Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-02-2018

Los claroscuros del independentismo

Jordi Crdoba
Rebelin


He defendido siempre el derecho de autodeterminacin para cualquier pas o territorio donde una parte importante de la poblacin reclame un referndum de este tipo, y no slo para las antiguas colonias, que es, en buena parte, la doctrina oficial de las Naciones Unidas. Pero equiparar de manera general los procesos de independencia con los avances sociales no tiene ningn fundamento. Ciertamente, a lo largo de la historia ha habido movimientos de emancipacin nacional que han estado muy ligados a las revoluciones populares. No ha sido as, sin embargo, en las secesiones que han tenido lugar durante las ltimas dcadas en la Unin Sovitica, Yugoslavia o Checoslovaquia, donde se han impuesto mayoritariamente gobiernos neoliberales, en algunos casos claramente autoritarios, e incluso abiertamente tolerantes hacia el nazismo y los grupos fascistas en general.

La independencia, por otra parte, no es siempre una situacin jurdica perfectamente definida. As, podemos hablar de estados parcialmente reconocidos, como es el caso de Taiwn (al que reconocen actualmente 20 pases), de la Repblica rabe Saharaui Democrtica (reconocida por ms de 45 pases), de Palestina (por ms de 130 pases) o de Kosovo (por ms de 110 pases). Todos ellos pueden considerarse estados con "reconocimiento limitado", ya que no son miembros de pleno derecho de las Naciones Unidas, bsicamente por el veto de uno o ms miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, principalmente los Estados Unidos, Rusia o China.

Si bien en el marco de la Unin Europea (UE) no ha habido desde su fundacin ningn proceso interno de independencia, y sus fronteras se consideran prcticamente intocables, apenas hace unos aos que la UE apoyaba con entusiasmo la secesin de una veintena de nuevos estados del Este de Europa. Adems, siete de aquellos pases se han acabado incorporando a la Unin. Es el caso de Estonia, Letonia, Lituania, la Repblica Checa, Eslovaquia, Eslovenia y Croacia. A pesar de eso, el proceso independentista cataln es una situacin prcticamente indita en el interior de la UE, con tan solo un nico referndum pactado en la historia de la Union, el de Escocia en el ao 2014, en cierto modo comparable a los de Quebec en Canad de 1980 y 1995, en las tres ocasiones con derrota de los partidarios de la separacin. Tambin es oportuno recordar los acuerdos de Belfast de 1998 entre el Reino Unido y la Repblica de Irlanda, donde se aprob, entre otros puntos, la posibilidad de un referndum para una hipottica reunificacin irlandesa, un proceso que implicara en primer lugar la separacin del Ulster respecto al Reino Unido. Cerca de veinte aos despus, aquella consulta an no se ha celebrado, bsicamente porque los republicanos o nacionalistas norirlandeses no creen que existan todava las condiciones adecuadas para obtener una amplia mayora.

En el Estado Espaol, y concretamente en Euskadi, se prometi durante aos que sin terrorismo era posible dialogar sobre cualquier propuesta. Sin embargo, unos aos ms tarde, sin ningn tipo violencia, ni en el Pas Vasco ni, evidentemente, en Catalua, el gobierno del PP, con el apoyo de Ciudadanos y del PSOE, no ofrece ningn tipo de solucin a las reivindicaciones nacionalistas, ms all de la supuestamente "intocable" Constitucin de 1978. Esa Carta Magna que el ao 2011 se modific, eso s, por exigencias de la Sra. Merkel y de la Unin Europea. En esas condiciones, es evidente que el referndum del 1 de octubre no tena ninguna posibilidad de celebrarse con las garantas necesarias, no solo por la oposicin rotunda del gobierno espaol, sino tambin por la falta total de apoyo de la comunidad internacional, dos condicionantes que llevaron a la gran mayora de los hipotticos partidarios del No a ignorar la consulta. A pesar de que por parte del gobierno espaol hubiera sido mucho ms inteligente tolerar el referendum, sin reconocerlo formalmente, en lugar de practicar la incalificable represin policial que se llev a cabo, tambin por parte del gobierno cataln hubiera sido mucho ms razonable considerar la consulta como una nueva medida de presin de caras a una futura negociacin, es decir sin efectos vinculantes.

As hemos llegado a la situacin actual, sin duda el peor conflicto en muchos aos en el estado espaol, seguido apenas con disimulada preocupacin por la Unin Europea. Una situacin muy grave por la represin policial y por la aplicacin del artculo 155 de la Constitucin, que ha supuesto el cese del gobierno autnomo en pleno y la disolucin del Parlamento, as como el encarcelamiento de buena parte de los ms destacados dirigentes independentistas, tanto del gobierno (PDeCat y ERC) como de las organizaciones soberanistas (ANC y Omnium). Pero el proceso ha dado tambin muestras evidentes, sobre todo a partir de las elecciones del 21 de diciembre, de la existencia de una Catalua profundamente dividida. Por un lado, Ciudadanos ha sido el partido ms votado en los 10 municipios ms poblados del pas: Barcelona, L'Hospitalet, Badalona, ​​Terrassa, Sabadell, Lleida, Tarragona, Matar, Santa Coloma de Gramenet, Reus y las comarcas de las que forman parte, adems de la Val d'Aran, en este caso en pleno Pirineo y con su propia lengua y cultura tradicionales, muy prximas a la Occitania francesa. Por otro lado, y en enorme contraste, la hegemona independentista en buena parte de la Catalua interior, donde Junts per Catalunya (candidatura prxima al PDeCat) y ERC han acaparado ampliamente el voto ciudadano, destacando ciudades como Girona, Sant Cugat, Manresa, Vic o Vilafranca, adems de la casi totalidad de las comarcas interiores. Mientras tanto, las fuerzas polticas de ambos extremos del arco parlamentario (PP y CUP) se han hundido electoralmente, y la brutal polarizacin ha dejado tambin tocados al PSC y Catalunya en Com - Podem.

En todo caso, no hay duda de que en los ltimos meses hemos llegado a una situacin extremadamente grave. Pero era evidente que el camino de la declaracin unilateral de independencia (DUI), a falta de nadie para negociar desde la otra parte, a falta de apoyo internacional, era el camino de la confrontacin total con el estado. La situacin actual es enormemente compleja, pero la apuesta debera ser intentar superar la grave confrontacin poltica e institucional existente en el pas, priorizando las polticas sociales y trabajando para conseguir, a medio plazo, un referndum que la Unin Europea pueda llegar a reconocer como legtimo. En todo caso, defender el derecho de autodeterminacin, sin olvidar la solidaridad con el resto de los pueblos de la pennsula, ha de ser perfectamente compatible con promover una Repblica Federal o un estado confederal, opciones que, como la separacin, comportan inevitablemente una gran reforma constitucional llena de enormes dificultades en la perspectiva histrica actual.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter