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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2018

Los herederos de Gramsci, Black Mirror y Operacin Triunfo

Ekaitz Cancela
El salto

La izquierda se encuentra luchando contra viejos fantasmas dentro de los lmites culturales que los nuevos monstruos, mucho ms poderosos y peligrosos que los de antao, establecen como sentido comn de poca.


Una imagen de un captulo de la serie 'Black Mirror'.

Uno tiene la sensacin de que las a s mismas llamadas fuerzas progresistas se parecen ms al Don Quijote dibujado por Cervantes, en medio de una lucha eterna contra molinos de viento imaginarios, que a una fuerza poltica con verdaderas intenciones de llevar a cabo una transformacin social radical.

El galimatas estratgico que recorre a una formacin incapaz de resignificar a su enemigo e impugnar el orden establecido ha dado lugar a una figura pardica de la socialdemocracia, pero cada da ms cmplice con la cancelacin de las condiciones que posibilitan el cambio en la vida de la poblacin. Su consciencia terica y poltica parece deformada por ese material lquido (digital) que ha revolucionado la estructura econmica.

Esteban Hernndez lo ha llamado la crisis de la izquierda, pero es como si estuviera inmersa ella misma en ese interregno gramsciano sobre el que a menudo teorizan, aquel en el que un mundo no termina de morir y otro no acaba de nacer.

Su relacin ideolgica con el antiguo podra ser definida claramente como la de camaradas melanclicos que, esperando una nueva ventana de oportunidad, cantan disimuladamente la internacional con ms optimismo que corazn revolucionario; respecto al que ya est aqu, no existe siquiera una determinacin. Juegan a ser millennials tratando de conectar polticamente y culturalmente con esa generacin, a la cual dicen conocer. O, al menos, y aqu est el quid, creen saber dnde opera la lucha: la cultura de masas. Lo sealaba Pablo Iglesias en una entrevista reciente con eldiario.es: La clave fundamental est en las series, las pelculas y los programas de entretenimiento, en la produccin cultural.

Ha pasado casi un siglo desde que Walter Benjamin escribiera la Obra de arte en la poca de su reproductibilidad tcnica. Con aquel manuscrito, el filsofo trataba de entender las tendencias culturales en el desarrollo del arte y del cine bajo las condiciones econmicas del temprano siglo XX con el fin de anunciar que los tiempos estaban maduros para hacer posible la abolicin de las relaciones de produccin.

A da de hoy, sera de recibo preguntarse cul es el objetivo de los pensadores de la izquierda, sobre todo teniendo en cuenta otra de las afirmaciones de Iglesias en dicha entrevista: Desde hace un tiempo todo el mundo se ha dado cuenta de que las tendencias culturales de una sociedad es el terreno de juego. Siempre me voy a las series, que es mi terreno: Black Mirror es la prueba de cmo hacer distopas a partir de tendencias actuales. Palabras similares pudieran encontrase en el arquitecto intelectual de Podemos, Iigo Errejn, que en otras ocasiones ha afirmado su inters por la serie.

Recientemente escrib un breve artculo sobre cmo las empresas de Silicon Valley estn revolucionando las relaciones de produccin, es decir, la base econmica de la sociedad. Para este anlisis nos interesa que, mediante el dogma conectividad, el ocio digital ha sido transformado en trabajo productivo que cedemos gratuitamente a las grandes corporaciones como Facebook o Google. Hasta aqu todo bien, incluso Luis Garicano podra compartir el diagnstico.

Lo que ocurre es que, de forma subyacente, se est creando un nuevo bloque histrico llamado Silicon Valley que lo mismo altera la configuracin del Estado como moderniza las relaciones de produccin: no solo nuestra vida laboral y nuestro ocio se entremezclan hacindose indistinguible uno del otro, hablamos de que las plataformas acumulan tantos datos sobre nosotros que incluso se estn creando nuevas industrias para hacer caja con la enajenacin que vivimos en el trabajo productivo habitual.

Nuestra consciencia es el ltimo objetivo de un sistema capitalista que muestra su rostro ms autoritario en los avances de la inteligencia artificial, basada en la extraccin sistemtica de datos sobre toda la humanidad (una tarea en la que tambin participa la plataforma Netflix, asociada recientemente con Telefonica, que emite Black Mirror). Este proceso ya est siendo revolucionario, y de ningn modo es una distopa, sino una destruccin creativa del sistema que, en parte, se ha producido debido a las privatizaciones de las infraestructuras de la comunicacin y la eliminacin de las reglas antimonopolio que llevaron a cabo los polticos neoliberales a finales del siglo pasado.

Pero lo realmente inquietante con respecto a Black Mirror son sus efectos sobre la accin poltica: ms que mostrar un horizonte utpico abierto a la emancipacin, nos despolitiza. En definitiva, al final de cada capitulo la audiencia termina pensando que los avances tecnolgicos nos superan como generacin y como civilizacin.

Incluso el tono del Apocalipsis, tan propio en Black Mirror, ya forma parte de la caja de sonidos sobre la que se despliega la hegemona cultural de Silicon Valley. Por eso la serie nos presenta de forma constante la tecnologa como algo que surge de la nada, como si las empresas que monopolizan cada instante de nuestra vida no hubiera emergido fruto del desarrollo del histrico capitalismo.

Quiz eso sea lo que an no entiende Pablo Iglesias, quien ya en su tesis doctoral publicada en 2008 afirmaba que en estos momentos nos encontramos en una fase post-hegemónica, en la que los Estados Unidos mantendran su ventaja comercial y financiera así como la militar, pero habrían perdido la ventaja productiva y la político-diplomática.

Digamos que la crisis hegemnica que vive Estados Unidos es bien conocida. Tambin que el enemigo ya no es solo Rusia, sino las compaas digitales de China que, adems, compiten en el mercado global respaldadas por un capitalismo de Estado en plena forma. Lo que quiz no sea tan evidente es su esfuerzo por renovar el proyecto econmico y su posicin imperial sobre el tablero mundial.

Nos ofrece algunas pistas importante sobre ello la teora del capitalismo digital desarrollada por autores como Daniel Schiller. Tomando prestadas algunas nociones de David Harvey, como la acumulacin por desposesin, sugiere con mucha clarividencia que la informacin ha sido un componente principal de la solucin espacio-temporal con la que el capital intent liberarse del ltimo gran episodio de crisis.

As, ms que una fase post-hegemnica, sera mejor referirse a que en 2018 nos encontramos ante la transicin hacia un estadio distinto al capitalismo en el que la propiedad ms valiosa del ciudadano, los datos, se concentran en varias compaas con el fin de responder a la contienda que acontece en el contexto geopoltico global. En este sentido, el desarrollo de la inteligencia artificial mediante una carrera para extraer los datos de buena parte de la humanidad se abre como el escenario de la lucha geopoltica.

Pero, como ocurri a finales de la Segunda Guerra Mundial, precisamente a travs del cine estudiado por Benjamin, todo esa abusiva operacin de extraccin y concentracin de nuestros bienes comunes en centros de datos privados requiere de la produccin de un cierto sentido comn de poca que convierta a los sujetos en consumidores automticos e irracionales que alaban las mieles de la sumisin al sistema, o a sus servicios; en la creacin, si quieren, de hegemonas culturales.

La utopa de Silicon Valley solo funcionar sumindonos a todos en un nuevo sueo onrico, un narctico cultural bastante ms potente que el del ratn Mickey, con el fin de suplantar descaradamente la realidad: este sistema est llegando a su fin por la explotacin de sus recursos naturales e incremento de la desigualdad. Y no es solo que Black Mirror carezca de un rol crtico con dicha sociedad digital, en la que comenzamos a ser dependientes de unas cuantas compaas, sino que integra su crtica dentro del sistema cerrando cualquier horizonte para una verdadera utopia emancipadora.

Todo este contexto nos lleva irremediablemente a otra de las frases pronunciadas por Pablo Iglesias, que en buena medida ilustra la deriva cultural de la izquierda en la llamada economa del conocimiento: Es mucho ms importante OT que el Telediario, son mucho ms importantes los programas de entretenimiento y las series que los informativos; creo que de eso ya nos hemos dado cuenta y es bueno. Quiz existan algunas cuestiones que el lder de Podemos haya dejado pasar, como tambin la mayora de crticos sociales de la izquierda, principalmente que el xito del programa tiene mucho que ver con la estrategia en YouTube.

El pblico no estaba mirando la televisin, estaba en YouTube El xito de OT en las nuevas generaciones tiene que ver con que estn los materiales colgados en esa plataforma, es fcil apropiarse de ellos, es fcil hacer montajes, vdeos, memes Este pblico joven ha creado una comunidad de seguidores que no estaba al alcance de la primera edicin gracias a YouTube, explicaba un artculo reciente publicado en El Pas.

Si existe algo realmente novedoso en esta edicin de Operacin Triunfo es su dependencia sobre las audiencias creadas en una plataforma que emite vdeos en directo, la cual es propiedad de la empresa ms poderosa del planeta. Aquella que ha erigido una imprenta digital global para mediar entre las comunicaciones de todos los individuos, da igual si en forma de informacin o entretenimiento, extrayendo informacin de cada una de ellos para alimentar despus los sistemas de inteligencia artificial que nos harn dependientes de sus servicios, como le comienza a ocurrir a Telecinco.

Adems, lo que hemos visto en Operacin Triunfo es que la tecnologa de la informacin de Google ha permitido liberar un enorme potencial creativo en una amplio numero de personas, las cuales se han movilizado con el nico fin seguir en directo el programa. De un lado, los servicios digitales de Google comienzan a ser parte de la vida diaria de los fans. De otro, con su actividad en la plataforma alimentan el sistema con todo tipo de informacin y adems le ensean cmo comportarse. Dinmicas similares, cuya identidad tiene un trasfondo poltico y econmico evidente, podemos observar en otros fenmenos culturales de masas claramente vinculados a la izquierda como No te metas en poltica o La Vida Moderna.

No es solo que la televisin o la radio hayan dejado de ser un mero canal que posibilita la produccin cultural, si es que se le puede llamar cultura y no mercanca, sino que depende de una estructura que ha logrado erigirse como la base econmica de una sociedad cada vez ms inmersa en la digitalizacin. Esa es la nueva ventaja productiva de Estados Unidos: la capacidad futura de monitor la experiencia de esas audiencias masivas con las que, a diferencia de la llamada nueva poltica, ya ha conectado.

Todo ello nos lleva a lo que Alberto Garzn sealaba reciente en una entrevista en Huffington Post: La izquierda tiene que reaccionar y conectar con los problemas cotidianos [de las clases populares].

No parece evidente que quien lo ha hecho no ha sido la poltica, sino el mercado mediante la gran industria de la tecnologa, que est ofreciendo respuestas a las necesidades de toda una nueva generacin? Y eso no va a cambiar simplemente por modificar la marca de Unidos Podemos para competir en el mercado de las ideas, como pide la direccin de IU.

Una nota apuntada en los cuadernos de la crcel de Gramsci sealaba que crear una nueva cultura no significa nicamente hacer descubrimientos originales; significa tambin, y especialmente, difundir crticamente verdades ya descubiertas, socializarlas, por as decirlo, y convertirs por la tanto en bases de accin vitales, en elementos de coordinacin y de orden intelectual y moral. El prisionero de Bari tambin dejo escrito que la sustancia que cobran las ideas se encuentran en la economa, en la actividad prctica, en los sistemas y las relaciones de produccin y de cambio.

Mediante una alianza entre las finanzas y la tecnologa, la nueva economa del conocimiento trata de financiarizar cada instante de nuestro da a da con el fin de superar la crisis de acumulacin del capital. Desde el punto de vista del capitalismo digital, la economa del conocimiento puede ser una cosa maravillosa, excepto que hay demasiadas personas improductivas hoy para que esta economa realmente libere todo su potencial y conduzca a una prosperidad sostenible. El hecho de que este sistema emergente sea postcapitalista no significa que no sea neofeudal, con grandes compaas tecnologas en el papel de nuevos seores feudales, controlando casi todos los aspectos de nuestras vidas y estableciendo el marco para el discurso poltico y social, sealaba Evgeny Morozov en un libro reciente publicado en alemn (algunas de sus ideas aparecern publicadas en Espaa de forma inminente en un libro que recopila algunos de sus valiosos artculos).

Comienza a ser dantesco escuchar a todas esas voces de izquierda convencidas de que la lucha de clases ha dejado de ser vlida mientras tiene lugar una lucha de clases delante de sus globos oculares entre quienes tienen la propiedad sobre todo el conocimiento de una sociedad y el resto de nosotros. Y no es que sea necesario un orculo para verlo. Basta con prestar atencin al revolucionamiento de la base econmica digital de la sociedad espaola que estn llevando a cabo algunas compaas del Ibex 35 como Telefnica, el BBVAen alianza con Google o el Banco Santander mediante eventos impulsados por El Pas. Quiz esa sea la nueva casta que no alcanzan a ver quienes siguen obsesionados con la filosofa post-estructuralista de Laclau y Mouffe.

Para disear una accin poltica en el mundo actual no es posible obviar que la coyuntura actual es nicamente entendible desde el meta-relato del desarrollo capitalista. El anlisis contrarrevolucionario solo ha convertido el populismo de izquierdas en bullshit digital, ms preocupado por tener una opinin para cada polmica creada en las redes sociales que por cambiar las relaciones de produccin que ah se generan. Tambin ha desembocado en pseudo-luchas culturales, como la de linchar a un alcalde del Partido Popular con cuenta annima en Twitter, mientras dicho partido propona acabar con el anonimato en internet y vigilar a toda la sociedad estrechando la relacin del Gobierno con las empresas proveedoras de infraestructura digital.

Una estrategia de lo ms ingenua, como sealamos sobre estas lneas, que ha contribuido a generar una retrica de peligro inminente para allanar el camino a que los dueos del mercado digital se encarguen de garantizar la seguridad del ciudadano en el ciberespacio, en lugar de las leyes. As parece desprenderse de la reciente iniciativa para digitalizar la Justicia propuesta por el ministro Rafael Catal con el asesoramiento de un Consejo compuesto por altos cargos de Telefonica, Microsoft y el BBVA.

La izquierda se encuentra luchando contra viejos fantasmas dentro de los lmites culturales que los nuevos monstruos, mucho ms poderosos y peligrosos que los de antao, establecen como sentido comn de poca. En otro tiempo, Lenin les habra llamado idiotas tiles. El problema es que hoy incluso ese concepto parece anticuado ante la destruccin creativa del sistema, que est dando paso hacia un mundo donde los progresistas posmodernos van a dejar de ser tiles. Como tambin buena parte de los que no sean capaces de adaptarse a la nueva economa del conocimiento.

La parte positiva es que la izquierda an mantiene una ventaja estratgica para problematizar estas cuestiones y disear soluciones polticas reales. Ello implicara alejar las infraestructuras tecnolgicas de las manos de las grandes corporaciones privadas y promocionar una agenda para que los datos sean un bien esencial, propiedad de los ciudadanos, con el fin de crear servicios organizados de forma ms comunal.

Planes que distan mucho de la Agenda Digital del Gobierno espaol, promocionada recientemente en la Fundacin Telefnica mediante un dilogo entre la sociloga Beln Barreiro, autora de un libro sobre el tema que parte de la idea ficticia de que la crisis ha terminado, y el Secretario de Estado Jos Mara Lassalle. Sera ms correcto afirmar que el revolucionamiento de las estructuras digitales en Espaa emerge como la nica solucin que tiene el capital para superar una crisis que desde 2008 parece eterna.

En cualquier lado, las lites pisan y la izquierda no ve ni su huella. Por eso, para intervenir polticamente ya no basta nicamente con la creacin de discursos legitimadores que articulen una diversidad de luchas de la clase obrera con el fin de crear voluntades colectivas, sino comenzar a construir sobre un material distinto, como sugera Perry Anderson en una entrevista: La socializacin de los bienes comunes, como pueden ser nuestros datos.

Deca Iglesias que el humor y la caricatura son un dispositivo de comunicacin. Cuando las comunicaciones son la base econmica de una sociedad, y estas se encuentran centralizadas de forma jerrquica en unas cuantas compaas, la comedia parece emerger como la ltima fase de esa figura histrica que fue el capitalismo. La parte negativa es que, atenindonos a la estrategia poltica de la izquierda espaola, existen pocos visos para ver creer que la humanidad se vaya a separar con alegra de su pasado.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/culturas/herederos-gramsci-black-mirror-operacion-triunfo

 


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