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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-02-2018

Corrupcin y derecho

Julio Antonio Fernndez Estrada
OnCuba


La corrupcin est de moda, aunque todos sabemos que es tan vieja como la sociedad poltica y la institucionalizacin del poder. Hoy casi todo el mundo est de acuerdo en que la corrupcin no es un mal solo de los de abajo, sino de los de arriba, y en los foros internacionales y las grandes cumbres de jefes de Estado existe consenso sobre los daos que ocasiona. Realmente, entonces, lo que est de moda es reconocer la corrupcin como un flagelo que se debe combatir, pero casi nadie ha aclarado el fundamento elemental de lo que se corrompe.

Parecera que la corrupcin est relacionada con inconsecuencias econmicas o el resquebrajamiento de las costumbres, la hoy llamada crisis de valores sirve para aclarar todo dilema tico; pero es muy raro que cuestionemos, cuando pensamos en la corrupcin, la eficacia de la legalidad, el estado de derecho o, ms simplemente, la legitimidad del ordenamiento jurdico del que somos parte.

Aunque la esencia de la corrupcin est en la iniquidad del orden social y el desorden moral que le es consecuente, no ha habido sistema poltico ni econmico, incluido el socialista, que se haya liberado de ella. Y esto es lgico si entendemos la relacin entre corrupcin, administracin pblica y Estado, que en los socialismos ensayados hasta ahora siempre se ha caracterizado por una burocratizacin de la gestin del Estado y una exagerada centralizacin de las directrices polticas y econmicas.

La corrupcin depende de la injusticia social, las economas improductivas o caticas y descontroladas, as como de la descoordinacin entre la moral media de la sociedad y las normas jurdicas del derecho positivo. Esto no es ms que decir que si el derecho no regula los valores universales que la sociedad acepta como propios, lo inevitable es una masiva displicencia cuando no olvido de lo que consagra la ley, por sus destinatarios.

Si el derecho es algo ms que un conjunto de normas que nos coactan, si es educativo, sistemtico, cientfico y coherente con la moral ms comn, entonces es ms fcil apreciarlo como decisivo a la hora de entender la corrupcin.

Toda alternativa al buen derecho es corrupcin, siempre que el derecho sea vlido, legtimo y viable, que no obsoleto o descabellado.

Para tener un derecho que sirva al pueblo es imprescindible que sea popular, suyo, hecho, modificado y controlado por l. No basta que el derecho valga, que haya sido competentemente construido sino que es necesario que se reconozca como til y propicio a la felicidad.

Un Derecho prolijo no es un Derecho bueno. La abundancia en lo jurdico tambin puede querer decir obsesin reguladora, pero abarcar mucho no asegura un buen apretn. Tambin es lamentable la escasez de normas eficaces, y su ambigedad, y su oscuridad.

La sociedad cubana es ideal para entender el fenmeno de la hiperregulacin sin buenos resultados. Los sabios romanos, fundadores de nuestro sistema de derecho, ya supieron que mucho derecho puede ser injusto si no se aplica con equidad y prudencia.

Cuando el derecho falta nos sentimos inseguros, cuando el derecho desborda las relaciones sociales que debi organizar hasta caer en zonas incomprensibles para los que lo recibimos, se convierte en letra muerta. Jams ha salido ganando el derecho cuando ha entrado en friccin con normas anteriores a l o legitimadas por la realidad moral del pueblo.

El derecho debe ser democrticamente propuesto, discutido y aprobado. No hay repblica sin derecho popular ni sana legalidad sin democracia.

Un derecho ajeno, y extrao a la gente que lo recibe cotidianamente, es apreciado como algo salido de un Estado del que no se forma parte. La distancia que se toma en la modernidad entre el Estado y la ciudadana tiene una clave importante en esta constante lejana entre los creadores del derecho y sus principales sujetos reales.

Aprender a esquivar al derecho es aprender los caminos de la corrupcin, por eso debemos darnos normas jurdicas que se integren a la vida social hasta el punto de que su cumplimiento pase desapercibido. Cuando el derecho se funde con la moral media de la sociedad no es casi nunca necesario hacerlo cumplir por la fuerza de los rganos jurisdiccionales.

La lucha contra la corrupcin no se puede dar de espaldas al derecho. La injusticia no crea las mismas consecuencias que otras malas aplicaciones cientficas. El derecho es una ciencia cuya vida tiene la caracterstica de definir el curso de las ms importantes relaciones sociales. Cuando creemos que el derecho no ayuda a vivir estamos escogiendo otra escala de valores, estamos creyendo que el Estado de donde sale es ineficiente y estamos casi siempre seguros de que la poltica que alimenta al derecho no es el camino hacia la libertad.

Los daos ocasionados al derecho afectan la percepcin popular sobre el Estado, la poltica, la patria y otros componentes culturales ms o menos cercanos a lo jurdico.

Es lgico que el pueblo, por ejemplo, diga que el derecho es el deporte del pueblo, invirtiendo una consigna oficial muy difundida, para demostrar su conviccin de que con el derecho se puede hacer cualquier cosa. Es lgico porque la sociedad percibe rpidamente la elasticidad de la legalidad, que paradjicamente es siempre muy daina a todo lo que aspire a ser legal.

Lo anterior se expresa con claridad en una tendencia universal a que la burocracia estatal gubernativa perciba al derecho como un obstculo a la administracin eficiente. Lo que los funcionarios ms alejados de la verdadera legalidad llaman trabas al gobierno, no son ms que los inapreciables medios de control de la ley y la democracia.

Erradicar la corrupcin no puede ser, al modesto entender de este servidor, un esfuerzo contra algunas manifestaciones externas del mal, sino una sistemtica bsqueda de eficiencia econmica, justicia social, educacin en y para la virtud, adems de consolidacin de un sistema jurdico que haga posible y til seguir el rumbo del derecho, siempre que el derecho no sea un montn de normas para alejar a los seres humanos de la concordia y la felicidad.

Fuente: http://oncubamagazine.com/columnas/corrupcion-y-derecho/



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