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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2018

La lealtad constitucional no es una eleccin, es un deber

Ren Fidel Gonzlez Garca
Rebelin


Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.

Jos Saramago, en Ensayo sobre la ceguera

 

Un joven recin graduado de Derecho, es un misterio saber qu razn en particular lo lleva a hacerlo, escribe como lema de su perfil de Facebook la siguiente frase: Jurista revolucionario ms revolucionario que jurista, sus antiguos profesores sospechan con dolor ante esa afirmacin absurda y antittica, que no ha de ser ya, a esa edad, o a otra cualquiera, ni lo uno ni lo otro, que puede sea cosa de tiempo verle cabalgar el ms pedestre oportunismo.

Por su parte, un funcionario ideolgico, ya cercano a su oscuro y triste retiro, alega haber estudiado Derecho y de inmediato, imposibilitado de rebatir racionalmente la exposicin de un caso que le es comunicado y donde se acumulan asombrosamente violaciones de las leyes de la Repblica y la conculcacin de derechos constitucionales por individuos e instituciones, las justifica con puetazos en la mesa que piensa es un glorioso prembulo a su intervencin apelando a una interpretacin torcida y falaz del articulado de la Constitucin cubana: la defensa de la Revolucin por cualquier medio posible, dice. Cuando serenamente le argumentan que ningn artculo constitucional faculta a ninguna institucin, a ninguna organizacin, a ningn ciudadano a violar las leyes, menos su propia letra, calla, entonces se queda a solas, se regodea con el poder que cree tener, eso le basta.

Ambas historias son, en apariencia, parte de los hechos, pero puede que en realidad sean parte de las consecuencias.

Qu nos pasa? Durante aos los constitucionalistas cubanos han estado advirtiendo desde sus diminutos cotos de accin en claustros universitarios y eventos acadmicos, casi siempre gremiales y cerrados a la opinin pblica, de la existencia de un enorme dficit en la cultura jurdica nacional. Ese dficit habla sobre todo de lo marginada que est la Constitucin en nuestra cultura poltica, de su empobrecimiento y desconexin como vector y agencia capaz de producir una orientacin social de valores y prcticas cvicas.

No ha sido en verdad un esfuerzo en vano, nunca lo es, pero esa denuncia y ese incansable profesar de la centralidad y jerarqua de la Carta Magna como un conjunto normativo superior e imperativo, rector y controlador de los actos de la administracin pblica y las leyes realizado por los constitucionalistas cubanos a partir de la comprensin de su trascendencia civilizatoria para la sociedad poltica que somos y queremos ser, no ha logrado vertebrar y oponer una acumulacin cultural contraria a ese enorme vaco fundamentalmente tico, de principios y valores que se hace con su ausencia como eje real de nuestra vida cotidiana e institucional.

De ese vaco se exuda siempre, lo ha hecho antes y lo puede hacer ahora, como anticipacin de todos nuestros miedos, una muy peligrosa mezcla de soberbia, oportunismo e impunidad, de intolerancia y vanidad, de orgullo, de codicia, de irrespeto al otro, de arbitrariedad, de hipocresa, todo aquello de lo que intenta ser valladar y prevenir la forma de gobierno republicana y la Constitucin que refrendaron nuestros padres y abuelos.

Desconocida por la mayora de la poblacin, inutilizada por el hasta ahora caquctico desarrollo de mecanismos que permitiran la defensa particular de derechos reconocidos y garantizados por ella ante violaciones de individuos e instituciones; carente de una jurisdiccin propia que procure a todos y a todas la tutela y la justicia constitucional, e ignorada como norma superior por tribunales y rganos de control de la legalidad; vista como un obstculo menor y despreciada por funcionarios que le asocian a ella y a su invocacin confusamente a otras ideologas, e incluso a macabros planes del enemigo, es sta cenicienta del Estado precisamente, y sobre todo, la Ley suprema que se otorg a s misma la Revolucin para hacer posible el socialismo en Cuba.

Es posible ignorarla entonces sin consecuencias? Es posible defraudarla entonces sin menoscabo de lo que ella contiene como ideal de justicia, dignidad e igualdad, de bien comn? Qu se erosiona, qu se deforma, que se pervierte en nuestra sociedad cada vez que ello ocurre?

En el ltimo periodo de sesiones de la Asamblea General una diputada llamaba la atencin sobre el hecho de que no todos los diputados tenan telfonos celulares y acceso a internet. Me consta personalmente que hasta hace unos pocos aos esa misma diputada mi primera Constitucin, me dijo, al regalrsela yo casi como premonicin de lo que despus vendra ni siquiera tena, por lo menos, un ejemplar propio de la Constitucin, pero cabra hacer la indagacin en otro sentido, quizs ms cardinal, quizs ms coherente con nuestras urgencias y desafos: cuntos diputados y funcionarios conocen la Constitucin, ms all de los seminarios y conferencias que se les puedan haber impartido?, cuntos fueron educados en su amor y respeto? cuntos la tienen en su cabecera, en su portafolios, cuntos la consultan y velan por su cumplimiento como ciudadanos y representantes electos por el pueblo que en definitiva son? cuntos creen en ella? cuntos conocen y practican sus valores superiores? cuntos estn dispuestos a correr todos los riesgos por la defensa de todo lo que ella establece como cnones y dogmas de nuestra sociedad?

No se trata de posar, ni de responder, ofendidos y virulentos, a tales preguntas, eso sera fcil. A inicios de la dcada de los cincuenta del siglo XX cubano esas mismas preguntas podan haber sido hechas a la mayora de los integrantes de una generacin de ciudadanos que no dudaron en usar el derecho de resistencia a la opresin que les conceda su propio texto constitucional cuando la vieron usurpada y reducida al capricho de un grupo.

Cuando el ao pasado una rama de nuestra administracin pblica priv intemperita y silenciosamente del Derecho a la Educacin a una joven estudiante, arrollando a su paso el Artculo 1 de nuestra Constitucin, sent mucha vergenza. Extra a aquellos ministros revolucionarios que escriban a sus colegas, opinin que tengamos que caerles a palos nos lleva ganada ya media pelea. Ningn constitucionalista en Cuba se habra atrevido ni se atrevi pblicamente a convalidar ese acto brutal e incivil, ese despropsito, ese expediente de incapacidad y debilidad, de impotencia poltica, sin huir para siempre de la marca de la afrenta y la infamia.

No olvido haber terciado una discusin ocurrida en relacin a ese caso en las redes sociales en la que se argumentaba por una parte, con encono y mediocridad, que para los contrarrevolucionarios no haba ningn derecho; record a los foristas en ese entonces, parte del legado del que se nutre nuestra Constitucin y la conducta de los revolucionarios cubanos de todos los tiempos; cuando despus de un combate se capturaban soldados de la dictadura de Fulgencio Batista siempre se le respet su derecho a la vida, su integridad y dignidad personal, a pesar de haber ultimado a compaeros muy valiosos en el fragor del combate, como tambin se les procuraba asistencia mdica si estaban heridos, la mayora de las veces privndose la guerrilla de los medicamentos ms necesarios; que a los miles de integrantes del ejrcito de la dictadura derrotado no se les neg tampoco el derecho a ser alfabetizados, o estudiar, e incluso a convertirse en profesionales universitarios, o a trabajar, o a ser beneficiarios de la reforma agraria, o cualquier otra medida de justicia social desarrollada por la Revolucin; que cuando despus por un error murieron asfixiados al ser trasladados algunos prisioneros de la invasin de Playa Girn, los responsables fueron sancionados; que los hijos y cooperantes de los alzados contra la Revolucin, y no pocos de ellos, despus de extinguir sancin, nunca fueron privados de ningn derecho

Hay algo de tenebroso, algo que asusta, algo que se desata sin frenos ya, cuando se olvidan los valores y los principios, el respeto a los derechos, la decencia, y se le sustituye y devala por la cobarda disfrazada de una pretendida intransigencia y firmeza. Llama siempre la atencin que comportamientos ampulosos y ruines, vulgares, sean cotizados cuando llega ese momento, la forma en que la razn y el sentido comn son dejadas a un lado. En poltica, y me temo que los tiempos venideros dejarn constancia de ello cada vez ms, todo eso es un remedo de la torpeza y de incapacidad y trae graves consecuencias.

Y es que cuando alguien se siente superior a nuestras leyes, a ti, a m, a nosotros, cuando logra doblegarlas, flanquearlas o usarlas taimadamente por intereses espurios, no har otra cosa que buscar y seleccionar a sus iguales para seguir hacindolo posible. Ese es un aprendizaje que no se olvida. De tales miasmas salieron todos los monstruos de nuestro pasado, saldrn de seguro los monstruos del futuro, si no lo evitamos.

Hay una Cuba oscura entre nosotros hambrienta de poder, dogmtica y autoritaria, irascible, sectaria, que no dudar aliarse con la otra Cuba oscura que hemos adversado con el socialismo. Tenemos que aprender a identificarla en la gentica de siameses que se comparte entre los privilegios de funcin que se defienden e intentan perpetuar, en la ambicin, la vanidad y el ego desmedido y la riqueza nacional o fornea que se hace a costa de la explotacin del otro.

Ambas esperan su oportunidad para ser una misma y descarrilar la democratizacin de nuestra sociedad y el Estado de Derecho de las mayoras que nos urge seguir desarrollando, por eso le temen a la Constitucin, a su condicin de arca de las metas tangibles, o por alcanzar, de la civilizacin en nuestro pas, a su culto por los ciudadanos, porque no puede ser la Constitucin monopolio de nadie cuando es de todos.

Seremos sin dudas responsables si un da acaban por imponerse por nuestros miedos y flaquezas. Esa es una agona pospuesta que nos lastra como nacin y a la que solo cabe oponerle la Cuba nueva que hayamos podido ser hasta hoy, la Cuba nueva que queremos ser.

Pienso en todo eso ahora que la era de los campeones de la autoridad tica en la poltica cubana culmina, ahora que nos disponemos a dar nuestro voto por quienes nos deben representar en el gobierno nacional, ahora que necesitaremos de la humildad, la sensibilidad, el altruismo, la inteligencia, de la honestidad, del valor colectivo para enfrentar los retos que nos esperan como sociedad, ahora que deber llegar el tiempo de los ciudadanos para evitar que por la brecha dejada por los grandes se cuelen e impongan finalmente sobre cada uno de nosotros los enanos la multitud de tiranuelos, que tan prolijamente han alimentado la indiferencia de los buenos, la cortedad de miras, la desconfianza y el miedo supersticioso al pensamiento y al ejercicio del criterio diferente.

La defensa de la Constitucin, de sus valores, derechos y garantas como la ms autntica herencia poltica del Socialismo en Cuba, su despliegue protector para impedir y cesar violaciones, para conceder y reintegrar, para salvaguardar la integridad y el pleno ejercicio de los derechos y la lealtad constitucional que exijamos a nuestros servidores pblicos y en esa consecuencia a las instituciones y al Estado, ser quizs la primera frontera poltica que pongamos entre nosotros y todos esos peligros, tambin nuestro escudo y nuestra espada, la poltica nueva que tenemos que hacer y lograr valer como ciudadanos. Por eso al ttulo de sta columna, para ser leda por ustedes, habra que agregarle: faltar a ella es un delito tambin traicin.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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