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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2018

El Procs y el tres per cent

Juan Francisco Martn Seco
Repblica de las ideas


El pasado da 15, nueve aos despus de comenzar la instruccin, se ha conocido la sentencia del llamado caso Palau en la que se pone de manifiesto judicialmente algo que desde hace muchsimos aos era un secreto a voces. Estaramos tentados a pensar que nos encontramos en un caso ms de corrupcin de los muchos que se han dado en las instituciones cuando un partido las ha controlado durante largo tiempo. PSOE, PP, hasta IU, Podemos, todas las formaciones polticas que han ostentado el poder han cado en casos de corrupcin. Esta relacin est sometida a una regularidad casi matemtica. A mayor poder, ms corrupcin. Cabra deducirse, por tanto, que nada nuevo bajo el sol. Pero pienso que no es as. La corrupcin en Catalua muestra connotaciones especiales, ha tenido un carcter sistmico, en el sentido de que ha producido una cierta complicidad generalizada; han sido muchos dentro y fuera de la Comunidad Autnoma los que han consentido en cubrir con una capa de silencio la corrupcin. Lo que no se ha dado en otras instituciones o territorios.

Desde el exterior, los dos partidos mayoritarios han guardado un completo mutismo sobre lo que ocurra en Catalua. Necesitados a menudo de los votos de Convergncia, han cerrado los ojos ante los posibles cohechos y sobornos que pudieran estar cometindose en la Generalitat y dems instituciones de la Comunidad Autnoma.

En el interior, desde el 30 de mayo de 1984, fecha en la que Jordi Pujol sale al balcn del Palau en la plaza de Sant Jaume para identificar su imputacin en el caso de Banca Catalana con un ataque al pueblo y a la nacin catalana, se ha empleado la misma estrategia para ocultar cualquier indicio o sospecha de posibles fraudes. Todo est permitido bajo la seera, y no digamos bajo la estelada. Cualquier denuncia o crtica se interpreta como una agresin a Catalua.

Desde el principio se ha producido una especie de proceso simbitico. El nacionalismo ha servido de tapadera a la corrupcin y la corrupcin ha sido un instrumento (adems de para el enriquecimiento de algunos o de muchos) para lo que Pujol llamaba hacer pas, es decir, para intensificar e incrementar el sentimiento nacionalista y la tendencia centrfuga frente a Espaa. Desde la llegada a la Generalitat de Jordi Pujol se ha ido creando un sindicato de intereses alrededor del nacionalismo, un tejido social compuesto de miedos, amenazas, rentabilidades, beneficios, recelos o comodidades, en el que han germinado la disculpa, la justificacin, la coartada e incluso la participacin en mltiples atropellos. Las empresas, los medios de comunicacin (tambin los privados), la mayora de los partidos polticos, incluso los sindicatos, han participado en un entramado de complicidades -o al menos de mutismo.

El ltimo estatuto, al que con frecuencia recurre el secesionismo como pretexto de sus posiciones, emergi amalgamado de alguna forma con el tres por ciento. Conviene recordar la intervencin en 2005 en el Parlament de Pasqual Maragall, artfice y mximo valedor de ese estatuto, increpando pblicamente a Artur Mas acerca de que Convergncia tena un problema, el 3%, y la contestacin de este ltimo, amenazando con no secundar la aprobacin del estatuto. Lo ms significativo es que, ante este chantaje, el entonces presidente de la Generalitat, empeado en sacar adelante el proyecto, dio marcha atrs y pidi disculpas. A mayor gloria del catalanismo y en aras del buen final del estatuto, el 3% deba quedar relegado, y as fue. Hasta 2009, con Montilla ya en la Presidencia de la Generalitat y una vez aprobado el estatuto, no se inici la instruccin del Palau.

El asunto del 3% era de conocimiento general en Catalua; pero ni esto ni todo lo que se fue conociendo acerca de los manejos y fortuna de la familia Pujol fue bice para que Convergncia obtuviese en todo momento el apoyo de partidos que se titulaban de izquierdas, como Esquerra republicana o la CUP. El procs ocultaba todo y excusaba todo. Incluso Podemos, cuyos dirigentes se muestran tan rigurosos con el PP en materia de corrupcin, no han tenido ningn escrpulo en situarse al lado de Convergncia y prestar su colaboracin al secesionismo cuando lo ha necesitado.

Parece bastante innegable que detrs del abrazo de la causa independentista por Convergncia Democrtica de Catalunya (CDC) se encuentra el progresivo afloramiento de los casos de corrupcin que, junto con el intento de eludir las consecuencias polticas de la aplicacin de las medidas restrictivas provenientes de la crisis econmica, convencieron a los responsables de esta formacin poltica de la necesidad de acentuar su fanatismo y girar hacia posiciones secesionistas, donde fueron bien recibidos sin hacer preguntas por los partidos defensores de esta ideologa. Incluso ahora que la sentencia se ha hecho pblica, el independentismo no cambia de postura, ms all de efectuar manifestaciones de repulsa, puramente verbales, que suenan tan solo a hipocresa.

La reaccin ante la sentencia de los partidos que conforman el procs no ha podido ser ms significativa, similar a la que adoptaron cuando se hicieron pblicos el patrimonio y las operaciones fraudulentas de la familia Pujol: condenan los hechos, pero hacen como si nada tuviera que ver con ellos ni con el nacionalismo. Los lderes y militantes del PDCat se sacuden el problema de encima con el mayor descaro, amparados en que ahora no se presentan bajo la denominacin de CDC. Como si el simple cambio de nombre pudiese modificar la historia del partido y como si los actuales miembros no fuesen los usufructuarios de los beneficios obtenidos en el pasado por la corrupcin. A ninguna empresa se le permitira desentenderse de sus obligaciones y responsabilidades por el mero hecho de cambiar de razn social. El mismo Puidegmont en Bruselas ha dado la callada por respuesta, y ha mirado hacia otro lado. Postura distinta a la adoptada en 2010 cuando en su blog personal acusaba al PSC de querer destruir a Convergncia con la comisin de investigacin creada en el Parlament acerca del caso Palau.

La postura adoptada tanto por Esquerra Republicana como por la CUP se adentra en la hipocresa ms absoluta. Mientras que Sergi Sabri, en nombre de ERC, proclama que quien tenga que asumir responsabilidades que las asuma y advierte que Esquerra lo que no har es mirar hacia el otro lado en asuntos de corrupcin, esta formacin mantiene el contubernio con el PDC e incluso su disposicin a elegir como presidente de la Generalitat a Puigdemont. Algo parecido ocurre con la CUP. Al tiempo que publica una foto invertida, imagen boca abajo, de Jordi Pujol, y acusa a lo que llama rgimen de financiarse ilegalmente, predicando la corrupcin incluso del PDCat, no abandona su complot con esta formacin poltica y est dispuesta a votar como presidente a Puigdemont con la nica condicin de que se mantenga fiel a la repblica.

Podemos no se libra de que su postura se pueda calificar de impostura. Es cierto que Ada Colau ha reprochado a Convergncia haberse estado financiando ilegalmente durante muchos aos y ha exigido al PDC que asuma responsabilidades, pero al mismo tiempo En Com Podem ha permitido que se formase una mesa independentista en el Parlament facilitando as que Puigdemont u otro miembro de la antigua Convergncia pueda ser investido presidente de la Generalitat.

Con todo, es Rufin, como siempre, el que bate todos los rcords a la hora de expresarse con desfachatez y desvergenza. Muy propio de un charnego transformado en perseguidor de charnegos. Con todo el descaro, desvincula la corrupcin del caso Palau del independentismo, para ligarla a Aznar y a la FAES. Aznar ya tiene bastante con lo suyo, pero se necesita tener rostro para desentenderse de la corrupcin en Catalua, cuando ERC lleva muchos aos lucrndose, en un proyecto comn, con la cometida por Convergncia. El argumento de Rufin de que ERC es un partido con 87 aos de historia impoluta tiene muy poco recorrido, la honradez no se hereda de padres a hijos. El PSOE tambin utiliz en los inicios de la democracia el eslogan de cien aos de honradez (el PC con cierta irona aada y cuarenta de vacaciones), lo que no fue bice para todos los casos de corrupcin acaecidos a finales de los ochenta y principios de los noventa.

Por otra parte, el mayor caso de corrupcin lo constituye en s mismo el propio procs. Los secesionistas, e incluso Podemos, practican un discurso espurio, desligando de la corrupcin los delitos que se atribuyen a los imputados en el golpe de Estado. Es ms, con todo el cinismo los califican de presos polticos. Rufin, en el colmo de la desvergenza, ha tuiteado que en Espaa sale ms barato robar que votar, comparando la sentencia del caso Palau con los que se encuentran ahora en prisin como consecuencia del procs. Discurso como siempre tramposo, porque Junqueras y el resto de imputados no se encuentran encarcelados por votar -la prueba es que hace unos das pudieron hacerlo desde la crcel sin problema alguno-, sino por robar. Por pretender hurtar a ms de la mitad de catalanes su nacionalidad espaola, su libertad y su democracia (porque no hay libertad y democracia fuera de la ley), y a la totalidad de los espaoles su soberana.

Boadella en esa parodia (menor que la que quiere montar Puigdemont) de su toma de posesin como presidente de Tabarnia afirm que los tabernienses quieren continuar siendo copropietarios del Museo del Prado, de la Alhambra y de la Baslica del Pilar. Tiene razn, al igual que 46 millones de espaoles queremos continuar siendo copropietarios de la Sagrada Familia, de la Costa Brava y del Museo Dal. Despojarnos de este derecho es robar. Es una forma, y no de las menos importantes, de corrupcin.

Pero incluso entendiendo el robo en un sentido ms estricto, es plenamente aplicable a los involucrados en el procs. Se ha producido una clara malversacin de fondos pblicos. Se ha extendido la teora, y no solo en Catalua, de que la corrupcin va unida exclusivamente al enriquecimiento propio. Resulta frecuente escuchar en tono de disculpa: S, pero l no se ha llevado un euro. En primer lugar, hay muchas maneras de conseguir el enriquecimiento propio; los favores o los recursos que se canalizan en el presente hacia un tercero, a menudo se espera que retornen ms tarde en forma de beneficios o prebendas hacia uno mismo. No debera haber diferencia entre desviar recursos pblicos al margen de la ley y fuera de los objetivos generales al propio bolsillo, a los amigos, al partido o a una finalidad partidista.

Nadie duda hoy de que el desvo de fondos pblicos a la financiacin de un partido constituya un caso de corrupcin. Lo mismo cabe afirmar cuando se trata de costear las campaas electorales. De igual modo, tendran que considerarse todas las operaciones publicitarias acometidas, sea cual sea la administracin, con la nica finalidad de cantar las alabanzas y el buen hacer del gobierno de turno. Existen ya bastantes casos en los que los jueces han comenzado a imputar a polticos por haber contratado con dinero pblico servicios publicitarios encaminados exclusivamente a mejorar su imagen. Corrupcin es y bastante importante la creacin de toda una red clientelar utilizando fondos presupuestarios de manera artera, tal como ha ocurrido en Andaluca.

Y qu decir entonces de todos los caudales pblicos empleados de forma directa o indirecta en el procs, que se han destinado adems no a una finalidad simplemente partidaria o ilegal, sino delictiva? En honor de la verdad, la corrupcin en Catalua hunde sus races hasta casi el mismo origen de la Comunidad Autnoma; con la llegada a la Generalitat de Jordi Pujol va hacindose sistmica, ya que son muchos los recursos que se desvan de forma sectaria del inters general a una finalidad arbitraria, parcial y tendenciosa, a la que denominan hacer pas, que sirve de antesala y catapulta al llamado procs, en el que la finalidad se convierte ya en claramente delictiva.

No solo son los dirigentes de Convergncia y sus actuales dobles, Junts per Catalunya, los que estn enfangados en esta corrupcin y de los que se puede predicar el robo. Les guste o no, ERC no puede alardear de 87 aos de limpieza. Comenzando porque habra mucho que hablar (basta con leer a Azaa) de su historia, en especial de su papel en la II Repblica y en la Guerra Civil, a lo que hay que aadir su silencio frente al pujolismo, pero especialmente por su papel protagonista en el procs, malversando fondos pblicos y orientndolos a la perpetracin de un golpe de Estado. En esto s imitaron a sus mayores.

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2018/01/25/proces-tres-per-cent/



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