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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-02-2018

Discriminacin diversa

Fernn Medrano
Rebelin


La discriminacin est convencida de que la diferencia es bienvenida a ninguna parte. Por eso, milita contra ella. Ms an, obra contra ella. Y ya todo el mundo sabe que el sentimiento de amenaza o sea, el miedo estimula el rechazo automtico hacia la diversidad. Pero los prejuicios tnicos no son ms que eso: comportamientos demasiado instintivos. Y estn anclados en el terreno ms primitivo de la condicin humana. Vale la pena indagar si es que estamos evolucionando a la inversa, hasta retornar a la prehistoria. Tal vez todo ha sido una falsa impresin o un espejismo; quiz nunca hemos avanzado otro peldao de la escalera de la evolucin. La discriminacin contina siendo esa bazofia que nunca acaba de ser barrida por completo de las relaciones sociales. No deja de causar sorpresa que a estas alturas de la vida haya que afilarle los dientes a la seora Ley como medida para contener la loca violencia de la exclusin y su cara plural, pues la discriminacin tambin posee su propia diversidad: el racismo, el machismo, el chovinismo, la homofobia y dems.

Hay quienes juzgan el nacionalismo como simple complejo de inferioridad disfrazado; consideran que solo es aldeanismo de vanidosos pigmeos; los liliputienses esgrimen el terruo contra el mundo. No obstante, no deja de ocuparnos y preocuparnos la cuestin de la discriminacin, sobre todo para quienes la hemos padecido en carne propia. Y cada vez zumba en la cabeza con ms fuerza la pregunta de cul ser la solucin o la vacuna contra este mal. Acaso la idea de surtir el cdigo penal de ms normas no sea lo bastante, pues correramos el albur de transformarnos en hipersensibles, lo cual pudiera fomentar los guetos: solo negros, solo blancos, solo mujeres, etc.

Es posible que no exista una sola respuesta para atacar este asunto de raz, sino una combinacin de las mejores propuestas. Pese a ello, yo s creo que estamos obligados a persistir apostndole al mismo nmero: a la educacin. Pero de inmediato, me adelanto a aclarar que estoy hablando de la educacin que sensibiliza a ciencia cierta, ms all de la mera inculcacin cultural que nos suministra conocimientos para saber hacer o para saber pensar. No se trata de ese tipo de instruccin. No. Esa no es la idea principal. De eso ya estamos empachados. Se trata de saber sentir el ay! ajeno como si fuera propio y, por qu no, vivirlo con la misma intensidad de nuestro semejante.

En ese orden de ideas, cabra experimentar el olvido que aconsejaba Borges. Sera interesante probar qu sucede si los negros nos olvidramos de que somos negros y los rubios de que son rubios y los indgenas de que son indgenas y los mestizos de que son mestizos, y as sucesivamente, hasta fusionarnos entre todos como hermanos. El planteamiento no es de negacin, es de autorreconocimiento en el semejante. Lo que quiero decir es que no nos detengamos demasiado a mirar las aparentes diferencias, sino la esencia. Tomemos en consideracin exclusivamente que somos la misma raza, una raza: la humanidad. Y punto.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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