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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2018

El retorno del sapo

Antonio Caballero
Semana


Y ahora resulta que el testigo crucial del caso del grupo de asesinos paramilitares llamado los Doce Apstoles por el que se acusa al ganadero Santiago Uribe no se acuerda de nada. No es el nico. Ni el que, por el contrario, se acuerda de ms cosas de las que saba.

Los procesos judiciales de este pas se han venido llenando de testigos olvidadizos en los ltimos aos, de testigos memoriosos, de testigos lenguaraces y mudos, de testigos amedrentados, de testigos falsos, de testigos dobles, de testigos comprados. Un especialista en la materia, el hoy preso (pero en tratativas de absolucin) ex fiscal anticorrupcin Gustavo Moreno, deca en su libro famoso sobre los testigos, ese que le abri las puertas y los corazones de las ms altas instancias de la Justicia colombiana, que en las crceles de Colombia es posible encontrar testigos de todos los precios, caros o baratos, mentirosos o veraces: los que sean necesarios.

Tambin hay testigos muertos. Solo falta que el testigo ahora amnsico de los Doce Apstoles resulte adems muerto, como le sucedi a la abuelita de la esposa involuntariamente narcotraficante de ese mismo ex fiscal anticorrupcin.

Esta peste de los testigos falsos es una de las varias herencias envenenadas que recibimos de las reformas de la justicia de los tiempos del gobierno de Csar Gaviria. Aquellas reformas pretendidamente realistas que en nombre de la eficacia y por copiar servilmente la justicia norteamericana, tal vez la ms corrupta del mundo (the best justice money can buy, la mejor justicia que se puede comprar con dinero, como la llama la prensa de los Estados Unidos) desmantelaron la arquitectura del aparato judicial colombiano y lo agusanaron moralmente: pago de delatores, que nos retrotrajo a los mtodos siniestros de la Inquisicin que en su tiempo pudrieron de arriba abajo la sociedad de la Espaa de los Austrias; jueces sin rostro, inspirados tambin en ella; regateo de penas, que las reduce o anula para quien pueda pagarlas: con denuncias, o con fichas de casino, o con plomo.

El resultado lo estamos viendo hoy, una generacin ms tarde: nuestra prensa judicial (que es toda la prensa nacional: radial, televisada, escrita, virtual) no publica sino informes de delitos cometidos o de procesos en marcha, o de investigaciones penales ordenadas por los jueces o contra los jueces, o a la vez de las dos cosas. Y de absoluciones y preclusiones. Historias de desfalcos, de peculados, de prevaricatos, de falsedades en documento pblico, de violaciones sexuales, de fraudes electorales, de asesinatos con alevosa y en despoblado, de crmenes de alta traicin. E historias de impunidad de los asesinos o de los violadores o de los desfalcadores o de los traidores. Y de denuncias contra el Estado por todo eso, por las condenas o por las absoluciones, que el Estado siempre pierde. Porque sus propios abogados defensores son ineptos? Porque han sido comprados por la contraparte? Porque los han amenazado de muerte?

El expresidente lvaro Uribe, por ejemplo, sospechoso y universalmente sospechado de violacin carnal en estos ltimos das, demandar a sus acusadores por calumnia, como lo han demandado a l mismo sus propios acusados de violacin, como el periodista Daniel Samper Ospina? O esperar a que pase el ventarrn y todo se olvide, se precluya, se dejen vencer los trminos, como aqu pasa y se olvida todo y de todo vencen los trminos? Su denunciante, la periodista Claudia Morales, dice, sin atreverse ni siquiera a nombrarlo, que le tiene miedo. Tambin le tendrn miedo los fiscales obligados de oficio a investigarlo? Los jueces llamados a juzgarlo, que dada su condicin de aforado son polticos profesionales como l mismo? Veremos, como en el caso de su hermano el ganadero sindicado de paramilitarismo, nuevos casos de amnesia repentina?

Hace 25 aos escrib en esta misma revista que la figura del delator a sueldo instaurada a instancias del gobierno de Csar Gaviria acabara con la justicia, sustituyndola por la codicia o en el mejor, en el menos repulsivo de los casos por la venganza. Que el sapo iba a convertirse en el nuevo animal herldico que presidiera el escudo de Colombia, por encima de nuestro viejo cndor carroero. Ya es cosa hecha.


Fuente original: http://www.semana.com/opinion/articulo/el-retorno-del-sapo-antonio-caballero-columna-de-opinion/555806#cxrecs_s



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