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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2018

Contra el formateo mental

Antonio Fernndez Vicente
Rebelin


Creemos hablar por nosotros mismos, que pensamos sin ms interferencia nuestras ideas cuando, al contrario, no hacemos ms que repetir determinadas consignas. Es lo que el socilogo de la imitacin, Gabriel Tarde, advirti en el cruce de los siglos XIX y XX. A nosotros, los modernos, nos disgusta sobremanera imaginar que no somos nicos, singulares. Detestamos que nos llamen enajenados y alienados. Manipulador es un grave improperio y manipulado rebaja al que as se le considera a la categora nfima de mineral: puramente reactivo.

Precisamente esos eslganes que idolatran el s t mismo y piensa por ti mismo constituyen quimeras sibilinas que nos hacen olvidar nuestra naturaleza social: a la vez individuos y parte indivisible de esa sociedad que nos hurta nuestra particularidad. El mayor de los riesgos reside, sin duda, en la creencia de que nuestro modo de pensar, la manera en que se ha construido nuestra personalidad est a salvo de la influencia de los dems. Si se piensa de esta forma, ninguna educacin sera necesaria ya que, al fin y al cabo, ya habramos alcanzado la independencia de pensamiento. Nada ms lejos de la realidad. El individualismo contemporneo es gregario.

El formateo mental aniquila la individualidad: la aplasta bajo el manto ilusorio y embellecido de una conciencia irreflexiva que se cree autodeterminada, sin advertir que obedece a doctrinas externas. Y ah radica su esplndida efectividad: hace que los reos piensen que son libres en sus pensamientos y prcticas, mientras no dejan de sumarse al rebao. El individuo se convierte en masa sin sombra de sospecha alguna de haber perdido algo por el camino.

Hay dos mecanismos fundamentales de formateo mental que se inscriben en nuestro modo de pensar y actuar: la educacin y esa otra aula sin muros que se hace llamar medios de comunicacin. Y su efecto es tanto ms efectivo cuanto ms invisible: actan como fuentes en la configuracin de lo que deseamos y creemos. Nos magnetizan. Nos mesmerizan hasta el punto de convertirnos en sonmbulos. Por ejemplo, cuando inscriben en nuestro sistema de valores la persecucin del xito relativo como motivacin esencial. Como sugiere Roger Waters en Is this the life we really want?, no basta con tener xito: otro tiene que fracasar para otorgarle valor a lo que hacemos, dentro de este bucle absurdo de la competitividad que es la sociedad capitalista. La envidia es saludable para la rotacin de capital.

El formateo mental consigue, por ejemplo, que amemos al opresor contra toda lgica: que queramos malvivir en el torbellino de una vida estructuralmente ansigena, porque siempre se desea ms de lo que se tendr. Es lo rentable para el Mercado: una fbrica de infelicidad que vende tambin sus propios manuales autoayuda para ser felices mediante frmulas milagrosas. Los publicitarios conocen bien los resortes del deseo, para hacernos desear el deseo mismo. El filsofo francs Jean Baudrillard lo advirti con lucidez: el problema no es tanto la publicidad como un campo especfico de la comunicacin, sino el hecho de que toda comunicacin se ha convertido en publicidad. Desde la poltica hasta la msica, la televisin y el cine. Y nos vende estilos de vida que se grabarn como un marchamo indeleble en nuestras libres mentes.

Qu estilo de vida nos vende la escuela y sus sistemas de jerarquizacin, clasificacin y concurrencia por el bien escaso de las ptimas calificaciones? Se nos ensea a adaptarnos mejor a los criterios de evaluacin? El medio, la evaluacin, se convierte en fin. Y el aprender a pensar, a ser crtico como fin en s mismo queda desplazado a los mrgenes por la docilidad amaestrada que suele ser premiada en todas las instituciones educativas, desde las escuelas hasta la universidad. Lo gratuito, lo intil es una prdida de tiempo y todo lo que se haga se hace por el beneficio, porque renta para los propsitos de conformar un buen mapa de uno mismo en el certificado de notas. No es lo intil lo que da sentido a nuestra existencia?

Y ocurre tambin la infame separacin entre el que sabe, el profesor, y el tonto que no sabe, el alumno, cuya distancia es infranqueable. El alumno es el recipiente que ha de rellenar el profesor: est formateado y listo para grabar lo que le sea enseado, como una sencilla memoria USB. Copiar y pegar: sa es la lgica pragmatista de la educacin, seguir el algoritmo. Prohibida la experimentacin y el error, que era para el compositor veneciano Luigi Nono el principio bsico de la creatividad y el alumbramiento de lo nuevo:

Porque el error rompe las reglas. Es una transgresin. Es oposicin a la institucin establecida. Es lo que nos permite vislumbrar otros espacios, otros cielos, otros sentimientos en el interior y en el exterior, sin dicotoma entre los dos, contrariamente a la mentalidad banal y maniquesta sostenida hoy en da.

El formateo mental es causa y consecuencia en un sentido coginitivo de la desinformacin. Pero no se trata de lo que hoy en da se llama post-verdad. Esto es una palabra eslogan muy querida para los adalides del marketing, que sabrn capitalizar su nueva jerga sin duda. La desinformacin hoy es producto de la saturacin de informaciones que, desde innumerables fuentes, nos llegan de modo instantneo. Tan hastiado de estmulos acaba el ciudadano medio que acaba por allanar el camino para que cualquier informacin, tenga la vala que tenga, contenga el mismo valor que otra. Niklas Luhmann sostuvo que la realidad construida por los medios de masas nos conduce a la ignorancia: el peso de la actualidad, del sensacionalismo, el fast thinking de las informaciones epidrmicas que no van ms all de lo fcilmente reconocible arranca de raz cualquier atisbo de conocimiento cabal. El exceso produce indiferencia. Y la indiferencia, docilidad.

Adems de la educacin y los mass media, tambin los dispositivos digitales, tales como el smartphone, son el origen del formateo mental. Suele ocurrir que tambin en los medios sociales, en las redes confluyen mensajes que vienen a ser una reverberacin de esa lgica de la ignorancia de los medios de masas. Nos distraen e intoxican sus incesantes llamadas de atencin, hasta el punto de impedir que se cultive el arte de la conversacin, como apunta Sherry Turkle. Y si ciframos el xito en la obtencin de visibilidad en las redes, imitaremos los modos de ser que atraigan el mayor nmero de seguidores... Anonadados por las redes: enjaulados en vectores infinitos. El producto somos nosotros y habr que envolverlo como se debe, siempre dependientes de la mirada juiciosa de los dems y sus comentarios. Alguien se ha dado cuenta de que la obsesin con la reputacin digital es una causa de ansiedad que al mismo tiempo castra nuestra individualidad y espontaneidad? De dnde ese imperativo de convertirse en influencer?

Qu decir del hecho de que las redes nos encapsulan en nuestras propias burbujas, pobladas de gentes que piensan y se comportan como nosotros. Se pierde la experiencia fundamental de lo pblico, del encuentro con el Otro antropolgico, con lo diferente que siempre es rico en el crecimiento intelectual de todo individuo. Es un mundo confortable hecho a nuestra medida, como los recorridos tursticos, como los centros comerciales: fabricados para el consumidor insensibilizado, privado de la riqueza de lo real, no para el ciudadano despierto.

Contra el formateo mental, que estandariza nuestros mundos conforme a esquemas absurdos y deshumanizadores, urge oponer el poder de la crtica; el pensamiento subversivo que huye del seguidismo y no toma nada por sentado. Quizs el mejor mtodo sea el de recuperar la CURIOSIDAD y preguntar a cada paso y esto, por qu? Contra el formateo mental, la fecundidad de las preguntas.


Antonio Fernndez Vicente, Autor de Educacin crtica y comunicacin: manual contra el formateo mental, UOC, Barcelona, 2018. http://www.editorialuoc.cat/educacion-critica-y-comunicacion

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 


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