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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2018

La izquierda alternativa tras el procs

Albert Recio Andreu
mientras tanto


I

Seguimos en pleno desarrollo del serial cataln. Si queramos sensaciones fuertes, tensin y cambios de rumbo inesperados, no se puede negar que el procs da para mucho. Aunque el coste de tanta emocin es que la derecha ha reforzado su hegemona, tanto en Catalunya como en el resto de Espaa. Y las actuaciones de unos y otros se han cargado elementos cruciales de las estructuras democrticas. Tanto en el plano del funcionamiento institucional como, y es lo peor, en el de la cultura democrtica de la poblacin. La judicializacin del proceso por parte del Gobierno y sus aliados ha posibilitado que sea la cspide de la judicatura (Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional y Audiencia Nacional) la que est reinterpretando leyes y derechos e interviniendo directamente en la poltica cotidiana. Una respuesta tan peligrosa como la actuacin de los partidos independentistas en su desprecio, cuando les ha convenido, de la legislacin vigente. Hemos entrado en una peligrosa situacin donde el rbitro revisa el reglamento segn le parece. Donde la manipulacin de las reglas del juego es el ncleo de la estrategia de cada parte.

Pero el peor dao democrtico ha sido el del relato con que cada uno de los bandos ha buscado legitimar sus intereses: apelando a sentimientos ms que a razones, generando una imagen estereotipada del contrario, alimentando los viejos tpicos sobre catalanes y espaoles, acusando sistemticamente al contrario de antidemocrtico (o, al contrario, presentando cualquier maniobra propia como modlicamente democrtica), avivando temores, y reduciendo el debate poltico a una mera repeticin de eslganes y lugares comunes. El efecto ms corrosivo de esta dinmica es el de propiciar el analfabetismo democrtico de grandes masas y transformar la accin poltica en batallas de hinchas. Un mal que, una vez instalado, costar mucho eliminar y que hace an ms difcil encontrar salidas respetables.

Ha habido tambin un dao colateral en el proceso, igualmente dramtico. Y es que este enfrentamiento polarizado ha revalorizado el papel de las derechas y ha dejado en la cuneta los avances de la izquierda, sus posibilidades de propiciar un cambio. La vieja frase de Machado sobre las dos Espaas vuelve a sonar como una maldicin. Los dos bandos nacionalistas han acabado por generar un escenario del que se han excluido las polticas de transformacin. Y no podra ser de otra forma; cuando se apela a los sentimientos, a la nostalgia y a la identidad, se acaba en manos de los defensores de las esencias tradicionales.

II

Hace dos aos, pareci posible abrir un perodo de transformacin poltica. Tras frustrarse totalmente esta posibilidad en junio de 2016, la victoria de Pedro Snchez en el P.S.O.E. sugiri que se poda reabrir lo cerrado. Hoy, las perspectivas son mucho peores. Pedro Snchez y su troupe se han disuelto como azucarillos en la llamada a defender la patria (una de las cosas en las que Marx ms acert es en que la historia a menudo se repite, y la repeticin suele ser ms ridcula que el original). Pero quien ms castigo ha sufrido en las encuestas de opinin es la izquierda que representan Unidos-Podemos [1]. Y posiblemente se trate de un descenso que tiene visos de consolidarse, al menos para el futuro inmediato. Es tiempo de revisar la experiencia y de replantear salidas.

Este descenso es en parte un subproducto del procs, pero no slo. Es evidente que la batalla identitaria en que se ha convertido el conflicto cataln es letal para quien basa su estrategia en otras cuestiones. Y es bastante evidente que el posicionamiento adoptado por Izquierda Unida-Podemos ha espantado a parte de sus votantes, tanto en Catalunya como en el resto del pas. Pero a ello hay que sumar el desvanecimiento en la posibilidad de cambio radical que aup los primeros xitos electorales de Podemos tras el 15-M, y que generaron las nuevas candidaturas del cambio en muchos Ayuntamientos. En un mundo tan dominado por un sistema organizado de creacin de emociones, tan socializado en el recurso a satisfactores inmediatos de necesidades, tan adoctrinado en la cultura del xito, si no ganas pronto el desnimo se traduce en desapego. Y esto es lo que tambin est detrs del retroceso. La izquierda alternativa tiene, a ojos de una parte de sus potenciales votantes, un doble estigma: el de haber fracasado en su intento de darle la vuelta a los problemas sociales y el de haber estado demasiado cercana al independentismo (cosa que, paradjicamente, tampoco le ha granjeado demasiadas simpatas entre los que se movilizan por la Republica catalana).

Ni en el plano estatal se consigui expulsar al Partido Popular del poder, ni se supo capear con mucha habilidad la amenaza que representa Ciudadanos. Tampoco los nuevos ayuntamientos del cambio han sido capaces de generar una sensacin de que las cosas estn cambiando realmente. No quiero decir en absoluto que se est haciendo mal; por lo que experimento en Barcelona, me atrevera a decir que incluso en muchos casos se hacen mejor de lo esperado. El problema est en que las dinmicas sistmicas y el marco institucional son tan potentes y perversos que se tiene la sensacin de que la poltica municipal es permanente desbordada por las fuerzas del capital y las maniobras de los poderes polticos hostiles. Es lo que ocurre, por ejemplo, en el caso de la vivienda y en el de la lucha contra la pobreza. Aunque se estn haciendo enormes esfuerzos por reforzar servicios y prestaciones sociales, tratar de evitar desahucios, y buscar alternativas a la gente sin hogar, las demandas desbordan continuamente las necesidades. En este contexto los avances son modestos, aunque no despreciables, y difciles de visualizar. Los compromisos, a menudo ineludibles, que deben asumirse debido a la correlacin de fuerzas existente, propician nuevos desnimos y deserciones. Y, sobre todo, menguan la percepcin social de una izquierda alternativa portadora de una profunda transformacin. No pretendo hacer un balance derrotista. Slo destacar los problemas de fondo a los que hay que enfrentarse para evitar una evolucin indeseable.

III

El primer principio que hay que seguir es el de realidad. Y, a mi entender, la realidad actual es que se han perdido las ventanas de oportunidad que propiciaron la irrupcin de Podemos y de los Ayuntamientos del cambio, as como el crecimiento electoral de todo el espacio de la izquierda alternativa. Creo que en esto es fcil ponerse de acuerdo. Ello no conduce necesariamente a un diagnstico conservador, sino a buscar un nuevo modelo de accin. Creo que hay varios espacios a explorar.

En primer lugar, respecto al procs. Aunque sea un terreno hostil, hay que insistir en explicar tanto la inviabilidad (y en muchos aspectos indeseabilidad) de la va independentista como el inaceptable planteamiento del unitarismo espaol. Es sin duda un planteamiento que va a recibir muchas crticas y rechazos, pero que puede ganar credibilidad a medida que se hacen patentes tanto la inconsistencia de la poltica independentista (y el hartazgo que provoca en Catalunya el vernos encerrados con un solo juguete) como la deriva autoritaria de la poltica estatal. La nica forma de ganarse el respeto es precisamente la bsqueda de una salida diferente. Y esto puede reforzarse con la adopcin de iniciativas que promuevan un debate abierto sobre el modelo de estado y las amenazas antidemocrticas.

En segundo lugar, hay que ser proactivos en toda la cuestin de derechos sociales. Y empezar a propiciar, apoyar, fomentar, impulsar y colaborar con iniciativas que planteen propuestas en serio sobre las cuestiones ms acuciantes: vivienda, pensiones y sistema de bienestar, derechos laborales, polticas ambientales, etc. Sin revitalizar respuestas sociales, sin reabrir batallas por cuestiones esenciales, sin llamar de nuevo a la movilizacin social, sin tratar de elaborar propuestas a la vez realistas y rompedoras, es imposible que se abran nuevas vas de oportunidad o que podamos siquiera hacer frente a las destructivas fuerzas que amenazan a la sociedad. A la nueva derecha, la que hoy encarna Ciudadanos, no la vamos a derrotar en una competicin de patriotismo, la debemos acorralar haciendo que aparezca su verdadera cara social.

En tercer lugar, los Ayuntamientos del cambio (en los que an son posibles muchas cosas) deben hacer un esfuerzo de explicacin de sus victorias y sus derrotas, de su potencial de cambio, pero tambin de su debilidad. Un ejercicio necesario para reconectar con su base social, para hacer entendible su poltica. Para que muchos sectores que ahora experimentan un cierto desencanto se conecten de nuevo a una dinmica de cambio

Y, en cuarto lugar, hay que hacer un esfuerzo hacia dentro. De consolidacin organizativa, de fomentar la participacin, la democracia y la fraternidad (perdida est ltima en ms de una batalla), en formacin de cuadros preparados para dar respuestas en una sociedad tan tecnocrtica y compleja como la que nos ha tocado vivir. Una tarea que exige tambin un esfuerzo hacia fuera; de tejer las redes sociales con gente que nunca trabajar en un proyecto poltico concreto, pero que forma parte real del proceso social en el que cualquier izquierda que se precie debe aspirar.

Sin duda, no son respuestas milagrosas. A uno siempre le gustara tener la frmula mgica y al final se tiene que conformar con ofrecer sugerencias modestas. En todo caso, lo que parece ineludible es la necesidad de plantearse cambios ante una dinmica social que ha dejado tocadas las expectativas que se abrieron hace un par de aos.

Nota

[1] Aunque en Catalunya la mayor debacle la ha experimentado la CUP, cada vez ms abducida por las tcticas de Puigdemont y cada vez ms sectaria respecto a la otra izquierda y los movimientos sociales.

Fuente: http://mientrastanto.org/boletin-165/notas/la-izquierda-alternativa-tras-el-proces



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