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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-02-2018

En el bicentenario de Carlos Marx
El pensamiento revolucionario

Felipe Cuevas Mndez
Rebelin


ndice

Presentacin

1.- Replanteo del contexto

2.- El modo de pensar revolucionario

3.- Reconfiguraciones del proceso

4.- Formacin de las conciencias

5.- Un escenario de cambio

Notas

Bibliografa


Presentacin

Hace doscientos aos que naci Carlos Marx un 5 de mayo de 1818. Verdad irrefutable es que desde su juventud en las luchas del pueblo alemn ech las bases del pensamiento revolucionario en la crtica al capitalismo. Desde entonces en la carga histrica han corrido procesos por todo el mundo en medio de los cuales estn presentes sus ideas, an en los das ms oscuros de la humanidad y los momentos ms inexorables de la dominacin burguesa.

Por otra parte, nuestras actuales generaciones, tan exprimidas por el capitalismo mundial, con su resistencia siempre rejuvenecida, los movimientos de pueblo, y los deseos de cambio social consecuente con nuestras perspectivas; impulsan y vitalizan el desarrollo del pensar propio de carcter anticapitalista.

Estos dos aspectos en primer lugar constituyen el sello de origen del pensamiento revolucionario, sociedades explotadas y oprimidas que impulsan y renuevan sus acciones por la plena liberacin social respecto de las relaciones de opresin.

Con su largo recorrido el pensamiento revolucionario de entre todo el pensamiento social, se empea como articulador para afrontar las realidades con sentido histrico, con horizonte socio-poltico de colectividad, de compromiso con los pueblos, sus clases y sectores.

El pensamiento revolucionario convertido en un gran colectivo ausculta el estatus de la mentira imperante, del encubrimiento de realidades terribles que estallan constantemente en las sociedades, de las nuevas y viejas conexiones entre los problemas sociales. Toma nota de las verdades que reclaman sus races e historias, de la narrativa que invoca pacientemente un tratamiento desgranado, que se sustente en las formas de pensar de los pueblos con las que se vincula y conjuga por el desarrollo de los movimientos.

Ciertamente el pensamiento revolucionario enfrenta los mayores retos que haya tenido en toda su historia, resolver sus problemticas implica innumerables tareas y necesidades, desde su articulacin universal en las condiciones histricas del ahora, el recambio de los medios para sortear las ms complejas situaciones, hasta las formas de accionarse desde abajo.

Replanteo del contexto

Vivimos la afirmacin capitalista sobre todo el espacio social. Esto sucede por supuesto en medio de procesos de auge y crisis multidimensionales, donde el sistema mundial estableci un ciclo internacional de reproduccin del capital, poder opresivo y de control del tiempo histrico.

Diariamente se nos ilustra con marcada evidencia que tambin arribamos a procesos planetarios definitorios de cursos econmicos, culturales, polticos y sociales. Tales como la formacin de extensos mercados re-ordenadores de las hegemonas, la aadidura del desarrollo capitalista en reas de gran influencia o potencial cambio de parmetros geoestratgicos, la financierizacin, la monopolizacin de la economa y otras estructuras, el asentamiento de nuestros pases como eslabones de una cadena de dependencias terribles, y con los centros de la economa global en peligrosas disputas.

Como se despeja a diario, asoma igualmente la consumacin de las comunicaciones modernas sometidas a las relaciones opresivas influyendo en nuestras vidas, acentuando problemas como la imponente transculturizacin occidental sobre el mundo.

Pero todo este conjunto, as sea desde su ngulo crtico, no es ms que una parte de los hechos, como observancia de la narrativa sistmica. Las juventudes, los obreros, las intelectualidades, el campesinado, las mujeres, profesionales, artesanado, cultores y tantos factores que componen los pueblos desarrollan sus propias maneras de ver la vida social y sus transformaciones, con los que se forjarn nuevas rupturas.

Pensar o ser programados

Con la perspectiva dominante los pueblos somos pensados desde las distintas instancias del orden. Estamos siendo inducidos a que las instancias del poder piensen por nosotros, nuestros pensamientos previamente son inducidos por los entes de la dominacin y los sectores reaccionarios que actan en todos los frentes posibles.

Opinas segn lo que el sistema opina de sus amigos y sus enemigos, de lo que ste define como lo bueno o lo malo, de las opciones que te ofrece, de los parmetros creados por sus relaciones dominantes, de los gustos que te fomenta, de las fobias que te cultiva. Hace tiempo, por generaciones estamos siendo sistemticamente programados para no pensar por conciencia propia.

A tal punto este proceso est tan avanzado que a las generaciones presentes se les quiere separar respecto de los aprendizajes sociales o de interaccin para ser formateadas desde vas mediticas, para que pierdan la fe en el sentido de humanidad solidaria. El factor humano de convivencia, por las vas tradicionales de sociabilidad y formacin est siendo sustituido por nuevas tecnologas, existencialismos consumistas y procedimientos de aislamiento del individuo.

Como resultado nuestras generaciones afrontan nuevos problemas de conducta, de orfandad, impregnadas del sentimiento de haber sido abandonadas a nuestra suerte, estando expuestas a las experiencias circunstanciales sin enlaces profundos con la base de comunidad humana.

Tal desconexin conlleva a la destruccin del ser social y por ende, del sujeto social. A su vez en medio de esta tragedia, pese al esfuerzo que deben ejecutar para ganar conciencia, sucede y acontece que las nuevas generaciones tienen la ventaja de carecer de compromisos que las aten a un sistema cien por ciento opresivo. Son arrojadas a una sociedad que se trag a sus abuelos; te arrebata a padres y hermanos; dispersa a las colectividades; alimentndonos con odios, miedos y resentimientos; inmiscuyndose en tus rutas de escape; ofrecindonos esclavizacin y sueos rotos bajo la destruccin de nuestro nico hogar.

No cabe duda, la reorganizacin internacional de las instituciones, que imponen elevadas cuotas de expoliacin, interferencias e influencias sobre las acciones de los otros; agudizan el control sobre las poblaciones, recursos naturales y sistemas sociales. Situacin que extrema el fortalecimiento de las clases dominantes para que todo siga bajo este sistema insaciable desenfocando nuestros juicios a efmeras carreras por el bienestar en el malestar.

Pero las condiciones materiales nos devuelven una y otra vez a la inquebrantable marcha de la historia. Como es sabido, por contrapartida florecen modos de encarar la realidad, que la cuestionan de punta a punta, clarificndose que vivimos un estado de transgresin permanente desde un agresivo orden hegemnico contrario a las poblaciones. La radicalidad del pensamiento cuestiona esta situacin de destruccin de las naciones, de devastacin de los pueblos y sus clases, de agresiones violentas, sicolgicas, polticas o econmicas; para acentuar a ultranza sus ltimas exigencias, sin un mnimo de decoro, sin lmites en sus acciones, ni consideraciones con otros intereses u otras necesidades.

Se trata de nuevos modos de pensar surgidos de las entraas de estas realidades, que remontan el abordaje desde distintos mbitos a estas cuestiones de la alienacin y enajenacin sobre las que soportamos un mundo construido sobre la barbarie y deshumanizacin. Sus batallas son de proporciones mayores e imprevistas, exigiendo tomas de posicin que descongelen las combinaciones posibles de una crtica revolucionaria.

Las generaciones actuales padecemos esta confrontacin con el pensamiento dominante de ltima generacin. Hablamos de la modernidad y posmodernidad como marcos supra-culturales regidos por principios de supremaca, desclasada y despolitizada en apariencia, operando sobre la vida laboral, las relaciones generales, la msica, los deportes, las redes, las artes, tradiciones, la comunicacin, la poltica, el supuesto desvanecimiento de los antagonismos, el imperio del mundo meditico u otras manifestaciones de vida social. Expresiones que reclaman respuestas cada vez ms precisas y radicales, pero tambin mejor definidas en su condicin de situaciones recreadas en el sistema.

Deshumanizacin garantizada

Con el asentamiento del capitalismo en todas sus formas, estas son sus realidades, un colosal despliegue de poder, la extensa y profunda formacin de una sociedad cautiva de sus propias estructuras, el naufragio econmico neoliberal, desigualdades extremas, violencia desenfrenada, amenazas de guerra global.

Nuevos retos se plantean a la accin y el pensamiento anticapitalista. Como vemos, tal cual queda corroborado, la raz de la catstrofe del planeta, pesa como una lpida. Es este modo social quien nos conduce a la autodestruccin de las culturas, recursos, seguridad, salud, condiciones de vida y de las sociedades en s mismas. Sin embargo las clases dirigentes como responsables de primera instancia se niegan a los hechos por cuestiones de jerarqua, riqueza o enfoque.

A las consabidas contradicciones sociales se adjuntan graves contradicciones del hombre frente a la naturaleza. Con todo, se trata como es sabido del arribo al antropoceno como el mayor impacto atmosfrico, por contaminacin y modificacin del clima, del peso muerto y desequilibrios globales de la tecnosfera tal como ha sido concebida por la depredacin capitalista, del calentamiento global, la sobreexplotacin de los recursos, una sexta extincin masiva de especies por causas humanas, destruccin de ecosistemas, la radiacin imparable provocada por el armamentismo u otros usos contaminantes, y pare de contar.

Hechos que en virtud de los antagonismos sociales y las tragedias humanas de la desigualdad no hacen ms que acrecentarse como tendencia irreductible en el capital, no obstante fuera de sus criterios e intereses no tiene por qu ser nuestra autodestruccin.

El pensamiento popular como fundamento

En este sentido la crtica social argumenta con solidez el reconstituir las condiciones de un planeta y sociedad sustentables. Un planeta de coexistencia responsable para con todas sus formas de vida, postulando una era de humanidad libertaria encargada de resguardar la vida, el equilibrio social-natural planetario, y la constitucin de poderes societarios, que trascienda la barbarie, los peligros y amenazas del capitalismo imperialista.

El sistema nos ideologiza con sus valores burguses, crea fenmenos y libretos de pensamiento egosta, adoctrina sobre sus relaciones de sujecin. Por lo que estimular la crtica social hacia la agudeza radical es un desafo articulador de la lucha de clases. La crtica no puede interpretarse como un adorno, es el factor que proporciona cohesin a todo pensamiento con su base social fundamental. Es un desafo de recuperacin, pero tambin de postulacin hacia los nuevos panoramas en pos de un vasto horizonte para la lucha por el socialismo. Un proceso que nos lleva al reconocimiento de tantos pensamientos de lucha, de recreacin de ejes fundamentales en condiciones y realidades concretas hacia su reconfiguracin.

La actitud revolucionaria1 de las generaciones a quienes ahora toca la defensa de la humanidad, con todos los contribuyentes habidos y por haber, es una manifestacin de ideas para la bsqueda de la emancipacin. Para esta misma lo vital sigue estando en el pensamiento social de los pueblos, desplegado en su ideario de independencia, autodeterminacin, soberana e identidad. Trasmitido por sus intelectos, sus liderazgos, sus batallas, sus historias, sus iniciativas, sus herosmos, el recuento de sus aportes, sus expresiones de vida social, su constante relacionamiento como creadores de nuevas realidades y de coyunturas.

La perspectiva capitalista consiste en seguir siendo dominadas, sobreexplotadas, quedando atrapadas en una multiforme proletarizacin en modo de condicin paria que declara la muerte de la historia. El aliciente movilizador para su posicin es ejercer su rol transformador tras los propios intereses en el proceso vivo de la historia.

Si es as que la historia la hacen los pueblos, puesto que no vivimos en la nada, sino que sustentamos subjetividades e ideas tanto propias (producto de nuestras formas de vida y resistencia), como las que nos inculcan las diversas condiciones del modo de vida dominante; as tambin en medio de todo esto, los pueblos inspiran, construyen y dan fuerza a las ideas revolucionarias.

As entonces la retroalimentacin con el pensamiento popular, las percepciones de clase, sus enfoques elaborados y su teora revolucionaria reconstituyen las premisas indispensables del imaginario colectivo revolucionario. Estos mbitos hacen posible deliberar en una composicin multilateral, que aporte solidez a la lucha, que asimile la cultura de cada pueblo por crear otras sociedades socialistas ms all de las experiencias precedentes.

En consecuencia, el pensamiento popular es ms que la gran reserva, primeramente resulta ser nuestra fuente inagotable, y en segundo lugar es inspiracin fundamental para la fusin de estas expresiones del pensamiento en nuevas relaciones sociales.

Duelo en que, con regularidad atronadora, las ideologas del capitalismo que han logrado penetrar tan hondo en tantos sectores sociales, se aprovechan a su manera del pensamiento popular para descomponerlo e infiltrar sus posturas hacindolas pasar como propias a los oprimidos. De tal manera que consiguen inyectar el modo de pensar dominante y la llamada cultura de masas en el torrente de la vida social.

El modo de pensar revolucionario

Da tras da las panormicas del pensamiento social se distinguen por su diversidad y entrecruce confluyendo en el rechazo de los derroteros capitalistas. Aun as insistimos en la importancia de que coincidan en el desarrollo de enfoques revolucionarios sobre la base de sus contenidos y su escalamiento en el inters de las transformaciones sociales pertinentes a nuestros pueblos.

Si la ideologa burguesa encontr los medios de trascender al pensamiento burgus dominante de nuestra poca, insertndose en el torrente social; en la misma exigencia, pero por conciencia, el pensamiento revolucionario debiera hacerse carne y sangre de los pueblos. Hemos recurrido a este recurso de definicin como pensamiento emancipador revolucionario, no por una toma de distancia, sino por subrayar su condicin de visin integral en la medida que nos es posible advertirla.

Se trata del nfasis en su lnea de trascendencia, no de subvertir los nombres del marxismo, marxismo-leninismo u otros ismos e istas surgidos en la historia de sus procesos como medios de percepcin en distintas situaciones. Ni intentamos desmarcarnos, desdecirnos o negar el valor de esta trascendental experiencia de incuantificable vigencia.

Hablar de pensamiento revolucionario es reivindicar el sentido emancipador de dicha teora, de paso en contraste de ciertas modas de pensamiento, en resistencia ante variadas corrientes evolucionistas en su interior. Interesa esencialmente apuntar su esencia imborrable. Es la significacin que adquiere ms all de sus fronteras postulantes, para explotados y oprimidos del mundo, hasta alcanzar su condicin de pensamiento colectivo integrador y emancipador.

Otras tendencias crticas, bastante reconocidas, con notables roles en el desarrollo terico-social, asumen distanciamientos y deslindes explcitos o implcitos por consideraciones de diversa ndole. No es nuestro caso, pero igualmente arrojan una estela propositiva tan importante como necesaria de valorar, asimilable para el desarrollo del pensamiento crtico-revolucionario, tal como abrevan de este proceso.

A su vez destacamos el periodismo crtico (impreso, digital, radiofnico y audiovisual), constituido en un gigantesco expediente histrico, una fuente viva colmada de acusaciones fundadas contra la sociedad capitalista de un valor incalculable. Ni cabe duda que la inconmensurable labor intelectual popular, progresista, demcrata, humanista y de incontables socialistas result tambin una reserva de conocimiento para un proceso mayor.

Tomando en cuenta todo lo que le toca asimilar en sus procesos y su historia de formacin, este es un proyecto resistente tanto en los graves momentos bajo asedio como en los grandes movimientos emprendidos, sus epopeyas, sus extravos, derrotas, sus innovaciones de lucha y sus esfuerzos cotidianos. No se reduce a leyes, categoras, tesis, teoras, inclinaciones, traslado mecnico de frmulas, ortodoxias, desestructuraciones, tradiciones, experiencias histricas, ni de cientificismos, el pensamiento revolucionario se nos abre a la vida social del presente como factor de lucha en movimiento y transformacin.

La revolucin terica en circunstancias cambiantes

Como estamos viendo, el factor pueblo y sus modos de pensar juegan un mayor papel en este proceso, tanto como que la compenetracin de esta teora en el espacio social marca nuevas tendencias en su comportamiento para internalizarse e impregnarse de tan abundantes experiencias. Indudablemente que al momento de su constitucin el marxismo enfatiza y se planta como una teora social en tres direcciones integrantes, tan centrales como la crtica de la economa poltica, la filosofa materialista-dialctica y el socialismo cientfico, que constituyen sus cimientos.

El pensamiento emancipador articulado sobre estas partes, avanz en un proceso expansivo sobre la ideologa, la cuestin del Estado, la teora poltica, la lucha de clases y la historia. Mismas que se proponen sujetas a la dinmica de las relaciones sociales centrales, el juego de los fenmenos objetivos y la conciencia social que de estos se tiene.

Esta ha sido una sntesis nodal en el estudio del desarrollo capitalista y la lucha socialista comunista, permiti al conjunto de sus movimientos un avance profundo con el que se han acumulado nuevos vehculos de accin y anlisis. Evidentemente tal ordenamiento del marxismo est conectado e influido por el panorama socio-cultural de su poca del cual desprende sus sntesis, al igual que ahora bajo el aporte de su propio acumulado histrico a cuestas. Es decir, estas tres partes integrantes estn sujetas a los grandes movimientos de la sociedad contempornea, expresando una constante configuracin de sus marcos de apoyo lejos de los antojos destructivos anti, pos y neo marxistas.

Dicha estructuracin nos ha demostrado que aqu como en cualquier formulacin es indispensable incorporar una postura histricamente exigente, de conocimiento organizado a los fines. Lgicamente en algn punto dicha clasificacin e induccin a la penetracin temtica desde esta centralidad llega a ser empujada como una contencin tanto para tal penetracin como para la reconfiguracin de nuestro pensamiento en el eje de su transformacin permanente.

Esa sntesis subray la percepcin de la totalidad social para su transformacin libertaria, y a eso se apega, sus formas varan de acuerdo a este principio aun cuando ya exigen su propio reacomodo y recambio. La revolucin terica del marxismo reclama continuamente su propia realizacin interior, incluso revalorando estas tres partes en un nuevo conjunto de elementos.

Su revolucin terica incluye el desenvolvimiento de sus ejes centrales bajo nuevas sntesis de la realidad actual, tanto como la vuelta de atencin en temas que, estando ah depositados, en realidad subsistan desenfocados y subordinados, reclamando un enfoque multidimensional, de otro modo dejara de ser marxista reducindose a la dogmtica.

El quiebre del esquematismo

Asumiendo cierto intelectualismo se dice que bajo estos lineamientos del conocimiento revolucionario hubo de sufrirse el endose esquemtico, particularmente del determinismo econmico. Segn nos refieren algunas percepciones, ello debido al supuesto de que varias de las obras importantes de Marx, en esta cuestin permanecieran traspapeladas durante largo tiempo o que los continuadores no eran tan estudiados, sabr Dios, aunque se pueda reconocer un tanto de credibilidad, suene como suene.

Sin embargo aludir al simple desconocimiento de tal o cual texto tampoco solventa la razn de las problemticas surgidas, menos si se obscurecen los contextos y condiciones peculiares de los problemas revolucionarios que afronta continuamente la historia.

Podramos decir que uno de tantos problemas est en el movimiento del marxismo entre las generalizaciones y las particularidades. Ambos procesos al realizarse plantean cambios arriba y abajo, que de no darse prevalecer la tendencia al reduccionismo esquemtico.

Hay que decir que las acusaciones de esquematismo son aejas, datan de la poca de Marx y Engels, pero se expandieron particularmente en el siglo XX donde la mirada del pasado cuenta como recurso de acusacin, que impone criterios no aparecidos, complejidades no desdobladas, y subjetividades todava vistas restringidamente. Ello no exime de ninguna manera los desatinos esquemticos.

Entonces, ajustndonos a sus hechos, la parte cierta contenida en el esquematismo, distinguiendo las acusaciones externas; se asent como conservadurismo al no asumir las nuevas condiciones que se presentaban al pensamiento marxista y al conducir los anlisis subordinados a emergencias de las circunstancias y sus razones pragmticas.

Las luchas de clases bajo posturas revolucionarias centraban los problemas de su supervivencia fuera de esquematismo alguno. El caso ejemplar ha sido la revolucin de octubre y la construccin del socialismo como parteaguas de la historia, cuya esencia transformadora ratifica un proyecto histrico (polmicas al margen). Incitante permanente de su innovacin como creacin heroica de los pueblos y sus circunstancias (campesinos, soldados, clase obrera, mujeres, juventudes e intelectuales).

La revolucin de octubre y la construccin del socialismo se dieron en torno a consignas esenciales de paz, emancipacin, socializacin de los medios de produccin, desarrollo de las fuerzas productivas, monopolio estatal del comercio y poder de los consejos. Hechos que jalonaron una forma de concebir y aplicar nuestra teora por las fuerzas directamente organizadas para ello, frente a regmenes reaccionarios y estructuras opresivas sumamente atrasadas.

Ahora las circunstancias son diferentes, aunque las tareas apunten a una misma direccin fundamental, necesitan otras formas y banderas concretas frente a las democracias de los financieros (extrema plutocracia financiera). Entran en el ruedo otras problemticas que sacan a la palestra la dignidad de los pueblos, la democracia popular, el ejercicio pleno de amplios derechos sociales, la transformacin del conjunto de relaciones sociales, la identidad colectiva, la teora de la revolucin en la accin social de los pueblos para la conjugacin de sus formas de lucha, y la humanizacin de la vida social.

Sin esquematismo, pero sin prdida de la perspectiva, el pueblo renace en sus diversas identidades. Su ejemplo integrador se observa en momentos claves como los del pueblo sovitico en la guerra patritica, el vietnamita enfrentndose al invasor yanqui, el bolivariano con la dignidad recuperada de las tinieblas, el cubano en el compromiso histrico, el mayo francs de 1968, los pueblos rabes en el combate antiimperialista y antiterrorista, y as por esos caminos tambin los pueblos-nacin originarios en Amrica resistiendo a tantos ultrajes.

As pues los pueblos pueden variar infinitamente en su composicin social, en su narrativa de lucha, el factor comn a esa diversificacin se encuentra en su condicin del ser despojados, que el pensamiento emancipador define como proletarizacin en su aspecto gentico.

Dimensionar el proceso

Surgen otros aspectos del anlisis que van ms all de las acostumbradas propensiones a la bsqueda de la culpa y fobias que ya no permiten evaluar con entereza y profundidad los problemas de la perspectiva socialista. Las tendencias en la historia del pensamiento marxista, tienen responsabilidad ante los hechos que vivieron. Obviamente algunas cuestiones les rebasan en la medida que obedecen a condiciones estructurales e histricas.

El socialismo realmente existente trata de un proceso que estaba lejos de haber cambiado por completo los problemas de la dominacin. Proceso del que hasta ahora slo se suele cuestionar ciertas formas y a veces al precio de su distorsin para acusar unas cuantas trayectorias prejuzgadas.

Uno de los grandes problemas ha sido convertir al marxismo en una ramificacin de tendencias cuando su fuerza y consistencia estn en su profusin general, su permeabilidad en el espritu de los pueblos. En la sinergia de sus enfoques con la lgica revolucionaria para la radicalizacin de los factores de libertad, pueblo-nacin, clase explotada, con el concurso de sus formas de vida comunitaria, contra los estilos de vida burguesa.

A pesar de los pesares, el pensamiento emancipador ah est con unas lneas universales en parte atendidas en el trascurso del tiempo y todava por abordar infinitamente. A pesar de sus detractores y las maniobras del sistema por entorpecer su vuelta a escena, est asumiendo sus deberes frente al desarrollo de muchas lneas o fuentes de que ahora se puede nutrir.2

Bien a bien dentro de ello cada especificidad de interpretacin es arrojada para echar mano de ella, pero ninguna, por buena o defectuosa que sea, encierra toda la exuberancia del planteamiento emancipador, ni se anula absolutamente por ms tenacidad de que hagan gala sus detractores. Lo fundamental que nos interesa es el trasfondo revolucionario con sus desarrollos en tantas experiencias o formulaciones, lo mismo de personalidades que de colectividades, de reflexiones que de propuestas, entre sus virtudes y polmicas de la lucha por los modos de hacer y pensar.

No obstante sus tendencias se vean implicadas en posturas, interpretaciones y catequizaciones que a veces se conducen a descentrarse del planteamiento social y la naturaleza del propsito (que no pretendemos debatir aqu porque sus diversas motivaciones y razones lo exigen en las complicadas luchas que protagonizan). O bien que son llevadas a su liquidacin en los escenarios de la feroz agresin del capital y su particular corrosin interna. La cuestin es la siguiente, a estas alturas no se puede medir una perspectiva tan amplia histricamente, tan profunda en sus dimensiones; por el racero de grupo, la interpretacin unilateral, reduccionista o de tendencia, ni menos por el ajuste de cualquier camisa de fuerza sobre hechos cada vez ms dinmicos e interconectados.

Cada vertiente tiene su razn de ser, as como encuentra sus debilidades en su proceso interno, obedece a rutas en el devenir, inconciliables unas con otras, con todo lo que haya de cuestionable. Est fuera de tiempo y lugar enfocar el todo por las virtudes o extravos de alguna de estas, dicho sea para no envenenar el pozo, sin demeritar sus esfuerzos en aportar a la historia, ni por hacer una consideracin retocada de su paso por la historia.

Sus polmicas y negaciones son una especie de patrimonio de los avatares del largo y tortuoso proceso revolucionario, pero en tanto se circunscriban a sus ejes particulares, encuentran serias limitaciones, como sucede hasta ahora, para enfrentar esta tarea que demanda tantas fuerzas y conciencias por una renovacin permanente. Claro est, su parte contribuyente se asienta en el movimiento de esta historia sin que haya fuerza capaz de borrarlo, su proliferacin fue por lo menos ineludible ante la diversificacin de la complejidad social y de sus confrontaciones, aunque cada vez les resulte ms complicado avanzar por sus senderos y lneas defensivas particulares.

El planteamiento transformador

La historia del pensamiento marxista no es una lnea inequvoca de todos los tiempos del capitalismo, est sujeta a estas realidades, siempre reconstituyndose, diversificndose y sintetizndose sobre condiciones cambiantes; suscitando un desenvolvimiento convergente en sus esfuerzos.

Por ello, con pensamiento revolucionario marxista no decimos nada ms que la recuperacin congruente, apetecida por todos y todas quienes aspiran al cambio social que trascienda la sociedad capitalista en una tendencia general a la articulacin en recursos, planteamientos y propsitos hacia tal transformacin.

Dicho proceso exige redoblar sus capacidades de aprender de las realidades en toda su forma. Recuperar el instinto de nuestros pueblos para regenerar los ideales centrales comprometidos con su perspectiva. Asimilar el conjunto de sus componentes clsicas y las que paulatinamente se acumulan por la experiencia de lucha e ideas de los pueblos.

El modo de pensar revolucionario como sentido y parte consustancial del proceso de cambio social, se constituye en un fundamento articulador, consecuente por obra y reflexin, para reconstituir la energa y planteamiento revolucionario por la libertad verdadera sin dominacin ni miserias.

Es en la medida que se funde y compenetra con el pensamiento social de nuestros pueblos y el particular modo de ver de los oprimidos, como logra ser de clase revolucionaria, efectivamente transformador real y no solo ideal. Ante lo cual se reserva esta demarcacin distintiva y profunda: Los filsofos no han hecho ms que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo, capturando el papel de este pensamiento y su praxis como toda la actividad humana, incluida la construccin, fundamento, crtica y fin del conocimiento.

Configuraciones en proceso

El pensamiento emancipador enfrenta un complejo panorama, en este cambiante acontecer, bajo la feroz clera del capital, de las clases y sectores reaccionarios, y el pensamiento afn en cualquiera de sus presentaciones de tanta influencia sobre nuestras sociedades. Tendrn que florecer sus producciones bajo multiplicidad de escenarios, presentando inmensas oportunidades para que amplifique sus elementos.

Se desprende de su realidad que la movilizacin de sus fuerzas debe arrimarse todos los recursos que lo afirmen en su integridad. Para eso cuenta con un acumulado a lo largo del proceso de su historia y sus luchas, a lo que debe sumar cuanto le sea til apropiarse.

Sus debates vienen dando vueltas a estas cuestiones por reafirmarse en el proceso asumiendo un rol proactivo. Aunque sigan sustentndose debates respecto de sus estructuraciones (o los que fueren), tendr que despegar recomponiendo sus fuerzas, con instrumentos y bagajes para la poca que corre.

De ah que avanza como pensamiento emancipador de los pueblos, a la asuncin de su posicin humanista, fundamentndose en la crtica de la economa poltica, con su base filosfica dialctica, de perspectiva socialista, cimentado en las ciencias y humanidades. En todo ello impregnado de tendencias formativas de la conciencia revolucionaria, con su apropiacin cultural del mundo, enfocndose a su transformacin permanente.

La cuestin humanstica

El ser humano (obrero, indgena, migrante, grupo tnico, campesinado, profesionista, gnero) pas a ser un objeto condicionado por el capitalismo salvaje, su aplicacin de la tecnologa y de las relaciones de dominacin.

Frente a ello se debe enfatizar la revolucin humanstica en todo cuanto constituye la sociedad, sus relaciones, sus acumulados, cultura, civilizaciones, el ser social, la institucionalidad, y el hombre nuevo, que nos visibiliza otros aspectos de la barbarie sistmica; en tanto la causa humana est ligada al socialismo revolucionario.

Visiblemente es base de la formacin y experiencia de vida de los fundadores del marxismo, reconocidos por su consecuente carcter humanista. Se trata de una de sus grandes razones implcita ya en Carlos Marx desde los Manuscritos econmico-filosficos, y en Federico Engels destacada ya en su juventud3 con su obra colosal La situacin de la clase obrera en Inglaterra, sobre el calvario del nuevo sujeto histrico visualizado a travs de los avatares del capitalismo industrial.

Sigui un tratamiento regular tcito en la obra de estos fundadores por la recuperacin del sujeto social humano, contra el fundamento burgus que tiende a la cosificacin del ser. El Capital, por ejemplo as como se reitera su trama econmica, metodolgica e ideolgica ya desde el tratamiento del fetichismo de la mercanca, no puede ser entendido sin su fuerte componente humanstico frente a la explotacin del proletariado, el despojo del campesinado, del artesanado y de los pueblos del mundo. En tanto los diseos econmicos neoliberales por rigor son contra-humanistas.

Posteriormente la cuestin se trasladaba a segundos planos, desgloses ticos, ramas marxistas, subordinaciones polticas, oportunismos o manipulaciones que hoy son asuntos discutibles. Como resultado, esta cuestin al ser abandonada en parte, encontr otros medios de proyeccin, incluso de una corriente significativa, con grandsimas contribuciones, conocida como marxismo humanista.

Tomamos este punto de partida, pero obviamente antes y despus hay una historia del humanismo (ya prefigurado en las grandes religiones antiguas). Es sabido que se remonta a las anteriores formaciones sociales y los anhelos de esclavos o siervos. Que incluye el paso de las burguesas en pugna contra las antiguas clases que la dominaron en otros tiempos, expresndose en las exigencias sociales, a travs del renacentismo, el iluminismo, el independentismo o la cultura laica. Existen pronunciamientos contribuyentes en esta accin y temtica, con todo y las limitaciones que se les pueda reclamar, hilvanndose constantemente la connotacin humanista.

En esto cabe subrayar la recuperacin de Bartolom de las Casas, Bolvar, Mart, junto a muchos ms defensores de la libertad y dignidad humana, cuyo humanismo aparece ligado directamente a la narrativa de sus luchas sociales.

En su conjunto esta premisa fue sumergida en corrientes desenvueltas en el siglo XX y lo que va de este, desde todas las posiciones sociales, sobre ideologas humanistas, algunas sin proponerse cambiar los trasfondos de la sociedad. Otras incluso se convirtieron en caballo de batalla de las fuerzas sociales ms retrgradas sin inmutarse porque su praxis discurra en direccin opuesta deshumanizante.

Vienen a esta historia de humanismo consecuente Rosa Luxemburgo, Ho Chi Minh, Patricio Lumumba, Mandela. Por lo que respecta a nuestra Amrica Latina, sus corrientes ms prominentes estuvieron ligadas al socialismo, en la figura de Ernesto Che Guevara, Anbal Ponce, Maritegui, Sandino, Fidel Castro, Celia Snchez, Frida Kahlo, Paulo Freire, de muchos y muchas ms que con su esfuerzo cultivaron y cultivan una actitud resuelta desde sus personalidades, esferas de accin4 o corrientes sociales5.

Por otra parte se impulsa un verdadero humanismo revolucionario frente a las atrocidades del capitalismo y la deshumanizacin del poder, que supere muchas de las incongruencias del camino. Humanismo que reconfigura al ser humano para asumir su responsabilidad ante el planeta, su naturaleza y la vida en general, descentrando al hombre depredador para colocarlo en su rol de elemento consciente del universo del que forma parte y del cual depende.

La cuestin humana en esta forma se afirma ante la propia historia del capitalismo frente a nuestros pueblos, en particular con la tragedia de las guerras mundiales, el desencadenamiento del fascismo, los regmenes dictatoriales, los vacos y errores del proceso sovitico en este mbito, las modernas agresiones imperiales, sus humillaciones a los pueblos, su violencia estructural, el etnocidio, sus violaciones a los derechos humanos, sus constantes amenazas a la seguridad, la paz, la dignidad y a la humanidad en s misma.

Frente a la deshumanizacin imperante, se reconstituye el humanismo transformador, de una lnea fundamental que subraya un cmulo de luchas histricas a lo largo del siglo XX y lo que va corriendo de este. Lnea abierta por la realizacin del ser social, sus derechos, la solidaridad concreta, la felicidad, el amor, la dignificacin, la inclusin, la fraternidad, el internacionalismo, la liberacin colectiva, con influjos ticos y morales. Que por la comprensin de su propia historia y la naturaleza de sus procesos, es conminada a una conviccin tolerante de las diferencias, integradora de otros saberes, respetuosa de las cosmovisiones u otras interpretaciones desde el seno de los factores populares.

Esta humanstica es un rasgo que recorre el pensamiento revolucionario en todas las direcciones donde enfoca sus esfuerzos, con una decisiva fe en la humanidad, ms amo a mi hermano el hombre, que dira Nezahualcyotl. Que apuesta a los sujetos sociales generadores de cambio, realista, que no se ciega, ni permanece indolente ante las contradicciones sociales.

La piedra angular

La crtica de la economa poltica, este amplsimo cuerpo estructurado en la teora marxista contina despejando la naturaleza y gravedad del capitalismo, para encarar sus problemas actuales. Es referencia terica del anlisis devastador sobre la esencia y carcter del capitalismo, con la obra cumbre El Capital que resulta tan imprescindible como incomparable, todo se remonta a Carlos Marx.

Se trata de una cuestin de larga data y tradicin en nuestra teora que revela el fondo de las relaciones sociales econmicas del capitalismo, la teora del valor y el secreto de la plusvala. Que concreta y desentraa la naturaleza de los antagonismos capital-trabajo, entre las clases explotadoras y las clases explotadas.

Enfocndose a la lucha por la solucin de las necesidades como un aspecto relevante, a la superacin de la realidad relacionante en un mejor vivir, que pugne por darle a la vida amplitud de posibilidades ante las falacias del esquema de Estado de bienestar y de la hoy llamada sociedad de mercado.

Podemos hablar de un pleno consenso en que su centro de gravedad gira en torno al trabajo de Marx para desentraar los fundamentos del capital. Esta teora es quiz de las que ms han recibido atencin y contribuciones en el estudio del capitalismo en sus diferentes etapas, as como en sus mltiples temticas. Ninguna de ellas est exenta de polmicas, pero en su conjunto dialogante permiten arribar a anlisis reafirmantes de una postura radicalmente crtica anticapitalista.

Las transformaciones del capitalismo relativizan o reubican importantes aspectos de su argumento, no obstante es un campo en que las crticas fortalecen tanto su mdula espinal como su mtodo de evidenciar de raz la naturaleza rapaz del capital.

Digamos de paso a este respecto que las relaciones sociales econmicas han llevado a cabo una poderosa transformacin de la realidad tanto como de s mismas. Si bien Marx apunt a las relaciones de produccin nunca dej de enunciar el conjunto de las relaciones econmicas (produccin, intercambio, comerciales, consumo, financieras). Hoy no cabe duda de que dicho conjunto, en su acentuada modificacin, tiene un radio de influencia determinante para todo el proceso econmico y social capitalista, al tiempo que apunta el sentido opuesto e importancia que debern tomar tales relaciones para su profunda socializacin junto a sus medios, con el desarrollo de mtodos revolucionarios especficos en el abordaje de sus procesos.

De otro lado, el nombre de economa poltica que fuera tan rechazado por las fuerzas intelectuales del sistema bajo el supuesto de la esterilizacin de la economa para obtener su mejor rendimiento, hace alusin por excelencia a esa indisoluble coexistencia de intereses y relaciones sociales conjugadas para que el capital de la mano de la poltica asegure su supremaca. De manera que la economa a secas discurre como poltica predilecta de las plutocracias y sus aparatos.

Evidentemente Marx mostr la unin economa-poltica en sus interiores a nivel orgnico, en tanto Lenin lo revel a un nivel sistmico. Insospechadamente esto ha tenido un impulso estratosfrico al crearse las condiciones de un poder estatal indispensable en la activacin del capital en su conjunto. Velando por los intereses capitalistas como norma a la vez que el gran capital sigue redefiniendo su gran poltica por las cuestiones de su exclusivo inters y ventaja.

As en un campo de anlisis que atiende y compete a la economa y la poltica en conjunto, insurrecciona en nuestras vidas para el estudio del poder poltico-econmico y sus trminos, o en temas que involucran otros factores como sucede con el sistema de industrialismo militar global, el intervencionismo imperialista, las guerras imperialistas por los recursos, el carcter de partido en la economa burguesa, o los conflictos por el control del mercado mundial.

Con todo lo que le siga por cuestionarse, de replantearse temticas, de retomar las contribuciones y exposiciones de diversas realidades; si algo demuestra sobradamente el estudio de la economa poltica, en medio de relatividades u otros agregados, son su frescura, su profundidad, su centralidad, y su capacidad de penetrar en la naturaleza del antagonismo econmico de nuestras sociedades, para revelar su verdadera historia y hechura.

Articular nuestro modo de pensar

En medio de tantas crisis y reveses, sus profundizaciones no han parado de aportar al pensamiento dialctico de base materialista. Pero merece un serio reconocimiento el hecho de que sobresalen otras escuelas filosficas que emprendieron enormes esfuerzos por abordar los problemas filosficos, ante lo cual la filosofa marxista (salvo excepciones eminentes) vena rezagada en la defensin y lo contestatario.

Pero ahora mismo se desarrollan inusitados aportes en el tratamiento multidisciplinario de los procesos objetivo-subjetivos en el campo sicosocial. Aunque la clave est en que no es un puro contenido a ser vaciado, sino que debe cocrearse en la espiritualidad y tradiciones filosficas de los pueblos.

A estas alturas, sin retroalimentarse de estos cambios y la ramificacin de sus caudales, la filosofa revolucionaria no puede dar pasos adelante, ni concretar sus desafos; por lo que incorporar crticamente tales procesos es una necesidad intrnseca a su propia razn dialctica.

Por otra parte, la filosofa como otros campos del saber tal como no es la nica fuente de mtodo, tampoco es nicamente cuestin de mtodo. A su vez, sus mbitos se extienden y sus perspectivas se relativizan en el abordaje de cada tema que tiende a acusar el involucramiento de otros campos, historias y saberes. Tambin nos da contenidos, ideas, reflexiones y visualizaciones de nuestra humanidad en el desarrollo de los modos de pensar.

De acuerdo con su propio principio de movimiento y cambio, el mtodo dialctico tiene ante s nuevos procesos de transferencias entre las ciencias y los distintos desarrollos filosficos de los cuales debe no simplemente alimentarse, sino adems, redimensionar sus distintos aspectos en la comprensin del mundo que nos rodea y los tantos quehaceres que nos arroja.

En estas nuevas conexiones destacan importantes procesos que superan el viejo contexto ideolgico para arribar como instrumentos de enfoque de primer orden en el anlisis, as como en el modo en que se desenvuelven muchos aspectos de la vida social. Subrayando que las sociedades no son inaprehensibles, sino que pueden ser vislumbradas en el entramado de fondo como se construyen sus relaciones.

Bajo esta labor impulsora tambin nos referimos a la amplificacin del campo que liga el fetichismo econmico, la cosificacin del ser social, la enajenacin de nuestra condicin social humana, la alienacin al sistema imperante y la invisibilizacin de los sujetos sociales.

Todos los procesos sociales pueden contemplarse ya sea por los criterios dominantes que crean la impresin de que la humanidad marcha como debiera, bien o mal, pero que esta es su alternativa y el pensamiento acomodaticio su mejor sustentacin. Los criterios de la crtica filosfica dialctica descubren y redescubren esos velos, afianzan la reflexin colectiva, pero adems son capaces de clarificar el complejo panorama en que la sociedad lleg a su problematizacin y debe confrontar las salidas ms pertinentes a esta situacin.

Finalmente en el inmenso mbito del mtodo, desde las posiciones marxistas se desarrollan no solo subdivisiones, sino un poderoso cause que permea en todos los terrenos de actividad reclamando nuevas sntesis. Asimismo cobran relevancia estas necesidades para su potenciacin: a) palancas de reflexin filosfica sobre los mtodos, b) la experimentacin metodolgica necesaria al marxismo, c) apropiacin crtica de la experiencia metodolgica general, tanto como cultivarse en el reconocimiento de sus importantes aciertos, d) lograr expresiones eficaces en el cuidado de los mltiples temas sociales.

Particularmente aqu el puente tendido entre la filosofa y todas las ciencias es cardinal para la otra manera de enfocar las complejas sociedades en que vivimos, tanto como nuestras relaciones sociales, la praxis general, y los fundamentos de las ideas en disputa.

El socialismo es libertario o no ser

El socialismo nunca deja de replantearse, tal cual ya hicimos referencia en sentido de su movimiento renovador tanto propositivamente como en el interior de sus formulaciones. Oxigenando sus procesos, particularizando, diversificando y combinando con ms celo sus formas de socializacin, teniendo en cuenta las circunstancias de las generaciones presentes antes que los dogmas.

Es un problema para las nuevas generaciones, los sujetos sociales, las clases y sectores mayoritarios que son los desencadenantes de los cambios. En ellos est el reconocimiento de los logros y la confrontacin de los errores como ilustraron sus experiencias generales, en particular las del socialismo sovitico entre el poder del burocratismo, las relaciones de poder, las libertades poltico-sociales, los problemas de la democracia, el autogobierno y prosperidad de los pueblos.

Nuestros pueblos aspiran a un entorno societal de nuevo tipo, articulado desde todas sus expresiones, tanto cvicas como pblicas, bajo una cosmovisin emancipatoria, en una gama de experiencias de poder de clase, poder obrero, poder campesino, contrapoder, poder popular, poder comunal, control del estado por las clases populares, poderes de autogobierno y democratizacin de las sociedades. Ello debiese construirse para proporcionar nuevas relaciones, donde lo sustancial se recupere al sentido de cada acto social, para que la accin humana de solidaridad, comunidad y fraternidad en toda su diversidad emprenda integralmente la solucin de sus problemas.

La perspectiva ha estado siempre en el curso de las luchas que toman las sociedades, los pueblos, sus movimientos, sus conciencias, sus clases y sectores oprimidos, sus intelectualidades, su industriosidad, sus organizaciones, sus fuerzas activas, sus vanguardias, su sentido de supervivencia colectiva e iniciativa de cambio. Para lograr las transiciones necesarias hacia un tipo de poder de igualdad, de protesta, de lucha consecuente, libertario, de rebelin que rechaza el estado de cosas. Que abunde en una sociedad responsable con sus componentes, cualesquiera que sean los diseos que haya de requerir y la diversificacin de fuerzas que haya de alimentar, que replantee la responsabilidad individual bajo este nuevo compromiso social.

Otra historia es posible, aunque ciertamente las cadenas son ms fuertes complicndose las salidas al poder absolutizado, tanto como es imposible superarlo de tajo, pero nuevas fuerzas y formulaciones se suman. A las problemticas tradicionales suceden otras ms, acumulndose infinitamente, por esta razn y porque la vida sigue recrendose, nada est dicho a futuro, menos resuelto definitivamente.

El sentido de lucha, de sobreponerse a las miserias en lo ms turbulento del proceso, cuando se hace conciencia activa; convoca a ver y actuar mejor por dnde vamos, con ms medios, desde aspectos insospechados, desde todos los sectores, creencias, grupos y clases populares que demandamos cambios y una presencia participativa en torno al poder.

La emancipacin se enmarca en un proceso histrico combinado de movimientos y posiciones, al decir de Gramsci, que busca superar las formas de la dominacin. La lucha emancipadora y su derecho son el cuestionamiento de nuestros pueblos sobre la vida social y sus premisas, sobre la opresin y la explotacin; que pretende recomponer la situacin para sentar condiciones de libertad.

El problema de la emancipacin y la libertad est latente en esta sociedad de contradicciones, porque impide su acceso, excepto en las formas sucedneas de libertad para satisfacer los imperativos del sistema. Las clases y sectores democrticos y revolucionarios, plantean sus alternativas frente a este mundo inviable.

Tan justo es que cada cual asuma las cualidades socialistas del conjunto, como indispensable que en sus tendencias puedan articular estas perspectivas comunes por nuevos procesos de lucha, ms consecuencia y posicin entre los sujetos sociales.

El socialismo liberador es el umbral hacia un poder de la colectividad, pero tendr que ser una apuesta abierta, por la construccin de un mundo acorde con los logros y necesidades de la humanidad.

Cuenta con una premisa de democracia protagnica clasista hecha por y para los pueblos, de una sociedad solidaria, justa, igualitaria, tica, moral, resolutiva, de amplios derechos y libertades sociales, de honor a la verdad, de fundamento en las clases y sectores sociales integrantes del pueblo, de fe en la humanidad, y del mejor vivir humano posible.

La fuerza motriz de la ciencia y la tecnologa

Sus luces son aportes necesarios de enfocar a las causas proletarias, populares, progresistas y humanistas, en la base de la construccin de otras relaciones que sustenten nuestro paso por el planeta, sin embargo no se debe olvidar que las ciencias y tecnologas estn asidas al sistema dominante estructural e ideolgicamente.

El marxismo entraa un afianzamiento en las ciencias y su desarrollo, al tiempo que para las ciencias en general el mtodo de anlisis marxista es una herramienta contextual de orientacin sobre el valor y aplicacin social de los resultados cientfico-tcnicos, y una penetracin necesaria que contribuye a neutralizar los aislacionismos deshumanizantes que amenazan a las ciencias y las tecnologas.

Las ciencias y tecnologas ocupan un lugar destacado en nuestras relaciones sociales y con la naturaleza, participan de un papel relevante en la edificacin de las sociedades, el aprovechamiento de los recursos, el mejoramiento de la vida, el sostenimiento de la cultura, y la oportunidad de superar incontables necesidades, mxime si se enfocan en la sociabilizacin de sus conocimientos y acciones.

El desarrollo y revoluciones de las ciencias y las tecnologas constituyen un sistema circulatorio ya apreciado por Engels, en que el marxismo se alimenta y participa de importantes definiciones de mtodo, ciencia, filosofa de las ciencias y cohesin necesaria de sus conceptualizaciones fragmentarias.

No existe un marxismo que subsista sin referirse a las ciencias porque simple y sencillamente este se apoya en ellas, se retroalimenta de ellas, y en buena medida se debe a ellas, como poderosas fuerzas productivas de la humanidad. Sus conocimientos y prcticas le resultan indispensables para orientarse en la apreciacin y construccin multifactica de la realidad. Es en las ciencias y tecnologas como patrimonios de la humanidad en que nos apoyamos para examinar, describir e integrar la realidad o las experiencias.

Las ciencias como parte de las fuerzas reveladas en el desarrollo de las sociedades, son un terreno bajo conflicto, juegan en las luchas sociales y de clases de maneras especiales. Si bien son subordinadas por el inters capitalista o distorsionadas por las clases reaccionarias, sus resultados seguirn trascendiendo porque proporcionan razones y conocimientos valiosos sin los cuales no se podra sostener la sociedad en las actuales condiciones, lo mismo en la medicina que en las comunicaciones, en las ciencias naturales que en la fsica terica.

Sirven de potenciacin del mtodo dialctico, identificado en s mismo como mtodo cientfico-filosfico del contenido interior de la naturaleza y los fenmenos sociales. Sirven de extensin de nuestros sentidos y capacidades de comprensin del mundo, sus formas, particularidades y del universo, adems ofrecen elementos activos para la transformacin social.

De ah que se nos demanda modificar nuestro entendimiento de su lugar en el marxismo, destacarles en su grado actual de fuentes inagotables y composicin integral de nuestro modo de pensar.

Merece atencin el arribo desde hace dcadas a una situacin de reconversin tecno-cientfica regular con su agregado de cambios en la actividad humana. Esta tiene a bien enfrentarnos al despliegue de las fuerzas humanas, el acrecentamiento drstico de resultados palpables en conocimientos, tecnologas, ingenieras, comunicaciones, productos y nuevas nociones de aplicacin.

Lo ms llamativo de este proceso en su aceleracin es que viene creando cambios en el papel de la ciencia y la tecnologa dentro de las sociedades elevando su importancia y dependencias. Al igual que acusa los cambios de la mentalidad colectiva en el empleo de la ciencia y la tecnologa, y del conjunto de experiencias de la especie. En estas el compromiso del marxismo se encuentra en priorizar su humanizacin y empleo para la felicidad general como plena expresin de las capacidades creativas de hombres y mujeres; rechazando el uso agresivo, lucrativo, ideolgico, de redencin por s mismas, de control social y de razn instrumental, que el poder burgus hace de las ciencias, sus tecnologas y contingentes involucrados. En una mejor perspectiva el propsito de las ciencias y tecnologas est en ser complemento y aporte a la conciencia, la realizacin humana, de las sociedades, y la conservacin del planeta.

La fundamentacin en saberes, humanidades y ciencias sociales

En estas agitaciones de elementos circulatorios, correlacionantes y proactivos, otro factor reconfigurador se presenta a travs de las ciencias sociales, las humanidades, los saberes, pasiones y sensibilidades de los pueblos, la cuestin poltica, sus relaciones y sus ciencias, la ciencia y arte de la organizacin.

Sus provisiones esclarecen un sin nmero de problemticas sociales surgidas con el establecimiento del capitalismo mundial. En este sentido, en medio de sus avatares, el marxismo bajo los procesos de lucha, con acento en las academias y universidades; logr conformar importantes frentes de lucha de clases y batallas ideolgicas de destacado papel en la historia contempornea.

Esta constelacin alberga teoras de interpretacin de la realidad social, tales como la lucha de clases o la teora del Estado que se renuevan y exponen como aspectos sustentables para los procesos sociales y los cambios de poca contra el capitalismo imperialista, contra la dominacin, contra la explotacin social y sus poderes.

Siguiendo su mtodo histrico-dialctico, queda claro que el marxismo no contiene las ciencias sociales, las ciencias polticas y humanidades, aunque una de ellas (la economa poltica) s constituye uno de sus fundamentos. Pero ste se arm con sus propios medios junto a la asimilacin de tantas contribuciones y correcciones para concebir un sistema totalizador de las mltiples relaciones y realidades sociales que se abordan desde las humanidades y las ciencias sociales que siguen requiriendo de dicha cohesin general.

Cabe un parntesis. Tal forma de sustentar una ciencia de economa poltica en tanto otras constituyen ms bien campos para su expresin, nos habla de un proceso de la teora marxista enfocado a conjugar esfuerzos de lucha revolucionaria desentraando la naturaleza de la explotacin y acumulacin de capital. La importancia de la economa poltica en la definicin de las relaciones dominantes tiene mucho que ver con ello, pero por supuesto que otras circunstancias reclaman nuevas estructuraciones del pensamiento donde ya se presentan limitantes. Sin disminuir su importancia, marchamos a asentamientos tericos que reclaman la expresin del rol de conjunto de las relaciones sociales de dominacin y poder en la arquitectura del capitalismo.

Este es un andamiaje en el cual desbroza sus mtodos y multiplica sus planteamientos sobre la consistencia de la lucha de clases, las relaciones sociales generales, la vida social, la cuestin poltica cual programa que recorre toda la arquitectura social, la complejidad de la estructura social y las particularidades en que cada tema se revierte y universaliza en sus mbitos para tratar sus respectivas cuestiones. A su vez introduce en el seno de estas ciencias su particular enfoque crtico.

Bajo sus modernas exposiciones no debe eludirlas, sino que ha de emplearlas a fondo para acceder a mejores resultados y comprensiones de sus trabajos sociolgicos, pedaggicos, sicolgicos, polticos, tnicos, antropolgicos, culturales o histricos. Porque todo esto rasga el velo en las diversas reas que el sistema utiliza, lo que es ms, ampla su base de anlisis, en lugar de trasladar simplemente el procedimiento econmico, el cual sin duda abona y se asienta en dichos estudios. En ellas se gesta una lucha de posiciones entre todas las corrientes de pensamiento.

La teora de Marx retom desde el principio el estudio de la sociedad en su conjunto, la masa acumulada de las ciencias sociales, polticas, de las humanidades y las teoras de organizacin; expone por todas partes las evidencias, alcances y desarrollos para la teora social transformadora.

El leninismo entre las diversas renovaciones que agreg al marxismo clsico, ocupa el papel de eje del proceso organizador como una ciencia y un arte, a las lneas generales desbroz un sentido de organizacin social y de clase sumamente elaborado, cuyos fundamentos remiten a Marx. No obstante que los tiempos exijan adecuaciones, contribuciones democrticas y revolucionarias, replanteos u otras tantas incorporaciones; ha sido el eje sobre el cual los pueblos y sus clases explotadas pueden constituirse en fuerzas revolucionarias decisivas y de peso.

A este se han agregado teoras de los grupos y agrupaciones humanas, consideraciones sociolgicas, formas especficas y alternativas de organizacin popular consecuente, variaciones contextuales, procesos y corrientes de instalacin de principios organizativos consecuentes en el seno de sectores y clases populares. A lo que se suman otros planteos de movimientos que redimensionan al pensamiento en cuestiones de espiritualidad, de felicidad, de unidad social, sensibilidad social, cuestiones tnicas, cosmovisivas, culturales, para hacer frente al capital y la opresin.

Formacin de las conciencias

La formacin de las conciencias es una preocupacin que recorre todos los procesos del marxismo, el pensamiento social popular y de las propuestas sociales. Se proyecta cada vez con ms recursos y creatividades, en afirmacin de la subjetividad de nuestros pueblos. Es la bsqueda de su autoconciencia, de lo nuestro, de lo que nos define e identifica apoyndose en las propias fuerzas y todos los medios posibles, enfrentando sus circunstancias y contingencias. Es una exigencia general, por as decirlo, un reclamo humanista para con la creacin de otras sociedades.

En nuestro criterio abona el sentido revolucionario en el reconocimiento de la condicin social, cultural y sicolgica de la batalla ideolgica contra el problema de la alienacin, en que las clases, sectores, nacionalidades, culturas u otras formaciones responden mejor a su condicin propia para avanzar en su posicionamiento socio-poltico de ruptura con tendencias ideologizantes o msticas.

Bajo las situaciones actuales, la disposicin de estos detonantes de aprehensin de las realidades objetivas y subjetivas para el reimpulso de la teora y la praxis brinda nuevas oportunidades pedaggicas, experienciales, sicolgicas, neurocientficas, polticas, filosficas, culturales, artsticas, informticas, comunicacionales, o sociolgicas.

Liberacin de las mentes

As la formacin de las conciencias tal como recorre la estructura del planteamiento revolucionario, sus componentes, tambin se postula como un universo de planteamientos de lucha por la liberacin de las mentes. Abre nuevos campos de batalla por la conciencia concreta frente a cada perjuicio que nos infringen, en la ms difcil de las confrontaciones con el capitalismo y sus modos de pensar.

Particularmente desde abajo, de la accin social y poltica hacia la construccin del poder libertario en sus mltiples campos, por la superacin de las contradicciones sociales, con el impulso vital de sus tendencias en todos los mbitos de la vida social; resultan de gran importancia sus teoras y experiencias del conocimiento para la concienciacin.

La conciencia tiene distintas formas de manifestarse en el escenario, as como medios de los que se vale para despertar, sea por sucesos sobresalientes, por las experiencias constantes con las realidades de la sociedad, o por la perseverancia de la formacin y autoformacin poltica. Sea como sea el orden en que se manifieste, consiste en el posicionamiento del ser social en su perspectiva de cambio de sus condiciones sociales y las relaciones a que se enfrenta.

La batalla por la conciencia

Como hemos indicado la formacin de la conciencia, esto reafirma que las condiciones naturales del capitalismo no arrojan en s mismas una visin revolucionaria inmediata de las cosas, sino que hace falta estimular el factor subjetivo que las analice, que agrupe su elemento consciente para la autoemancipacin.

Lo cual no est necesariamente enfocado a la demarcacin entre intelectuales y clases, sino entre la espontaneidad de la conciencia de clase en s y la organicidad de la conciencia de clase revolucionaria para s, que nos afectan a todas y todos en este mundo.

En consecuencia las luchas de grupos, de gremios, de gestin y funciones pblicas tienen un importante lugar para la lucha de clases, pero si se constrie la conciencia al simple aprendizaje y cuidado de estas: la lucha estrictamente sindical, sectorial o administrativa se sabe que conduce al reformismo, el burocratismo, el sectarismo, y un par de relaciones de control y poder.

Ser entonces cuando la teora revolucionaria, aunada a la praxis que con tanto esfuerzo ponen en marcha las clases populares, las agrupaciones revolucionarias y otros sectores en lucha de todas las edades y condiciones; rompan con viejas prcticas de relaciones de poder de dominacin, destacando la importancia de la tarea colectiva, el fortalecimiento de la conciencia y disquisicin de los pueblos, bajo la extensin de su poltica por todos los medios y recursos.

Son diversos los campos desde donde se quiere trabajar por nuestra concienciacin. Ninguno es de subvalorar, todo esfuerzo es tan necesario como importante, el que se ve y el que no se ve, mxime si consideramos nuestras posibilidades, fortalezas y debilidades, toca laborar porque logren colocarse en un nuevo plano para el desarrollo de la conciencia colectiva-individual. Pues como vemos, la fuerza del pensamiento revolucionario emana del asentamiento de sus bases dispuestas de frente a las realidades, constituyndose en sustancia de las luchas.

El sujeto social, arriba a una posicin que le permite darse cuenta de su condicin de explotado, oprimido, dominado, para actuar en consecuencia contra el poder, las formas de sujecin y los controles con que hasta ahora le han sometido material e ideolgicamente. Siendo aqu donde el pensamiento social, popular y revolucionario pasa al intercambio de saberes, la batalla ideolgica, el proceso de cambio; conjugndose para que los pueblos se armen de respuestas y direccionalidades a sus reclamos, afirmando su particular conciencia revolucionaria.

Tal batalla por las conciencias es entonces un elemento constituyente y correlacionante del pensamiento revolucionario, fundado en la realizacin del ser social sobre aspectos que involucran el conocimiento, la experiencia social e individual, la accin poltica, las subjetividades, la espiritualidad popular, la filosofa, la ideologa, el desmadejamiento de los fundamentos del capitalismo con sus crecientes brechas de desigualdades e injusticias, los procesos de adquisicin de la conciencia, el humanismo, el rol de clase y la accin social.

Restitucin del ser y sujeto social

La asuncin de la conciencia se manifiesta en que en la percepcin del pensamiento, la accin y el contexto se toma como punto de referencia la visin transformadora, as la radicalidad frente a la dominacin integra su ser de clase. El obrero contra el modo de produccin, el estudiante y la maestra frente a la actual raigambre de clase y privatizadora de la educacin, el campesino y el indgena frente a la posesin de la tierra y el espacio poltico-cultural, el empleado ante las relaciones de poder opresivas, el pequeo productor y la artesana ante los dilemas de las relaciones mercantiles capitalistas, la mujer y grupos subalternos contra el sistema patriarcal, los pueblos en general enfrentando la construccin sociopoltica e ideolgica burguesa contra-comunitaria.

La conciencia social est en conflicto con pretendidas imposiciones de sta, con medios de compra de conciencia, con las presiones sobre sta y el chantaje poltico venga de donde venga, por ello en cuanto esto se enclava, la conciencia se nos escapa como posibilidad real.

Por otra parte, debido a las desigualdades de los procesos sociales, la conciencia en sus primeros aspectos, tentativamente de manera fragmentaria, aparece en los sitios menos esperados, menos prximos al centro de dominacin capitalista (territorial, tnica, temtica o sectorialmente hablando). Con ella nuevos sectores irrumpen en la arena poltica y de la lucha de clases, lo que potencia a quienes se encuentran en la lucha a la vez que conduce nuevos destacamentos y formas de combate innovadas por sus protagonistas.

Las conciencias tienen sus procesos de maduracin, siendo primordial observarlos, advertirlos en sus caractersticas, para que se les aliente y se contribuya a revolucionarlos antes que ser parte de los factores de su propio estancamiento. No se trata de ensambles de conciencias, sino de asimilar las conciencias populares para contribuir a su propia revolucin clasista.

De forma que la conciencia irrumpe frente a la enajenacin econmica despejando sus realidades, replantea las condiciones de la alienacin de las clases pudientes y la ereccin de su supremaca a travs de mediticas, la predisposicin ideolgica que nos incuban, la sumisin inducida, la ereccin de la pos-verdad de los vencedores, o de toda la carga embrutecedora del sistema. La formacin de la conciencia restituye al sujeto social contra las invisibilizaciones del sistema, despejando las tendencias de ruptura.

El pensamiento emancipador es, entre tantas cosas, competencia de los pueblos, proyeccin de la conciencia humana de s, de sus circunstancias y su paso por la historia, de la trascendencia de rehacer colectivamente las relaciones sociales y con el planeta.

Un escenario de cambio

Con tal de cortar tus sueos la tirana capitalista lo empea todo, aunque resulta imposible borrar un mundo lleno de posibilidades. La realidad social es regenerativa del pensamiento, abre escenarios infinitos para el despliegue de su sentido metodolgico, analtico, crtico, sinttico, alternativo, esperanzador y radical.

El pensamiento revolucionario de los pueblos tiene una amplia agenda por retomar, tomando en cuenta que existen valiosas contribuciones que despejan los caminos, debiendo centrar esfuerzos anticapitalistas en el delineamiento de sus contenidos y teoras.

Tal es as en los temas de amplio consenso a ser atendidos, los cuales nos permiten acceder a concepciones y acciones ms firmes como las siguientes: la cuestin feminista y de gnero; la Poltica; la ecologa y el ambientalismo; las relaciones con la naturaleza; los controles a travs de la ciencia y tecnologa; las tecnologas imperialistas; la mediatizacin y sociedad de consumo; la salud; la concepcin de dominacin; la cuestin de las clases medias; los nuevos sujetos sociales; el papel de los pueblos originarios; las mltiples formas de organizacin; movimientos y vnculos sociales; la cultura como unin, identidad, aprendizaje, esperanza y orgullo; la academia; el estudio del poder en las nuevas condiciones; el estudio del sistema patriarcal; la sociedad capitalista contempornea; los procesos democrticos y revolucionarios; las reconfiguraciones de los pueblos, sus clases y sectores; la diversificacin e innovacin de formas de la explotacin6; las nuevas especificidades de la lucha de clases; las ideologas y las subjetividades; el destacado papel de distintos pensadores y actores revolucionarios u otros temas que se escapan a esta consideracin.

Se trata de algunos temas enormemente adelantados en sus campos, corroborando muchas veces la esencia del marxismo. Resaltan los estudios que toca asimilar sobre las actuales condiciones del imperialismo, la figura de la potencia hegemnica, la geopoltica, las corporaciones mundiales, las nuevas formas y condiciones de la proletarizacin, los movimientos migratorios, la induccin de condiciones, el antropoceno, las crisis de todo tipo, la globalizacin e ideologizacin neoliberal, la plutocratizacin financiera y el desenvolvimiento de las grandes potencias como mayores amenazas a la humanidad.

En todo esto se concentran otras batallas sobre si esta teora debe desmantelarse, disgregar sus partes y otros elementos, o si es capaz de armarse de medios y fuerzas suficientes para emprender nuevos impulsos.

A nuestra consideracin, dada la inminente efervescencia temtica, merecen ms exmenes marxistas los problemas actuales en torno al sistema de corrupcin, el terrorismo, la violencia estructural y social, los fenmenos y movimientos religiosos, los roles del nacionalismo y patriotismo, las formas organizativas, la civilizacin burguesa, o los derechos sociales y humanos. Abordajes que vistos en su dimensin histrica subrayan que la trayectoria seguida por el capitalismo es la problematizacin, la corrosin social y deshumanizacin, cuestiones que por su parte requieren tratamiento serio, sin desdn ni abstraccin de sus hechos.

Integralidad del pensamiento

As entonces pugnamos por la integralidad de la teora frente a las posturas disolventes, lo cual exige descuadrar doctrinarismos haciendo frente a los hechos y realidades que han transformado el panorama general, haciendo de este un sistema social resistente a los desafos que hasta ahora han protagonizado los oprimidos. Un sistema que al combatrsele, requiere persistencias, reelaboraciones crticas, autocrticas y catarsis en las historias de sus procesos, nuevas disposiciones de fuerzas y capacidades de los pueblos.

Esto como se sabe, no es obra de una teora elaborada de convencimientos, de astucia poltica o de pura fuerza; congrega un universo de planteamientos prcticos y tericos armonizados que hagan frente en todos los terrenos y procesos. Para un propsito superior, teoras aisladas son disfuncionales, acciones aisladas tambin.

El empleo de nuevos recursos y elementos materiales son una exigencia claro est, pero a menudo resultan anulados cuando no se combinan y articulan con los procesos del imaginario. Esto a modo de reivindicar o proyectar los enfoques populares y revolucionarios sobre la fuerza que adquirieron las ideologas que ahora penetraron en todas las reas de la vida social.

La efervescencia ideolgica

Basta echar un vistazo de estas transfusiones al observar la posicin de la libertad unilateral norteamericana apoyada en el principio de egosmo nacional e individualista de sociedad elegida, cimentando nacin e ideologa de una potencia que se declara en guerra contra la ideologa y los nacionalismos.

Condensando as su particular liberalismo que todo lo mide segn su ngulo, lo que le beneficia es tal, lo que cree le perjudica es dictatorial. De acuerdo al patrn normativo del liberalismo de la sujecin, sustentado en la libertad de explotar compensado con la libertad de dejarse explotar; ideologa y realidad objetiva se recombinan dando lugar a un sistema recargado, y su combate no puede eludirse, ms bien debe escalarse hasta sus ltimas consecuencias.

Tomemos en cuenta la emisin de dlares sin valor ni respaldo, la formacin de empresas y negocios sin capital en lo que tiene que ver con estos trminos. No se trata exclusivamente de fenmenos de tipo hegemnico, especulativo, o slo chanchullos, aunque tambin lo son en su objetividad. Son fenmenos donde adems se desenvuelve la carga energtica de un conjunto de parmetros de la subjetividad del relacionamiento tras los modos de pensar dominantes, es decir, la racionalidad se convierte en una fuerza aliciente para empujar las tendencias del capital aun careciendo muchas veces de medios materiales.

As mismo en el filme Todos los Hombres del Rey gravitando en juicios liberales sobre el poder, el idealismo, la corrupcin, las tramas polticas o las relaciones humanas, en que lo verdaderamente instructivo no es nicamente lo que se critica, sino la perspectiva desde donde se critica. En este caso el liberalismo cae siempre en el mesianismo de sus intereses, para eso nos mercantiliza, excluye, sustrae nuestra dignidad humana, golpea con todos sus medios y adoctrina en las conductas de la resignacin a la marcha natural de las cosas, al dejar hacer de su racionalizacin.

Indiscutiblemente no es que el filme deje de revelar situaciones graves del proceso poltico caracterstico norteamericano, eso queda brillantemente asentado; tanto como que la estructuracin del pensamiento a travs del filme induce la construccin de smbolos y esquemas mentales de inclinacin liberal, como lo trascendente en el enfoque del relato.

En general la ideologa liberal (ms todava la neoliberal) es razn-accin de la sociedad dominante cuyo significado hay que descifrar para resistir sus transgresiones oponiendo teoras y medios alternativos concretos en el tema, pues no es una simple referencia de un estilo de vida imperante, sino un arma de asedio intransigente de colonialismo cultural, anticomunismo y doctrinas antipopulares filtradas en todos los campos.

En fin, dicha compenetracin ideolgica sucedi de cara a nuestra mayor domesticacin y sujecin como el otro orden invisible superpuesto en el orden visible. Asentando la alienacin como la sustancia subliminal con la que se completa la adhesin a las relaciones sociales generales fijadas por la enajenacin de la necesidad. Ambos aspectos (enajenacin-alienacin) se estimulan e interactan a fin de lograr un ensamble estructural y orgnico del capitalismo.

Derrotar las tendencias del pensamiento reaccionario en su propia coccin ideolgica es el reto de la teora marxista. Por tanto el manejo de las condiciones impuestas y de las tendencias dominantes para desenmascararlas y desmantelar sus razones se constituye en un requerimiento a conciencia de la inmensa tarea para el cambio social contra la dominacin, el control, el orden y el poder que impera.

Los pueblos, sus luchadores y luchadoras tienen el reto de asumir resueltamente sus errores, llevar su crtica y autocrtica a fondo, romper lmites y esquemas, proponerse la superacin para desempear el trabajo que se requiere.

Dilogo y polmica permanentes

Para estos menesteres el pensamiento social de los pueblos y las conexiones mutuas con el pensamiento emancipador sin unilateralismos es un reclamo pendiente. Si bien a diario nos topamos con esta condicionante, necesitamos abrirnos a una actitud dialgica que ligue fuertemente para una mejor transferencia de sus planteamientos expresndose mejor en las actuales expresiones de sus problemticas, su desarrollo y las formas de dirimirse.

El pensamiento revolucionario se desarrolla deliberando sobre sus realidades al aire libre, en la interaccin social, en la prctica sociopoltica, cultural y de la vida social, en el seno mismo de los pueblos en lucha, en la continuidad de sus procesos, en la combinacin, condensacin y progresin de sus ideas.

En esto toma cuerpo una firme ampliacin de sus concepciones de revolucin social, de sus procesos sociopolticos, culturales. Y del gran problema de la revolucin en s, que de todo cuanto siga aportndose al tema corresponde como siempre a los pueblos encararlo ineludiblemente segn sus condiciones y decisiones.

Por tales razones y motivos el pensamiento revolucionario es ms que una teora radical sobre el camino comn, es ms que un iluminismo, es el sentido de cambio social desde nosotras y nosotros mismos, es la mirada que se tiende hacia la dignificacin humana de los pueblos, y la base de un accionar sea laboral, social, cultural, educativo u otro, contra todas las formas de dominacin y los poderosos. Haciendo frente en la comprensin de las corrosiones del sistema, es un planteamiento subversivo para no doblegarse, por tanto es la actitud irrenunciable contra las deformaciones de la vida.

Es un dilogo proletario y popular, democrtico y antiimperialista, la revolucin une pensamiento y accin. Para vencer no toma a rajatabla el acervo de la teora revolucionaria, no limita el concepto de vigencia alegando que nada debe ser modificado, porque su vigencia es cambiar todo lo que tiene que ser cambiado Fidel Castro (discurso del 1 de mayo de 2000).

Hoy est claro que la realidad humana es socialmente producida, sujeta a sus propios procesos, aunque en dependencia fundamental con el mundo en que estamos. En estas circunstancias ocurre un retorno al pensamiento dialgico y la afirmacin en lo autocrtico. La cuestin del dilogo abierto desde la perspectiva social con una crtica solidaria son factores asentados, sin embargo, la autocrtica de la cual muchas veces depende el consolidar los procesos, es una de las mayores dificultades. No hay que desviar la mirada ante los hechos desfavorables, las crticas externas, los problemas o las contradicciones que surgen en el seno de los procesos de lucha de corte humanista, democrtico y revolucionario, porque las consecuencias de las inconsecuencias se pagan.

Nos encontramos frente a nuevos escenarios de la dialctica, estos precisamente reclaman el dilogo, la crtica y autocrtica para el pensamiento revolucionario que subraye las dimensiones de la realidad socialmente producida, sobre sus marcas materiales y subjetivas. Se configura el escenario de un todo integrante, que reordena el planteamiento en que lo objetivo-subjetivo se fusiona, para brindarnos mejores apreciaciones que canalicen justamente la riqueza argumentativa de lo particular y la riqueza sinttica en lo general.

Marchamos a enfoques multidimensionales que se concentran en: perspectivas y fondos; realidades y subjetividades; lo estructural y sistmico; lo procesual y coyuntural; lo confluyente y divergente; las contradicciones centrales y perifricas sujetas a interdependencias; los problemas, conflictos y antagonismos; lo relacional y lo circunstancial; los intereses y objetivos; los resultados y escalamientos; las realidades, las expresiones del combate antiimperialista y anticapitalista.

En vista de esto, a travs de lo subjetivo y sus articulaciones, frecuentemente la sociedad expresa mejor sus necesidades, movimientos, pretensiones y objetivos, no se trata de una deriva en la subjetivacin, sino de su asentamiento en los procesos. Esta es una de las grandes razones para penetrar en ello, otras son las nuevas bases de lucha por las conciencias y corazones, la comprensin de nuevas dinmicas, la interconectividad lograda con los nuevos fenmenos de comunicacin de la era digital, o el enclave en las estructuras y procesos del pensamiento, hasta el accionar reflexivo de los sujetos.

De la mano de esto y de los amplsimos procesos de lucha de nuestros pueblos cobra fuerza el desarrollo de la propuesta social y los marcos de nocin del proceso humano, en que la perspectiva socialista y comunista, fundindose en las identidades de los pueblos; tiene que ser empujada ms all de sus fronteras histricas, especialmente en el captulo de la forma de vida social que la libertad y la igualdad ameritan para estos tiempos.

As pues, el pensamiento marxista es la crtica revolucionaria total de los trasfondos y las relaciones generales de dominacin, sujecin y poder. Con su proyeccin humanista sustentada en los saberes y conocimientos de las sociedades se concretan en su horizonte las posibilidades de batalla consciente, tenaz y precisa contra la explotacin, opresin y depredacin planetaria del capitalismo. Con las herramientas que les va surtiendo la vida a nuestros pueblos, para adquirir adems perspectiva de lo que las realidades reclaman; su pensamiento revolucionario est en el umbral del desarrollo de nuevos movimientos.


Bibliografa

Berger John, Modos de ver (2016). Barcelona, Espaa: Editorial Gustavo Gili.

Castro Fidel, (2000). Qu es Revolucin? Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=ntLycmidqSk

Cornu Auguste, Marx Engels, del idealismo al materialismo histrico (1965). Buenos Aires, Argentina: Editores Platina-Stilcograf.

Lenin Vladimir, Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo (1980). Beigin, China: Ediciones en Lenguas Extranjeras.

Maritegui Jos Carlos, (1928). Ensayos de interpretacin de la realidad peruana. Recuperado de http://www.lahaine.org/amauta/b2-img/Mariategui%20Siete%20Ensayos.pdf

Marx Carlos, Engels Federico, Tesis sobre Feuerbach y otros escritos filosficos (2010). Caracas, Venezuela: Coleccin Roja, Editorial El Perro y La Rana.

Marx Carlos, El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (1978). Beigin, China: Ediciones en Lenguas Extranjeras.


Notas

1 En su juventud Marx y Engels, en la prefiguracin de su pensamiento revolucionario ascendieron de la mano de su integracin con los intereses populares en la Gaceta Renana de 1842-1843, desenmascarando la criminal accin hambreadora y desptica de las clases dominantes, tomando contacto con la lucha econmica, poltica y social del pueblo alemn. Para no citar la cuantiosa literatura al respecto, ganando en las impresiones de la imagen el filme el joven Marx brinda una aproximacin a esos hechos lejanos, https://m.ok.ru/video/362585721478

2 Tales como las ciencias naturales, el replanteo filosfico-cientfico, el desarrollo y concrecin de las metodologas, las teoras organizacionales, los posicionamientos de las ciencias sociales, la experiencia de sus nuevos movimientos, la dinamizacin de las relaciones sociales por viejos y nuevos medios, los estudios y disciplinas crticas pormenorizadas, las representaciones estratgicas bajo otros contextos, las problemticas reales del proceso de formacin en las alternativas sociales, la subjetividad en la individualidad y colectividad, al igual que el desarrollo de antagonismos o de otras relaciones humanas vlidas para la lucha social.

3 Federico Engels, como adelantndose a las ridculas acusaciones posmodernas que le atribuyen el desconocimiento del sujeto social, acompaado de su primer gran amor recorri los barrios obreros de Manchester; supo ver en ellos las realidades, los hechos y el sujeto de cambio que subyaca en medio de la miseria.

4 Aunque es imposible enumerarlos individualmente o en sus campos, humanistas consecuentes los hay en las religiones como el padre Camilo Torres Restrepo; en las ciencias como es el caso de Albert Einstein; en las luchas de derechos humanos como Berta Cceres, tambin en la literatura como Jos Saramago, Pablo Neruda, John Steinbeck, Simone de Beauvoir o Jorge Amado, en la pintura como Pablo Picasso, Diego Rivera, Oswaldo Guayasamn, o Jos Revueltas, los cantautores Vctor Jara, Al Primera, Silvio Rodrguez, Joan Manuel Serrat y tantas(os) impulsoras(es) del arte de compromiso con los anhelos populares.

5 Tan diversos como los movimientos de defensa de los derechos sociales y humanos, la teologa de la liberacin, la pedagoga crtica, las madres de Plaza de Mayo, las llamadas Patronas y las redes que socorren a migrantes, o el ambientalismo.

6 A las clsicas modalidades de explotacin del trabajo se agregaron otras que se conjugan en la flexibilizacin laboral, robotizacin, produccin de software, productos del entorno digital, o negocios tipo crowdsourcing (de externalizacin de tareas en lnea a una masa joven dispersa por todo el planeta), con incentivos en la simplicidad, lo ldico y la interaccin como cebos. Bajo estas modalidades la fuerza de trabajo tiende a constreirse desde las labores mecnicas rutinarias, maquilizacin productiva, la nula contratacin, bajos salarios, trabajo esclavo o gratuito y ausencia de derechos; hasta consistir, como en el trabajo de la web 2.0, en el consumo productivo de inteligencia colectiva e individual, en labores virtuales de invenciones, diseos, encuestas, enseanza, comercializacin, auditar llamadas, subcontratacin de servicios, o recoleccin de informacin til a empresas y gobiernos.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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