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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2018

Que entren los payasos
Estamos creando un imperio de cementerios?

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


En el circo con Donald Trump

Hace unos das record cuando mi hijo era pequeo. En ese tiempo, l estaba aterrorizado por los payasos. Algo relacionado con lo extrao de su cara pintada como si fuera una mscara le turbaba completamente, le estremeca hasta los huesos. Para el resto de la familia, eran cmicos, pero para l o de algn modo llegu a imaginarlo eran emanaciones del infierno.

Esos viejos recuerdos del circo hoy me resultan relevantes porque en noviembre de 2016, el electorado estadounidense o, lo mismo da, una mayora de los votantes hizo entrar a los payasos. Los votantes eligieron de buen grado, a sabiendas, al hombre que lleva esa extraa cosa anaranjada en la cabeza como resultado hoy lo sabemos gracias a su hija Ivanka de una operacin que l se hizo voluntariamente de reduccin del cuero cabelludo. Eligieron el hombre de la impresionante cara roja, un tono sobrenatural pocas veces visto desde la invencin del Technicolor. Eligieron a ese hombre demasiado robusto que, segn se dice, come poco ms que Big Macs (por miedo a que lo envenenen). Eligieron el hombre que nunca se cruz con un superlativo que no le viniera bien. Acerca de su primer momento en la presidencia, l dijo: la mayor audiencia de la historia para dar testimonio de una investidura, tanto en persona como en todo el mundo[por la TV]; de s mismo dijo, el presidente ms importante que Dios cre; les jur a los periodistas que l era la persona menos racista que habis entrevistado nunca; ofreci su versin de la modestia insistiendo en que excepto el gran Abraham Lincoln, yo puedo ser ms presidencial que cualquier presidente que jams haya estado en este despacho; y cuando se puso en duda su salud mental, l respondi que sus mayores activos eran la estabilidad mental y el ser realmente inteligente, agregando, Pienso que yo calificara no tanto como inteligente, sino como genial... y un genio muy estable, adems!.

Por supuesto, nada de esto es una novedad para el lector; al menos, no si tiene ante sus ojos (o, ms probablemente, en la mano) alguna pantalla, la mismsima definicin de la modernidad en el siglo XXI. De hecho, cuando esta nota vea la luz*, el lector tendr un nuevo conjunto de lindezas trumpianas. Despus de todo, en estos das, lo esencial son las noticias: l y cualquier cosa escandalosa que l diga, y poca cosa ms; lo que significa que, cuando se trata de tirar del hilo de alguien, indiscutiblemente, es posible que Donald sea lo ms grande en la historia universal.

Ciertamente, el lector no me necesita para tener una idea de esa rara habilidad suya, ya que cada vez que dice o tuitea algo que no podra ser ms grotesco, los medios lo cubren las 24 horas de los siete das de cada semana. Nadie, por ejemplo, dudara que nunca en nuestra historia la expresin agujero de mierda (o, en algunos casos, pases de mierda) se ha odo tan frecuentemente como en la reciente sucesin de improperios presidenciales utilizados para referirse a algunos pases africanos que no nombr o a Hait en un encuentro sobre inmigracin en la Casa Blanca. Ese encuentro result ser una emboscada, que no hizo ms que intensificarse descontroladamente cuando, en sus repercusiones, el presidente neg haber dicho alguna vez la expresin agujero de mierda y fue respaldado por algunos asistentes republicanos evidentemente desesperados por conseguir algn favor que dijeron que ellos no haban odo esa expresin, la cual hoy por hoy ya ha sido escuchada o vista por casi todo el mundo en la Tierra, en ingls o traducida.

Desde el da que baj con la escalera mecnica de la Torre Trump para entrar en nuestra vida poltica en junio de 2015, estas cosas, y prcticamente nada ms, han sido las noticias. No hace falta decir lo cual no me impide dejar de decirlo que no fue hasta que los dichos del rey babilnico Nebuchadnezzar fueron garabateados en una tableta cuneiforme que se prestara tanta atencin a algo dicho al pasar, algunos gestos y expresiones de un solo ser humano. Esta es la ms cierta de las noticias acerca de las noticias de esta poca. Ha sido consumida por un solo goloso de las noticias. Lo que significa que, pase lo que pase, Donald Trump ya ha ganado, dado que contina siendo tratado como si fuera aquel Volkswagen del que sala una multitud de payasos.

La presidencia imperial puesta al descubierto

Quin podra negar que gran parte de la atencin que l despierta est basada en lo absurdo, lo exagerado, el inquietante carcter payasesco de todo lo que le rodea, incluso el estrafalario equipo de payasos secundarios a su servicio en el Despacho Oval?

A principios de octubre de 2016, suger (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217958&titular=tiempos-de-decadencia-de-pastel-de-manzana-y-del-terrorista-suicida-escogido-de-estados-unidos-) que una parte de los votantes del interior blanco, sintiendo que estaban con la espalda contra la pared de la economa y la decadencia nacional siendo Donald Trump nuestro primer candidato de esa decadencia (de ah su otra vez en Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande otra vez) estaba preparada para poner a un terrorista suicida en la Casa Blanca. E insinu tambin que estaban desando hacer eso aunque se les cayera el techo encima (de haberlo pensado en su momento, habra agregado que muchos de los medios hegemnicos tambin estaban con la espalda contra la pared por el deterioro de su estatus y economa. Como resultado de ello, algunos de los jugadores clave se sentan igualmente inclinados a acompaar a ese terrorista suicida en su camino a Washington, sin que les importara qu o a quin pudiera golpear).

Mirando hacia atrs, creo que esta ha resultado ser una evaluacin acertada pero, como todos los autores lo hacen, yo reclamo el derecho de cambiar lo que imagin, lo que me hace regresar al terror que mi hijo tena a los payasos cuando era pequeo. Hoy, al menos para m, eso captura el especto fundamental de los tiempos de la era Trump: su condicin de excntrico. A pesar del hecho de que Donald es a menudo visto por sus opositores como alguien ridculo o absurdo, un bromista (y l mismo una broma) en el Despacho Oval, yo no hablo de esos payasos, los que te hacen rer. Me refiero a los payasos de mi hijo, los de la calavera y las tibias cruzadas, cuya absurda versin de los gestos cotidianos te estremecen hasta los huesos y de verdad te asustan.

Donald Trump encaja con esa imagen porque aunque el lector no lo sepa a partir de la habitual cobertura meditica de sus actividades l no est solo (excepto en los detalles, excepto en su total exageracin). Lo que le convierte en algo payasesco en el sentido que yo le doy es que l ofrece una versin estremecedoramente exagerada, salvajemente exaltada y furiosa, de la muy imperial presidencia de Estados Unidos que hemos conocido en las ltimas siete dcadas; esa que lleva tiempo montada sobre el apocalipsis nuclear; esa que en el siglo pasado ha matado a millones de personas en su viaje a ninguna parte en el sudeste de Asia; esa que ha sido incapaz de dejar de supervisar ms de 25 aos de combate dos guerras, exactamente en Afganistn (entre otros sitios); esa que, en su obsesin por la interminable guerra contra el terror, ha luchado tambin contra otras cosas, convirtiendo importantes partes del planeta en zonas cada vez ms caticas, en estados fallidos, en pases cuya poblacin ha debido huir y todo ha sido destruido; esa cuyas fuerzas armadas se jactan de la precisin de sus armas la lucha contra el Daesh en Irak y Siria ha sido distinguida como la campaa ms precisa de la historia y han conseguido transformar importantes ciudades como Ramadi y Fallujah, como Mosul y Raqqa en un paisaje, que en su indiscriminada destruccin, se parecen a la Stalingrado de despus de la batalla de la Segunda Guerra Mundial (y que ahora amenazan tambin con una versin nuclear de la precisin blica); esa que, en este siglo, ha planificado la creacin de un EEUU Saud en un planeta en el que hasta ahora era bastante fcil aprovechar esos combustibles fsiles que daan el entorno humano como solo un gigantesco asteroide o una guerra nuclear podran hacerlo.

Desde sus polticas de Estados Unidos primero hasta su conocida esperanza de sufrir (y aprovecharlo polticamente) un ataque terrorista en este pas, el hombre que declar que el cambio climtico es un engao de los chinos y amenaz con lanzar una tormenta de fuego y furia jams vista en el mundo, ha descrito a otros pases con un lenguaje alguna vez considerado impropio de su cargo por presidentes que, aunque trataron a esos mismos pases, nunca los llamaron agujeros de mierda ni dieron una sorprendente carta blanca a sus generales para que ganaran la guerra contra el terror; esto hace de l una turbadora y extravagante versin de todo lo sucedido antes. En cierto sentido, l ha hecho trisas la fachada de dignidad de una presidencia imperial y nos ha dejado entrever hasta qu punto es autnticamente imperial (e imperiosa). De una manera novedosa, l sigue mostrndonos una realidad bastante antigua: en qu medida posiblemente incluso en un nivel planetario Estados Unidos puede ser una terrorfica fuerza de destruccin.

Y si acaso el lector no creyera que el Volkswagen de Trump (o tal vez me refiera a su avin privado cuyo lavabo tiene grifera de oro) est lleno de otros payasos cuya actuacin le provocara iguales escalofros, saltemonos a Scott Pruitt que desmantel secretamente la Agencia de Proteccin Ambiental (EPA, por sus siglas en ingls y tantas protecciones para nuestra salud, a Rick Perry, del departamento de Energa que abraz al CEO de fa Gran Energa, el futuro rey del vertido de petrleo, a Ryan Zinke, del departamento del Interior y al resto del equipo de la demolicin nacional, y en lugar de eso, volvmonos hacia sus generales los de las guerras perdidas de Estados Unidos que, gracias al presidente Trump, estn escalando posiciones en Washington.

Despus, saltemonos incluso las ganas que tienen estos seores de desarrollar armas nucleares ms pequeas y utilizables (una iniciativa que comenz en los aos de Obama) o de aumentar el presupuesto nuclear o de redefinir algunas situaciones, entre ellas los ciberataques contra EEUU, como si se trataran de ataques nucleares y saltemonos tambin su entusiasmo por expandir e intensificar la guerra contra el terror (en Niger y Yemen, en Libia y Somalia) en una versin exagerada de lo que hemos estado viviendo durante los ltimos 16 aos. Y, en lugar de esto, centrmonos en un solo lugar, el lugar por antonomasia de esa guerra, el pas del que la gente del Pentgono ya no habla de guerra sino de conflicto generacional: Afganistn.

El cementerio de los imperios

Pensmoslo: 28 aos despus de que el ejrcito sovitico se retirara dificultosamente de aquel infame cementerio de imperios al final de una dcada de lucha en la que Estados Unidos respald a los grupos ms radicales de fundamentalistas islmicos (entre ellos a un adinerado joven saud llamado Osama bin Laden). Diecisis aos despus de que regresaran para invadir y liberar Afganistn, esos generales siguen en eso. En diciembre, cuando Donald Trump levant algunas restricciones que tenan los comandantes en operaciones en ese pas; por ejemplo, los generales enviaron los aviones. Ese mes hubo ms ataque areos estadounidenses 455 en un periodo invernal de actividad blica mnima que no solo el diciembre anterior (64) sino tambin el de 2012 (unos 200) cuando todava haba 100.000 soldados de EEUU destacados all. Segn Max Bearak, del Washington Post, la frase que se oa en ese entonces era: Estamos en un momento crucial. Otra era Se acabaron las contemplaciones (hay que reconocer que el comandante estadounidense haba visto como increblemente se inform la luz en el final del tnel, pero no lo descartemos).

Mientras tanto, los drones tanto los de ataque como los de vigilancia, otra vez estn siendo enviados a Afganistn en nmero creciente (tambin ms helicpteros, vehculos y artillera). Con el anuncio de que pronto sern enviados 1.000 hombres ms a ese pas, los efectivos estadounidenses sigue creciendo; si sumamos los asesores, los instructores y los miembros de las unidades de operaciones especiales (SOF, por sus siglas en ingls), es posible que hoy haya all 15.000 o ms militares (cuando Donald Trump entr en el Despacho Oval, eran unos 11.000).

Adems, los fuerzas armadas tiene planes para duplicar el tamao de las SOF afganas y triplicar la capacidad de su fuerza area; al mismo tiempo, el jefe del Comando Central de EEUU en ese pas, general Joseph Votel, est pidiendo acciones mucho ms agresivas a las fuerzas de seguridad afganas asesoradas por EEUU en la prxima temporada primaveral de lucha (pongamos esto en perspectiva: un plan de 2008 de las fuerzas armadas estadounidenses para gastar miles de millones de dlares aseguraba que la fuerza area afgana estara completamente dotada de personal, aprovisionada, adiestrada y sera autosuficiente hacia el final de 2015: siete aos ms tarde estara en un lamentable estado de abandono** y prcticamente en ruinas). En el nterin, como parte de este aumento de operaciones, la Marina est planeando contratar a General Atomics (empresa fabricante de drones) para que haga volar sus drones de vigilancia en Afganistn en lo que se ha dado en llamar ampliacin de las capacidades de espionaje, reconocimiento y vigilancia.

No me sorprendera que al lector todo esto le resultara algo conocido. De hecho, si usted ya ha dejado de prestar atencin a lo que le digo como parece haber hecho la mayora de los estadounidenses del inexistente frente interno cuando se trata de las guerras de Estados Unidos de esta poca, quiero que sepa que le entiendo perfectamente. Despus de 16 repetitivos aos, con el Taliban otra vez en control de algo as como la mitad de Afganistn, su actitud no podra ser ms tpicamente estadounidense. Oleadas, momentos cruciales, acciones ms agresivas... usted ya lo ha odo antes. Y tratndose de Afganistn, lo ms probable es que vuelva a orlo otra vez.

Y no piense ni un instante que esto no encaja con una nueva versin de hacer entrar a los payasos.

Si usted ni cree que el general retirado James Mattis, el teniente general H.R. McMaster y el general retirado James Kelly tambin conocidos como el secretario de Defensa, el asesor de la seguridad nacional y el jefe de personal de la Casa Blanca, respectivamente son payasos, si todava est convencido de que son los adultos en la sala de juegos de Trump, observe Afganistn y pinseselo otra vez. Pero tampoco les eche la culpa. Que otra cosa puede hacer un payaso, una vez que se ha puesto esos blandos zapatones, tiene la cara pintada y la narizota roja en su sitio que no sea hacer su papel? Despus de tantos aos, sencillamente son incapaces de pensar de otro modo el mundo de las guerras de Estados Unidos. No conocen otra cosa. Si se les da una bocina la harn sonar; si se les pide que interpreten el monlogo Ser o no ser de Hamlet, continuarn haciendo sonar la bocina.

Durante los ltimos 16 aos, en medio de invasiones y ocupaciones, agresiones y operaciones de contrainsurgencia, misiones de bombardeo y ataques con drones, asaltos de comandos y servicios de adiestramiento, ellos y sus colegas jefazos en EEUU han hecho todo lo posible para que proliferaran organizaciones terroristas en importantes partes del planeta, mientras desempeaban un papel primordial en la creacin de una serie de estados fallidos en le Gran Oriente Medio y frica. Han ayudado al desarraigo de poblaciones enteras y a la transformacin de ciudades importantes en un paisaje de destruccin total. Pensemos en esto como su sino para el siglo XXI. Han resultado ser los actores clave de lo que se ha convertido en el imperio estadounidense del caos, o tal vez simplemente en el imperio de los cementerios,

No tienen arreglo. Perdnalos, Padre; ellos son unos payasos conducidos por el mayor payaso en jefe en la historia de este pas. As es, Donald Trump hace que hasta ellos se sientan incmodos porque nadie puede correr las cortinas para ocultar la realidad de la presidencia imperial que l ejerce en todas las formas posibles. Nadie puede exhibir nuestro nefasto mundo estadounidense como l lo hace tweet a tweet, totalmente a su manera.

Y, s, todo puede parecer infernalmente ridculo, pero que nadie se ra. Ni pensar en eso. No ahora; no cuando todos estamos en el circo mirando esos efluvios infernales. En vez de eso, estremeceos... estremeceos hasta los huesos. Absurdo como todo porrazo pueda ser, es claramente una imagen del infierno, una histrica imagen totalmente estadounidense.

* El original en ingls de esta nota fue publicado el 25 de enero de 2018. (N. del T.)

** Segn informaba The New York Times en (https://www.nytimes.com/2015/09/27/world/asia/us-is-struggling-in-its-effort-to-build-an-afghan-air-force.html). (N. del T.)

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro ms reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176377/tomgram%3A_engelhardt%2C_send_in_the_clowns/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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