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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-02-2018

Brasil, la excepcin y la regla

Lindbergh Faras
La Jornada


El golpe de Estado en forma de impeachment contra la ex presidenta Dilma Rousseff no es un incidente aislado. Por el contrario, tiene profundas races en la historia brasilea. La excepcin se volvi regla.

"La democracia en Brasil es un gran malentendido", afirm una vez Sergio Buarque de Holanda, escritor de obras clsicas que tratan de interpretar a Brasil. Qu quera decir al pronunciar esa frase? Se refera a dos cuestiones principales.

En primer lugar, la constatacin de que en la historia de Brasil la interrupcin del orden democrtico fue ms una regla que una excepcin. En nuestra breve historia republicana, iniciada hace poco ms de un siglo, en 1889, fueron escritas seis constituciones, dos de ellas en plena dictadura (1937 y 1967), y apenas cinco presidentes electos cumplieron ntegramente sus mandatos. Adems, nuestras clases dominantes, an en su proceso de formacin, jams cultivaron virtudes revolucionarias y se alinearon invariablemente a los criterios de aquello que Karl Marx llamaba en el siglo XIX "partido del orden".

En consecuencia, en Brasil se plasm una repblica carente de "padres fundadores" representativos de la unidad entre pueblo y sentimiento nacional, a diferencia de otros pases vecinos. En vez de una guerra civil liderada por un libertador como Simn Bolvar, la independencia brasilea result de una articulacin negociada en la superestructura, por la cual se alej del dominio colonial portugus, pero de tal forma que dio continuidad a la corte. Tales son los puntos ms sobresalientes y obstinados de la miseria poltica del autoritarismo de raz brasilea, as como una indeclinable vocacin de solucionar los conflictos sociales cotidianos por la va de la represin policial.

En Brasil no hubo revolucin burguesa, ni siquiera una revuelta de liberacin nacional. Parafraseando a Florestan Fernandes, la "revolucin burguesa" entre nosotros no se dio gracias a la burguesa nacional, ni por la cultura nacional-popular, sino de la mano del capital monoplico. En ese sentido, la burguesa brasilea no tiene ningn credo. Esta va heterodoxa de realizar la transformacin capitalista exigi, en el terreno poltico, sucesivos regmenes autoritarios el penltimo de los cuales fue la dictadura civil-militar (1964-1985).

Es por eso que el golpe contra la ex presidenta Dilma Rousseff no es un incidente aislado. Por el contrario, tiene profundas races en la historia brasilea. La excepcin se volvi regla. Lleg al poder el rgimen neoliberal ortodoxo de Temer y sus secuaces, conocidos caciques partidarios de la tradicional lite poltica. Aunque Brasil no sea una dictadura (algunas libertades civiles y polticas continan vigentes), ya no se puede afirmar que Brasil tenga un rgimen de democracia plena. Tal vez sea mejor definirlo como una semidemocracia, como bien lo caracteriz el socilogo Marcelo Zero.

Son muchas las novedades que trajo el golpe de Estado del impeachment brasileo de 2016. Antes, la excepcin se generalizaba durante los episodios de instauracin de regmenes autocrticos y dictaduras militares, lo que haca ms fcil su identificacin. Hoy slo ha sido necesario que haya una interrupcin abrupta y formal en la institucionalidad del estado de derecho para que la excepcin se vaya generalizando y ganando molecularmente espacios en el aparato de Estado y en la sociedad civil.

En este sentido, ha sido decisivo el papel del poder judicial, y los procesos contra el ex presidente Lula son emblemticos. En las acciones judiciales contra Lula varias prcticas de la acusacin han reintroducido peligrosamente lgicas semejantes a las de "amigo/enemigo" schmittiano, que la defensa del ex presidente ha identificado como mtodos de lawfare, o sea, de "uso de las leyes y de los procedimientos jurdicos como arma de guerra para perseguir y destruir al enemigo".

Socialmente, la justicia brasilea siempre se caracteriz con las excepciones de rigor como segmento de las clases dominantes que se comportaba como estamento oligrquico. Sin embargo, la referencia histrica se demuestra hoy insuficiente para entender lo que pasa en nuestro poder judicial.

Vivimos un momento de gravedad mayscula. El pacto de la Constitucin Federal de 1988, que permiti casi 30 aos de relativa estabilidad democrtica al pas, y la alternancia de partidos polticos en el poder, especialmente el PT y el PSDB, est siendo roto aceleradamente. La apuesta del golpe de Estado es construir una especie de democracia sin pueblo, en el cual el protagonismo de la izquierda ser reducido a un papel meramente decorativo.

Estn rasgando la Constitucin brasilea, y quienes ms sufren son los trabajadores. La historia de Brasil en el siglo XX, as como en el resto del mundo, puede ser leda como un complejo proceso de constitucionalizacin de los derechos sociales. Bajo el gobierno golpista de Temer la tendencia se invirti y el proceso pas a ser de desconstitucionalizacin.

Comenz con la Enmienda Constitucional 95, que aboli en la prctica obligaciones constitucionales de financiamiento de la salud, educacin y asistencia social. Continu con la reforma laboral que produjo una reforma estructural del mercado de trabajo, precarizndolo a niveles inauditos. Ultiman este proceso con la reforma de previsin social, que pretenden aprobar este mes.

Pero, a pesar de toda esa demostracin de fuerza, al golpe le falt lo principal. Que fuera aceptado por el pueblo.

Cul era la idea del golpe? Implementar un gobierno de plazo limitado (dos aos) dedicado a realizar el trabajo sucio construir la nueva institucionalidad autoritaria para un "paraso burgus" neoliberal y entregar el poder, en 2018, a un presidente electo del mismo bloque golpista, de preferencia del PSDB.

Pero la situacin actual de estancamiento econmico (con una perspectiva de crecimiento de 1% en 2018), precedida por dos aos de grave recesin (2016 y 2017) que produjeron una prdida de 8% del producto interno bruto, provoc efectos no previstos en el terreno poltico.

La izquierda, especialmente la popularidad del ex presidente Lula, volvieron a crecer de forma avasalladora. Particip de las caravanas de Lula por el nordeste del pas, Minas Gerais y Ro de Janeiro. Impresionante. En todos los lugares de Brasil, las personas ms humildes, los pobladores del interior del nordeste, los trabajadores de un hotel en Ro de Janeiro, un joven estudiante en los suburbios cariocas, todos corren, con una sonrisa en los labios o con ojos llorosos, al abrazo de Lula.

Si Lula ya era un gigante, las persecuciones y el desierto de alternativas crebles por parte del rgimen golpista lo tornaron an mayor. Una verdadera leyenda viva.

El momento actual es de una encrucijada histrica. Los golpistas doblaron la apuesta para intentar, finalmente, impedir por la va judicial la candidatura del ex presidente, lder en todas las encuestas y favorito para imponerle a los golpistas una derrota electoral aplastante. En respuesta el PT reafirm la candidatura de Lula, denunciando el carcter fraudulento de la persecucin impuesta. Las cartas de juego estn sobre la mesa.

Lindbergh Faras es senador por el Partido de los Trabajadores de Brasil.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2018/02/10/opinion/020a1mun


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