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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-02-2018

Resea de La ta del abanico. 1930. Espionaje en Granada
Un libro reconstruye una red de espionaje durante la Guerra Civil y el proceso judicial que acab con la vida de 37 personas, entre ellas, las "ocho rosas"

Amanda Martnez
Rebelin


Granada, 1938. Haca dos aos que haba triunfado el 'alzamiento'. La ciudad se adaptaba al nuevo orden impuesto por Franco con su gente hambrienta y asustada. Eran tiempos de silencio y de represin, de miedo a las sacas y los paseos, en los que el da a da estaba marcado por las denuncias de vecinos o familiares, por procesos de 'depuracin', espas infiltrados en todas partes, detenciones y ejecuciones sumarias.

El da 6 de junio de 1938, el capitn de la Guardia Civil Mariano Pelayo recibi en su despacho del cuartel de las Palmas una carta bomba que le estall en la cara. Lo dej manco y tuerto. Aquel paquete se lo haba entregado Jos Yudes Leiva, un joven del Albaicn al que el mismo Pelayo haba sacado de la crcel y reclutado como espa. En cuestin de das, 116 personas fueron encarceladas por su relacin con este atentado. Formaban parte de una 'lista negra' que Pelayo haba elaborado gracias a las confidencias del propio Yudes y de una misteriosa mujer. Qu pas y quines fueron los protagonistas de aquel suceso son algunas de las preguntas que Enriqueta Barranco responde en el libro 'La ta del abanico. 1930. Espionaje en Granada', que se publicar en breve y que ha contado con la colaboracin de la historiadora Maribel Brenes.

Aquel atentado se juzg el 22 de agosto de 1938. El proceso, "sin duda el ms importante y sensacional visto en Granada desde hace muchos aos", como lo calificaba la crnica de IDEAL, acab con la vida de 37 de aquellas personas, que fueron fusiladas en la tapia del cementerio de San Jos sin un juicio justo, sin garantas ni contemplaciones, acusadas de delitos de traicin, de rebelin militar o adhesin a la rebelin.

Tena montado el capitn Pelayo desde finales del ao 37, probablemente desde que era delegado de Orden Pblico en la provincia de Granada, un importante servicio de contraespionaje. Una de sus agentes era una misteriosa mujer, misteriosa porque "mucha gente saba que exista pero casi nadie la conoca", explica Barranco, "ni siquiera sabemos si el nombre por el que se haca llamar era real porque los espas podan viajar con documentacin falsa y podan no ser quienes dijeron que eran". Muchos la conocan con el sobrenombre de 'la ta del abanico'. Como Alicia Herrera Baquero aparece en la crnica de aquel juicio.

'La ta del abanico' fue una espa republicana interceptada por Pelayo cuando lleg a Granada y a la que alist para la causa nacional. Desde una taberna de la calle Puentezuelas o en su propio domicilio de la calle de la Tinajilla, organizaba reuniones clandestinas para identificar a izquierdistas. Nombres que haca llegar al capitn.

Las ocho rosas

Entre los contactos que estableci Alicia haba ocho mujeres. sus nombres estn escritos en el memorial del cementerio de San Jos. Como a sus compaeros de proceso, las fusilaron el 4 de octubre de 1938. "All estn estos nombres pero no sabemos el por qu de su destino. Y hay que hacer justicia al respecto", explica Enriqueta Barranco. Son Conchita y Gracia Peinado Ruiz, dos hermanas bordadoras y vecinas del Carmen de la Fuente, "acusadas de haber favorecido la evasin de personas por el carmen hacia la zona republicana y tambin de beneficiar la comunicacin con espas republicanos que entraban y salan de su casa". En sus idas y venidas a la crcel para visitar a su padre, Jess Peinado Zafra, conocieron a Concha Moreno Grados, modista e hija de Rafael Moreno Ayala, conocido socialista de la ciudad, amigo de Fernando de los Ros y Alejandro Otero.

Otra de aquellas 'rosas' fue Laura Ballesteros Girn, vecina de la Bobadilla y miembro del Partido Comunista, que haba trabajado en la fbrica de tabacos lo que le permiti establecer contactos con destacados izquierdistas. Mercedes Romero Robles, conocida como Mercedes 'la de Huneja', era una empleada del servicio domstico que parece que lleg a Granada ya como espa. Por las cuevas del Sacromonte entraban y salan enlaces republicanos. All mand Pelayo a 'la ta del abanico' y all conoci a Angustias Ruiz Prez y a Remedios Heredia Flores, que ofrecan sus casas a quienes intentaban escapar a la zona 'roja' por el Camino del Monte. La lista la cierra Filomena Santoyo, otra amiga de 'las Nias del Carmen de la Fuente' de la que quizs se vengaron por ser una persona de cierta relevancia desde el punto de vista social.

"Pero tambin este proceso sirvi de escarmiento, para tener controlados a gremios como el del transporte o los cuerpos de seguridad del Estado. Entre los fusilados hubo miembros de la guardia de asalto y trabajadores del ferrocarril o tranvas", explica Enriqueta Barranco, que ha buceado en los fondos del archivo del Juzgado Togado Militar de Almera hasta dar con las declaraciones de cada uno de los procesados.

El capitn Pelayo

Pero lo que en principio pareca una "historia romntica, una conspiracin contra mujeres", dio un vuelco cuando la investigadora se top con la figura de Mariano Pelayo. "No fue un simple guardia civil, ni un simple delegado del gobierno para el Orden Pblico, sino que lleg a ser el jefe de los servicios secretos de Andaluca Oriental y un personaje fundamental para que triunfara el 'alzamiento' en Granada". La documentacin estudiada por Barranco demuestra que fue entrenado por la Gestapo. "En 1938 hubo en Granada agentes de la Gestapo que instruan a los militares espaoles sobre cmo haba que interrogar y torturar a los detenidos", desvela.

Despus del atentado, Pelayo sigui ocupando cargos relevantes en los servicios secretos. Entre el 45 y el 53 fue el jefe de un organismo conocido como 'la segunda seccin bis de la Capitana General' del Ministerio de la Guerra, lo que le confera un papel relevante en el control de la poblacin. Dirigi operaciones contra el espionaje en toda la regin. En Sevilla y Crdoba hay personas fusiladas a raz de investigaciones de Pelayo, que luci en su chaqueta hasta 16 medallas por mritos, incluida la 'Cruz de 3 clase del mrito de la orden del guila alemana con espadas' que le concedi, en 1941, Adolf Hitler, con la que se premiaba a aquellos extranjeros cuyas actividades haban sido favorables a la causa alemana.

Se cumplen ochenta aos de aquel proceso, de aquellas muertes. El olvido duele y el libro de Enriqueta Barranco es un trabajo de memoria que quiere recuperar aquellas vidas rotas, aquellos tristes destinos que hay tras los nombre escritos en el memorial de las vctimas del franquismo del cementerio de San Jos para que no se borren de la Historia.


Fuente: http://esinformacion.blogspot.com.es/2018/02/ochenta-anos-de-las-ocho-rosas-de.html


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