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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2018

Marcas

Jos Natanson
Le Monde Diplomatique


omo un acreedor paciente que escucha, entiende y espera, la sociedad a menudo difiere su malestar hasta que en un momento se decide a expresarlo de golpe, y es ah cuando busca cobrar la deuda toda junta, con intereses y punitorios, sea a travs de la furia en las calles o por va del castigo electoral (o mediante una combinacin de ambas cosas). Por eso, aunque el gobierno consigui la aprobacin de la reforma previsional en el Congreso y, tras una semana de incidentes, se encamina a un fin de ao en paz, el carcter conflictivo con el que se tramit la iniciativa, la violencia que acompa el proceso, los cacerolazos posteriores y la angustiante sensacin de dj vu, como si todos los diciembres remitieran a ese diciembre, pueden haber dejado un sedimento ms duro de lo que sugerira una primera mirada.

Las encuestas que circularon en los das previos coincidan en la impopularidad del nuevo esquema jubilatorio. Sin embargo, todos los gobiernos se ven obligados a adoptar en algn momento decisiones de este tipo y a veces la sociedad o al menos una parte de ellalos entiende: en su momento, Cristina Kirchner vet una ley, por otra parte inaplicable, que ordenaba el 82 por ciento mvil para todos los jubilados, y se obstin en sostener el impuesto a las ganancias para la cuarta categora pese al amplio rechazo que generaba. En el caso de la reforma macrista, la nueva frmula de actualizacin redunda efectivamente en una prdida de poder adquisitivo de los jubilados, pero no es un actuarial. Y parte adems de una realidad incontestable: como resultado de la mayor esperanza de vida y la persistencia de altos niveles de informalidad, la tasa de dependencia previsional, es decir la diferencia entre los trabajadores activos y los jubilados, es de apenas 1,3 a 1 (para que el sistema se sostenga sin otros recursos debera ser de 3 a 1) (1).

Pese a ello, el gobierno quiso imponer la medida ms importante de su etapa reformismo permanente, y la que en buena medida hace posible todas las dems, saltendose la batalla por el sentido comn, como haba sucedido antes con los aumentos de tarifas. Pero si algo ha demostrado la sociedad argentina es que, a diferencia de lo que ocurre en otros pases de la regin, las decisiones que afectan el bienestar material de la poblacin no pueden contrabandearse en el bal de un auto: no es que sean imposibles sino que exigen un esfuerzo de persuasin.

Es curioso, pero el gobierno de la opinin pblica, el que monitorea con obsesividad de alumno abanderado el estado de nimo de la sociedad y el que tiene una estrategia comunicacional para cada tema y momento, esta vez se abandon a la rosca desnuda. En lugar de construir un relato capaz de justificar su decisin y salir a disputarlo con los mil recursos disponibles, apost al apoyo superestructural de los gobernadores, las burbujas de su reciente triunfo electoral y el calor apaciguador del verano, redondeando una torpeza que lleg al punto de fallar incluso en la eleccin de las palabras. Como escribi Ignacio Ramrez (2), el nombre elegido para la iniciativa revela un dficit en la cuidadosa curadura semitica a la que el macrismo suele someter sus decisiones: la reforma previsional sustituye a la movilidad jubilatoria, pero reforma remite a los 90 mientras que movilidad tiene evocaciones ms amables (y enraizadas en el centro de gravedad de nuestra matriz cultural).

Por eso insisto: aunque es difcil afirmarlo ahora, es probable que el macrismo haya salido perdiendo. Sucede que, al menos desde el menemismo, la cuestin jubilatoria est signada por una cierta idea de injusticia, de insuficiencia de haberes, de abandono. Aunque el origen del problema es, como dijimos, estructural, el blanco de la crtica es mvil: si hasta mediados de diciembre la responsabilidad recaa fundamentalmente sobre el kirchnerismo, es probable que a partir de ahora se vaya desplazando al macrismo, cuyo ascenso, por otra parte, se explica en buena medida por el apoyo de ese colectivo inorgnico pero numerossimo que son los adultos mayores.

La segunda factura diferida es la represin de la protesta social. Son casos diferentes, que merece cada uno un tratamiento por separado, pero las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, ambas ocurridas en el contexto de operativos de las fuerzas federales en el Sur, sumadas a la brutalidad del accionar policial en distintas marchas y movilizaciones, del Ni una menos de marzo a la reforma previsional de diciembre, alertan sobre el modo en que el gobierno, en particular su ministra Patricia Bullrich, estn manejando el tema.

Como con las jubilaciones, no se trata de un problema exclusivo del macrismo. La dificultad para controlar a las fuerzas de seguridad es uno de los grandes dramas de nuestra democracia. Formalmente civiles pero formadas al estilo militar, con estructuras ultrajerarquizadas en las que la disciplina ciega es un valor fundamental, las fuerzas de seguridad han ido afianzando un nosotros fuerte opuesto a un otro definido segn el clima social y las necesidades coyunturales de la conduccin poltica. Como ese otro, que puede ser la subversin o los pibes chorros o los violentos, es un sujeto acotado, plausible de ser identificado y en lo posible estigmatizado, las fuerzas de seguridad gozan de una cualidad de opacidad, en palabras de la especialista Sofa Tiscornia (3), que les permite desplegar esta represin selectiva con altos niveles de legitimidad, lo que en Argentina implica ms o menos con el apoyo de los sectores medios.

Justamente por este motivo, porque son funcionales, resultan difciles de contener, problema con el que antes o despus se enfrentaron todos los gobiernos desde la recuperacin de la democracia. La diferencia es que, advertidos de las consecuencias eventualmente mortales de las policas bravas, tanto el alfonsinismo como el menemismo y el kirchnerismo intentaron ponerle algn marco a su naturaleza violenta. El macrismo, en cambio, no. Como por reflejo condicionado, reaccion defendiendo a los gendarmes y prefectos que protagonizaron los operativos en la Patagonia, ninguno de los cuales fue separado de su puesto, y aval la represin dura desplegada en distintas manifestaciones (slo pareci cambiar de tctica en la segunda sesin de la reforma previsional, cuando reemplaz a las fuerzas de Bullrich por la Polica de la Ciudad, que aguant durante una hora y media la lluvia de piedras arrojadas por cientos de manifestantes violentsimos hasta que decidi dispersar la marcha y retomar la costumbre de los golpes y las detenciones arbitrarias).

Recuperando la idea inicial de esta nota, apuntemos que la percepcin social no es un click que congela una foto sino un proceso fluido y en disputa permanente, que se reescribe a la luz del presente. La mirada actual sobre el alfonsinismo, por ejemplo, es muy distinta, mucho ms positiva, a la que prevaleca hace unos aos (por motivos que habra que explorar, pareciera estar ocurriendo lo contrario con el kirchnerismo). Es en este sentido que, ms all del resultado en el Congreso y del posterior regreso a la normalidad, la reforma previsional y la violencia represiva parecen haber dejado una marca que quizs no resulte visible ahora pero que se ir haciendo notar con el tiempo. Por primera vez desde su llegada al poder, el macrismo vio cmo se quebraba el bloque comunicacional que hasta el momento lo haba acompaado de manera monoltica y estuvo a punto de padecer una mini-125 (clima destituyente incluido). Gan la votacin legislativa pero perdi la batalla cultural.

El motivo es simple: el contundente triunfo oficialista en las elecciones de octubre abri una nueva etapa poltica, marc el verdadero comienzo del gobierno de Cambiemos. Disipada la amenaza de una restauracin kirchnerista, con menos posibilidades de seguir apelando al fantasma del populismo como gran argumento justificador y auspiciado por un entorno regional que lo acompaa, Macri es, por fin, libre. En este contexto nuevo, la brecha entre la dificultad para conseguir mejoras de bienestar y el apoyo que concita la distancia entre la realidad material y las expectativas se va achicando. Lenta pero persistentemente, la mirada social va girando de la poltica a la economa. Sus votantes, por supuesto, todava estn dispuestos a respaldarlo, incluso a tolerar errores no forzados, excesos y torpezas. La hegemona cultural no est en crisis. Pero los acontecimientos de diciembre sugieren que una parte importante de la sociedad ya empez a hacer las cuentas.

Notas:

1. Clarn, 21-5-2017.

2. revistaanfibia.com

3. Entre el imperio del Estado de polica y los lmites del derecho. Seguridad ciudadana y polica en Argentina, en Revista Nueva Sociedad N 191, mayo-junio de 2004.

Fuente: http://www.eldiplo.org/223-que-politica-para-las-fuerzas-armadas/marcas


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