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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-02-2018

El siglo del control de las masas

Ral Zibechi
La Jornada


Desde que los  sectores populares desbordaron los centros de encierro y de ese modo neutralizaron las sociedades disciplinarias, el gran desorden social que sobrevino impuls la bsqueda de nuevas formas con el fin de controlar grandes aglomeraciones humanas para, de esa manera, recuperar la capacidad de gobernarlas. Sin ello, cualquier sistema, y en particular ste basado en la explotacin y la opresin, naufragaran en un caos profundo.

Desde los aos que siguieron al estallido de 1968, esa bsqueda ha sido incesante. De lo que se trata es de sustituir al caducado panptico: una herramienta capaz de controlar multitudes con la misma eficacia que el control individualizado. Las tecnologas que se han desarrollado en los ltimos aos, muy en particular la inteligencia artificial, van en esa direccin. No aparecen nuevas tecnologas que facilitan el control; se desarrollan prioritariamente aquellas que son ms adecuadas para el control de grandes masas. Los resultados son estremecedores y debemos conocerlos para adquirir las capacidades necesarias para neutralizar estos dispositivos.

Las policas de los principales pases, China, Estados Unidos, Rusia y la Unin Europea, adoptaron las modernas tecnologas para controlar mejor a sus ciudadanos. Das atrs los medios difundieron cmo la polica china controla multitudes en las estaciones de trenes, utilizando gafas dotadas de pequeas cmaras para la identificacin facial, conectadas a la base de datos policial que les permite identificar a las personas en segundos (goo.gl/3QdfBT).

Estamos hablando de grandes concentraciones humanas, lo que implica la utilizacin de tecnologas muy precisas y, adems, la creacin de una base de datos que est llegando a los mil 400 millones de personas, o sea la totalidad de la poblacin de la nacin ms poblada del planeta. China ya instal 176 millones de cmaras de seguridad, que para 2020 sern 400 millones (goo.gl/YXerFW). En las regiones ms conflictivas, las bases de datos policiales incluyen escaneo de iris, ADN y fotos de caras, apretando el cerco a los disidentes.

En los pases occidentales ya se puede hacer la foto de un vecino de asiento en el autobs, y en segundos conocer su identidad. Si eso pueden hacer los usuarios de iPhoneX, podemos imaginar los niveles de sofisticacin que han alcanzado los servicios de seguridad del Estado.

Un aspecto que merece ser reflexionado lo propone el Centro de Derecho de la Privacidad y Tecnologa de Georgetown. lvaro Bedoya, su director, reflexiona: Las bases de datos de ADN y huellas dactilares se conformaban con personas con antecedentes penales. Se est creando una base biomtrica de gente que respeta la ley (goo.gl/7ak3ES).

Los datos anteriores muestran el increble avance del Estado para controlar a las personas, pero tambin las grandes empresas que cuentan con sistemas similares para facilitar las relaciones con sus clientes. El resultado es que estamos siendo vigilados a cielo abierto (antes slo se poda vigilar en espacios cerrados), todo el tiempo y en todo lugar, como nunca antes en la historia de la humanidad. Es parte de la brutal concentracin de poder y riqueza en los estados, que son controlados por el 1 por ciento ms rico.

Es evidente que este desarrollo producto de la neutralizacin y desborde de los centros de encierro y disciplina, algo que no debemos olvidar afecta los modos y maneras de resistir y de luchar contra el sistema. En la historia, cada tipo de opresin ha sido respondida con nuevas estrategias. Me parece necesario trazar algunas reflexiones de cara al futuro.

La primera es que estamos apenas en el comienzo de formas cada vez ms minuciosas de control de las poblaciones. Se est inaugurando una nueva era de control de masas, estructural, no coyuntural, que durar tanto tiempo como nos lleve a los sectores populares desbordarla o neutralizarla. La tarea primordial en este momento es identificarlas.

La segunda es que debemos aprender del pasado, en concreto de las luchas contra los centros de encierro, en particular las fbricas y las escuelas, que fueron los espacios de disciplinamiento ms poblados y, por lo tanto, los ms conflictivos. En rigor, no fue una lucha para apropiarse del centro de mando, el panptico, sino para destruirlo o esquivarlo, de las maneras ms inslitas pero siempre en base a la cultura popular: trabajo a desgano, usar la salida a los baos como tiempo de fuga, robarle segundos y minutos al cronmetro de la productividad, y as.

No fue una resistencia organizada desde los sindicatos o partidos, y esto es fundamental. Fueron los propios obreros y obreras, los internos de los centros de estudio y los estudiantes, los que ganaron milmetros en cada contienda, algo que los dirigentes raras veces comprendieron pero nunca orientaron. Estas culturas para sobrevivir a las opresiones, como las que relata James Scott en Los dominados y el arte de la resistencia, son poco estimadas y mal comprendidas por los que apuestan todo al marco institucional, tan vaco como inconducente.

La tercera cuestin es: los ms variados modos de resistir la inteligencia artificial aplicada al control masivo de las poblaciones tendrn una caracterstica comn: el control sobre los cuerpos, nos est diciendo que esos cuerpos son y sern los campos de batalla. No desestimo los anlisis, ni las ideologas. Pero los cuerpos son el ncleo de la emancipacin; por lo tanto, alegras y dolores, celebraciones y angustias, modelan las rebeldas, como nos vienen enseando los pueblos indios y las feministas de abajo.

Puede parecer poco concreto. Lo es, sin duda. No se trata de estudiar para definir una estrategia, sino de poner en marcha acciones pequeas y medianas, para neutralizar el control. Finalmente, la creatividad humana, que es la clave de nuestra sobrevivencia como especie, es una aventura sin certezas, con final impredecible. Slo nos queda confiar en nuestras fuerzas colectivas y en la terca tenacidad de la vida.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2018/02/16/opinion/019a1pol



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