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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2018

DACA o los 25 mil dlares por cabeza
El destino de un milln de jvenes a subasta

Jorge Majfud
Rebelin


 

Slo el ttulo de soadores para referirse a los jvenes indocumentados que fueron trados por sus padres a Estados Unidos siendo nios, es un clich. Si no un sarcasmo, si consideramos que sus sueos no se refieren al sueo americano sino a una larga pesadilla que no slo tiene efectos legales y sociales sino profundamente morales y psicolgicos.

Ernest Hemingway alguna vez discuti con alguien sobre la naturaleza de los ricos y, por alguna razn no del todo clara, le atribuy a su colega Scott Fitzgerald el siguiente razonamiento: s, los ricos son diferente a nosotros; ellos tienen plata. La precisin sobre quin fue el verdadero autor de esas palabras es ahora irrelevante. No el problema en cuestin. Aparte del detalle del dinero, podemos sospechar que hay otras diferencias. Los estudios realizados sobre el tema demuestran que los ricos que caminan en la calle le prestan menos atencin a la gente que los dems. Incluso la cuantificacin del tiempo que estas personas miran a otras es sistemtica y significativamente menor. (Knowles y Dietze, New York University 2016, etc.) A partir de ese hecho, se ha teorizado una explicacin: a los ricos les interesa menos la agente que al resto de la gente. Justo, candidatos ideales para presidentes y representantes del pueblo.

Claro que esto es un hecho estadstico, lo que significa que siempre ser posible encontrar ricos ms interesados en los pobres que algn pobre. Sobre todo en una cultura, en una civilizacin deshumanizada por la sobrevaloracin de la mercanca, sea material, humana o animal. En toda cultura, los valores (ticos, estticos) que proceden de un grupo dominante son gradualmente absorbidos y adoptados por los grupos subalternos. Digmoslo as para no usar las palabras oprimidos o dominados que ponen nerviosos a los apologistas de los valores en curso. Otra vez: siempre hay excepciones, como las culturas contestatarias o resistentes, porque las sociedades son equilibrios inestables y contradictorios.

Esta cultura, donde el xito se mide, exclusivamente, por la fama y el dinero, tiene al hombre de negocios como el hroe sagrado e incuestionable. Gracias a los hombres de negocios comemos pan, conocemos el teorema de Pitgoras, existe la ley laboral de las ocho horas y las mujeres tienen hijos. Algo tan arbitrario como si pretendisemos lo mismo de los poetas, los profesores, los carpinteros, los conductores de taxis, etc. Arbitrario pero, a esta altura, totalmente naturalizado.

Ahora, si bien el actual tsunami mercantilista puede tener su epicentro en el mundo anglosajn (el mundo todava dominante) podemos ver en otras culturas y en otras regiones perifricas cmo la brutalidad del dictador o del hombre rico trafic igualmente con seres humanos como si fuesen mera mercadera. Bastara con recordar que en la Nicaragua de los 70s, el dictador Anastasio Somoza, asesorado por hombres de negocios cubanos, les compraba sangre a los pobres por un dlar el litro y se la venda a los Estados Unidos por diez.

La historia de Somoza escandaliza por su valor grfico, como uno se escandaliza por los rituales aztecas mientras que la tortura y quema de herejes en la Europa de entonces (tambin por razones poltico-religiosas) es vista apenas como un lamentable paso hacia el desarrollo de gente civilizada.

Ahora mismo, en este momento, no escandaliza algo que, desde el punto de vista de la vctima, es mil veces peor que la venta de sangre, como lo son las negociaciones para resolver el problema de casi un milln de jvenes que viven en Estados Unidos desde que eran nios, que estudian, trabajan y contribuyen a este pas mucho ms que los polticos y los exitosos hombres de negocio que han secuestrado la moral de una sociedad de trescientos millones de personas.

El presidente Trump ha propuesto, e insiste, con su solucin: si el partido de la oposicin acepta financiar la construccin de su muro en la frontera mexicana, l firmar una ley que evite la expulsin del pas a un milln de jvenes. Como bono, la gran oferta de un camino a la ciudadana en diez o doce aos.

La propuesta (una vez ms) demuestra algo que, por razones de cultura y costumbre, no se ve como evidente e inmoral ante los ojos de cualquiera: el presidente siente y razona como un exitoso hombre de negocios y propone negociar la vida de un milln de jvenes por 25 mil millones de dlares. Tal vez piense que, a 25 mil dlares por cabeza, cualquiera de esos honestos seres humanos debera sentirse, finalmente, valioso.

De acuerdo, un poltico debe lidiar con los aspectos prcticos de los conflictos sociales. Debe negociar. Pero nada de eso significa que est exento de un sentido moral. Si se va a discutir el destino de los jvenes y la ley DACA, la discusin debera centrarse en el problema de cmo llegar a una solucin humana, justa y razonable. Un presidente decente no puede poner en una mesa de negociaciones, por ejemplo, la abolicin de la segregacin racial o la inequidad salarial de gneros a cambio de que le permitan perforar en el rtico para extraer gas natural. En cada caso, la decisin debera centrarse en cada problema. Qu solucin es ms justa y razonable? Podra un mdico exigir un aumento salarial como condicin a entrar a una sala de ciruga donde espera un paciente anestesiado? No. Pero desde el tratado de Guadalupe de 1848, los negocios ms legales se hacen secuestrando a la otra parte.

S, un exitoso hombre de negocios piensa y siente diferente. En casos, pasando por encima de las reglas ticas ms bsicas. Cuando ese hombre de negocios es el presidente del pas ms poderoso del mundo, entonces la inmoralidad salpica al resto de la sociedad que mira pasiva la violacin de principios ticos fundamentales. Lo cual no es nada nuevo tampoco. Mientras la economa vaya bien, la sensibilidad moral puede esperar.

El mercado de carne humana contina de muchas formas. sta es una forma evidente que ya no escandaliza a nadie. Lo cual significa que estamos ante un problema inconmensurablemente mayor.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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