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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-02-2018

Europa, esperando la catstrofe?

Higinio Polo
Rebelin


El sbado 11 de noviembre de 2017, decenas de miles de fascistas polacos desfilaron por las calles de Varsovia. Ante el Palacio de la Cultura y la Ciencia que la Unin Sovitica regal a la Polonia socialista, marchaban miles de personas con bengalas encendidas, y bajo un denso humo que envolva las banderas y el resplandor del fuego que perforaba la noche, los ultranacionalistas gritaban: Queremos a Dios, al tiempo que clamaban por la Polonia blanca, pedan la expulsin de los refugiados que han huido de las guerras, y exigan la persecucin de los comunistas: "A golpe de martillo, a golpe de hoz, acabemos con la gentuza roja". Ese discurso xenfobo y racista ha encontrado amparo, y silencio cmplice, en la Iglesia catlica polaca, y la comprensin y tolerancia del PiS (Ley y Justicia), el partido ultranacionalista que se ha convertido en la organizacin poltica con ms influencia entre los jvenes polacos. Como en otras ocasiones, el desfile fue visto con simpata por el gobierno polaco, integrado por el PiS, una organizacin nacionalista de extrema derecha que gan las elecciones en 2015. En la noche triste de Varsovia (la ciudad que resisti al nazismo, la del levantamiento del ghetto, la que fue liberada por el Ejrcito Rojo) la religin catlica, la xenofobia, el nacionalismo y el odio a los comunistas, unieron en una inquietante serpiente de fuego a sesenta mil polacos que atravesaron la ciudad lanzando un serio aviso a todo el continente europeo.

La prctica desaparicin de la izquierda en Polonia (a causa de la persecucin contra los comunistas en el ltimo cuarto de siglo, y de los errores de la izquierda moderada), como en otros pases del continente, es una de las razones que explican el fortalecimiento del fascismo y de la extrema derecha en casi toda Europa: el vaco que deja la izquierda se llena con propuestas demaggicas, populistas, xenfobas, de extrema derecha y, a veces, directamente fascistas, que, adems, no dudan en lanzar discursos de supuesta proteccin para los trabajadores, como ha hecho el Frente Nacional en Francia y el propio PiS polaco. El culto a la identidad nacional tan presente, por ejemplo, en la organizacin juvenil del PiS de Kaczyński, est en el centro de las propuestas de la nueva extrema derecha, junto con el euroescepticismo.

Esa marcha de fuego de Varsovia ha sido la ltima manifestacin fascista en Europa, pero los antecedentes son numerosos, y se extienden por todos los pases europeos. La poltica exterior de las principales potencias occidentales, que apoyaron el fanatismo religioso (como en Oriente Medio) y cualquier manifestacin conservadora o nacionalista, con el objetivo de luchar contra el comunismo, est en el origen de muchos de los problemas de hoy. Margaret Tatcher, ayudando en 1988 al sindicato anticomunista polaco Solidarność, como hicieron tambin Reagan y el Vaticano, y como continuaron haciendo despus los dos Bush, Clinton, e incluso Obama, con otras organizaciones reaccionarias, alimentaron el resurgimiento de la extrema derecha y del fascismo: a veces, con clculo poltico; en otras ocasiones, con una delirante irresponsabilidad, como se vio, en 2014, con el golpe de Estado en Ucrania, que ha llevado a un pas europeo a contar con ministros fascistas. Kaczyński form parte de ese sindicato derechista, Solidarność , apoyado por Estados Unidos, y no es casual que hoy las organizaciones de jvenes de su partido, el PiS, difundan ideas ultranacionalistas y de extrema derecha. Tambin Janusz Ryszard Korwin-Mikke form parte de Solidarność , ese eurodiputado que considera inferiores a las mujeres y que es tan comprensivo con Hitler. Los ejemplos son numerosos.

As, el paisaje poltico europeo est moteado por seguidores de los camisas pardas que han realizado un oportuno aggiornamento, y por una nueva extrema derecha que ha conseguido conectar con importantes capas de la poblacin. Desde el Frente Nacional francs, pasando por la Lega Nord italiana, el Vlaams Belang belga, el Partij voor de Vrijheid holands (de Geert Wilders, que se convirti en el segundo partido ms votado en las elecciones de marzo de 2017); el FP austriaco, la AfD alemana, el UKIP britnico, los Perussuomalaiset (Autnticos finlandeses, que forman parte del gobierno de Juha Sipil ), el Dansk Folkeparti de Dinamarca (Partido Popular, que apoya al gobierno del liberal Venstre, de Lars Lkke Rasmussen ), el Sverigedemokraterna, SD, (Demcratas de Suecia, que consigui el 13 % de los votos en las elecciones de septiembre de 2014), as como el gobernante Fidesz hngaro de Viktor Orban (aunque, formalmente, pertenezca al Partido Popular europeo), y el tambin hngaro Jobbik (que consigui el 20 % de los votos en las ltimas elecciones), o el PiS polaco de Jarosław Kaczyński y Beata Szydło (que forma grupo con el Partido Conservador britnico) , todos ellos, configuran un amenazador bloque poltico, al que se aade el fascismo ucraniano o los movimientos ultraderechistas en Estados Unidos; incluso en Brasil repunta la extrema derecha, siempre abominando del comunismo. En el Parlamento europeo, la ultraderecha configura un grupo (Europa de las naciones y de las libertades) que cuenta con treinta y siete diputados (del FN francs, FP, Vlaams Belang , AfD, Lega Nord, Partij voor de Vrijheid holands, KNP polaco, un conservador rumano y un miembro del UKIP britnico). En diciembre de 2016, Norbert Hofer, candidato del FP austriaco (Partido de la Libertad, de extrema derecha) consigui casi el cincuenta por ciento de los votos en las elecciones presidenciales. No fue una sorpresa: hace casi veinte aos, Jrg Haider ya consigui situar al FP como segundo partido ms votado del pas. Por no hablar, fuera de la Unin Europea, de la UDC suiza, de extrema derecha xenfoba, primer partido del pas, que consigui el 30 % de los votos en las elecciones federales de 2015 y que forma parte del gobierno; as como de la llegada de la extrema derecha al poder en Ucrania tras el golpe de Estado de 2014, con ministros neonazis incluidos, o del inquietante reforzamiento del partido de Erdogan en Turqua. Menos influencia han conseguido en Espaa y Portugal, donde la extrema derecha sigue siendo marginal.

En Alemania, a partir de 2014 el movimiento PEGIDA (Patriotas europeos contra la Islamizacin de Occidente ) agrup a la xenofobia e islamofobia, para dejar paso despus a la Alternativa para Alemania, AfD, que en las elecciones de septiembre de 2017 consigui casi seis millones de votos, 94 escaos en el Bundestag y casi el 13 por ciento de los votos, convirtiendo a la extrema derecha en la tercera fuerza de Alemania: muestra su relevancia si se comparan esos resultados con los nueve millones y medio de votos del SPD o los quince millones de la CDU de Merkel. En las elecciones presidenciales francesas de mayo de 2017, la fortaleza de la extrema derecha fue tal que la derecha y una parte de la izquierda llamaron, en la segunda vuelta, a votar a Macron, un neoliberal, pese a lo cual Le Pen consigui el 34 % de los votos.

Un rasgo del reforzamiento de la extrema derecha es que ha pasado de la marginalidad a tener un importante arraigo local, como muestra el Frente Nacional en Francia, capaz incluso de organizar actos con ocasin del 1 de Mayo para lanzar sus propuestas a los trabajadores, y de tener gran influencia entre los jvenes, hasta el punto de que aproximadamente el treinta y cinco por ciento de los franceses de entre 18 y 24 aos, suele votarles. Junto a ello, han sido capaces de utilizar todo tipo de insatisfacciones sociales para darles una explicacin y una solucin reaccionaria, xenfoba, nacionalista, que hunde sus races en la bsqueda de un pasado idealizado de una nacin que nunca existi, sin renunciar por ello a presentarse como una fuerza sensata, incluso moderada, capaz de gobernar, como ha hecho Marine Le Pen. Al mismo tiempo, ese viaje a la moderacin, y al centro poltico, con objeto de conquistar espacios de poder, convive con propuestas agresivas, como la que lanz el Dansk Folkeparti dans para que el parlamento aprobase la confiscacin de bienes de los refugiados llegados al pas y sufragar as los gastos ocasionados a Dinamarca.

Los factores que aglutinan a la nueva extrema derecha son el nacionalismo y la xenofobia, pero tambin el rechazo a la Unin Europea, entendida como un ente ajeno a la nacin en que basa su discurso, una Unin convertida en un organismo disolvente, incapaz de cerrar el paso a los inmigrantes percibidos como un peligro; junto a ello, una nueva forma de accin poltica, que algunos han definido como populismo (pese a la equvoca concrecin del trmino y su aplicacin a formaciones de izquierda moderada que han surgido en los ltimos aos) y que no teme arrebatar algunas de las reclamaciones tradicionales de la izquierda socialista y comunista, que recurre a la denuncia de la corrupcin y a definirse demaggicamente como defensora de los trabajadores: no impugna el capitalismo, pero combate el euro y las instituciones europeas convertidas por el neoliberalismo en mazmorra para el resurgimiento nacional. Esa nueva extrema derecha no duda, incluso, en recurrir a cierto lenguaje antisistema. Pero sus ataques a la globalizacin, a las viejas lites polticas (conservadoras o socialdemcratas), sus proclamas contra la corrupcin en gobiernos, instituciones y partidos, van de la mano de sus arremetidas contra la izquierda, sin dejar de lado su ataque al aborto, su defensa de la familia tradicional y su homofobia, su visceral rechazo a los sindicatos, y su militancia en la religin, que conviven con su afirmacin del papel secundario de las mujeres (pese a que algunas de sus dirigentes lo son, como Marine Le Pen o Frauke Petry!), cuyo caso paradigmtico lo encontramos, otra vez, en Polonia, donde un personaje como el eurodiputado Janusz Ryszard Korwin-Mikke, del KORWIN, ha llegado a defender la retirada del derecho de voto a las mujeres por tener estas, segn l, menos inteligencia y formacin poltica que los hombres . Reforzada tambin por la victoria de Trump en Estados Unidos (quien ha mostrado al mundo, sin la menor vergenza, su ruin concepto de la mujer), la extrema derecha europea ataca la globalizacin, como hace la izquierda, aunque partiendo de supuestos completamente distintos. Su influencia, adems, va ms all de sus resultados electorales, porque con frecuencia ese fascismo renovado es capaz de imponer algunas de sus propuestas a los partidos conservadores, e incluso contaminar el lenguaje de la socialdemocracia. En Gran Bretaa, Francia o Austria, la extrema derecha ha sido capaz de marcar la pauta a los gobiernos sobre las leyes migratorias. En otros pases europeos ha llegado ms lejos: en Bulgaria, la ultraderecha ha organizado grupos de matones para capturar a los refugiados que llegan al pas, fenmeno que ha aparecido tambin en Finlandia y Suecia, acompaado de proclamas nazis, como las de Martin Strid, dirigente del Sverigedemokraterna sueco (de extrema derecha, que cuenta con 49 diputados en el parlamento), quien lleg a afirmar recientemente que los musulmanes no son completamente humanos.

La llegada de refugiados, sobre todo de Oriente Medio, a consecuencia de las guerras impuestas por Estados Unidos a esa regin, ha fortalecido a la extrema derecha: en Holanda, Geert Wilders, por ejemplo, basa su accin casi exclusivamente en atizar el miedo ante los inmigrantes, sobre todo los de religin musulmana, ligando su presencia a la criminalidad, como tambin hizo Nigel Farange, del UKIP britnico. No hay duda de que la presencia de inmigrantes en Europa ha sido utilizada como fermento para el crecimiento de la nueva extrema derecha, pero existen otras causas: desde la insatisfaccin por la realidad de la Unin Europea, hasta la dureza de la crisis y el aumento del desempleo para los trabajadores, una parte de los cuales ha credo ver en esos partidos ultraderechistas un instrumento para oponerse a la inmigracin, percibida injustamente como competidora en el mercado del trabajo y como receptora de recursos negados a los trabajadores autctonos; tambin, por el impacto emocional de los atentados terroristas que se han sucedido en los ltimos aos en Pars, Toulouse, Niza, Madrid, Barcelona, Londres, Manchester, Berln, Estocolmo, Oslo o Bruselas, que el nuevo fascismo vincula, en una interesada y absurda mezcolanza, a los musulmanes, los refugiados o la inmigracin, obviando la complicidad europea en las guerras imperiales norteamericanas, en el incendio de Oriente Medio y del norte de frica, y sus consecuencias; junto a la defensa de la identidad nacional que ha arraigado en unos pases con ms fuerza que en otros, pero que alerta sobre un supuesto retroceso europeo (francs o hngaro, dans o polaco) ante una invasin que est lejos de ser real; sin embargo, la presencia de extranjeros, de musulmanes, magrebes, turcos, etc, es utilizada como la prueba (que no por falsa y ahistrica es menos amenazadora para quienes dan crdito a la extrema derecha) de que la supuesta nacin homognea corre peligro y que su defensa slo puede ponerse en manos de los patriotas, de la extrema derecha: la nacin se envuelve en su bandera, y sus devotos se proclaman autnticos franceses, alemanes o finlandeses.

As, la articulacin de un discurso xenfobo, racista, contrario a la Unin Europea y la globalizacin, con elementos populistas, se ha convertido en un aglutinante de la inseguridad, la explotacin y el miedo con que el nuevo capitalismo ha apresado a muchos jvenes y trabajadores pobres, y el rechazo a los inmigrantes se ha normalizado: casi han desaparecido de las informaciones de prensa las noticias sobre agresiones a inmigrantes o a musulmanes, aunque han aumentado notablemente en Polonia, Alemania, Francia y otros pases. Mientras, la crisis de los refugiados ha llevado al enfrentamiento y la divisin en el seno de los organismos europeos, dejando la gestin del drama humano de los barcos y pateras en el Mediterrneo a los gobiernos ms afectados, como Italia y Grecia, sin que se haya elaborado una poltica de la Unin para hacerle frente. Los refugiados, convertidos en objeto de agitacin para la extrema derecha, son moneda para reproches entre los gobiernos europeos, que oscilan entre la negativa a aceptar refugiados de Polonia, Hungra, Rumana, la Repblica Checa o Eslovaquia, y la pasividad de pases que, como Espaa, aunque aceptan sus cuotas, incumplen sus compromisos. La demanda de Hungra y Eslovaquia ante el Tribunal de Justicia de la Unin Europea se sald con el aval al programa de distribucin de 120.000 refugiados, que, sin embargo, no garantiza su cumplimiento: la Repblica Checa ya ha anunciado que prefiere perder los fondos europeos que le corresponden antes que admitir refugiados, Polonia que no los aceptar en ningn caso, y tanto el gobierno hngaro como el eslovaco, que calificaron de indignante la decisin del Tribunal europeo, han anunciado tambin que no piensan cumplirla. Espaa ha acogido slo a la cuarta parte de los refugiados que le corresponden.

Al peligroso ataque de la extrema derecha a la idea de una Europa federal se une la persistencia de la crisis econmica que ha empobrecido, sobre todo, al sur del continente, y que se ha combatido con reduccin de los salarios y la precarizacin en el empleo en muchos pases europeos, mientras se han bajado los impuestos a las empresas, decisin defendida por los gobiernos con el argumento ilusorio de que esa medida servir para conseguir nuevas inversiones y crear empleos que, cuando se han creado, han sido con bajos salarios que estn configurando ejrcitos de trabajadores cautivos de la pobreza. Esa poltica impuesta por gobiernos conservadores y socialdemcratas ha sido apoyada e inspirada por la Unin Europea, y ha trado como consecuencia una creciente animadversin hacia la unin poltica. El riesgo de la fragmentacin de Europa, iniciado con el Brexit, o incluso de algunos de los mayores pases del continente por sus propias crisis nacionalistas, convive con el empobrecimiento del sur (en Grecia, Italia, Espaa, Portugal, incluso en Francia) y contrasta con el fortalecimiento de Alemania, que est siendo aprovechado por la extrema derecha (y que incluso ha cautivado a una parte de la izquierda) para rechazar la Unin. Porque la evidencia de que la poltica de la Unin Europea, la gestin del euro y el mercado nico han favorecido a Alemania y a la Europa nrdica (Holanda, Austria) en detrimento del sur, es un poderoso argumento que mina los cimientos de la actual Unin, refuerza a los nacionalismos y a la extrema derecha, y crea fisuras y desacuerdos en la izquierda, algunas de cuyas fuerzas (ms all de la evidencia del grave dficit democrtico en la Unin Europea, que puede combatirse y superarse) impugnan la propia nocin de una Unin Europea y del mercado y la moneda nica.

La confusa Europa, incapaz de preparar un nuevo proyecto colectivo, mira a Alemania o a Francia, mientras se despide de Gran Bretaa. Macron, el presidente francs, ha presentado un plan de reforma de la Unin Europea, de seis aos, que debera culminar en 2024 con una nueva estructura poltica, federal. Pero Francia est cansada de batallas, y Alemania no est en su mejor momento, de manera que la propuesta de Macron puede correr la suerte de la que lanz Sarkozy, cuando en los momentos ms duros de la quiebra econmica, tras la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos en 2007, propuso la reforma del capitalismo, enmienda que qued reducida a una ocurrencia circunstancial urdida por un presidente aventurero y corrupto, capaz de recibir millones de euros de Gadafi y de organizar despus su derrocamiento, feroz asesinato, y llevar la guerra y el caos a Libia.

El frente democrtico que se opuso al fascismo y al nazismo desde su llegada al poder en la Europa de los aos treinta estuvo articulado principalmente por los partidos comunistas, y la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial vino de la mano de la Unin Sovitica, cuyas banderas rojas aplastaron a los nazis en Berln. No deben hacerse fciles analogas entre la situacin actual y los aos del ascenso fascista, pero conviene resaltar un elemento diferenciador: hoy, el combate y la oposicin al nuevo fascismo y la extrema derecha adolece de la actual fragilidad del antifascismo que construy la Europa de postguerra, y de la flaqueza de las fuerzas democrticas de izquierda. A la deriva de la socialdemocracia, prisionera del discurso liberal, se une la debilidad de los partidos comunistas (fruto de la desaparicin de la URSS y del bloque socialista europeo, pero tambin de sus propios errores y de la saa con que sus propuestas son ignoradas y perseguidas por los laboratorios ideolgicos del capitalismo). As, no sorprende la normalizacin de muchas de las ideas y propuestas de la extrema derecha y del nuevo fascismo, amparadas hoy por partidos conservadores y liberales obedeciendo a un clculo poltico y electoral que contribuye a la marginacin de propuestas progresistas y de izquierda, que tienen cada vez ms dificultades para hacer llegar su discurso a la poblacin.

Detener al nuevo fascismo es imprescindible para acometer despus la demolicin, el imprescindible desguace de un sistema capitalista que lleva al planeta a la destruccin, y que mantiene hipnotizados a los pacientes espectadores de la modernidad, paralizados esperando la hecatombe. Una letal combinacin de nacionalismo, xenofobia, precariedad, crisis y miedo al futuro, acosa a la Unin Europea, cautiva de un dficit democrtico que la ha convertido en un instrumento de la gran empresa y de las burguesas norte y centroeuropeas; una Europa atrapada entre unas instituciones incapaces de articular un futuro sugestivo para las diversas comunidades nacionales, y una Comisin dependiente de los gobiernos ms poderosos, singularmente de Alemania; alarmada por la llegada de refugiados que huyen de las guerras imperiales norteamericanas de las que Europa ha sido cmplice; atada al vasallaje del poder nuclear de Washington, que sigue almacenando centenares de bombas atmicas en el territorio de sus aliados europeos; una Europa incapaz de hablar al mundo como una potencia global, en pie de igualdad con China, Estados Unidos y Rusia; atemorizada por el reforzamiento de la extrema derecha y de los inquietantes brotes fascistas; alarmada por el veneno del nacionalismo que siempre ha ensangrentado al continente y se apodera en estos aos de las calles, esa Unin, que mira el resplandor de las bengalas fascistas en Varsovia, parece estar esperando la catstrofe.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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