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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2018

Tratado de Maastricht
El sabotaje neoliberal del proyecto europeo

Miguel Urbn y Fernando Luengo
CTXT

El acuerdo fue la primera gran alerta de que el neoliberalismo imperante en la construccin de Europa que all se pona en marcha no necesitaba democracia, ms bien le molestaba.


Edificio de la Comisin Europea en Bruselas. PIXABAY

La semana pasada se cumpla el 26 aniversario de la firma del Tratado de Maastricht. Desde Bruselas, los burcratas comunitarios nos invitan a celebrarlo, con entusiasmo, como un hito decisivo de la denominada construccin europea. Siempre el mismo mensaje: Europa, a pesar de todas las dificultades, avanza y se consolida, un mantra especialmente repetido desde el brexit. En nuestra modesta opinin, sin embargo, no hay nada que celebrar sino ms bien mucho que lamentar, pues el Tratado de Maastricht supuso una constitucionalizacin de los principios neoliberales, un verdadero sabotaje del proyecto europeo.

Con el objetivo de crear una Unin Econmica y Monetaria (UEM), en Maastricht se aprobaron los criterios de convergencia que deban satisfacer los pases que pretendieran formar parte de la misma; tambin se dio luz verde a los requisitos que tendran que cumplir los pases que, finalmente, integrasen la zona euro. No es necesario entrar en los detalles pues son bien conocidos- pero s procede mencionar la prioridad dispensada por los dirigentes comunitarios a aquellas variables que definen lo que se denomina convergencia nominal, es decir, el dficit y la deuda pblica, la tasa de inflacin y el tipo de inters. Se fijaron objetivos concretos y de obligado cumplimiento para los pases aspirantes a integrar la UEM. Lo que supuso una verdadera camisa de fuerza neoliberal, con una letal combinacin de austeridad, libre comercio, deuda predatoria y trabajo precario y mal pagado, ADN del actual capitalismo financiarizado.

No se trata slo de la consideracin, errnea, de que la convergencia alrededor de esos indicadores garantiza un adecuado funcionamiento de una unin monetaria. La cuestin tiene mucho mayor calado. Con los referidos criterios de convergencia se da una vuelta de tuerca a un planteamiento de poltica econmica cuya piedra angular es la implementacin de polticas de demanda contractivas, junto a polticas de oferta consistentes en la contencin salarial y polticas estructurales encaminadas a la desregulacin y la liberalizacin de los mercados.

Se supona que la aplicacin de este pack generara una mejora en la productividad, la competitividad y el crecimiento econmico (nos referimos aqu a estos medidores convencionales, conscientes de que, como se propone desde la ecologa y el feminismo, deben ser radicalmente impugnados). La informacin estadstica proporcionada por Eurostat revela, por el contrario, que estas expectativas no se han confirmado: la productividad total de los factores productivos ha continuado su senda de desaceleracin, la competitividad se ha resentido y el plus de crecimiento asociado a la integracin monetaria no se ha obtenido.

Podramos decir que los verdaderos ganadores de Maastricht fueron el capitalismo lquido y especulativo de las finanzas que, mediante el artculo 104 del tratado, consagr la prohibicin de que los bancos centrales financiaran a los gobiernos, una condicin que solo ha beneficiado a la banca privada; desde que se ratific el Tratado de Maastricht, se calcula que con esta medida los bancos europeos habrn recibido anualmente alrededor de unos 350.000 millones euros en concepto de intereses por la deuda asociada a la financiacin de los estados. Un dinero que, en lugar de haberse dedicado a financiar el desarrollo del cambio de modelo productivo europeo o polticas sociales, ha sido el que ha alimentado la especulacin financiera. Precisamente, en los intereses financieros y no en el gasto social se encuentra el verdadero origen de la deuda de los pases del sur, que las instituciones europeas han querido combatir a base de recortar derechos y democracia.

Si bien es cierto que el Tratado de Maastricht apuntaba tambin a la necesidad de promover la convergencia productiva y social, este objetivo solo ha quedado en una mera declaracin de intenciones, sepultada por el rigor del pacto de estabilidad presupuestaria. A diferencia de las variables referidas a la convergencia nominal, que son objeto de una cuantificacin precisa, las que apuntan a la convergencia estructural adolecen de esa cuantificacin; un brindis al sol, en definitiva.

Se supona tambin errneamente que se producira una transicin desde la convergencia nominal a la estructural. Justo lo contrario de lo que ha acontecido: las disparidades productivas y sociales entre los pases del norte y del sur, del centro y de la periferia se han ensanchado. Las medidas de signo estabilizador acompaadas de las polticas de oferta y estructurales antes mencionadas han penalizado sobre todo a las economas ms rezagadas, caracterizadas por tejidos productivos y posiciones competitivas ms frgiles. Porque sin ningn tipo de forma democrtica de compartir recursos o sin estrategia de desarrollo comn, la unin monetaria se ha convertido en un mecanismo perverso que drena recursos de los pobres hacia los pases ricos.

En la Europa que surge del Tratado de Maastricht y que se consolida con la implantacin de la moneda nica en realidad, en la Europa que se reconoce en el relato neoliberal que triunf con la revolucin conservadora encabezada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher o en el neoliberalismo progresista de la Tercera Va de Blair encontramos ms empleo precario y ms trabajadores pobres, ms desigualdad y menos equidad, unos salarios que se estancan o que apenas crecen, parasos fiscales que sangran las finanzas pblicas permitiendo una evasin a gran escala de multinacionales y multimillonarios, unas estructuras tributarias cada vez ms injustas y regresivas, donde la carga fiscal es cada vez ms soportada por las rentas medias y bajas. Encontramos, en fin, una Europa con unas instituciones cuya agenda ha estado determinada por los lobbies empresariales y las economas ms poderosas.

Realmente, Maastricht fue la primera gran alerta de cmo el neoliberalismo imperante en la construccin de Europa que all se pona en marcha no necesitaba la democracia, ms bien le molestaba, y que, por tanto, con el Tratado comenzaba su desmantelamiento real. Para la burbuja de Bruselas esta es la Europa que hay que celebrar; para nosotros esta es la Europa que hay que cambiar.

Fernando Luengo es miembro de la Secretara de Europa de Podemos. @fluengoe.

Miguel Urbn es responsable de la Secretara de Europa de Podemos y eurodiputado.

Fuente: http://ctxt.es/es/20180214/Firmas/17779/Miguel-Urban-Fernando-Luengo-Maastricht-Europa-Tratado-neoliberalismo.htm



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