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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-02-2018

Elogio de la ociosidad

Bertrand Russell
El viejo topo


Como casi toda mi generacin, fui educado en el espritu del refrn La ociosidad es la madre de todos los vicios. Nio profundamente virtuoso, cre todo cuanto me dijeron, y adquir una conciencia que me ha hecho trabajar intensamente hasta el momento actual. Pero, aunque mi conciencia haya controlado mis actos, mis opiniones han experimentado una revolucin. Creo que se ha trabajado demasiado en el mundo, que la creencia de que el trabajo es una virtud ha causado enormes daos y que lo que hay que predicar en los pases industriales modernos es algo completamente distinto de lo que siempre se ha predicado.

Todo el mundo conoce la historia del viajero que vio en Npoles doce mendigos tumbados al sol (era antes de la poca de Mussolini) y ofreci una lira al ms perezoso de todos. Once de ellos se levantaron de un salto para reclamarla, as que se la dio al duodcimo. Aquel viajero haca lo correcto. Pero en los pases que no disfrutan del sol mediterrneo, la ociosidad es ms difcil y para promoverla se requerira una gran propaganda. Espero que, despus de leer las pginas que siguen, los dirigentes de la Asociacin Cristiana de jvenes emprendan una campaa para inducir a los jvenes a no hacer nada. Si es as, no habr vivido en vano. Antes de presentar mis propios argumentos en favor de la pereza, tengo que refutar uno que no puedo aceptar. Cada vez que alguien que ya dispone de lo suficiente para vivir se propone ocuparse en alguna clase de trabajo diario, como la enseanza o la mecanografa, se le dice, a l o a ella, que tal conducta lleva a quitar el pan de la boca a otras personas, y que, por tanto, es inicua. Si este argumento fuese vlido, bastara con que todos nos mantuvisemos inactivos para tener la boca llena de pan. Lo que olvida la gente que dice tales cosas es que un hombre suele gastar lo que gana, y al gastar genera empleo. Al gastar sus ingresos, un hombre pone tanto pan en las bocas de los dems como les quita al ganar. El verdadero malvado, desde este punto de vista, es el hombre que ahorra. Si se limita a meter sus ahorros en un calcetn, como el proverbial campesino francs, es obvio que no genera empleo. Si invierte sus ahorros, la cuestin es menos obvia, y se plantean diferentes casos.

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