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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2018

Elogio de la descripcin

Miguel Casado
Rebelin


Encuentro en un conocido diccionario de trminos lingsticos esta especie de definicin: Si ninguna unidad del tiempo de la historia corresponde a una determinada unidad del tiempo de la escritura, se hablar de digresin o de suspensin del tiempo. La digresin puede tener los rasgos de una descripcin, de una reflexin filosfica, etc. All donde se suspende el tiempo, pues, donde la historia no fluye, donde no pasa nada, no se producen hechos ni acciones; muchos diran: es la parte lenta, detenida, del relato, lo que es posible saltar sin perder el argumento. Me acuerdo, sin embargo, de algunas descripciones de Conrad que se apoyan en esta pretendida funcin de parntesis, descripciones de estancamiento, de quietud extrema, en cuyo tiempo no marcado se gesta la explosin; por ejemplo, la ltima noche de la calma que ha atrapado al barco, en La lnea de sombra, mientras se va cargando la tormenta en una oscuridad atroz; o, en El corazn de las tinieblas: La oscuridad empez a cubrirnos antes de que el sol se pusiera. La corriente flua rpida y tersa, pero una silenciosa inmovilidad cubra las mrgenes. Los rboles vivientes, unidos entre s por plantas trepadoras, as como todo arbusto vivo en la maleza, parecan haberse convertido en piedra, hasta la rama ms delgada, hasta la hora ms insignificante. Uno miraba aquello con asombro y llegaba a sospechar si se habra vuelto sordo. De pronto se hizo la noche, sbitamente, y tambin nos dej ciegos. A eso de las tres de la maana salt un gran pez, y su fuerte chapoteo me sobresalt como si hubiera sido disparado por un can. Una bruma blanca, caliente, viscosa, ms cegadora que la noche, empa la salida del sol; y luego: un aullido, un aullido terrible como de infinita desolacin, se elev lentamente en el aire opaco. Ces poco despus. Lo inesperado de aquel grito hizo que el cabello se me erizara debajo de la gorra. No s qu impresin les caus a los dems: a m me pareci como si la bruma misma hubiera gritado. El tiempo palpable, condensado en oscuridad y silencio, la concentracin de una energa que explota.

A veces me sorprende la necesidad que sienten algunos lectores de relatos de que pasen cosas, sin darse cuenta de la tensin extrema de las palabras que pasan por sus ojos sin que ellos las acusen. Por lo que sabemos, los animales que tienen sistemas muy perfeccionados de comunicacin, capaces incluso de predecir sucesos y de prescribir conductas, no disponen de la posibilidad de describir, que constituye, as, una de las virtudes ms hondamente humanas de la lengua. Y, cuando la descripcin abandona su apariencia de parntesis, cuando se independiza y convierte en material radical del texto, nos encontramos ante momentos muy altos de la literatura, ante los cuales a pocos se les ocurrira recurrir a la ingenua muletilla: eso son solo palabras.

En julio de 1936, el fotgrafo Walker Evans y el periodista James Agee pasaron unas semanas en el campo de Alabama, con el encargo de hacer un reportaje sobre la vida de los aparceros blancos del algodn. Las memorables fotos de Evans, alegato que an grita contra la raz que tiene la injusticia en el derecho de propiedad, convierten el texto de Agee quiz en el pulso ms valiente y admirable sostenido por la palabra con la imagen. Elogiemos ahora a hombres famosos, su libro, rene retratos en movimiento y fijos, inventarios conmovedores de los objetos de una familia, tacto de las tablas rodas de que se hacen las casas sin techo ni luz, tiene msica el canto de los tres negros, forzados por el propietario, en el que aprendemos a or y olor, texturas. Tiene la irreductible realidad fsica de los cuerpos el fino cuerpo de madera estaba mal templado y enfermo a simple vista, y las manos huesudas tenan venas como cuerdas; las levant, las baj, se las puso en los riones con las palmas hacia arriba y la dificultad, imposibilidad de sostenerles la mirada hasta hacerme sentir una debilidad fra e innoble. En lo que describe Agee no hay tiempo intensamente, la vibracin misma de la existencia; con ella, cada palabra es lo que dice y sigue mostrando ms all de cuando calla.

Siempre me ha sorprendido en Los siete pilares de la sabidura, de T. E. Lawrence, no ya la extraordinaria fuerza de las descripciones de los paisajes o de los animales que trasladan la rebelin rabe desde Medina hasta Damasco, de los inolvidables personajes, sino la persistencia de Lawrence en detallar la textura, la dureza, la composicin de los caminos, en detallar su color, la mezcla entre lo mineral y lo vegetal, el tipo de impacto en las pezuas de los camellos, la presencia de los trminos de la geologa atravesamos el resto de la llanura de arcilla, y penetramos en una llanura de firme suelo calizo, alfombrado de marrones guijarros de pedernal, y as jornada tras jornada, riberas y montaas, desiertos y acantilados. Escriba en cada una de sus noches bajo el cielo raso de Arabia?, tomaba notas, recoga muestras?, lo imagin todo cuando se puso a redactar el libro?, era una manifestacin de su angustioso deseo de realidad en medio de una empresa tan irreal como la suya?, una manifestacin de su distancia, del continuo murmullo mental de otra mirada, otra cultura? No es el menor de sus numerosos misterios.

Si tuviera que elegir una obra magna de la descripcin, tendra un puesto tan destacado como las anteriores un libro casi solo descriptivo, All lejos y tiempo atrs, de W. H. Hudson, memorias de los quince primeros aos de este autor, nacido en Argentina en 1841, convertido en escritor y ornitlogo a su regreso a Inglaterra, la tierra de sus padres, en los aos finales del XIX. Su vida de nio y adolescente en medio de la pampa, su extraordinaria capacidad de observacin y de memoria, los pjaros y los ros, los caballos y la gente, cada minuto, cada detalle, cada mnimo matiz, vivos hasta lo incomprensible. Dice Foucault, cuando intenta describir lo que ve en Las meninas, que lo visible y lo verbal son irreductibles entre s; que, si se quiere mantener abierta la relacin entre ambos, solo cabe no callarse, mantenerse en lo infinito de la tarea. Leo esa insistencia en los paseos de Hudson, en su forma de acechar en la quietud y de no detener nunca su mirada, en su la exigencia contemplativa de su vida y en su curiosidad irrestaable. De todas sus pginas maravillosas, puro milagro, recuerdo ahora las que cuentan un ao de cardos, cmo eso que consideramos una llanura ilimitada se puebla de esas plantas, que alcanzan tres metros de alto, impiden el paso de los caballos reducidos a mnimas trochas, tapan la luz de las estancias, de tan apretados crujen cada vez que una hoja se estira o se mantienen en pie an secos. El goce que extraa de las cosas dice, como si se le requiriera una explicacin era puramente fsico. El mero roce de una brizna de hierba me haca feliz, y ciertos colores de las flores y del plumaje y los huevos de las aves, como el prpura brillante de la cscara del huevo de tinam, me embriagaban de gozo. Escribir quiz sea tener esta viva sensibilidad tambin para el roce y el color de las palabras, y no renunciar a encontrar en ellas la ampliacin del mundo. Quisiera decir son deseos de Wittgenstein: Estas notas musicales dicen algo magnfico, pero no s qu. Esas notas son un gesto poderoso, pero no las puedo comparar con nada que las explique. Una inclinacin de cabeza profundamente seria. James: Nos faltan las palabras. Entonces, por qu no las introducimos? Qu debera ocurrir para que lo pudisemos hacer?

 

Lecturas:

Oswald Ducrot y Tzvetan Todorov, Diccionario enciclopdico de las ciencias del lenguaje. Traduccin de Enrique Pezzoni. Buenos Aires, Siglo XXI, 1974.

Joseph Conrad, La lnea de sombra. Traduccin de Javier Snchez Das. Madrid, Ctedra, 1985.

, El corazn de las tinieblas. Traduccin de Sergio Pitol. Biblioteca personal Jorge Luis Borges, Barcelona, Orbis, 1986.

James Agee, Elogiemos ahora a hombres famosos. Traduccin de Pilar Giralt Gorina. Barcelona, Seix Barral, 1993.

T. E. Lawrence, Los siete pilares de la sabidura. Traduccin de Alberto Cardn. Madrid-Gijn, Jcar, 1986.

W. H. Hudson, All lejos y tiempo atrs. Traduccin de Miguel Temprano Garca. Barcelona, Acantilado, 2003.

Michel Foucault, Las palabras y las cosas. Traduccin de Elsa Cecilia Frost. Mxico, Siglo XXI, 1974.

Ludwig Wittgenstein, Investigaciones filosficas. Traduccin de Alfonso Garca Surez y Ulises Moulines. Barcelona, Universidad Nacional Autnoma de Mxico y Ed. Crtica, 1988.

 

(Este texto ha sido publicado en la revista mexicana Peridico de Poesa)


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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