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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2018

La estrategia del miedo, el nuevo genocidio y la defensa del poder

Oto Higuita
Rebelin


Colombia es uno de los pases ms violentos y agitados de la regin, y est atravesando por una de sus peores crisis poltica, econmica y social. Combina una crisis de Estado y sus instituciones con una de la poltica de tal magnitud, que de existir un escenario real de cambio, el esfuerzo por derribar lo que hay no tendra que ser ni siquiera excepcional. Bastara un amplio movimiento ciudadano consciente de la grave crisis y los problemas dispuesto a luchar por cambiarlo. Pero no hay que olvidar que no son los tiempos de la Revolucin bolchevique ni la cubana ni la bolivariana. Pueden ser tiempos peores pero carentes del espritu revolucionario y esa realidad facilita la estrategia del miedo, el nuevo genocidio en marcha contra los lderes sociales y la oposicin, y la preservacin del poder. Lo cual configura, habr dudas, el inminente fracaso de los acuerdos de paz.

Para la derecha tradicionalmente mentirosa e intransigente el problema de fondo del pas no es la grave crisis que atraviesa, sino los problemas de los vecinos como Venezuela. De ah su empecinada y desesperada campaa del miedo con el cuento del Castrochavismo con la cual buscan, por un lado, ocultar los problemas reales del pas y, por el otro, generar un amplio consenso en la opinin ciudadana como estrategia para aferrarse al poder, sin necesidad de hacer el ms mnimo cambio del modelo econmico, poltico, institucional y cultural. Dicha estrategia les procura votos.

Por eso quienes hoy actan desde corrientes polticas alternativas como si estuviramos viviendo una revolucin poltica estn fuera de contexto, o lo hacen a sabiendas de lo que realmente existe y buscan repetir la tradicin de las empresas electorales cazadoras de los recursos pblicos para su propio beneficio en que se convirtieron los tradicionales partidos histricos de la oligarqua. Pierden de vista que para vencer la estrategia del miedo que utiliza el bloque dominante para conservar el poder, primero que todo hay que construir un amplio y slido movimiento social y, junto a ello, dar la batalla de ideas que permita ganar con argumentos la amplia mayora ciudadana por el cambio histrico de la sociedad.

Polarizado y radicalmente dividido el pas entre dos grandes tendencias que se disputan la conquista del poder del Estado y los beneficios que esto genera, el bloque de derecha y el de izquierda o alternativo, convencidas las segundas del esfuerzo del actual presidente por alcanzar un acuerdo poltico para poner fin a la guerra que por dcadas ha configurado la realidad nacional, a sabiendas de que lo que efectivamente consigui fue desarmar y desmovilizar la principal guerrilla del pas (espera hacer lo mismo con la otra aunque con los ltimos acontecimientos no se sabe si alcanzar o le dejar la tarea a su sucesor) incumpliendo gran parte de lo acordado con ellas, desmintiendo aquello de que era mejor negociar con un legtimo representante de la oligarqua que con un gamonal de origen espurio ligado al paramilitarismo, cuando en realidad exista un consenso dentro del bloque de poder dominante en cuanto a si derrotar o desarmar las guerrillas, triunfando la tesis de desarmarlas y desmovilizarlas a cambio de unos mnimos, quedando intacto el bloque de poder dominante, fortalecido hoy con la alianza Uribe-Pastrana-Vargas que cuenta con todas las ventajas para mantenerse en el poder.

Bloque al que por si alguna duda sobre su hegemona de clase, hay que sumarle los neoliberales reverdecidos Sergio Fajardo y Claudia Lpez, y al liberal y estratega de los acuerdos Humberto de La Calle, que como un llanero solitario est convencido que los puede implementar, lo cual se sabe que no ser posible sin los apoyos y correlacin de fuerza suficiente que supere la de quienes (Uribe, Pastrana, Duque, Ramrez, Ordoez y Vargas) apoyados por el gran capital, los grupos financieros, los terratenientes enriquecidos con la expropiacin de millones de hectreas de tierra, la iglesia, las fuerzas armadas y los grandes medios de comunicacin escasamente, apenas los aceptan como quedaron, sino es que los piensan reducir a una simple pacto de entrega de armas, desmovilizacin y participacin limitada en poltica para los ex comandantes guerrilleros. Siempre con la pistola en la cien por si se mueven un milmetro ms all de lo concedido.

S, se ha dicho infinidad de veces que una cosa es la ilusin y el deseo y otra la realidad social. En el mejor escenario poltico posible, un gobierno alternativo podr gobernar o tendr que pasar inmediatamente a defenderse? Ms an, lo dejarn gobernar quienes tienen el poder real? Existe el movimiento social y poltico para defender una conquista democrtica como esas? Seguro vale ms sta premisa que cualquier ilusin. Dicho movimiento social y poltico no existe ni siquiera para defender los acuerdos, con la importancia histrica que se les ha atribuido, qu diremos de la idea de salir a las calles a defender un gobierno democrtico que los quiera implementar.

Nadie seriamente se atrevera a negar el estado general de corrupcin, acelerada prdida de legitimidad del rgimen actual, la extensa criminalidad e inseguridad que predominan en ciudades y campos, las permanentes amenazas y asesinatos de lderes sociales en todo el pas, el peligro del incumplimiento y la tendencia al fracaso de los acuerdos con las FARC que, dicho sea de paso, enva un mensaje certero al ELN de lo que le espera en una negociacin.

Estado de cosas que completa una pobreza y miseria rampante, la destruccin y deforestacin de la naturaleza y los medios esenciales para la vida, y que nadie desde el llamado bloque alternativo se atreve siquiera a poner en discusin: el modelo econmico sobre el que descansa este rgimen oprobioso e injusto y quienes viven a sus anchas de l, la minora dominante.

Por eso sus banderas de gobierno son las mismas recetas neoliberales de las ltimas tres dcadas: la privatizacin de los bienes y riqueza pblica, la inversin extranjera de grandes capitales para intensificar el extractivismo, la disminucin de impuestos al capital favoreciendo las trasnacionales que tienen como meta cero impuestos en los pases con mejores condiciones para la inversin y Colombia es una marca destacada en ello.

Desde el punto de vista de los valores y visin del mundo que defiende celosamente el bloque de poder de derecha sigue siendo una sociedad conservadora, restauradora de valores catlicos y cristianos, pre moderna con rasgos seoriales y arcaicos, anteponiendo la defensa de la familia heterosexual y monogmica, negando los derechos a una amplia diversidad de grupos familiares y diversidades sexuales. En esencia siguen aferrados a un pasado cuyos fines han sido la tradicin, la familia y la propiedad privada en una sociedad ideal rodeada de fiestas bravas y cabalgatas con seores hacendados y sus subordinados aplaudindolos desde las aceras y tribunas.

Poner a Venezuela, que sin duda enfrenta serios problemas, como el mal ejemplo para generar miedo y conquistar votos de un pblico moldeado por la propaganda, la desinformacin y las falsas noticias como el colombiano promedio, puede llegar a ser ventajoso, pero no dejar de ser el ms sucio y cnico ejercicio de poltica electoral y propaganda negra contra un pas, un pueblo y un gobierno que desde Chvez hasta Maduro ha ofrecido sus buenos oficios para ayudar a consolidar no slo los dilogos para el fin del conflicto armado, sino para afianzar la paz y la estabilidad en la regin. Pero aqu no ha habido interlocutor sincero para ello, sino contradictor agresivo para acabarlos de joder. Son dos proyectos y modelos de Estado y sociedad diferentes, no un bloque unitario de naciones e intereses comunes como lo pens Bolvar cuando la Gran Colombia.

La debilidad del gobierno de Santos finalizando su mandato es un factor que juega en contra de los deseos de paz justa, apertura democrtica, participacin poltica y proteccin del derecho sagrado de la vida, que desea una gran parte de la poblacin colombiana. Sus aliados de clase ms intransigentes no contentos con el objetivo cumplido de Santos de desarmar a las FARC y desmovilizarla por unas concesiones mnimas, se abalanzan sobre los restos de lo que quedan de los acuerdos para acabarlos de devorar como aves de rapia.

Finalmente, el asesinato diario y sistemtico de lderes sociales que da a da llenan los campos y ciudades de Colombia, es tal vez la seal ms oscura en el horizonte de que tal vez esta vez tampoco fue posible la construccin de una paz verdadera, firme, estable y duradera. Todo lo contrario. Paz de mentiras, endeble, inestable y muy corta as muchos persistan en ella. Es tal vez al augurio de un nuevo fracaso histrico, que no significa una ventaja para la otra guerrilla que mira en la distancia de la clandestinidad con el fusil en la mano, lo que se viene encima, un escenario de confrontacin en donde el Estado y el bloque de poder dominante lleva las de ganar as tenga que volver a baar en sangre y muerte a Colombia. Con la estrategia de miedo que llevan a cabo y el nuevo genocidio en marcha contra los lderes sociales y opositores al rgimen, no hay duda de la inminencia del fracaso de los acuerdos y de la preservacin del poder en manos de quienes lo han preservado histricamente.

Oto Higuita. Estudios en Historia, Universidad Nacional de Medelln, 1985-88. Licenciatura en Historia Econmica, Universidad de Estocolmo, Suecia, 1999. Diplomado en ingls, University College London, Inglaterra, 2000. Estudiante de Derecho, Coruniamericana, Medelln, Colombia. Ensayista y columnista de medios alternativos. Activista del movimiento social.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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