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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2018

El cambio de hegemona en Catalua (y Espaa)

Antonio Antn
Rebelin


La superacin de la brecha identitaria en Catalua entre dos espacios polticos y sociales de dimensin similar, as como de la confrontacin con y del Estado espaol solo es posible con el cambio de hegemona poltica e institucional en ambos mbitos. Se trata de desalojar a las derechas respectivas del poder gubernamental, con una alternativa democrtica e integradora en lo (pluri)nacional y un plan progresivo en lo social. Dicho de otra forma, es necesaria otra Espaa y otra Catalua para que en el interior de ambas y entre ellas se entiendan las mayoras sociales tras un proyecto de pas (de pases) ms justo, inclusivo y democrtico. La unidad con la actual Espaa liberal-conservadora y reaccionaria es difcilmente aceptable para la mitad de catalanes; su imposicin autoritaria tampoco es aceptable para muchos espaoles partidarios de una solucin democrtica y pactada. El cambio poltico en Espaa es una imperiosa necesidad; pero sin las fuerzas progresistas de Catalua sera ms difcil. Y al revs.

El proceso independentista se ha construido sobre dos premisas falsas. Por un lado, su suficiencia democrtica para ser hegemnico en Catalua y su capacidad de poder para vencer al Estado espaol, que iran inexorablemente en aumento. Por otro lado, la promesa de que una Repblica catalana, sin el supuesto lastre de Espaa, resolvera mejor los dficits socioeconmicos de su poblacin. Eso s, con una calculada ambigedad de su modelo social que apenas esconde la continuidad y el refuerzo de las polticas neoliberales que consolidan la desigualdad social, la precariedad laboral y las polticas pblicas regresivas de sus actuales lites neoliberales. Adems, sin cuestionar el marco del consenso liberal-conservador y restrictivo europeo y con la subordinacin del supuesto talante socialdemcrata de ERC y anticapitalista de la CUP.

El primer aspecto ha quedado en evidencia ante el actual bao de realidad: el bloque nacionalista-independentista no llega a la mitad de legitimidad ciudadana (47,5%), con un ligero descenso desde 2012 (49,15%, incluida Solidaritat Catalana per la Independencia) y 2015 (47,74%). La expectativa de algunos de sus lderes de llegar a una mayora ms clara, en torno al 60%, que les reportara una holgada garanta democrtica no se ha cumplido aunque no dejan de revalorizarla y embellecerla, haciendo solo hincapi en la precaria mayora parlamentaria. Su horizonte sigue siendo se, pero es difcil su realizacin, dada la estructura sociopoltica, cultural y demogrfica de Catalua, aunque a su favor estaran los posibles errores estratgicos, autoritarios y regresivos, del Estado espaol. Su pronstico slo es posible ante un cambio de ese campo mixto catalanista-espaol que representan los Comunes (y parte del PSC e incluso algunos votantes de Ciudadanos), aunque tambin necesitan de dilucin de su agenda social. Es la dinmica de absorcin o subordinacin hacia el plan independentista conseguida en una parte del PSC y de Podem, difcil de ampliar. La obsesin independentista por ello genera una presin prepotente sobre este tercer espacio que roza lo punitivo.

Pero lo que se ha demostrado (sin demasiado reconocimiento pblico de sus dirigentes) es que desde el punto de vista fctico o, lo que es lo mismo, de la capacidad operativa de las estructuras de poder propias o su conversin desde las instituciones actuales catalanas como los mossos y la estructura jurdico-administrativa, no han sido capaces de construir un contra-poder institucional o popular capaz de imponer la Repblica catalana. Ello por mucho que haya algunos lderes que todava mantengan la ficcin de su existencia y la validez jurdica y poltica de su pasada declaracin unilateral de independencia en el Parlament.

En ese sentido, la fuerza poltico-institucional del Estado se ha impuesto, aunque siga vigente el conflicto de poder y el empate de legitimidad que se expresan actualmente en la conformacin del Govern de la Generalitat y su President. As, aunque en el bloque independentista (en ERC y sectores del PdCat) haya cierto acatamiento a la legalidad vigente y realismo en la percepcin de su debilidad fctica y democrtica es difcil la vuelta a la normalidad institucional. Permanece el conflicto de fondo y en su interior.

Se puede configurar un Govern independentista que siga gestionando la Generalitat con su doble lgica: acumular fuerzas legitimadoras y fcticas- en otra fase transitoria y de forcejeo negociador ventajoso y preparatorio hacia la independencia; consolidar la hegemona institucional y de gestin de las polticas pblicas, culturales y econmicas de las actuales lites de orientacin neoliberal con subordinacin de la agenda social beneficiosa para las capas populares.

Ello significa que la nueva estrategia independentista, aun sin renunciar a la independencia debe articular un nuevo reajuste de los planes, instrumentos y ritmos. Es lo que se est ventilando en la actual conformacin y legitimidad del Govern y los equilibrios entre ERC y Junts per Catalua y el papel incierto de Puigdemont.

Por terminar con una metfora futbolstica. Ante un choque Bara / Real Madrid (o Espanyol) no se trata de ser neutral o ser el rbitro regulador. Independientemente de la afinidad respectiva se trata de construir otro equipo y participar en otro partido (otra liga), el de la seleccin espaola popular y diversa (en la que se incluye lo mejor de ambos y otros equipos) frente al equipo (liberal-conservador) de los poderosos (europeo, espaol y cataln) dirigido por el bloque de poder comandado por Merkel (junto con Macron y Schulz, y Rajoy, Rivera y Puigdemont) y presionado por los populismos xenfobos y autoritarios de la derecha extrema europea. se es el tablero y los polos principales del conflicto.

En definitiva, es necesario un plan sustantivo superador del conflicto identitario y la subordinacin del cambio de progreso, con una respuesta democrtico popular, (pluri)nacional-integradora y social-transformadora. Un proyecto igualitario, pluralista y solidario de modernizacin socioeconmica, democratizacin poltico-institucional y renovacin tica y cultural. El horizonte debe ser el cambio de hegemona poltica en Espaa, en las elecciones generales de 2020, con el desalojo de las derechas, el distanciamiento de la direccin socialista respecto de su pacto de gobernabilidad con ellas y el fortalecimiento de la dinmica del cambio social y poltico progresista. Ello permitir transformar las dinmicas sociopolticas y el contenido sustantivo de la actual pugna institucional: el tablero, los polos y los motivos de referencia. Posibilitar la superacin del bloqueo derivado de la polarizacin de las dos lites dominantes en el conflicto identitario con intereses hegemonistas complementarios frente a una alternativa democrtica y de progreso diferenciada de las derechas neoliberales de ambos campos.

Por tanto, es imprescindible el fortalecimiento de una tercera posicin integradora en la conformacin territorial: otra Catalua inclusiva en una Espaa nueva y diversa. Y, al mismo tiempo, fortalecer un polo popular con una agenda social frente a las polticas regresivas y el modelo predominante de precariedad laboral y desigualdad social. La combinacin de ambos objetivos nacionales-solidarios y democrticos-igualitarios pasa por la capacidad de articulacin de En Com Podem y la difcil y necesaria colaboracin del PSC y ERC. Ello supone aspirar a un cambio del sistema de alianzas y las prioridades polticas frente a las derechas, ms acordes con lo que la gente de Catalua y Espaa necesita.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid. Autor de El populismo a debate (ed. Rebelin)

@antonioantonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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