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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-02-2018

Modernidad, salud y derechos humanos

Juan Manuel Perics
Sin permiso


La declaracin de conflictos de inters u otro tipo de influencias es una de las barreras disponibles frente a la depredacin de la investigacin por parte de intereses particulares, especialmente los de la industria, en el campo de la salud. As pues, para empezar, el que escribe estas palabras debe reconocer sus sesgos epistemolgicos que pretende inconscientes- al abordar temticas relacionadas con el progreso, los derechos y la salud, por su condicin de hombre blanco y europeo, aun siendo consciente de que muchos lo leern como una impostura. Desgraciadamente, la declaracin de conflictos de inters y de acercamiento al conocimiento muy pocas veces se toma en serio, y aun cuando as es, entre sta y la praxis ticamente correcta suele mediar un abismo. A pesar de ello, abogo no slo por fortalecer la declaracin de conflictos de poder e inters, sino por extenderla fuera del mbito de las revistas cientficas. Dicho esto, procedamos.

Derechos humanos y modernidad son inescindibles. No son sinnimos, ni uno precede al otro en una continuidad causa-efecto lineal, pero sin los aspectos positivos del movimiento (histrico) ilustrado no habra habido Declaracin de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y sin sus facetas negativas no se hubieran dado las luchas y teoras en pos de los derechos de los pueblos, las etnias, o la igualdad de gnero. Evidentemente, esta dicotomizacin burda no pretende dar cuenta de algo tan complejo como la Modernidad, entrar en disquisiciones acerca de sus orgenes, contradicciones, corolarios y consecuencias, ni dejarse llevar por un filibusterismo de contrafcticos. No se pretende siquiera esbozar un tmido balance general. Es ms prudente invitar a (re)leer crticamente- a los crticos y defensores de los principios inspiradores y el legado ilustrado y sacar las conclusiones pertinentes.

En definitiva, lo que importa es poner de relieve que colocando a un lado de la balanza el genocidio colonial, el supremacismo de supuesta base cientfica, Auswitch, el recrudecimiento contemporneo del patriarcado, las condiciones de vida de los obreros de mediados del XIX descritas por Engels y Villerm, la progresiva precarizacin y mercantilizacin de la vida, las guerras o las hambrunas y del otro las vacunas, los avances en higiene, lo que ha dado en llamarse transicin epidemiolgica (el desplazamiento de las enfermedades infecciosas y en general agudas por las no transmisibles y crnicas como principales causas de muerte y morbilidad en amplias zonas del planeta; teora que por otra parte adolece de graves inconsistencias), la implantacin de sistemas sanitarios de acceso universal en algunos pases, o el desarrollo de la tecnologa sanitaria, como si ambos extremos se sustentasen en lo que simboliz la Declaracin Universal de Derechos Humanos de 1948, que actuara como la Dama de la Justicia, no contribuye un pice a dilucidar la importancia del Derecho y los derechos en este interregno de luces y barbarie.

Que los reduccionismos son amigos poco leales de la verdad es una perogrullada, pero nunca est de ms repetir que el grueso del conocimiento cientfico relacionado con la salud que viene generndose de forma hegemnica hace casi un siglo se basa en un abordaje reduccionista, heredero del positivismo y el funcionalismo parsoniano. Dianas teraputicas, factores de riesgo, estilos de vida o la determinacin gentica son tan slo el barniz del marco. Es importante tenerlo en cuenta, entre otras razones de peso, para que no caigamos en la trampa de pensar el derecho a la salud nicamente como la posibilidad, no slo de iure sino de facto, de acceder a medicamentos u hospitales una vez estamos ya enfermos. (Re) Dicho queda.

Cabe plantearse entonces la relacin entre el derecho a la salud y la ley, as como impronta de la herencia ilustrada en sta. En un editorial escrito a propsito del nmero especial que la revista The Lancet dedic en 2008 al vnculo entre derechos humanos y salud,1 Amartya Sen apuntaba que en tal empresa deban plantearse siempre tres cuestiones: la legal, la de su factibilidad y la(s) poltica(s). Nos centraremos en la primera, que Sen asociaba a la asuncin de que el derecho debe ser inevitablemente, y algunos diran que de forma nica, legal. Como ejemplo de prdica en base a este presupuesto explicaba que Jeremy Bentham consideraba la ya mencionada Declaracin de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789 como un sinsentido, ya que todo derecho deba ser legislado, ser hijo de la ley. Como contrapunto, Sen arga que existe una larga tradicin de pensamiento con respecto a los derechos como emanaciones de la tica social, y no de la ley, ejemplarizadas segn l en la invocacin a ciertos derechos inalienables en la otra clebre declaracin del XVIII, la de Independencia de los Estados Unidos, que actuaran ms bien como padres de la ley, guiando la legislacin.

Llegados a este punto no podemos dejar de recordar que esa tradicin se remonta por lo menos al iusnaturalismo moderno de Marsilio de Padua, continuado entre otros por el ala radical del derecho natural angloamericano, que tan frontalmente choc con los presupuestos utilitaristas. La cristalizacin de los derechos en las instituciones no se produce en forma alguna como stos parecen afirmar, es decir, de las ideas-declaraciones a la institucin va legislacin, sino que sin el concurso del pueblo, de la accin desde y hacia la ciudadana, en luchas populares concretas y sostenidas, puede haber Derecho, pero en ningn caso hay derechos.

Terminaba Sen su artculo haciendo un llamamiento a la accin para avanzar en la causa de la buena salud para todos: acciones polticas, sociales, econmicas, cientficas y culturales. Sen siempre ha sabido dejar buen sabor de boca al lector. Sin embargo, si buceamos en las races del republicanismo y del derecho moderno, no podemos dejar fuera de la ecuacin al conflicto, que hoy en da se ha sustituido por una asptica participacin.

Hechos estas consideraciones, estamos en mejores condiciones para abordar la plasmacin de las acciones polticas concretas para instituir (de nuevo, en el sentido republicano de institucin) la salud como derecho universal. Para ello, nada ms elocuente que acudir a lo que propugna la Organizacin Mundial de la Salud (OMS) y compararlo someramente con la cruda realidad. En diciembre de 2015, dos meses despus del lanzamiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible por parte de Naciones Unidas,2 la OMS public una nota sobre salud y derechos humanos,3 que a la vez se inspiraba en un documento de 2009 redactado por el Comit para los Derechos Econmicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas.4 La nota empezaba recordando que la Constitucin de la OMS afirma que el goce del grado mximo de salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano, algo sin duda muy ambicioso. No obstante, poco ms adelante en el texto el espectro abarcado se acota abruptamente: el derecho a la salud incluye el acceso oportuno, aceptable y asequible a servicios de atencin de salud de calidad suficiente. Por atencin a la salud se entiende, en general, servicios asistenciales, descuidndose por tanto gran parte de la prevencin, el abordaje de los determinantes sociales o la salud colectiva, entre otras muchas otras facetas de la salud. Aun as, el documento enfatiza que unos 100 millones de personas de todo el mundo son empujadas cada ao a vivir por debajo del umbral de pobreza como consecuencia de los gastos sanitarios e insta a implementar una cobertura sanitaria universal como medio ms adecuado para promover el derecho a la salud.

Coincido, pero ojo: no confundamos la salud como derecho universal con la cobertura sanitaria universal. De hecho, el documento de la OMS contina aclarando que el derecho a la salud abarca libertades y derechos: Entre las libertades se incluye el derecho de las personas de controlar su salud y su cuerpo (por ejemplo, derechos sexuales y reproductivos) sin injerencias (por ejemplo, torturas y tratamientos y experimentos mdicos no consensuados). Los derechos incluyen el derecho de acceso a un sistema de proteccin de la salud que ofrezca a todas las personas las mismas oportunidades de disfrutar del grado mximo de salud que se pueda alcanzar. Muy de acuerdo, mas no con la coletilla siguiente: Las polticas y programas de salud pueden promover o violar los derechos humanos, en particular el derecho a la salud, en funcin de la manera en que se formulen y se apliquen. La adopcin de medidas orientadas a respetar y proteger los derechos humanos afianza la responsabilidad del sector sanitario respecto de la salud de cada persona. Por qu no? Pues porque desde hace una dcada todas las organizaciones serias dedicadas a la salud, incluida la propia OMS,5 propugnan una estrategia basada en la salud en todas las polticas, que mejore el estado de salud de la poblacin en general y reduzca las desigualdades.

Volver a incidir en que la responsabilidad de que se cumpla la salud como derecho recae en el sistema sanitario deshace el hechizo de un plumazo y nos devuelve a la realidad: la salud se concibe como la prestacin de unos servicios fundamentalmente radicados en los hospitales, en los que las decisiones las tomas sobretodo mdicos, y de los que cualquier visin integradora de la salud desapareci tiempo ha, con honrosas excepciones. Sin embargo, para que la salud como derecho universal deje de ser un sinsentido, no por las razones aducidas por Bentham sino para que deje de conceptualizarse de forma diferente segn la realidad de cada pas, concretamente segn su sistema sanitario, y por tanto pase a ser un concepto y una realidad universal y no concreta, necesitamos aspirar a materializar, de la forma ms completa posible, las definiciones de salud que van ms all de la ausencia de enfermedad. A este tipo de definiciones se las tilda con facilidad de utpicas. Puesto que la salud de los pueblos depende fundamentalmente de sus condiciones materiales, ciertamente es utpico pensar en una supuesta salud universal bajo el capitalismo, un sistema sostenido en la desposesin y generacin de desigualdades. Saquen ustedes las conclusiones que procedan. Las instituciones internacionales, en el ltimo siglo, concluyeron que la utopa era una mercanca adaptable a la desmemoria de cada pueblo.

Pero no abandonemos todava el enfoque de la salud basado en los derechos humanos segn la OMS. Ms adelante, en el mencionado documento de 2009, vuelven a la carga, ahora con mayor acierto: (tal enfoque) ofrece estrategias y soluciones que permiten afrontar y corregir las desigualdades, las prcticas discriminatorias y las relaciones de poder injustas que suelen ser aspectos centrales de la inequidad en los resultados sanitarios. Distingue desigualdades (resultados cuantitativamente distintos) de inequidades (desigualdades injustas y evitables) y habla de relaciones de poder. Realmente esto no se lee todos los das con respecto a la salud. Los principios rectores de las intervenciones dirigidas a preservar el derecho a la salud seran la no discriminacin, la disponibilidad, la accesibilidad, la aceptabilidad, la calidad, la rendicin de cuentas y la universalidad. La nota culmina con la siguiente aseveracin: Un enfoque basado en los derechos humanos identifica relaciones a fin de emancipar a las personas para que puedan reivindicar sus derechos, y alentar a las instancias normativas y a los prestadores de servicios a que cumplan sus obligaciones en lo concerniente a la creacin de sistemas de salud ms receptivos. Fjense ustedes en el collage: por un lado hace referencia a las instancias normativas (la ley) y a la prestacin de servicios y por el otro usa el trmino emancipar, no liberar. Como a menudo recuerda Florence Gauthier, el origen etimolgico de emancipar est en ex (fuera) y mancipāre (transferir propiedad). Ley, servicios y mercancas. De nuevo el derecho a la salud como contrato capitalista.

Hctor Abad, pionero de la Salud Pblica colombiana, asesinado por sus planteamientos progresistas, dej escrito lo siguiente en 1973: [] Ya hemos visto que la causa primordial de que la teora no se convierta en prctica es, esencialmente, la actual organizacin socioeconmica del mundo. No es falta de conocimientos cientficos o de conocimientos tcnicos organizativos lo que impide que todos los habitantes del mundo reciban los mismos servicios de salud. Son los factores de dependencia econmica, de ignorancia y las grandes diferencias en la productividad de los distintos grupos humanos lo que condiciona, primordialmente, las diferencias en los servicios de salud que reciben. Hagamos, primero, una pregunta fundamental. Es la salud un derecho humano bsico? [cursivas mas, JMP] Esto ha sido reconocido por todos los gobiernos, en los ltimos veinte aos, al asociarse a la Organizacin Mundial de la Salud, agencia especializada de las Naciones Unidas. Pero ste es un derecho que se aplica muy deficientemente, en la prctica, para la gran mayora de los seres humanos que actualmente habitan la tierra. Cul es uno de los objetivos primordiales de la medicina y la salud pblica? Evitar el sufrimiento humano. Lo estamos logrando? Es evidente que no. Por qu? Porque el mundo no tiene un objetivo comn. Porque predomina el egocentrismo, el grupocentrismo y el nacionalcentrismo. Porque no se ha logrado una filosofa comn, una tica humana comn, que ponga el bienestar del hombre, de todos los hombres, por encima de otra consideracin. Se est avanzando hacia esa tica comn? [].6

Y es que, como ya se ha apuntado, hay una distancia prometeica entre la retrica y los actos concretos que nos acerquen ms a todos, pero sobre todo a los nadies, los ningunos, los ninguneados de Galeano, a la salud como derecho y aun ms como derecho que resida en la soberana de un/os pueblo/s liberado/s. Las causas son mltiples, pero especialmente flagrantes son el uso constante del discurso sobre las desigualdades sin reparar en la justicia social y en los mecanismo que las generan, confundir necesidad con inters o ceder la responsabilidad a organizaciones no gubernamentales. En este trnsito del humanismo al humanitarismo,7 Europa ha pisoteado cualquier esperanza de derecho universal a la salud con su austericidio, sus CIEs (en los que por lo visto no ha tenido lugar la transicin epidemiolgica), sus fronteras blindadas y deportaciones masivas, su islamofobia, su pasividad (o no, como en Melilla) frente a los miles de seres humanos sucumbiendo en el Mediterrneo, por no decir del papel deplorable en Siria, Libia o Yemen, entre otras muchas catstrofes frente a las que por lo visto, una vez se les pone la etiqueta, las autoridades se sienten con derecho (ellos s) a ejercer de Poncio Pilatos y les ceden el testigo a las ONGs, cuando directamente no les ponen trabas en su labor de curas paliativas.

As pues, para que la salud pase a ser un derecho real, no basta con tener frmacos ms baratos y efectivos, ms profesionales y ms infraestructuras. Para que la salud sea un derecho deben repensarse y recuperarse muchos otros derechos que se nos estn arrebatando con nuestro consentimiento. Hay que echarle un pulso a la desmemoria para recordar por qu salud fue y todava es el saludo fraternal por antonomasia en la tradicin socialista y republicana en su sentido ms amplio. Una parte importante de ese proceso est en manos de la ciencia, y para revertirlo hacen falta nuevos o renovados abordajes epistemolgicos (que tambin son inevitablemente ticos y polticos). Buenos puntos de partida pueden ser la escuela de medicina social latinoamericana, en la que se inscribira la obra del propio Hctor Abad, la epidemiologa crtica basada en el neohumanismo de Jaime Breihl8 o la apuesta por una nueva ilustracin radical de Marina Garcs.9 En todo caso, necesitamos mentes que repiensen la salud como derecho inalienable desde presupuestos humanistas antipatriarcales, ni eurocntricos ni reduccionistas (ni siquiera en la conceptualizacin del eurocentrismo) y, por supuesto, cuerpos libres que lo pongan en prctica.


Notas y Referencias

1. Amartya Sen. Why and how is health a human right? Lancet 2008; 372: 2010.

2. United Nations, Sustainable Development Goals, 2015. https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=13&ved=0ahUKEwiu-qei_srXAhWEvRQKHcjuBgAQFghnMAw&url=http%3A%2F%2Fwww.un.org%2Fsustainabledevelopment%2Fsustainable-development-goals%2F&usg=AOvVaw0z8zOqLG_mUFy6tojJVDzz

3. Organizacin Mundial de la salud. Salud y Derechos Humanos. Nota descriptiva N 323. Diciembre de 2015. https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=13&ved=0ahUKEwiu-qei_srXAhWEvRQKHcjuBgAQFghnMAw&url=http%3A%2F%2Fwww.un.org%2Fsustainabledevelopment%2Fsustainable-development-goals%2F&usg=AOvVaw0z8zOqLG_mUFy6tojJVDzz

4. United Nations Committe on Economic, Social and Cultural Rights. General comment No. 20, Non-discrimination in economic, social and cultural rights; 2009. https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=2&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwi7nP-t_8rXAhWBshQKHWAXBB8QFgguMAE&url=http%3A%2F%2Fdocstore.ohchr.org%2FSelfServices%2FFilesHandler.ashx%3Fenc%3D4slQ6QSmlBEDzFEovLCuW1a0Szab0oXTdImnsJZZVQdqeXgncKnylFC%252BlzJjLZGhsosnD23NsgR1Q1NNNgs2QindRvh9u9KQV6R%252Bo3nU%252FjZ%252BjGCkJ8Qmosooxr8fbCC0&usg=AOvVaw3Q5w7AKcg6UxHb5HR9vxxr

5. Organizacin Mundial de la Salud. Health in all policies: framework for country action, 2013. http://www.who.int/healthpromotion/frameworkforcountryaction/en/

6. Hctor Abad Gmez. Filosofa de la Salud Pblica, en Fundamentos ticos de la salud pblica. 2 Edicin. Universidad de Antioquia, 2012. Disponible en: http://www.udea.edu.co/wps/wcm/connect/udea/fea72810-e0f6-44f4-ba18-9d932411d04b/fundamentos_eticos_sp_hag.pdf?MOD=AJPERES. Muy recomendable es tambin El olvido que seremos, la biografa novelada de Hctor Abad que escribi su hijo, Hctor Abad Faciolince, y que acaba de reeditar Alfaguara.

7. Precisamente la revista The Lancet ofreci una serie de artculos especiales sobre humanitarismo y salud a lo largo de 2017. Es interesante repasarlos para entender qu entra y qu no entra en la definicin de crisis humanitaria. Recordemos el Imperialismo humanitario descrito por Jean Bricmont (El Viejo Topo, 2008).

8. Jaime Breihl. Epidemiologa crtica. Ciencia emancipadora e interculturalidad. Buenos Aires: Lugar Editorial, 2003.

9. Marina Garcs. Nueva ilustracin radical. Barcelona: Anagrama, 2017.

Juan Manuel Perics Doctor en medicina, trabaja en el Hospital Clnic de Barcelona y en el Grupo de Investigacin en Desigualdades en Salud (GREDS-EMCONET), JHU-UPF Public Policy Center. Miembro del Grup de Pensament Crtic (UPF), del Seminari Taifa y de la Junta Directiva del Observatorio DESC.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/modernidad-salud-y-derechos-humanos



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