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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2018

rbol que nace torcido
Cooperativas no agropecuarias

Ariel Dacal Daz
Cuba Posible


Una de las tendencias menos felices de las reformas en Cuba es la inestabilidad en las regulaciones y en los plazos de evaluacin y ajuste. Esto genera incertidumbre respecto al fomento, competencias, consolidacin y expansin de las formas de propiedad y gestin econmica que contempla el modelo de desarrollo.

El caso ms significativo (y paradjico) es el de las cooperativas no agropecuarias, cuyas adecuaciones ms recientes se enunciaron en la ltima sesin de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Ms all de una valoracin especfica, reiteran que las cooperativas no agropecuarias nacieron torcidas y los ajustes en el camino, por ms que lo pretendan, no lograrn enderezarlas si no se revisan las fallas de origen.

El primero de ellos es que surgieron para liberar al Estado de la administracin de actividades econmicas, productivas y de servicios, que no se consideren principales. Es decir, no se concibieron como una frmula alternativa en la que productores y productoras gestionen directamente la propiedad social y potencie valores de cooperacin, reciprocidad y responsabilidad social. No se retoma el espritu del artculo 20 de la Constitucin en el cual la propiedad cooperativa () constituye una forma avanzada y eficiente de produccin socialista.

En segundo lugar, el carcter experimental que se le confiere incrementa la incertidumbre sobre su futuro, conjugado con el entuerto administrativo establecido para su aprobacin y el congelamiento de facto en el que se encuentra.

Todo lo anterior redunda en el carcter paradjico del proceso. Si bien las cooperativas, por su proyeccin social, tienen preferencias en cuanto a impuestos, acceso a crditos, insumos, entre otras ventajas, y se reitera que son parte constitutivas del modelo, en la prctica resultan un s pero no. Un cmulo incesante e incomprensible de escollos entorpece su desarrollo. Esto puede responder a que, o no se comprenden a cabalidad los alcances y sentidos del cooperativismo, o no se quiere asumir su verdadera dimensin: concrecin del empoderamiento de la clase trabajadora.

Una tercera falla de origen es lo que pudiramos denominar tratamiento de empresa estatal recibido. Ms del 75 por ciento de las aprobadas provienen del sector estatal. Es decir, son inducidas, lo que pone en tensin la potencial evolucin de los principios cooperativistas, entre ellos, la gestin democrtica por parte de los asociados/as, el inters o compromiso con la comunidad y, sobre todo, la autonoma e independencia respecto a otras formas productivas.

Al indagar en este particular vemos que en el acpite concerniente a los rganos de direccin, previstos en el decreto ley que las regula, se defini la figura de Presidente de la Asamblea de Asociados que, dada las prerrogativas contempladas, se convierte en un rgano casi unipersonal. El mismo ejerce la representacin, sin lmites declarados, frente a los propios socios y a terceros, as como la potestad de suscribir contratos. Con sus actos puede afectar a la cooperativa y a los cooperativistas, lo que se concreta no solo en casos de ingresos excesivos para los directivos, sino en robos, relaciones jerrquicas y subordinacin del resto de los miembros de la asociacin productiva.

Por qu reproducir los roles directivos centralizadores de la empresa estatal? Por qu estimular la subjetividad de dueo de facto tambin presente? Si la Asamblea es el rgano principal de direccin del que dimanan las decisiones y su control, por qu otorgar tales prerrogativas a su Presidente?

Los indicios de tratamiento de empresa estatal se refuerzan en que el Presidente de la Asamblea lo es, a su vez, de la Junta Directiva; y en esa condicin propone o exige que se adopten las medidas necesarias para que se cumplan recomendaciones de actores externos a la cooperativa y controle su cumplimiento. Es una manera novedosa de repetir el esquema de representante de los trabajadores y el no control directo de estos? Ser una frmula nueva para reproducir el control burocrtico sobre las unidades productivas?

Al conocer las alarmas respecto a la conducta de algunos directivos de cooperativas, y al tener delante estas distorsiones originarias, no ha de extraar que algunos asuman actitudes y decisiones de dueo privado, o que reproduzcan las relaciones omnipotentes de un director/a de empresa. Qu debe cambiar, esencialmente, para que esta distorsin no contine torciendo el rbol?

Si el problema, como parece, es estructural (en forma y contenido), la solucin debe tener el mismo enfoque. Para enderezar el rbol, los rganos de direccin de las cooperativas deben ser reformulados. Lo cual resulta necesario, pero no suficiente. Las cooperativas tienen un principio educativo, cuyo enfoque es tico, poltico y democrtico. Su alcance y complejidad se resume en un enorme reto cultural. Un cambio en las maneras de comprender las relaciones productivas que no se decretan, se aprenden en un proceso formativo, fruto de una transparente y permanente intencionalidad poltica.

La formacin no se reduce a programas de preparacin, con prioridad para sus directivos, donde se privilegian temas como la gestin de negocios, el sistema de contabilidad y la organizacin del sistema de control interno. La formacin implica, adems y esencialmente, el conocimiento, uso y defensa de los derechos de sus miembros, quienes deben estar en condiciones de ejercer, desde el consentimiento informado, las nuevas relaciones productivas. Formacin que implica aprender, en la prctica, el control y enraizamiento de los derechos.

La formacin ha de contribuir, igualmente, a cumplir el principio de que cada socio o socia es un voto, con independencia del rol que ocupe. Voto desde el cual, al ejercer la soberana conscientemente, se acorrale a la corrupcin, a los feudos privados y a las jerarquas indecentes. Tales hbitos tienen dos rivales de consideracin: la transparencia en el uso de la informacin y el control colectivo.

Es por ello que los asalariados/as deben ser los ms interesados en crear cooperativas, ya que las relaciones salariarles son un contrasentido all donde se colegia en asamblea la distribucin de las utilidades. De esta manera, ser posible aspirar a que un presidente/dueo/director no reciba catorce veces ms ingresos que los operarios, a que las funciones administrativas no sean ms importantes que las productivas, y que la soberana de la Asamblea ponga lmites a sus representantes.

Si bien las cooperativas inducidas enfrentan muchas dificultades, no hay porque renunciar al intento de crear en esa transicin relaciones ms justas y eficientes. Sera sano valorar tambin sus logros y resaltar ejemplos de buenas prcticas existentes. Sin embargo, debern incrementarse las cooperativas creadas por grupos motivados (tampoco libres de pecado). Y desde esa lgica estimular experiencias productivas en las comunidades, sobre todos en aquellas en franca desventaja.

Ha de comprenderse que el sentido de la cooperativa no es descargar al Estado, sino contribuir a la modificacin de paradigmas econmicos enquistados en el sentido comn. Esos que lastran la bsqueda de relaciones ms justa por su alcance social, tico y democrtico: espritu de la organizacin productiva cooperativa.

En una revisin integral de este asunto, sera deseable otorgar autonoma a los gobiernos locales para la aprobacin de estas, as como la creacin de una entidad que, al tiempo que coordine, viabilice y proteja de toda distorsin esta forma de gestin, honre los principios cooperativos en su modo de funcionar. El apego a esos principios implica entender que la cooperativa no es una empresa estatal, ni privada, y que no hay jerarquas entre directivos y productores dentro de la gestin democrtica, sino mandato colectivo, responsabilidad mutua y comunin de intereses. Lo contrario ser siempre un rbol torcido.

Fuente: http://cubaposible.com/arbol-nace-torcido-cooperativas-no-agropecuarias/



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