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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-02-2018

Cuando el problema es la izquierda

Emmanuel Rodrguez
Ctxt

Hoy asistimos a dos procesos distintos que no debemos confundir: un recambio de lites, frente a la crisis poltica del rgimen, y a las primeras tentativas de formacin de instituciones propias de clase


Ms de un mes de artculos y contraartculos sobre la izquierda y su incapacidad de salir de su propia burbuja social y cultural. La serie vino iniciada por un puado de provocaciones en El Confidencial. Pero la discusin ha desbordado con mucho a sus promotores iniciales. En estas semanas han escrito figuras como el Nega, el secretario general de IU-Garzn, una conocida asesora de Ciudadanos, la cabeza de Politikon (Pablo Simn), algunos profesores universitarios y otros muchos articulistas y plumillas. Por mal planteado que nos resulte, por equvoco que nos parezca, este debate alcanza a decenas de miles de personas. Por eso merece la pena intervenir en l.

Los argumentos que abrieron la discusin no son especialmente originales. Se repite la incapacidad de la izquierda (incluida la nueva poltica) para llegar a los sectores populares, su siempre pretenciosa superioridad moral, su ensimismamiento y sobre todo su perfil social dominado por la clase media, por no decir, la lite cultural. Nada nuevo, apenas la constatacin de una realidad que es comn a casi todos los pases occidentales: que vivimos en una de esas sociedades dominadas por la ficcin de la clase media. Y que lo que los ingleses llamaban nacin poltica resulta excluyente respecto de todo aquello que no encaja en esa norma social dominante (la clase media), por fetichista y especular que esta resulte. En nuestra nacin poltica no hay espacio para lo que huela y sepa a obrero. En la incapacidad de la nueva poltica de escapar a este diagnstico, quien escribe este artculo tambin prob suerte con un pequeo libro. Su propsito era ofrecer una explicacin social al ciclo poltico que abre el 15M y a las tensiones y contradicciones que representa hacer una poltica de clase media, cuando esta entra en crisis.

Sea como sea, el inters de esta discusin sobre la izquierda llega cuando los polemistas plantean sus propuestas para corregir la situacin. Existe una amplia variedad de respuestas. Unas se centran, las ms, en que la izquierda debe hablar de las cosas que interesan a la clase. Otras, las menos, en que la izquierda debe ser parte de las clases populares y que estas clases deben hablar por s mismas. Algunos incluso plantean propuestas de cuota obrera en los nuevos partidos. Hoy el cuotismo parece ser un derecho para todo sector movilizado. Otros incluso argumentan que en Espaa no existe el problema: que los obreros siguen votando izquierda quizs el problema es simplemente que no voten. Casi todas coinciden, sin embargo, en que el objetivo es el gobierno de la izquierda, las polticas redistributivas, el gobierno para los dbiles y bla, bla, bla... En ltima instancia estamos ante opciones polticas electorales: entre aquellos que nos hablan de la reedicin del viejo partido comunista o socialdemcrata con una amplia implantacin social; y aquellos que nos proponen un tercerismo populista, algo as como un Trump bueno.

Quizs merezca la pena plantear la cuestin en otro terreno, partiendo de algo tan banal como qu es la izquierda? La izquierda es, sin duda, una tradicin, un amplio conjunto ideolgico, unos partidos y unas organizaciones, incluso una cultura, la cultura de izquierdas. Pero la izquierda no es la clase (la clase obrera). Esto es una obviedad. De hecho histricamente, la izquierda ha tenido a ratos (muchos ratos) una psima relacin con amplios segmentos del movimiento obrero. As por ejemplo en los primeros aos del siglo XX: cuando aquellos obreros que apostaron por organizarse solos y al margen de cualquier influencia de intelectuales de otras procedencias sociales, rechazaron una y otra vez su representacin por parte de los partidos socialistas. No hablamos de experiencias pequeas, el sindicalismo revolucionario esto es, los wooblies de todos los pases de habla inglesa, la primera CGT francesa y la CNT se organizaron en una negacin explcita a la delegacin en la izquierda.

Lo mismo se puede decir de la relacin entre clase e izquierda en los conflictivos aos sesenta y setenta. Durante este periodo, amplios segmentos del proletariado juvenil de medio planeta se separaron de los sindicatos y de los partidos comunistas y socialistas para formar sus propias organizaciones de lucha. A la vieja izquierda esta situacin le result tan amenazadora, que en muchos pases (incluido Espaa) decidi combatir a estos otros obreros, a los cuales no entendan y para los cuales no disponan de nada que ofrecer. No sorprende as que los propios movimientos que entonces empezaban a crecer acogieran nombres que los distinguan de la vieja izquierda, como nueva izquierda o autonoma obrera (en primer lugar de los partidos y sindicatos de izquierda), a fin de no ser confundidos con tradiciones que consideraban completamente corrompidas.

Por hablar de nuestro caso parroquiano. En la dcada de 1970, la izquierda espaola (PSOE y PCE) apoy sin muchos remilgos, no slo el acuerdo poltico que dio lugar a la democracia que hoy conocemos. De un modo mucho menos justificable, trat por todos los medios de acabar con la movilizacin obrera que agitaba fbricas y barrios. Y lo hicieron por medio de la imposicin de la poltica de rentas (los acuerdos de la Moncloa de 1977) y de la absorcin de los cuadros del movimiento, a travs de una nueva forma de cooptacin: la carrera poltica, y su derivado menor, la carrera del liberado sindical, a cuenta del Estado. En este periodo, la izquierda existente (salvo una minora radical) no tuvo ningn empacho porque el cierre de fbricas y el desempleo creciente repercutiera en los ms jvenes, generando una situacin de desesperanza que llev a la tumba a varios miles de la mano de la ms terrible de las pandemias sociales de la poca, la herona. No hay por eso, mucho lugar para la sorpresa, cuando el 15M se declar ni de izquierdas ni de derechas. Con la izquierda realmente existente, haba poco, muy poco, que compartir.

Pero no nos perdamos en la historia, hablemos de lo que preocupa en esta discusin. En nuestra democracias, avanzadas, de consumo, de clase media, la izquierda tiene un papel muy preciso. Es el cuerpo institucional e ideolgico que canaliza el malestar social por los cauces legales establecidos al efecto: la produccin de opinin pblica, los partidos, los sindicatos, el voto. En palabras viejas, la izquierda es lo que Althusser llamaba un aparato ideolgico de Estado. La izquierda trabaja por la ideologa de Estado, al servicio de la poltica de Estado. Y como carta alternativa a la derecha, la izquierda ha operado excelentemente en pocas normales, siendo un precioso puntal de la estabilidad social y poltica. En la viejas palabras de Althusser, sus partidos practicaron a la perfeccin el mejor de los cretinismos parlamentarios y sus sindicatos el economicismo ms corporativo.

El problema es que ya no estamos en una situacin de normalidad. En tiempos de crisis, y estos son tiempos de crisis, la izquierda puede dejar de seguir cumpliendo con su papel. Y esto es lo que hace que ni el PSOE ni IU sirvieran a la altura de 2011, que surgiera Podemos en 2014 y que hoy parece que Podemos tampoco sirva.

Quizs debamos plantear el problema desde otra perspectiva. En trminos de la poltica de transformacin (la misma a la que apela la izquierda) el problema nunca puede ser lo que la izquierda hace o lo que la izquierda dice. El problema crucial es el de la organizacin de los sujetos dominados, excluidos, explotados. A veces, estos sujetos se reconocen en organizaciones y tradiciones de izquierda. Otras se inventan casi todo de raz. Estas situaciones son casi siempre las ms interesantes. En estas, los dominados, los excluidos, suelen aparecer como algo completamente nuevo. En estas ocasiones, sus movimientos se dotan de nombres y formas nuevas, potentes, casi deslumbrantes. As ocurri en los orgenes del movimiento obrero, que no era exactamente de izquierdas, sino socialista; tambin en todas las rupturas significativas de ese movimiento. Pero tambin es lo que sucedi en las sucesiva olas del feminismo, con los movimientos indgenas, con el movimiento negro y un largo etctera. Ninguno de estos movimientos fue en principio admitido por la izquierda. En cualquiera de estas emergencias, la crtica se dirigi contra la izquierda, se denunci su elitismo, su colaboracin con el Estado y todos sus privilegios. Y esta izquierda reaccion la mayor parte de las veces de una forma conservadora y brutal.

En Espaa, la clase obrera ha dejado de existir desde hace ya 30 o 40 aos. Ha dejado de existir no porque no existan obreros de fbrica, aunque sean muchos menos que en 1973, ni trabajadores manuales, ni desde luego un inmenso proletariado de servicios compuesto crecientemente por mujeres y migrantes. Ha dejado de existir porque no existe movimiento obrero, aunque existan sindicatos (en su mayora en nmina del Estado). Porque no existe una cultura poltica obrera o de estos nuevos segmentos proletarizados, aunque existan toda clase de estilos y formas de vida populares, convenientemente explotados y neutralizados por la sociedad de consumo. Lo que debera sustituir a la clase obrera los excluidos, los precarios, los sin derechos, los que no estn en poltica carecen de instituciones propias, de medios propios, de sindicatos y cooperativas que se dira con viejo lenguaje. Y este es el problema poltico de nuestro tiempo.

Que la izquierda no encaje en nada en las clases populares, que est compuesta de aspirantes a nueva lite poltica y cultural, lo que incluye a los formadores de opinin es una obviedad. Hoy asistimos a dos procesos distintos y que no debemos confundir: un recambio de lites, frente a la crisis poltica del rgimen y de una vieja clase poltica y cultural enrocada; y tambin asistimos a las primeras tentativas de formacin de instituciones propias de clase. Al primer proceso se le llama renovacin de la izquierda. Para el segundo todava no tenemos nombre.

La cuestin prioritaria no es que los pobres y los obreros voten a una opcin de izquierda, ni siquiera que estn integrados en la direccin de la izquierda. No es tener un gran partido socialista-comunista, tampoco promover a un Trump bueno. El reto es que estos se organicen y de paso se alen con todos aquellos sectores en proceso de desafiliacin de la clase media. Si esto felizmente ocurre, que voten o no a la izquierda ser una cuestin menor. A partir de ah veremos otra vez lo que puede una poltica de clase. Tambin lo poco que puede una poltica de izquierdas.

Emmanuel Rodrguez es historiador, socilogo y ensayista. Es editor de Traficantes de Sueos y colaborador de la Fundacin de los Comunes. Su ltimo libro es 'Por qu fracas la democracia en Espaa? La Transicin y el rgimen de 1978'. @emmanuelrog

Fuente: http://ctxt.es/es/20180207/Firmas/17654/izquierda-movimiento-obrero-emmanuel-rodriguez-psoe-pce.htm



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