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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-02-2018

Cuba en 3D
Sergio, Sergi y yo

Juan Antonio Garca Borrero
La pupila insomne


Pareca que, como en sus mejores tiempos, el blog iba a convertirse en plataforma pblica para el debate de su cine, a propsito del filme Sergio y Sergui (2017), de Ernesto Daranas. Primero fue la crtica Un pasado que todava es presente, de Jorge Luis Lanza Caride, y luego la rplica de lleana Margarita Rodrguez Martinez (Un pasado que infelizmente regresa), acompaada de una sntesis de lo escrito por Rolando Leyva Caballero (Sergio y Sergui. Lo malo de irse a bolina) para la revista Cine Cubano.

Como casi siempre sucede en el caso de nuestro cine, las pelculas objeto de exmenes crticos pasan rpidamente a un segundo plano, convirtindose en los pretextos perfectos que permiten articular demandas ms generales. De all que podamos asistir con absoluta naturalidad a la desmesura de exigirle a un cineasta lo mismo o ms de lo que deberamos demandarle a los polticos en aquellos escenarios donde nicamente se pueden cambiar, para bien, las cosas: es decir, all donde se hacen las leyes que podran garantizar la existencia de un mejor cine (aunque mejor decir: una mejor manera de vivir).

Pero esto solo pasa en la Cuba del siglo XXI. El Estado cubano an cree que puede controlar la produccin y el consumo del audiovisual como lo haca en el siglo XX, y una parte de la crtica de cine se hace eco de ese espejismo, reclamndole a los realizadores un papel de Mesas que apenas es efectivo en los escritos que se circulan entre s estos expertos. A m eso me recuerda buena parte de aquellas demandas de cine pedaggico que se impulsaran durante el Primer Encuentro de Educacin y Cultura celebrado en 1971. Y mientras tanto, los pblicos reales van haciendo suyas las pelculas que ms les gustan, construyendo sus propias comunidades informales, estableciendo alianzas que fortalecen sus autonomas de grupo.

O sea, que si vamos a utilizar a las pelculas cubanas como pretexto para quejarnos de un orden general de cosas, yo preferira que nos metisemos en las honduras, esas en las que una simple pelcula no define nada, porque forma parte de una estructura mayor. Pero en ese caso tendramos que dejar a un lado nuestra filia o fobia por un filme puntual, para indagar en lo general, que incluye hasta la fiscalizacin de la mirada crtica.

Como crticos podemos tener nuestra opinin sobre los filmes, a favor o en contra, lo cual es legtimo. Yo debo confesar que de los tres largometrajes de Daranas (los otros son Los dioses rotos y Conducta), este es el que menos me entusiasma. Pero al mismo tiempo, durante la proyeccin, en varias ocasiones me sorprend emocionndome con determinados pasajes. Y s que esto no tiene que ver con la calidad del filme en s, sino con mis vivencias ms ntimas, es decir, con lo experimentado en aquellos aos noventa que, pese al tiempo transcurrido, jams he podido borrar de mis recuerdos.

Ser que, a estas alturas, ya no me siento motivado a convertir en fetiche la opinin que se pueda tener de un filme. Me interesa ms bien indagar en los vnculos que el mismo establece con su poca, y la manera en que dialoga no solo con su presente, sino con ese pasado que constantemente ajustamos a nuestro campo visual con el fin de proyectarnos al futuro.

Qu hay de negativo en que una pelcula asuma el tono festivo para referirse a un perodo trgico? Esa es la interrogante que no logro responder cuando leo el artculo de lleana Margarita Rodrguez. Por qu Ernesto Daranas, como autor, no puede proponerse el tono que l entienda?, por qu los crticos insistimos en la mana de exigirles a los realizadores que hagan la pelcula que nosotros esperamos ver, en vez de dedicarnos a examinar lo que sali sin los prejuicios de quien ya conoce las reglas y premia o castiga de acuerdo al cumplimiento de las mismas?, de dnde sacan los crticos la idea de que la honestidad intelectual tiene que ver con la adecuacin a lo que, como individuos, pensamos de determinados asuntos? De all que estas lneas con las que concluye Rolando Leyva su artculo me parezca un buen ejemplo de lo que otras veces he llamado la soberbia intelectual de nuestro ejercicio crtico:  

Por dems, Sergio y Sergui, en tanto comedia y divertimento, insiste para mal en proveer de una bocanada de aire fresco a la cinematogrfica cubana oficial, desbordada por las producciones independientes, ms arriesgadas y honestas.

Ven lo que deca al principio? No es a S & S a la que se le est pasando factura, sino a esa institucin desbordada, segn el autor, por producciones donde la honestidad y el riesgo sera la caracterstica principal. De verdad que la simple independencia institucional nos da garantas de rigor y honestidad? Pero, por otro lado, quin decide los parmetros del rigor y la honestidad?, es S & S una pelcula chapucera a lo Juan Orol? Y sobre su supuesta falta de honestidad, dnde est esa manipulacin de la realidad pretrita que nos obligara a rechazarla en trminos ticos por tratarse de un panfleto burdo o algo as?

Supongo que yo tambin est hablando desde lo que el balcn de mi subjetividad me ha permitido ver. Mientras mis colegas solo han encontrado en el filme choteo inspido, yo he podido ver una manera indita de aproximarse, mediante el enfoque transnacional, a lo que en aquel momento padecimos.

Al igual que el Sergio de Memorias del subdesarrollo (1968), de Toms Gutirrez Alea, el Sergio que ahora nos presenta Ernesto Daranas vive impactado con la gran Historia. Ambos son intelectuales (el primero escritor, el segundo profesor de Filosofa marxista) que tienen conciencia de ese Tiempo bisagra en que les ha tocado vivir: un Tiempo que cierra una poca y abre de modo radical otra muy diferente.

El Sergio del 68 apela al cinismo, al sarcasmo que le permite quitarle presin a su nueva situacin; en el Sergio de los noventa (que en realidad, puede ser el Sergio de ahora mismo) lo que predomina es el desconcierto. Aquel Sergio del 68 todava funciona como el paradigma del Hombre burgus que se vea a s mismo como el espejo de lo que poda estar pasando en la nacin: era el individuo racional expulsado de la Historia por unas masas que a fuerza de voluntad se rebelaban contra el orden natural (orden impuesto por la clase dominante, desde luego); el Sergio de ahora sera el Hombre Nuevo soado en los sesenta revolucionario: negro, amante de la justicia social, entregado al mejoramiento del mundo que le rodea y muy convencido del sentido unidireccional de esa Historia a la que haba decidido entregar todas sus fuerzas e ideales.

La pelcula donde vive el Sergio del 68 est considerada un clsico de la cinematografa nacional: por lo que dice y por la manera renovadora en que lo dice. Por eso siguen saliendo libros y ensayos que se dedican a explorar de manera microscpica esos resortes, a veces invisibles, que permiten que la cinta an siga viva, pese al tiempo transcurrido.

La de Daranas, en cambio, prefiere la levedad en el decir. All donde nosotros estamos pidiendo el regreso a la solemnidad (porque tal parece que el humor no se presta para decir cosas serias), el director opta por la trompetilla, el esperpento, cuyo alcance no deja a salvo, por cierto, a esa retrica acadmica en la que a veces pueden brillar los conceptos ms ilustres divorciados de la realidad en que vivimos la mayora de los humanos.

Hay muchas maneras de uno querer que el cine cubano ocupe el lugar que se merece. Yo tambin pienso que una Ley de Cine pudiera ayudar a regular, para su bien, la produccin, exhibicin y discusin colectiva. Pero de all a considerar que los problemas de la cinematografa cubana se pueden arreglar con el click mgico de un papel que convierte a los osados independientes (independientes de qu?) en los representantes de nuestro ms autntico audiovisual, va un largusimo trecho.

Desde mi modestsimo punto de vista, lo que deberamos fomentar es un espacio donde la creatividad sea lo ms importante. Pero aqu no habra que confundir la experimentacin ms explcita con creatividad. Tambin se puede ser creativo y renovador movindonos en zonas aparentemente trilladas: a no ser que se trate de un absoluto disparate, siempre encontraremos algn detalle que nos ayude a construir esa figura mayor de la cual formamos parte, aunque no conozcamos a todos o todos no nos conozcan.

Pensemos en la imagen del perodo especial en el cine cubano. Para m la imagen perfecta de ese eufemismo, efectivamente, es la lograda por Fernando Prez en Madagascar (1993), sobre todo en aquella secuencia emblemtica de los ciclistas adentrndose en ralenti al tnel. Y es perfecta porque nos permite entender que el va crucis por ese tnel no ha terminado, y, ms importante an, que no todo el mundo est saliendo al mismo tiempo a la luz que podra esperarnos en el otro extremo: hay muchos que se han quedado varado en su interior, pedaleando sin poder avanzar un metro, como si se tratara de una versin tropical del castigo de Ssifo.

Lo que S & S nos propone ahora no es la banalizacin de esa tragedia, sino el recuento de las muchas races y secuelas que nos dejara la crisis, y que no fueron solo econmicas, sino sobre todo cvicas. Y lo hace apelando a la voz de los que todava estn dentro del tnel, como atrapados en un desconcierto que los zarandea a diario, sin saber qu les espera al otro extremo del subterrneo. Cuando desemboquen a la luz, si desembocan, qu ser lo primero que quede a la vista?, acaso la imagen imponente de un rascacielos que otra vez les tapa el sol de la esperanza?

Pero es cuando miramos a S & S como parte de un conjunto de pelculas que se vienen encargando de rescatar crticamente las memorias de un pasado reciente (La obra del siglo, El acompaante, Santa y Andrs, por solo mencionar tres), que descubrimos nuevas posibilidades de lecturas.

Es all donde como crtico siento que puedo dejar a un lado la lgica de la crtica judicial que enjuicia lo puntual, para intentar esa otra crtica que examina a los filmes como parte de algo mayor. Tal vez cuando S & S se estrene comercialmente sea hora de asumir ese tipo de debate, y salgan a la luz, sus mayores aciertos y defectos.

Fuente: http://cinecubanolapupilainsomne.wordpress.com/2018/02/10/cuba-en-3d-sergio-serguei-y-yo/



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