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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-02-2018

Los sonmbulos

Miguel Casado
Peridico de poesa


La plenitud jams tiene lugar en lo real, pero el camino del anhelo y de la libertad es infinito y nunca podr ser hollado, es estrecho y tortuoso como el del sonmbulo. Y es quiz en medio de un conflicto entre realidad y libertad donde se desarrollan las novelas de Hermann Broch que componen su triloga Los sonmbulos; pero sera un conflicto que, a la vez, existiera y no llegara nunca a darse, que parece tener salida pero no puede encontrarla, a la manera de la vida de quien anda y acta dormido.

Escritas entre 1928 y 1931, las tres novelas Pasenow o el romanticismo, Esch o la anarqua, Huguenau o el realismo evocan tres momentos sucesivos de la vida alemana: el final del siglo XIX, los primeros aos del XX y los meses ltimos de la Gran Guerra en 1918;sus situaciones, si se reducen al argumento, tal vez no desbordan lo usual: una familia de terratenientes y militares prusianos sometidos a rgidos cdigos sociales, las instituciones paralelas del matrimonio y el concubinato, las diferencias entre nobleza rural y burguesa, la inestable condicin de los pequeos burgueses asomados al desclasamiento y la proletarizacin, el derrumbamiento del mundo y la supervivencia de los que siempre saben sacar partido de la desgracia ajena, los pequeos odios y los mezquinos amores Y la sucesin tambin de los escenarios: el campo prusiano y el del sur, Berln, las ciudades renanas y su vrtigo econmico.

Sin embargo, nada de esto define la obra nica y perturbadora con que Broch abri, pasados sus cuarenta aos de edad, su trayectoria de escritor. Ante ello se ve qu vana resulta esa frase oda a menudo en los ltimos aos: lo que importan son las historias, el sentido de escribir es contar historias u otras semejantes y bien conocidas. No es la clave tampoco el variadsimo repertorio de tcnicas que se pone en juego o la mezcla de los gneros (poemas, ensayos, dramatizaciones intercaladas en Huguenau o el realismo). No. Es la forma de contar convertida en materia de los personajes, la corriente de palabras que los recorre a estos sin cesar y se hace indistinguible de sus actos, forma y contenido disueltos en la voz.

Es extrao. Pasenow y Esch son personajes planos y confusos y, sin embargo, tienen una activa vida interior, tan fuerte que con frecuencia parece que va a suplantar como escenario a la realidad cotidiana. Esta intuicin distingue la mirada de Broch, es lo que le induce a seguir el detalle, el continuo relieve y sobresalto de una existencia tan aparentemente uniforme y ensordecida. Como mostr tambin su coetneo Musil, en el hombre sin atributos no bulle menos el espacio ntimo que en el hroe.

La mirada del narrador entra y sale de los personajes, va de una a otro, enlaza sus sensaciones y sus actos, tramando un espacio de vida en el que lo que solemos considerar como un no pensar se convierte en la forma del pensamiento; no sentir, en la forma del sentimiento. El vaco, la debilidad, el rechazo, la ausencia tambin estn ah llenando un lugar, constituyndolo. Ese hombre o mujer tiende a no pensar, quiere olvidarse de sus posibles problemas, se fija en cualquier cosa sin importancia que tenga delante; si escucha, por azar o equivocacin, cualquier idea bien formulada que se salga de sus cdigos, se desconcierta, queda sonado como boxeador que encaja un golpe. Broch se apoya en la prctica freudiana nunca de modo explcito ni con trminos tcnicos para ir levantando los decorados de cartn-piedra y mostrando el deseo, mostrando la conmocin que sufre ese hombre o mujer si llega a percibir su propio funcionamiento mental, a aislar su conducta. La digresin interior, que la cabeza se deje llevar por cualquier estmulo, se va pareciendo cada vez ms, en su falta de control, a un delirio, por ms que sea un delirio rasante; el hombre o mujer va siempre a hacer lo contrario de lo que decide, siguiendo las huellas que pasos desconocidos han imprimido en l. Cuesta distinguir qu es lo imaginado y lo que ha ocurrido.

Separacin de cada uno respecto de s mismo: el sentimiento que tenemos de la vida va siempre rezagado, respecto a la vida real, medio siglo o un siglo. El sentimiento es siempre de hecho menos humano que la vida que vivimos. Como si cada persona participara de su tiempo solo con una pequea parte de s, mientras el resto permanece en lugar incierto. Hablan unos con otros conversaciones de sordos, en las que cada uno va siguiendo su propia cadena de asociaciones aunque parezca que se refieren a lo mismo. Y, adems, est la inercia: los mviles de los actos se van haciendo borrosos, apenas un recuerdo de algo que se quiso y ya no interesa, y sin embargo sigue movindose en incierta direccin. Un mundo automtico. Tambin un mundo de islas, salpicado de vacos: Otros escritores coleccionaban seres humanos escribe Canetti, Broch coleccionaba los espacios respiratorios situados alrededor de las personas y que contenan el aire que haba estado primero en sus pulmones y haba sido luego expelido por ellos. O, dicho de otra manera, quiz todo, incluida la presencia constante del sexo, sean formas de ensordecer la soledad, de aturdir el miedo; pese a Freud, el centro turbio de todo, el que no se deja conocer, no parece sexual, sino existencial.

De qu frontera vienes t, pensamiento?, pregunta uno de los versos intercalados en Huguenau o el realismo. Y, pese a la voluntad de Broch en el cierre de la triloga de dar peso a lo especulativo Canetti recuerda que su biblioteca era sobre todo filosfica, Hanna Arendt escribe un largo ensayo que lo considera como filsofo, el pensamiento surge de la mirada narrativa como la forma oscura y atravesada de conflictos del no pensar: por debajo de su visible manera de vivir, totalmente flccida, exista en cada elemento una tensin constante. Si uno pretendiera cortar el ms pequeo fragmento de uno de aquellos hilos visiblemente blandos, descubrira en l una torsin inmensa, una convulsin de las molculas, por as decirlo. Lo que de ello se perciba desde el exterior podra definirse del modo ms normal con la palabra nerviosismo, entendiendo este concepto como la guerra de guerrillas que el Yo ha de sostener a cada instante contra cada una de las partculas de lo emprico con las que su superficie entra en contacto. Un pensar-vivir, existir como una tensa lucha qumica, energa incesante, cuerpo-alma.

Quiz ocurre que Broch, en la percepcin sutil de su escritura, nos lo hace ver as; pero l no lo acepta. Y esa separacin interna que va incubando la voz cambia las proporciones al final de la triloga, rompe la unidad del texto, sorprende con sus preguntas. O es una inquietud centroeuropea (recuerdo a Dblin, a Aleksander Wat, las apariciones demonacas en ambos)? Pareci que la palabra redencin flotara liberada por encima de las mesas. Y surgen las escenas en torno al Ejrcito de Salvacin, las sesiones de lectura bblica en que Pasenow y Esch que confluyen en la tercera novela acuerdan su confusin y su deseo, extraos y conmovedores amigos. Todo se derrumba alrededor, no solo porque llega el final de la guerra y el estallido revolucionario; ya se haba ensoado la invasin de Europa por hordas de africanos bautizados, para restablecer la fe, en inesperada metamorfosis de la visin de Rimbaud. Grande es la angustia de aquel que despierta. Regresa con justificaciones mnimas y teme la fuerza de su sueo. El expulsado del sueo vaga en el sueo. Solo queda despierto quien no lleg nunca a ser sonmbulo: Huguenau, el heredero del negocio textil familiar (como el propio Broch, irnica contrafigura), timador y parsito, asesino y portavoz de la razn econmica, el primero de esos hombres ordinarios al decir de Blanchot que, al amparo de un sistema, van a convertirse sin saberlo siquiera, en burcratas del crimen y contables de la violencia.

Lecturas

Hermann Broch, Pasenow o el romanticismo, traduccin de Mara ngeles Grau, Barcelona, Lumen, 1974.
Esch o la anarqua, traduccin de Mara ngeles Grau, Barcelona, Lumen, 1977.

-Huguenau o el realismo, no figura traductor, Barcelona, Lumen, 1986.

Elas Canetti, El juego de ojos, traduccin de Andrs Snchez Pascual, Barcelona, Muchnik, 1985.

Maurice Blanchot, El libro que vendr, traduccin de Pierre de Place, Caracas, Monte vila, 1969.

Este texto ha sido publicado en La sombra del ciprs, suplemento del diario El Norte de Castilla.

Fuente: http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php/1659-tienda-de-fieltro/4328-no-092-tienda-de-fieltro-los-sonambulos



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