hacen espontneamente, sin que nadie se lo encargue o se lo indique. Simplemente, por la actividad que realizan. Surge otro hecho importante: tambin sin que lo sepan o sean conscientes de ello, los intelectuales hacen siempre poltica, intervienen en la poltica y determinan muchas cosas de la poltica. Y eso sin hablar de la enorme gama de intelectuales, en la que los burcratas deben ser considerados intelectuales. Slo refirindonos a los intelectuales de altos vuelos, los que estn dedicados slo al cultivo de las ciencias, la filosofa o las artes, debe decirse que ellos determinan siempre el rumbo de la vida social, para bien o para mal.

Ese fue el enorme hallazgo de Gramsci. En La quistione meridionale, Gramsci hace por primera vez la distincin entre el intelectual de las sociedades agrarias y tradicionales y el intelectual de las sociedades urbanas. Al respecto, anota: El viejo tipo de intelectual era el elemento organizativo de una sociedad de base campesina y artesanal prevalentemente; para organizar el Estado, para organizar el comercio, la clase dominante cebaba un particular tipo de intelectual ( en La questione meridionale.) Sin los intelectuales, que son slo mandaderos de la clase dominante (Quaderni), la sociedad, sea sta tradicional o agraria o urbana e industrial, simplemente no podra funcionar. Decir, con Gramsci, que todos los hombres son cultos o que todos son intelectuales, en diversos grados, es ya consagrar la importancia vital de los intelectuales y de la vida intelectual para la sociedad.

III

La poltica es parte esencial de la vida de los intelectuales, as se dediquen a las actividades ms abstrusas y aisladas. Ellos cuentan siempre con los medios o las tribunas desde las cuales expresarse. Su gran diversidad corresponde a una amplsima divisin del trabajo que los hace un elemento omnipresente en la vida social. Ellos tienen muchsimas posibilidades de manifestarse y hacer presentes sus intereses. Pero aun pensando en los intelectuales aislados y que slo viven de su trabajo individual, ellos son seres privilegiados desde un cierto punto de vista. Son como los sacerdotes de la vida cvica. Piensan y pueden transmitir a los dems lo que piensan.

Todos los que sirven al Estado en calidad de burcratas o empleados realizan una funcin intelectual, aunque mezquina, y son, por lo tanto, tambin intelectuales. De nfima categora, si se quiere, pero lo son. Ningn Estado ni ninguna sociedad pueden funcionar sin esa categora de intelectuales. En el sector privado, digamos en las grandes y pequeas empresas, el elemento intelectual, cifrado en sus directivos y sus especialistas, es decisivo para su existencia y su progreso. Hasta en la sociedad rural se hace presente de modo imperativo el elemento intelectual: sin curas, sin abogados provincianos, sin poetas lugareos, sin artistas folclricos, sin agentes comerciales, nada podra funcionar. Y sera un despropsito pensar que todo ese montn de pequeos intelectuales no significa nada en la direccin espiritual y poltica de la sociedad. Los intelectuales y lo intelectual estn por todos lados.

A veces, los grandes intelectuales son capaces de transformar toda una poca, con slo desplegar su trabajo especializado. A Croce, por ejemplo, Gramsci le atribuye haber llevado a cabo la nica reforma, la reforma intelectual, que era posible en el sur italiano (el Mezzogiorno, el Meridione). Con l ha cambiado la direccin y el mtodo del pensamiento, ha sido construida una nueva concepcin del mundo que ha superado al catolicismo y a toda otra religin mitolgica. En este sentido, Benedetto Croce ha cumplido una altsima funcin nacional; ha separado los intelectuales radicales del Medioda de las masas campesinas, hacindolos participar en la cultura nacional y europea y, a travs de esta cultura, los ha llevado a ser absorbidos por la burguesa nacional y, por consiguiente, por el bloque agrario (La quistione meridionale).

Croce representaba la nueva imagen de la intelectualidad italiana, que hasta antes de la unificacin era, esencialmente, cosmopolita y nunca haba logrado ser nacional. Para Gramsci haba faltado una base material a la cultura nacional italiana o, en todo caso, ella no estaba en Italia. Esta cultura italiana apunta el pensador de Ales es la continuacin del cosmopolitismo medieval ligado a la Iglesia y al Imperio, concebidos como universales. Italia tiene una concentracin internacional, acoge y elabora tericamente los reflejos de la ms slida y autctona vida del mundo no italiano. Los intelectuales italianos son cosmopolitas, no nacionales; incluso Maquiavelo en El prncipe refleja a Francia, a Espaa, etctera, con su esfuerzo por la unificacin nacional, ms que a Italia (Quaderni; tambin, Lettere dal carcere.)

Ahora bien, a Gramsci no le interesaban tanto los grandes intelectuales en lo particular como los grupos de intelectuales o, tambin, los intelectuales segn sus caractersticas (tradicionales, urbanos), en general. Todos ellos se manifiestan a travs de sus relaciones con los dems o con el grupo social con el cual se identifican. La funcin de los intelectuales, desde este punto de vista, es convertirse en conciencia de aquellos a los que quieren representar, apuntalar su accin en la vida social y ampliar los horizontes de ese mismo grupo. No se trata de un hecho concertado, habr que insistir, sino de algo espontneo que surge en el desarrollo mismo de la sociedad. Un grupo social sin intelectuales y, menos todava, sin vida intelectual, es un absurdo. Toda clase social se hace de sus propios intelectuales o se atrae a los de los otros grupos. Los intelectuales tienen la misin especfica de ser representantes espirituales y morales de la sociedad y de los grupos que la integran.

Para Gramsci la moral tradicional, como conjunto de valores y prejuicios, es absolutamente repudiable. La moral, al igual que la cultura, es ante todo una actitud, una condicin del ser pensante que es el hombre. El mundo es el escenario en que vivimos, actuamos y padecemos. Somos espritu viviendo en el mundo. Somos, como lo haba postulado Kant, seres de fines, que a travs de esos fines nos realizamos. La moral no tiene nada que ver con esos esperpentos ideolgicos que son los prejuicios convertidos en valores y que a menudo caen en la inhumanidad y, lo peor de todo, en la bestialidad. La moral es entereza, integridad y, sobre todo, voluntad de hacer y de actuar. El hombre, como intelectual (y todos los hombres son intelectuales), es un bloque histrico de elementos puramente individuales o subjetivos y de elementos de masa y objetivos o materiales con los que el individuo est en relacin activa.

El hombre, siempre concebido como intelectual, es un ser destinado a transformar al mundo, material y moralmente. Transformar al mundo externo escribe, en efecto, las relaciones generales, significa potenciarse a s mismo, desarrollarse a s mismo. Que el mejoramiento tico sea puramente individual es una ilusin y un error: la sntesis de los elementos constitutivos de la individualidad es individual, pero no se realiza ni se desarrolla sin una actividad hacia lo externo, modificadora de las relaciones exteriores, desde aquellos hacia la naturaleza hasta los que tienen que ver con los dems hombres en diversos grados, en las diferentes formaciones sociales en las que se vive, hasta la relacin mxima, que abarca a todo el gnero humano. Por lo mismo, se puede decir que el hombre es esencialmente poltico, pues la actividad para transformar y dirigir conscientemente a los dems hombres realiza su humanidad, su naturaleza humana (Quaderni)

Para Gramsci, la revolucin se cifra en una completa y total reforma intelectual y moral de la sociedad. Para ello se necesita a los intelectuales o, por lo menos, que los intelectuales estn de acuerdo con ello. Cuando eso ocurre, entonces la reforma se pone en marcha, para dar lugar a un nuevo bloque de fuerzas que miran a transformar a la sociedad. Es por ello esencial para todo grupo que aspira a imponer su hegemona hacerse del mayor nmero de intelectuales y convertirlos en intelectuales orgnicos. De ellos va a depender el futuro poltico del grupo. Gramsci lo dice as: Una de las caractersticas ms relevantes de cada grupo que se desarrolla hacia el dominio [de la sociedad] es su lucha por la asimilacin y la conquista ideolgica de los intelectuales tradicionales, asimilacin y conquista que son tanto ms rpidas en tanto el grupo dado elabora simultneamente sus propios intelectuales orgnicos (Quaderni)

Atraerse a los intelectuales, en general, va a depender de que el grupo que se encamina hacia el dominio hegemnico de la sociedad sepa formar (elaborar) a sus propios intelectuales. Al respecto, se debe anotar que no existe una clase independiente de intelectuales, sino que cada grupo social tiene una formacin de intelectuales que le es propia o tiende a formrsela; pero los intelectuales de la clase histricamente (y realistamente) progresista, en las condiciones dadas, ejercen tal poder de atraccin que terminan, en ltimo anlisis, por subordinarse a los intelectuales de los otros grupos sociales y, por tanto, por crear un sistema de solidaridad entre todos los intelectuales con ligmenes de orden psicolgico (vanidades, etctera) y, a menudo, de casta (tcnico-jurdicos, corporativos, etctera).

Finalmente, este hecho es tan importante para la definicin de la misma hegemona social y poltica del grupo en cuestin, que Gramsci no duda en hacer depender de que haya una gran formacin intelectual ligada al grupo dominante el modo como se ejerce el poder. Si los intelectuales imponen abiertamente su presencia, tendremos una dominacin que ser, ante todo, intelectual; la ausencia de intelectuales en la poltica va acompaada, por lo general, de un ejercicio autoritario y desptico del poder. Gramsci anota al respecto que la atraccin de los intelectuales se verifica espontneamente en los perodos histricos en los cuales el grupo social dado es realmente progresista, vale decir, hace avanzar de hecho a toda la sociedad, satisfaciendo no slo sus exigencias existenciales, sino ampliando continuamente sus propios cuadros por la continua toma de posesin de nuevas esferas de actividad econmico-productiva. Apenas el grupo social dominante agota su funcin, el bloque ideolgico tiende a fracturarse y, entonces, a la espontaneidad puede sustituirse la constriccin en formas siempre menos larvadas e indirectas, hasta las medidas de autntica polica y los golpes de Estado.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/01/19/sem-arnaldo.html



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