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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-02-2018

El espejismo de la paz

Matilda T. Uribe
Rebelin


Pasmada de terror, atribulada por la fatalidad de su destino, Visitacin reconoci en esos ojos los sntomas de la enfermedad cuya amenaza los haba obligado, a ella y a su hermano, a desterrarse para siempre de un reino milenario en el cual eran prncipes . Era la peste del insomnio Nadie entendi la alarma de visitacin. Pero la india les explic que lo ms temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no senta cansancio alguno, sino su inexorable evolucin hacia una manifestacin ms crtica: el olvido*1 .

Habiendo trascurrido mucho tiempo de aquel desasosiego, parte de los habitantes de Macondo fueron sobrecogidos por otra peste abismal: El espejismo de la paz. A diferencia de aquellos tiempos primitivos en que las pestes aparecan natural y espontneamente, sta surgi de los avatares histricos del nuevo siglo en el que los que fueron rebeldes por ms de cinco dcadas, decidieron volver al redil del orden establecido y deponer las armas, a cambio de convertirse en un partido poltico y de las promesas de una elite gobernante que los quera ver abatidos y rendidos. Se trataba de la organizacin insurgente ms numerosa y antigua de aquel territorio . L a vida se organiz en el curso de casi cinco aos, -tiempo irrisorio para el tiempo de la historia-, en torno a aquel discurrir. La dirigencia del grupo insurgente y la elite que gobernaba hablaban de paz, del fin de la guerra, de superar el conflicto armado; con gran fervor y dedicacin discutan diferentes temas para dejar en letra sacra unos acuerdos en un papel que al pasar de mano en mano terminaran rodos y sucios, por los medios de comunicacin se incubaba la idea de que se entrara en una nueva era, que habra sustanciales cambios que traeran la paz. Grandes tormentos se desataban sobre la mayora de sus habitantes a lo largo y ancho de ese territorio. El hambre, la pobreza y la miseria se extendan dejando una secuela de desventuras tan tristes como espantosas: nios y nias moran por desnutricin, mujeres parin sin alimento, personas de todas las edades se vean tiradas como si fueran cualquier basura en las calles; salarios miserables; trabajadores, obreros, empleados, aprisionados y esclavizados; campesinos despojados de sus tierras y deambulado como parias sin destino, eran entre otras, las dolientes penurias y fatalidades que se vivan sin descanso. No falt, quienes dijeran que una maldicin haba cado sobre aquel pueblo. Y cual caldero en ebullicin, funga sobre este mismo cuerpo social, amenazas, asesinatos, masacres, el encarcelamiento de sus habitantes por buscar justicia y crceles de tortura, la represin a ultranza si se protestaba y otras barbaries. Tal espanto no era casual, tampoco era una maldicin, una ruin casta de execrable crueldad, que nada tendra que envidiar a los mas canallas tiranos de todos los tiempos y lugares, ejerca todo tipo de afrentas, abusos, violacin de los derechos del pueblo y una devastadora violencia para mantenerse en el poder y continuar acaparando y apropindose de las riquezas que esa tierra prdiga y maravillosa ofrendaba a todos los que all nacieren. No habra de extraar entonces, que campesinos, obreros, indgenas, trabajadores, empleados y desempleados, y otros sectores, se vieran impelidos a desarrollar todas y cuantas formas de lucha concibieran para liberarse de tan terribles tormentos. No era de extraar que un grito de basta ya! recorriera valles y montaas, no era de extraar que la indignacin, el dolor, la ira santa se sintiera en las fibras de esta plyade oprimida y vilipendiada. Creca el anhelo de lograr una sociedad con justicia y equidad, en la que mujeres y hombres tuvieran paz y pan, se anidaba el anhelo de lograr un destino liberado del sometimiento de la casta insensible que se turnaba el poder. Lo que si fue extrao, fue aquel espejismo. La mxima instancia de la organizacin insurgente pareci no percatarse de que la intencin del astuto oligarca que manejaba los hilos del poder no era la paz, ni finalizar la guerra, pues esa guerra con doctrina militar incluida*2 era la que ejercan para mantenerse en el poder. Sus obscuras intenciones eran arrasar cualquier asomo de rebelda y dar fin a las organizaciones insurgentes, lo haba intentado con su tenebroso antecesor por la va militar sin lograrlo, ahora jugaba esta nueva carta pues al susodicho le encantaba el pker. Desarmarlos fsica e ideolgicamente sera su triunfo, as podran sin obstculos hacer de las suyas, entre otras seguir con lo que su gobierno llamaba la locomotora minera. Por eso desde el comienzo mismo puso las ms aberrantes condiciones, durante el trascurso sus actos y declaraciones*3 lo delataban y encima traa un prontuario nada recomendable, es decir el santo hombre no era de fiar. La mxima instancia de aquella insurgencia hubiera podido darse cuenta de no haber sido poseda por los fuertes brotes de aquel espejismo del que nunca se supo si ese era su verdadero nombre, o si se trataba de otra novedad, mas, si no era exacto, bien le avena. A dems de generar una fiebre que suba y bajaba dependiendo de las vicisitudes del momento, presentaba otros extraos sntomas como el olvido -aquel al que refiri alarmada la india Visitacin cuando descubri la peste del insomnio-, o lvid la mxima instancia de aquella organizacin que con neoliberalismo no hay paz, olvid las causas que dieron origen a su lucha, olvid las palabras de los que consideraban histricos *4. Otro extrao sntoma, era el de c onfundir los amigos con los enemigos y a la inversa, entonces decidieron que el astuto oligarca era su aliado para la paz, y le secundaron un premio nobel, simbiticamente crean que al drselo al l, haba sido entregado al pueblo. Creer a fe ciega en promesas y darlas por ciertas, a tiempo demostraban con hechos y no con promesas su abnegada entrega, una unilateralidad que los dejo sin con qu negociar, ni un arroz, ni una mazorca, pues de tanto ceder terminaron en la inopia. Afirmar algo cuando los hechos mostraban lo contrario, inslito sntoma, estaban asesinando inmisericordemente a gentes del pueblo, o sacaban a sangre y fuego a comunidades enteras de sus tierras y otras crueldades inconcebibles, pero seguan afirmando reiteradamente que haba llegado el fin de la guerra*5. El espejismo de la paz les haba incubado a su vez, un sentimiento de mea culpa con golpes de pecho, en que invariablemente invocaban el perdn y la reconciliacin. El espejismo cual peste se extendi. Crea una parte considerable de un conglomerado llamado izquierda, que por la firma de unos acuerdos con quienes desde el poder ocasionaban tan grandes tormentos, llegara la paz. No se percataron que los acuerdos estaban envenenados con el perverso medicamento neoliberal, no imaginaban tampoco que esa casta en el poder no los fuera a cumplir, y en aquel estupor que pareca de alarmante ingenuidad, seguan creyendo e insistiendo en que la implementacin de tales acuerdos los conducira a una paz completa, sostenible y duradera. L os lmites con la realidad se hicieron tan difusos que las expectativas crecieron en mescla de ardientes expectativas y esperanzas que rayaban con el delirio: s es posible la solucin poltica del conflicto con cambios en la institucionalidad, con cambios y garantas para ejercer la poltica libremente sin el temor de ser asesinado, desaparecido, perseguido, ni encarcelado. Sin nada que demostrase y ningn argumento que soportara tal afirmacin volvan sobre nuevas profecas cual pitonisas frente a las cartas adivinatorias: que habran mltiples formas de participacin social y poltica, de concertacin y de respeto a los derechos humanos; que habran carreteras, escuelas, hospitales, tierras para los campesinos. Lo s hechizos del espejismo les hicieron concebir la idea de que tales acuerdos, tenan la mgica propiedad de trasformar un estado de cosas inherentes a la sociedad de la dominacin y el sojuzgamiento sin tocar las fibras que la sostenan y pasando por alto que la prioridad de la casta en el poder era la de preservar el orden econmico, social y poltico establecido que les permita tan enormes privilegios y reinar a sus anchas. Fue tanto el jolgorio, las subidas y bajadas, las opiniones de politlogos, el traqueteo de los medios, los ojos del mundo mirando cual obra de pasin durante este proceso, que los movimientos sociales y organizaciones populares creyeron que algo nuevo iba a ocurrir en Macondo. Al cabo de las mil y una noches tan alegres augurios se iban desvaneciendo, la realidad gritaba desesperada su verdad, se encontraba inmersa en la lgica de un sistema que llevaba la guerra en sus entraas y por la que palideci Macondo aquel 6 de diciembre de 1928 cuando el ejercito disparo a mansalva sobre hombres, mujeres y nios que en la estacin protestaban exigiendo a la United Fruit Company, mejores condiciones para los trabajadores en las plantaciones bananeras. Fue l a terrible consecuencia, como dijera el coronel Aureliano Buenda, de haber invitado a los gringos a comer guineo . Las cosas desde ese entonces no cambiaron, continuaron las masacres, y durante los das y noches de tan intenso discurrir, el cuadro de dolor, terror y muerte no cesaba:   Nos van a matar, en el norte del Cauca nos estn matando y ni la Fiscala ni el Ejrcito dan soluciones, La Comunidad de Paz de San Jos de Apartad denuncia que han visto movimientos de tropas del Ejrcito y los paramilitares que amenazan a los miembros de esta comunidad y cometen otras violaciones a los derechos humanos, como stos clamores, otros ms surgan con angustia y alarma desde los distintos puntos cardinales. Se saba que se estaba asesinando inmisericordemente a gentes del pueblo, a lderes y activistas sociales, a defensores de derechos humanos tal cual un genocidio en macha. De detenciones arbitrarias, de amenazas, de hostigamientos, de la encarnizada represin, de la militarizacin y paramilitarizacin de los territorios y otros demonios . No obstante el da de la firma de los acuerdos, fotografa recorriendo el mundo -, apretn de manos, sonrisas, aplausos y dems, el dirigente mximo de los que fueron rebeldes declara: Est triunfando la paz, no lo dudamos. Nos sentimos orgullosos de que Colombia siga siendo referente mundial de paz"*6. El espejismo se haba consumado.  

Algunas anotaciones complementarias:

Un episodio de la extraordinaria novela Cien aos de soledad de Garca Mrquez, L a peste del insomnio , me ha remitido por asociacin, a la realidad que hoy vivimos en Colombia. Me he tomado la licencia de aplicarlo  al discurso que a mi manera de ver eman y se fue construyendo durante el proceso de negociaciones entre el gobierno y la dirigencia de las que fueron las FARC-EP y al que he denominado El espejismo de la paz. El tema podra parecer extemporneo, h abiendo actualmente otro proceso en curso, situaciones como las elecciones u otras, y/o con lo ocurrido despus de la firma de los acuerdos, mas pese a lo puntual del momento, este proceso es cosa reciente y gnesis de la actual coyuntura. Ninguna de las elocuentes profecas se hizo realidad, n ada nuevo ha ocurrido en trminos de la anhelada paz, el mundo de horror no cesa con un genocidio en marcha y otros demonios, y no obstante el incumplimiento de los acuerdos por parte del gobierno, el discurso erigido durante este proceso se mantiene, es decir el espejismo est vivo y ronda por doquier atenazando la verdad. Amerita profunda reflexin. O tro proceso est en curso, los dilogos o negociaciones con el ELN, la experiencia anterior parece ser asimilada, mal podran tropezar de nuevo y con la misma piedra, las diferencias ya son manifiestas. Por supuesto lo que he expresado es una manera de ver, sentir e interpretar nuestra realidad hoy. No aspiro sea compartida y por el contrario se cuanto dista del grueso de la izquierda, y aqu quiero diferenciar ese difuso llamado de esta manera, en el que una parte ha perdido lo limites con la derecha, o es una izquierda de derecha, esa parte que instig a la dirigencia y grito loas al proceso en el mismo animo del representante de la oligarqua Santos y con la misma estigmatizacin y condena, su SI en el plebiscito, para ver acabada y amordazada esta insurgencia. Otra parte de esta izquierda, no obstante comprender o interpretar el conflicto armado como un conflicto que tiene races en profundas desigualdades sociales y econmicas, fue poseda por el espejismo de la paz, -me disculparan, es mi sincera mirada-, esta izquierda sigue nadando en las aguas tibias del espejismo de la paz: Santos en un pedestal anuqu le han bajado algunas gradas- el amargo desenlace en que se ve el proceso, hecho aguas, proceso fallido y otras expresiones, en su decir es por culpa de la ultraderecha de Uribe. Metidos en esa falsa polarizacin, se olvidaron del enemigo de clase y de la existencia de clases sociales, se salen de su argot las palabras socialismo, emancipacin, incluso capitalismo y ahora como por obra y gracia de algn espritu, se criminaliza la rebelin y hay que pedir perdn por esta afrenta a la clase en el poder. Guardadas proporciones y diferencias, es como si Bolvar tuviera que pedir perdn por sus gestas libertarias. A quienes vemos crticamente este acontecer, al p arecer no nos es viable disentir, ser crticos, o ver las cosas de otra forma, da la sensacin de estar haciendo un atentado a las buenas costumbres de lo polticamente correcto. Nos queda continuar la lucha por una sociedad justa, equitativa, fraterna, liberada de los dominadores que nos han sojuzgado, para encontrar la paz por fuera del infierno del capitalismo salvaje y de este modelo neoliberal asqueroso. Que las sombras se hagan luz y avancemos unidos por ese nuevo amanecer.

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*1. Fragmento de L a peste del insomnio en la novela Cien aos de soledad de Garca Mrquez

*2 L a nueva doctrina militar del ejrcito colombiano deja claro que ni el gobierno colombiano ni su ejrcito se preparan para la paz sino para todo lo contrario: la profundizacin del control y la represin, criminalizando toda forma de protesta al considerarlas como parte del Sistema de Amenazas Permanentes (SAP) que, segn los voceros militares, amenazaran la estabilidad luego de la firma del acuerdo final con las FARC, y se plantea convertirse en un ejrcito mercenario dispuesto a realizar operaciones internacionales bajo el tutelaje de la OTAN. Tomado de: kaosenlared.net/masacres-a-la-poblacion-civil-en-colombia-mientras-santos-ataca-a-ve...

*3. Declaracin Santos frente en el Congreso de la Asociacin Colombiana del Petrleo :

si hay un sector que se va a beneficiar de esta paz, es ste permtame muy brevemente contarles a ustedes, porque son los ms interesados, en qu va eso y por qu lo nico que esto les trae a ustedes son beneficios. A ustedes y cualquier empresario del pas nosotros diseamos una hoja de ruta muy clara, con unas lneas rojas, con unas condiciones. Y que de esas lneas no nos bamos a mover. No bamos a negociar nuestro modelo econmico Que no bamos ni siquiera a permitir que se discutiera Si ustedes se leen con cuidado los acuerdos que ya hemos logrado, se van a dar cuenta que ah no hay un punto, no hay una coma, que los afecte negativamente, ni uno ( http://es.presidencia.gov.co/

*4. Entrevista a Ral Reyes https://www.rebelion.org/hemeroteca/plancolombia/040507reyes.htm

*5. El fin de la guerra o el fin de la insurgencia. www.rebelion.org/noticia.php?id=210869

*6. Timochenko en d iscurso de cierre del Acuerdo de Paz  www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=5&id=FARC-EP&inicio=0


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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