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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2018

Derechos de autor Para quin?

Norman Petrich
agenciapacourondo.com.ar

Una problemtica actual en el siglo XXI, autores que pagan sus libros o editores que obligan a ceder derechos, editoriales independientes ms flexibles y el mercado como hegemona conceptual.


En 2004, en el afn de construir una nota para una revista que jams sali, envi 5 preguntas a escritores de todo el pas que estaban relacionadas con el derecho de autor y las leyes que rigen la edicin y comercializacin de los libros siendo que, en no pocas ocasiones, el autor se ve en la situacin de erogar dinero para poder publicar o, en el mejor de los casos, es publicado sin tener que pagar pero no recibe nada ms a cambio. Esas preguntas eran:

1- Cree que el Rgimen de Propiedad Intelectual cumple algn rol en la construccin de centralizacin y control de la produccin del libro? Por qu?

2- Segn "Fundacin Va Libre" cada da ms se criminaliza conductas socialmente tiles y arraigadas en las prcticas comunitarias de apropiacin. Usted cree que esto ocurre con la difusin de los libros? Conoce o ha vivido una experiencia de este tipo?

3-Si Pablo Avelluto, nada menos que el director de editorial Sudamericana, dice que "slo 8 o 10 escritores argentinos viven de los derechos de autor", qu es lo que protegen estos derechos?

4- Le genera algo que el libro electrnico est programado para (a travs de insercin de errores que no permiten su correcta copia) "no ser prestado"?

5-Ve en el Creative Commons una alternativa al rgimen de Propiedad Intelectual del libro? Qu otras alternativas cree viables? Trabaja desde alguna de ellas?

En mi doble rol de escritor y editor militante buscaba tener un panorama sobre cunto saban del mundo donde sus textos se convierten en un objeto y de cmo ese mundo, en los ltimos 20 aos, se ha concentrado en pocas manos (a pasos agigantados) y se han dictado leyes que protegen esa acumulacin. Debo reconocer que comet el error de considerar por sabido varios puntos bsicos sobre el tema. No poca fue la sorpresa al recibir las respuestas: slo 10 de 100 se animaron a responder y muchos se excusaron diciendo no tener los conocimientos necesarios para completar el cuestionario.

As que di un par de pasos hacia atrs, dej pasar un tiempo traducible en aos, y volv a la carga con tres preguntas, ms elementales:

  1. Si para editarle un libro en forma gratuita, los editores ponen como condicin ceder sus derechos de autor, usted: acepta? no? Por qu?
  2. Cuando es editado/a sin que se produzca una erogacin monetaria de su parte, considera que la preparacin del objeto libro (tapa, diseo, etc) le corresponde al editor y usted no tiene ninguna injerencia? Pide sea tenido en cuenta su opinin? No le da importancia?
  3. Repitiendo las condiciones de los puntos anteriores, donde lo/a editan sin que le signifique un saldo monetario a cancelar: considera que la presentacin final del libro (si es una edicin econmica, de lujo, de bolsillo, trade) es algo que debe importarle al autor o es un tema exclusivo del editor?

En esta segunda oportunidad las respuestas fueron suficientes como para (sumndolas a la primera convocatoria) trazar un panorama sobre qu saben o ignoran los escritores sobre sus derechos a la hora de ser publicados.

Es evidente, luego de esta introduccin, de que el 78% de los encuestados, dice ignorar o no preocuparle el tema de los derechos de autor mientras tengan la posibilidad de ver transformada en libro su obra.

Como bien dejan en claro desde Fundacin Va Libre, el hecho de ceder en su totalidad los derechos, tantos morales como econmicos, deja al libro sujeto a la decisin del editor. As, algunos autores, tuvieron problemas al intentar ceder parte de sus escritos para ser publicados en revistas digitales o, al recibir una propuesta de reeditar una obra, se encontraron con que su primer editor se niega a permitirlo aduciendo que los derechos de la misma fueron cedidos para esa primera edicin, an cuando no tiene ni remotas intenciones de volver a editarla en el corto plazo.

Del 22 % restante podemos rescatar los siguientes puntos en comn o diferenciables:

En su mayora concuerdan que debe haber una ley que proteja la autora de la obra pero tambin coinciden en que las leyes actuales poco han asimilado los cambios de las formas de acceso a la cultura. Ceder los derechos econmicos no les parece mal si los textos no quedan prisioneros. Y, como dice uno de los encuestados que tambin cumple el doble rol de escribir y editar, esa cesin se convirti en hbito ms por necesidad que por conviccin.

Una cantidad menor acepta el ceder sus derechos si hay una retribucin a cambio aunque no queda muy en claro si saben que, en esa cesin, no slo estn renunciando a sus regalas sino tambin a sus derechos morales.

Sobre este punto, es muy interesante lo que comenta otro de los encuestados con respecto a la cesin de derechos y los concursos, a los cuales suelen recurrir como posible salida aquellos que no pueden sostener econmicamente una edicin o (por su trayectoria) llegar a un arreglo que implique, por lo menos, no desembolsillar dinero: Depende de qu posibilidades abre la publicacin, de cul editorial estamos hablando, si la cesin es absoluta o limitada. Hace un tiempo mand un trabajo a un concurso, cuya edicin no slo implicaba cesin de derechos, sino tambin, obligacin contractual de ediciones futuras slo con esa editorial, que poda aceptar tus trabajos o no... una locura, por suerte perd.

Por supuesto que lo narrado arriba se da en un marco del avance constante del mercado en la relacin del escritor con el editor. Por fortuna, existen expresiones diferentes que suelen plantar sus banderas en los mrgenes de estos mercados: Debo decir que, como editor, trato de no atrapar a los autores. La relacin de autor y editor es fundamental, es una sociedad que tiene un solo objetivo, que debe ser que ambos aprovechen la oportunidad para fortalecer sus proyectos. La edicin de un libro solo sirve su suma en un proyecto mayor. Ese vnculo slo puede ser de confianza mutua.

Y eso nos da pie para pasar a lo que apuntaban las dos ltimas preguntas de la segunda encuesta, a la participacin o no del autor en el diseo y formato del objeto en que se convierte su libro.

Casi en su totalidad, los autores creen necesario que se tenga en cuenta su opinin a la hora de decidir la esttica del libro. Si bien entienden que hay colecciones que tienen un estilo y un formato determinado y que la ltima decisin la toma el editor, prefieren que se llegue a la construccin final a travs del consenso. Algo que se hace ms frecuente en las pequeas editoriales independientes, donde la relacin es ms fluida.

Un punto que me llam la atencin es que, con respecto a si el objeto final deba ser una decisin exclusiva del editor, la mayora concuerda en que el autor debe tener injerencia pero casi un 40% indic que esto se debe hacer segn las posibilidades del autor, lo que deja entrever que se da por sentado una erogacin, un movimiento de dinero, como propulsor fundamental de esta decisin. Lo cual (una vez ms) muestra cmo las ideas bajan turbias, o por lo menos confusas, por las aguas de los derechos para aquellos que ms deberan importarle.

Si los derechos de propiedad intelectual pueden entenderse como propiedad rentstica, hay que definir de qu lado del mostrador se est. Si del propietario rentstico o del trabajador asalariado. No pods estar de los dos lados. Tom una decisin, en funcin de la decisin que tomes vamos a discutir. Si ests del lado del laburante asalariado, que cobra por su trabajo, yo me voy a parar a tu lado; si vos te pars del lado del propietario rentstico, ah vamos a empezar a discutir, plantea Beatriz Busaniche, Licenciada en Comunicacin Social y Magister en Propiedad Intelectual, y deja una frase ante la cuestin de cmo tratar de comenzar a dar vuelta todo este estado de situacin: quizs sea hora de que los artistas empiecen a tomar un poco ms de conciencia de clase.

Otro punto interesante es ver la relacin del autor con la reproduccin de su obra por Internet y con el hecho de que pocos autores vean una rentabilidad sostenida por sus escritos.

Con respecto al primer punto, es palpable una respuesta ambigua ante la situacin de que sus trabajos se reproducen en lugares (a veces) insospechados pero les produce cierto temor el no poder controlar esa reproduccin, no tanto en el sentido asalariado, sino en que se cumpla las citas y formas del mismo de manera correcta, tanto como sus fuentes.

Dice una de las encuestadas en su respuesta: En primer lugar, sera interesante no contraponer difusin y democratizacin del acceso a los bienes culturales con los derechos del creador sobre su obra Cmo distinguir entre original y copia? Cmo asegurarnos de que nuestros textos no han sido plagiados por terceros, en todo o en parte? La manera de enterarnos de que los textos son reproducidos o citados en la web es googleando, y cada tanto suele aparecer un sitio nuevo, que no conocamos, al que han ido a parar los poemas sin aviso ni permiso. Lo cual paradjicamente se vive con beneplcito, ya que el soporte que permite las apropiaciones tambin habilita los intercambios con el pblico lector y la interlectura entre colegas.

Tambin consideran que se persigue y se hace abuso de la Propiedad Intelectual, el caso Potel ha sido citado por no pocos de los encuestados. Para la mitad de ellos (recordando que estamos hablando del 22% que decidi contestar la encuesta) es fruto de que el mercado empuja hacia el objetivo de la hegemonizacin que se logra a travs del control y centralizacin de los medios de produccin. Y aqu otra frase que echa luces de nuestro amigo autor/editor: (dentro de esa lgica) sin dudas, cuando algo es negocio para algunos no puede ser para todos.

Tambin es rescatable la idea de que, al hecho de que se le pongan trabas tecnolgicas a la posibilidad de compartir materiales, muchos piensen a esas trabas como temporales o cuenten con programas para craquearlas. Como si existiera una ausencia completa de la idea de que da a da infringimos las leyes de propiedad o que, al ser algo comn estas infracciones ante lo supra restrictivo de estas leyes, incumplirlas es casi una norma que se complementa con otra que dice que (de haber un castigo) nunca me va a tocar. Ni se raspa la pregunta de por qu son tan restrictivas esas leyes.

Eso mismo sucede, dentro de la lgica del mercado, con respecto a que sean pocos los que viven de lo que escriben en nuestro pas, como deca el ahora funcionario Pablo Avelluto ya en principios de siglo, dejando en claro (comparndolo con algunos de sus comentarios actuales) en que hay una coherencia en sus opiniones y en su mirada de clase.

Aqu las respuestas van desde que no tiene que ver con los derechos en s mismo como en la inexistencia de un mercado para estos libros (que no deja de ser una mirada de mercado), pasando por protegen el plagio pero no mucho ms al protegen los derechos de los que pueden acceder al mercado a gran escala. Y en esta ltima respuesta est la clave para entender por qu esa frase de Avelluto refleja su pensamiento de clase. Y reside en que se cuestiona el valor del derecho de autor cuando son pocos los que viven de eso pero no se cuestiona que eso nace y se reproduce de una mirada de propiedad privada, donde se ejerce un control casi monoplico y persecutorio de la mirada del autor y la forma que se redistribuye.

Partamos del un punto de inflexin: en nuestro pas, por cmo est expresada la jurisprudencia, existe una contradiccin entre el derecho de libre acceso a la cultura y la ley 11.723 de Propiedad Intelectual que regula los derechos de los autores sobre su creacin desde la lgica de la propiedad privada.

En general, no hay un autocuestionamiento de las reglas de propiedad privada en el campo de la cultura. No hay, es como un no-tema. Artistas de izquierda, artistas que cuestionan la propiedad privada, artistas que cuestionan, a la hora de tocar la propiedad intelectual, no quieren hacerlo, vuelve a decir Busaniche.

Es en ese contexto de propiedad privada que es entendible la respuesta de otro encuestado, quien tuvo la suerte de ser traducido y publicado por editoriales extranjeras: las editoriales extranjeras muchas no son ms que sucursales financiadas por las grandes y si algo sale vendible primero tienes que ceder tus derechos antes que nada, as dos veces fui al consulado de Espaa y uno al de Italia. Si alguno se vendiera bien, la casa matriz lo tiene servido y paga con creces lo gastado.

El ltimo punto de la primera encuesta buscaba reflexionar sobre posibles salidas, alternativas, a las magras que ofrece el copyright. En su gran mayora, desconocen las leyes de difusin propuestas por el Creative Common; y de los que las conocen, muchos la ven como una hermosa brisa de verano fagocitada por el avance persecutorio del mercado. Tal vez, la cosa pasa por donde seala Beatriz Busaniche, casi como salida obligatoria: Soy de la idea de que hay que tomar el marco de los derechos humanos, all lo que tenemos es el derecho de acceso, el derecho de participacin, y el derecho de autores e inventores a una vida digna, Otorgar a los autores e inventores un nivel de vida digno se puede lograr de diversas maneras, ya sea con un monopolio acotado en el tiempo, ya sea con un sistema de pago nico por una obra, ya sea por contratacin, por mecenazgo, por pagos por crowdfunding, como se estila ahora mucho en el entorno de internet; por una diversidad de canales.

Lejos parece estar ese horizonte desde que, en principios del 2017, se abriera un foro de investigacin abierta al pblico por la cartera dirigida por Germn Garavano para dirimir si es necesario o no reformar la ley de propiedad intelectual y el documento arrojado por dicho espacio deja preocupantes aspectos a la vista: no slo las flexibilidades propuestas son escasas sino que es clara la orientacin punitivista y penalista de la propuesta. Sin duda, un nuevo frente de batalla se presenta, en el cual (signo de nuestro tiempo) tendremos que luchar para evitar un nuevo avance en un espacio de fundamental impacto que restringa, an ms, el libre acceso a la cultura.

Fuente: http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/derechos-de-autor-para-quien



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