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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-02-2018

Catalua: cambio de ciclo

Antonio Antn
Rebelin


Se ha iniciado el cambio hacia un nuevo ciclo poltico-institucional en Catalua, con un fuerte impacto en Espaa. Los factores principales han sido la imposicin del Estado espaol con la aplicacin del art. 155 de la Constitucin, con el aval de PP, PSOE y Ciudadanos, los resultados de las elecciones del 21 de diciembre, con un empate representativo entre partidarios o no de la independencia, y la formacin de un nuevo Govern con mayora parlamentaria independentista aunque dependiente de la nueva realidad de poder y legitimidad social.

Estas semanas estamos en una transicin a la nueva etapa con un reajuste fctico, institucional y de poder, simblico y de legitimidad. Todava la eleccin del President de la Generalitat, ms o menos prolongada y conflictiva, es un momento transitorio y espectacular para cmo alumbrar la nueva etapa. La pugna jurdico-poltica sobre la investidura de Puigdemont (u otro candidato), con su escenificacin meditica y su expresin simblica y legitimadora, representa los ltimos esfuerzos de cada parte por terminar de configurar el nuevo equilibrio de poder y legitimidad y las caractersticas de la relacin de fuerzas y las estrategias de la nueva dinmica.

No hay una normalizacin completa, con el simple acatamiento de la legalidad vigente y el continuismo poltico e institucional del Estado, tal como desea el bloque partidario del art. 155, que qued en minora (43,5% frente al 55% en contra). En particular, el Estado autonmico actual aparece agotado. Ni tampoco, en el bloque independentista, hay una continuidad mecnica de la construccin de la Repblica catalana (posicin que tambin est en minora, 47,5% frente al 52%); y salvo en el caso de la CUP, se inicia una adaptacin o aplazamiento de su imposicin unilateral inmediata buscando otras vas y ritmos.

El procs ha culminado una fase sin poder llegar a la implementacin de la independencia. El bloque independentista mantiene una amplia legitimidad social y la mayora parlamentaria en Catalua pero se impone la evidencia de la insuficiencia de sus apoyos sociales y su capacidad de contrapoder (institucional, econmico, de relaciones internacionales, popular) para imponer un Estado independiente. Al mismo tiempo, las fuerzas unionistas han mostrado su poder estatal y se refuerzan, sobre todo, en el conjunto de Espaa mediante el desarrollo de un nacionalismo espaolista conservador, punitivo y centralizador.

Las lites dirigentes de ambos campos, con algunos reajustes internos (Ciudadanos frente al PP, Junts per Catalua frente a ERC), representan los ncleos de poder neoliberal dominante y se retroalimentan mutuamente mediante el conflicto identitario de ambos nacionalismos. Ambos se enfrentan a la dinmica de cambio poltico de progreso, los procesos ms amplios de democratizacin social y econmica, as como a la dinmica de pertenencia comunitaria ms abierta, democrtica, mixta, plural e integradora tanto en Catalua cuanto en Espaa.

La confrontacin identitaria y poltica entre ambos grupos dominantes busca su propia ventaja comparativa respecto del control y la gestin del poder institucional en su mbito prioritario de influencia y en la configuracin de su distribucin en el conjunto del Estado. La competencia entre ambos ncleos de poder conlleva dos tendencias paralelas, complementarias y beneficiosas para ellos: 1) la hegemona de la fraccin de clase dominante en su respectivo espacio (justificado como objetivo de Estado o nacional, no de partido), as como el reajuste y el refuerzo de la representacin poltica y su legitimidad pblica en cada campo (en beneficio de Ciudadanos, con menor desgaste que el PP, y de Junts per Catalunya, utilizando el legitimismo de Puigdemont); 2) la subordinacin de las fuerzas de cambio de cada mbito en perjuicio de los intereses de las capas populares, junto con el bloqueo hacia una salida de progreso e inclusiva.

Esa dinmica de avivar el conflicto nacional y someter las demandas democrticas y socioeconmicas de progreso es funcional para los ncleos dirigentes de las derechas de ambos campos y el establishment (cataln, espaol y europeo). Por tanto, los intereses principales y las estrategias dominantes derivadas del actual equilibrio de poder y legitimidad permiten aventurar la prolongacin del conflicto territorial, con nuevas formas. Quiz, con menos intensidad conflictiva en la pugna por la reestructuracin de poder, o sea con una relativa tregua respecto de las medidas ms duras de cada parte: ruptura institucional unilateral o disolucin autoritaria de la autonoma. Es decir, por un lado, sin construccin interpuesta de estructuras de Estado propio y con gestin autonmica ordinaria; y por otro lado, sin una regresin dura y centralizadora. Aunque, s con un forcejeo poltico de fondo, continuados emplazamientos mutuos y una fuerte pugna simblica y discursiva.

Por tanto, vamos hacia una nueva etapa, por un lado, con otro proceso de acumulacin de fuerzas del bloque independentista ms lenta y cautelosa y, por otro lado, un proceso de continuismo y contencin estatal. De momento, con subordinacin de la direccin socialista, es decir, sin reforma constitucional sustantiva o apertura a una opcin dialogada e intermedia donde quepan las fuerzas alternativas. Esta polarizacin hegemonizada por las derechas respectivas favorece el bloqueo de los cambios polticos y constitucionales necesarios, profundiza la brecha identitaria y la fractura socioeconmica y neutraliza la conveniente dinmica democrtica e integradora en la cuestin (pluri)nacional y la transformadora e igualitaria en la cuestin social.

En resumen, el riesgo es un bloqueo duradero y a medio plazo de las fracturas sociales y nacionales de fondo, con intentos de desequilibrio hacia ambos lados nacionalistas, pero sin una salida extrema clara, bien de involucin autoritaria en Espaa, bien de escalada inmediata del conflicto secesionista. Aunque en ambos casos con riesgos de degradacin de la democracia, pudrimiento de la convivencia en Catalua y sin un horizonte de progreso social y econmico y de integracin solidaria y convivencia cvica. No es el futuro deseable y sera un fracaso histrico de ambas lites dominantes que podra arrastrar a mayores brechas sociales y autoritarismos.

En consecuencia, evitar esa involucin social y ese conflicto identitario supone un nuevo reto para las fuerzas de cambio y progreso de ambos espacios: un proyecto de pas de pases, democrtico y solidario y, al mismo tiempo, una agenda social transformadora de las graves condiciones materiales de las mayoras populares. Los dos aspectos van de la mano, son irresolubles por separado y son fundamento de la democracia: la justicia social y la convivencia intercultural y nacional solidaria.

La apuesta debe ser por un patriotismo cvico, con un proyecto de una Espaa plural y solidaria, con valores democrtico-igualitarios y laicos. Y con una adaptacin institucional a las nuevas dinmicas locales y mundiales, una importante capacidad regulatoria del Estado, especialmente en las relaciones econmicas y fiscales, pero con la recomposicin de la gobernanza y las cosoberanas institucionales, hacia arriba (Unin Europea) y hacia abajo (naciones, municipios). Por tanto, un modelo social y (pluri)nacional de Espaa y su diversidad constitutiva, diferenciado y superador de la configuracin uninacional y conservadora dominante en nuestra historia y basado en la mejor tradicin progresista, federativa y democrtico-igualitaria.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid. Autor de El populismo a debate (ed. Rebelin)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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