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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2005

Los intelectuales del nacionalpopulismo

Jos Antonio Fortes
Revista Laberinto


Hoy, cuando la socialdemocracia vuelve a usufructuar el control de los aparatos de gobierno del Estado, podemos decirlo. Ya no hay duda. Bajo el poder poltico del nacionalpopulismo (1996/primavera 2004), la produccin de panfletos de apologa y propaganda del bloque histrico hegemnico burgus reaccionario alcanz todos los objetivos y obtuvo ganancias y beneficios muy superiores a los previstos en los planes de direccin del dominio ideolgico de clase.

La situacin as lo exiga. La estrategia populista haba obtenido su victoria democrtica por mayora absoluta, y haba que legitimar su larga marcha, haba que cerrar el proceso y proclamar el fin de todas las operaciones, esto es, "el fin de las ideologas", la superacin definitiva e irretornable de la lucha de clases, inexistente ahora y tambin en cada una de las fases del programa acometidas en la irresistible (por victoriosa) ascensin del populismo. Y as, con una fuerte, dura, estricta lgica de legitimacin bifurcada para el ataque y la defensa de clase, el trabajo unitario de la seccin historicista de sus intelectuales orgnicos deja de lado las tareas de los idelogos de la causa y no duda en acometer las faenas divulgativas, dentro de una conjunta campaa de socializacin de la propia historia interna y de los principios que cohesionan sus fuerzas, mueven a la accin, y constituyen la nica y exclusiva materialidad ideolgica y social hecha a su imagen y semejanza en la Espaa contempornea, que no hay otra, que no puede ni podr haber otra, sino esa historia e historia final de esta victoriosa "Espaa Una, Grande y Libre".

En primer lugar est la mtica de los orgenes. El "annus mirabilis" de 1902 como el tiempo en que todo empez a organizarse, lejos las incertidumbres de un proceso de "crecimiento, innovacin y cambio social", esto es, de "modernizacin econmica" que, a partir de ese ao de "la coronacin de Alfonso XIII", se abre de modo inequvoco hasta hoy, sin que para nada importen los costes polticos ni sociales; antes al contrario, stos se minimizan, y ni siquiera quedan contabilizados como daos colaterales (en su lgica y argumentos), sino como hechos invisibles por ms que necesarios. Empecinadamente encubren la violencia de clase y de Estado [1], ejecutada necesariamente hasta la guerra (de clases) materializada entre 1936/1939 para la ms salvaje capitalizacin de la burguesa y su conversin "en paz" ("la paz" social burguesa de la dictadura capitalista, preparada y sostenida por el fascismo y su dominio orgnico), su reconversin al capitalismo moderno de monopolios en primer lugar y as luego postmoderno de globalizacin.

No importa. "La irresponsabilidad de los llamados intelectuales de la izquierda cultural sigue siendo lamentable". Y para este revisionismo beligerante, se trata del doble juego rentable: ensalzar el panegrico hasta la hagiografa del jefe (en este caso el rey), cuyo fracaso debido al "abandonismo de los polticos" trajo la "cada del sistema liberal" y el tiempo "cuando la esperanza se vuelve horror", esto es, la proclamacin de la Repblica y su consabida consecuencia en "la guerra civil espaola". No hay ms, en primera instancia y en lo tocante a la "reivindicacin" de los orgenes, sino esta brutal negacin y gruesa vuelta del revs de la historia y sus razones.

Por supuesto, al doble evento no slo se le dedican libros [2], sino homenajes y ciclos de conferencias, como las de la Academia de la Historia, con asistencia de la mismsima Doa Sofa, ante la que ("Temo no estar a la altura de lo que Su Majestad la Reina merece") declam "como siempre, magistral y brillante" Julin Maras, esto es, uno de tantos intelectuales orgnicos nimbados y revestidos del "prestigio cultural" que emana de la vejez y que el bloque reaccionario mantiene siempre a punto para las ocasiones. Pues se trata ahora de establecer la legitimacin ltima intelectualista de los poderes de clase que proporciona la ideologa, y en este caso la ideologa culturalista del reaccionarismo, y a ello se apresta este buen seor don Julin Maras, quien "defini el Reinado de Alfonso XIII como una de las pocas ms gloriosas de la vida intelectual y cultural espaola. `Quedaba todava vivo todo lo que haba sido el pensamiento de la Restauracin. La literatura de la restauracin. Estaban vivos gentes como Mnndez Pelayo, Castelar, Galds, Pereda, todas las grandes figuras de la Restauracin. Y despus hay toda una serie de generaciones con una situacin de libertad completa y de concordia entre lo intelectual. Por ejemplo, toda la generacin del 98, cuya publicacin se inicia justamente con el comienzo del reinado. Despus, la generacin de Ortega, de Maran, Prez de Ayala y todos los autores de la generacin siguiente. Pero es que la generacin que se llama del 27, es decir los nacidos en torno a 1901, todos publican la mayor parte de sus libros dentro del reinado de Alfonso XIII'. Fue un reinado que abarc cuatro generaciones riqusimas, creadoras; una poca de una condensacin asombrosa que Espaa no haba vivido desde el Siglo de Oro. Y por encima de todo emerga la libertad y la coherencia: `No haba discordia ─dice Maras─. La discordia se produce un poco al final del reinado. Recuerdo el homenaje a Azorn en 1913: ah estaba toda la gente representativa!, sin distinciones de ideologas ni de puntos de vista. Haba una gran concordia en el cuerpo intelectual' [3] .

No hay duda. Las simplificaciones y tergiversaciones fuertes se acumulan, sustituyen a la historia y ofrecen esa sustitucin como la historia misma, como la nica y verdadera historia, como la verdad, fija e incuestionable, que se reproduce y llena los manuales de obligado cumplimiento en la enseanza (y no slo secundaria y de bachillerato, sino igual universitaria, ese Bachiller Superior que se imparte en la Universidad), as como tambin en el resto de los aparatos ideolgicos de clase y de Estado. Porque, nada ms y nada menos que semejantes gruesos falseamientos de los hechos histricos de la produccin literaria e intelectual los proclama uno de los "viejos prestigiosos" del intelectualismo orgnico reaccionario (todava vivo, por supuesto), cuyas "opiniones" quedan tratadas convenientemente para su mayor eficacia en el cumplimiento de los objetivos que toda funcin ideolgico social del trabajo intelectual tiene encomendado sine qua non.

Para ello, para el cumplimiento de objetivos trazados en la funcin social del trabajo ideolgico orgnico, y por centrarme en este caso concreto, en primer lugar, se subliman sus "opiniones" hasta la altura de consideraciones filosficas, en las que "dos notas sobresalen por encima de cualesquiera otras: la veracidad y la claridad". En segundo lugar, pero al mismo tiempo y de modo complementario, el lanzamiento de semejantes vulgarizaciones cultural filosficas estn apoyadas por un pattico montaje de premios y de recompensas "merecidas" al "ser referencia moral su pensamiento", por "su trayectoria humana", "la mirada serena", "espejo limpio y fiel" su obra, donde "nunca est ausente la esperanza ni la lucha contra `el espritu destructor' que siempre niega". "Frente a esa actitud negadora y negativa, la serenidad de la mirada es la nica que afirma y que permite la visin de lo real tal como es"; "una mirada serena contra la mentira y el espritu destructor"; he ah "la misin del intelectual", he ah el "imperativo" y "jerarqua" de su trabajo. Y as, con gran "sorpresa"(!) le cayeron el Premio Internacional Menndez Pelayo, junto con el Premio de la Fundacin Cristbal Gabarrn a la "Trayectoria Humana, en la modalidad de Pensamiento y Humanidades". [4]

En tercer lugar, la pieza clave de la bveda levantada, el cierre del crculo de premios y galardones, el apoyo mximo al valor de uno (ya digo; hay ms, a la espera de turno, en reserva paciente y encadenada) [5] de tantos cuantos intelectuales orgnicos el publicismo de clase del reaccionarismo logra su presentacin como "espritu" no destructor [6] sino de "veracidad", "limpio y fiel", que "jams sucumbi al resentimiento ni al sectarismo", pese a que [sic] "al terminar la guerra civil, le fue vedada toda posibilidad del ejercicio pblico de la docencia y tard varios aos en encontrar un peridico en el que poder escribir". He aqu la panacea, la clave, la gran mentira.

He ah la prueba de fuego definitiva para la gran mentira necesaria: fabricar "espritus" inclumes y "puros", "limpios" y "fieles", "verdaderos" e inocentes, tan "libres" y neutrales ante los crmenes y asesinatos de clase y de Estado perpetrados por el fascismo y sus fuerzas orgnicas durante la guerra de clases de 1936 a 1939 y durante la postguerra (1939/1975). He ah los intelectuales que valen, cuyo "alto" y "merecido prestigio" no podrn dejar de parangonar ni cantar las generaciones y generaciones de espaoles, hasta el infinito y ms all. [7]

Por eso, en ltimo lugar, siempre y en cada situacin concreta, para cada entramado, para cada relacin de produccin de intelectualismo e ideologa dentro del dominio de clase que hegemoniza el bloque reaccionario, actuar la mstica de "la guerra civil espaola". Esto es, que por la guerra de clases de 1936/39 y por el subsiguiente dominio del fascismo "victorioso" habr de pasar no slo la seleccin de intelectuales orgnicos y dems funcionarios ideolgicos en toda su jerarqua, sino la operatividad misma de la funcin ideolgico social de clase que a su trabajo y servicio se le ordena (orden ejecutiva) cual imperativo de ineludible e inmediato cumplimiento.

Por eso, junto a los fastos propios de la mstica de los orgenes (en torno al reinado de Alfonso XIII, etc.), el bloque hegemnico reaccionario habr de poner en marcha la conmemoracin de los "25 aos de paz", "libertad" y "democracia" bajo la monarqua borbnica en su postmoderna y postrera restauracin, como la gran ocasin que abre y cierra el panegrico, por supuesto, de su propia exaltacin, y por acontecimiento interpuesto, de la efemrides de "el da de la victoria" fascista en abril del 39 como obligado precedente del "franquismo, tiempo sombro" por fin cerrado, "aquella remota dictadura" (1939/1975) felizmente superada y "en paz", tal como cantaban efusivos los festejos [8] .

Panegricos de exaltaciones y efemrides que, sin empacho, se suceden y tautologizan, hasta concentrarse all donde ms falta hacen, en el comienzo de todo y principio del fin: "Franco ha sido un principio. Promovi lo tcnico, liquid problemas pasados (conflictos de clase). Cuestiones paliadas desaparecieron tras su muerte. Su extenso mandato hizo posible cambios profundos (alentados o desarrollados por el rgimen con sus valores y principios. `Franco y su era epnima fue un clmax previo a la actualidad y el fin de un perodo horrendo de la historia' que ojal no se repita. Franco, escribe Payne, `queriendo y/o sin querer, abri firme el camino hacia la modernidad'. Slo el Omnisciente ─o nadie─, sabe el saldo del horror y la guerra" [9].

En efecto. Convertido Franco en "el primer demcrata", tras "haber vencido el primero en el campo de batalla al marxismo", y "slo Dios sabe el saldo del horror y la sangre" que ello supuso. Pues no hubo "un golpe de estado fascista dado en 1936 contra un rgimen democrtico. No haba tal. En 1936 hubo un golpe militar contrarrevolucionario; porque se haba desencadenado una revolucin antidemocrtica [...] Se evit una dictadura comunista y se impuso una de derechas" [10].

Pero que, ni ms ni menos: la historia vuelta del revs y bien destrozada, la historia falsificada. La falsa historia establecida e impuesta durante la postguerra fascista en Espaa, 1939/1975, que resulta de un burdo montaje: `esto era una vez que haba' una supuesta "dictadura comunista" como estado ltimo proveniente de una supuesta "revolucin antidemocrtica" (alguien sabe o conoce en qu consiste una revolucin democrtica?) supuestamente "desencadenada" a partir mismo de "las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931 [que] dieron el triunfo a la izquierda, en la que se impuso el maximalismo. No bastaba con someter a la Iglesia al derecho comn; haba que reducir su influencia; [y ya en "el proyecto constitucional"] los socialistas se mostraron aun ms intransigentes [...] Se trataba en suma de llevar a cabo una verdadera revolucin religiosa. Los catlicos quedaban excludos de la Repblica. Luego, cuando una gran parte de ellos dio a la CEDA la victoria en las elecciones de 1933, los socialistas daran otro paso: ya que no bastaba la revolucin religiosa, haran la revolucin poltica, negndose a aceptar el resultado de las urnas. Supuso la Revolucin de 1934. La sangrienta persecucin religiosa de 1936 no ser ms que el corolario. Primero se haba echado a los catlicos; luego se haba supeditado la democracia a ese fin y ahora se les mataba. / No se entiende cmo, si fueron as las cosas, persiste el discurso oficial que nos habla de un golpe de estado fascista dado en 1936 contra un rgimen democrtico. No haba tal. En 1936 hubo un golpe militar contrarrevolucionario; porque se haba desencadenado una revolucin antidemocrtica [...] Se evit una dictadura comunista y se impuso una de derechas".

He ah todo el argumento del reaccionarismo y contrarrevolucionarismo. Helo ah, reproducido hasta el da de hoy, con todo su simplismo y simplificacin de la historia, con toda su gruesa falacia y empecinada manipulacin. Sin ms. Sin que ni siquiera responda "ante Dios y ante la Historia", como haba de responder "el Jefe", quien "asume en su entera plenitud la ms absoluta autoridad", tal como establece el artculo 47 de los Estatutos de Falange Espaola firmados por Franco por decreto que los aprueba y da oficialidad estatal el 4 de agosto de 1937. Ni aun siquiera eso.

He ah las razones que la propaganda fascista fabric, impuso y socializ desde el comienzo mismo de su "era", tal como proclaman todos sus aparatos y sus intelectuales orgnicos, puestos al trabajo en cualesquiera los lugares: el BOE (con sus prembulos propagandsticos y sus rdenes autolegitimadoras), radio y prensa del Estado y del Movimiento, editoriales Nacionales y de cada una de las fuerzas coaligadas victoriosas, escuelas Nacionales y Enseanzas nacionalizadas catlicas, Universidades como centros de adoctrinamiento y extraccin de cuadros y jerarcas, as como de elaboracin de teoras de ordenamiento, legalizacin, legitimacin y al fin de normalizacin del fascismo en cuanto dominio poltico, social e ideolgico de clase burguesa capitalista.

He ah las razones del fascismo, sus razones, aprobadas por ellos mismos, y por ellos mismos publicitadas. Las leyes autopromulgadas, las proclamas y las arengas de prensa y radio de la Direccin General de Prensa y Propaganda, pero ya antes los gabinetes de prensa de los generales sublevados, Mola, Queipo, Franco, y desde los primeros momentos de la sublevacin y, luego en la guerra, los libros que en ediciones de grandes tiradas se publicaban en Burgos, Granada, Cdiz, vila, Zaragoza, San Sebastin, Valladolid, etc. La propaganda de la Causa General. La propaganda fabricada por los funcionarios ideolgicos "alias" (para nada importa el nombre de estos para nada interfectos) Pemn, Gom, De Castro Albarrn, Borrs, Cosso, Gay, Aznar, Arrars, Vallejo Ngera, Salaverra, El Tebib Arrumi, Prez Madrigal, Snchez del Arco, Ortiz de Villajos, Moreno Dvila, etc, etc.

La propaganda que el publicismo historicista del bloque reaccionario pone otra vez en circulacin en la proclamacin de las efemrides de "la guerra civil", ya sin asuntos interpuestos sino directamente, en la proclamacin de la victoria "en la paz" y "la democracia" del nacionalpopulismo. Los voceros recabados de entre el montn de mercenarios: los "alias" de Po Moa, Csar Vidal, Jimnez Losantos y dems resto de corifeos para la socializacin de la originaria propaganda fascista [11]; pero que no estn solos, antes al contrario constituyen el ltimo escaln de una gran cadena cuyos eslabones se explicitan conforme lo exigen "las circunstancias", esto es, la correlacin de fuerzas en la batalla "en la paz" y "la democracia" para y hasta la Conquista (la Reconquista) del Estado y gobierno de sus aparatos. Y sobre esto, el encadenamiento de funcionarios ideolgicos del fascismo en su trabajo orgnico por el dominio de clase de la dictadura capitalista, tngase el caso reiterado y por ello ms notorio y recompensado de "alias" Francisco Umbral [12]; tngase su Madrid 1940. Memorias de un joven fascista (1993), que denuncia certeramente Julio Rodrguez Purtolas: "buena parte de Madrid 1940 procede de modo directo ─por no decir directsimo─ de Checas de Madrid (Toms Borrs, Cdiz, Cern, 1940). Ello con una muy curiosa particularidad: los horrores que en Borrs aparecen atribuidos a los rojos en el Madrid y sus alrededores de la guerra civil, en Umbral se achacan a los falangistas [...] Mas lo que sucede es que eso no es la represin de la postguerra, sino la pornografa poltica del terror rojo de Checas de Madrid" [13].

http://laberinto.uma.es

NOTAS:


[1] Cfr. E. Gonzlez Calleja, La razn de la fuerza. Orden pblico, subversin y violencia poltica en


[2] Citar slo el Austral del mes, La modernizacin econmica en


[3] A. Astorga, noticia de la conferencia de Julin Maras en el ciclo de la Academia de la Historia sobre el reinado del Monarca Alfonso XIII, ABC (25 de junio 2002): 45.


[4] Cfr. I. Snchez Cmara, La mirada serena, ABC Cultural (25 mayo 2002): 17; ABC (20 julio 2002): 6, 3, 49; El Mundo (4 junio 2002): 2, 49; El Pas (4 junio 2002): 34. Cfr. El Pas (7 noviembre 1998): 40.


[5] La tragedia personal de todos estos est en que el olvido y el silencio se ensaan con ellos, e incluso a veces se ensaan cuando han cumplido la misin y el servicio para los que se les requiere. As, en el caso de don Julin Maras. Ya en prensa el presente volumen de Textos Intempestivos, de nuevo aparece el pattico lamento del hijo, Javier Maras, que lleva ms de diez aos clamando en el desierto de los poderes de clase para que a su seor padre le rindan el homenaje que s recibieron sus compaeros de generacin, los intelectuales orgnicos del fascismo en Espaa, los Lan, Cela, Torrente, Rosales, Maravall, Aranguren, Tovar y otros. Cfr. Javier Maras, Pero me acuerdo, El Pas Semanal (13 junio 2004): 114. Cfr. Lan rinde homenaje a la generacin de 1940 al cumplir 90 aos. Jos Mara Aznar [Presidente del Gobierno del Partido Popular, esto es, el nacionalpopulismo] preside una cena en honor del acadmico y ensayista, El Pas (18 febrero 1998): 40


[6] Imposible borrar la frase, dogma y consigna de Jos Antonio Primo de Rivera, Jefe de Falange Espaola: A los pueblos no los han movido nunca ms que los poetas, y ay del que no sepa levantar, frente a la poesa que destruye, la poesa que promete!; pronunciada por primera vez en el discurso de la fundacin de Falange Espaola, el partido fascista en Espaa, en el Teatro de la Comedia de Madrid el da 29 de octubre de 1933; pero, frase, dogma y consigna, como otras muchas joseantonianas, repetida hasta su socializacin y aun vulgarizacin durante el dominio del fascismo de Estado, aos 40 de postguerra y mediados los 50.


[7] Para la denuncia de slo parte de todo ello, cfr. C. Alonso de los Ros, La verdad sobre Tierno Galvn, Madrid: Muchnik, 1997; G. Morn, El maestro en el erial, Barcelona: Tusquets, 1998; J.A. Fortes, La magia de las palabras (del intelectualismo fascista en Espaa), Granada: I&CIL, 2002 (2 ed. 2003).


[8] Cfr.: VV.AA., Real Academia de la Historia, Venticinco aos de reinado de S.M. Don Juan Carlos, Madrid: Espasa Calpe, 2002;


[9] J.M. Gonzlez Pramo, Franco, transicin y concenso, El Rotativo (19 mayo 2004): 2.


[10] J. Andrs-Gallego, Anticlericalismo y libertad de conciencia, El Cultural (12 junio 2003): 26, dedicado al libro homnimo de lvarez Tardo, publicado precisamente por el Centro de Estudios Polticos y Constitucionales con el subttulo de Poltica y religin en la II repblica espaola (1931-1936), que es lo que propiamente se explica en sus pginas.


[11] Cfr. J. Tusell, Bochornosa TVE, El Pas (22 febrero 2003): 26. Cfr. los lugares ms duros y beligerantes, en los aparatos ideolgicos de EL Mundo y la Cope, que sobrepasan las viejas posiciones de ABC.


[12] Francisco Umbral, Premio Cervantes 2000, publicitado y vendido como La modernidad gana el premio: La escritura de Umbral, una autntica revolucin del espaol en el ltimo cuarto de siglo, recibi ayer el Premio Cervantes, la mayor recompensa de las letras hispanas. Fue, como l dijo, una victoria de la innovacin y el progresismo frente a la vieja cultura (El Mundo, Documentos, 13 diciembre de 2000; El Cultural, 13-19 diciembre 2000). Ni ms ni menos, que todo lo contrario: una escritura, la de Umbral, ms que requetevieja, de reciclado tras reciclado, a contar desde el remedo de Cela, ms toda la parafernalia fascista, pues no tiene otro mrito y trabajo que el de intertextualizar (esto es, copiar y remedar) los panfletos literarios del fascismo de combate, del fascismo de guerra y sobre todos ellos del fascismo de Estado, que se extienden y recorren como literatura oficial todo el dominio orgnico del fascismo en Espaa.


[13] J. Rodrguez Purtolas, Umbral y los fascistas, El Pas Babelia (10 septiembre 1994): 11.




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